<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741</id><updated>2012-03-01T00:00:00.175+01:00</updated><title type='text'>CRISIS DE PAPEL</title><subtitle type='html'>Lecturas de José Luis García Martín</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>104</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-1148642541463953868</id><published>2012-03-01T00:00:00.000+01:00</published><updated>2012-03-01T00:00:00.180+01:00</updated><title type='text'>Ingenuo preceptista, sabio lector</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-AZZKuhEC7tA/T05zSfp6wkI/AAAAAAAAAb0/uBGzA8u4xvw/s1600/portada.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="260" src="http://1.bp.blogspot.com/-AZZKuhEC7tA/T05zSfp6wkI/AAAAAAAAAb0/uBGzA8u4xvw/s320/portada.jpg" width="162" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;Veinte sonetos de Quevedo con comentarios&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Esteban Torre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Espuela de Plata. Sevilla, 2012&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;¿A quién va dirigida esta edición de veinte sonetos de Quevedo, seleccionados, parafraseados y comentados por Esteban Torre? En especial, se nos dice en el prólogo, “a los estudiosos de la literatura española en las facultades de letras, filología y humanidades”. Pero algunas de sus observaciones parecen indicarnos que están destinadas, no ya a los “estudiosos”, sino ni siquiera a los estudiantes de letras, sino a los alumnos de primaria: “La rima es siempre consonante perfecta. No piense el lector que, si encontramos ‘debo’ y ‘cebo’, por ejemplo, rimando –en el soneto ‘Salmo I’—&amp;nbsp; con ‘nuevo’ y ‘llevo’, existe imperfección en la rima. Es esto algo que atañe meramente a la grafía y no a los sonidos”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Tampoco existe “imperfección”, añade más adelante, en rimar “desiertos” con “muertos”. Pero quien ignora esas cosas elementales seguramente ignora también qué es un soneto y quién es Quevedo: Esteban Torre, si quiere ser coherente, debería explicarlo. No lo hace. Aunque no deja de incurrir en otras ingenuidades: “Es de destacar el hecho de que, en estos veinte sonetos, son prácticamente inexistentes las asonancias entre cuartetos y tercetos, cosa por lo demás frecuente en poetas de la talla de Garcilaso de &lt;st1:personname productid="la Vega. Las" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Vega." w:st="on"&gt;la Vega.&lt;/st1:personname&gt; Las&lt;/st1:personname&gt; rimas consonantes de los cuartetos, por un lado, y la de los tercetos, por otro, pueden formar entre sí rimas asonantes, lo cual produce un efecto indeseable. Las preceptivas actuales así lo señalan”.&amp;nbsp; ¿Las preceptivas actuales? ¿Y en relación con el soneto? Luego resulta que, entre los textos seleccionados, también los hay en que aparecen esas asonancias y Torre las disculpa con que son “poco perceptibles”. No necesitan disculpas, por supuesto. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El prólogo desanima al lector. Parece más obra de un benemérito aficionado que de un catedrático emérito de Teoría de &lt;st1:personname productid="la Literatura" w:st="on"&gt;la Literatura&lt;/st1:personname&gt; (Esteban Torre lo es de &lt;st1:personname productid="la Universidad" w:st="on"&gt;la Universidad&lt;/st1:personname&gt; de Sevilla). Pero, si tenemos la paciencia de seguir leyendo, en seguida cambia nuestra opinión. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;En primer lugar están los sonetos de Quevedo, bien conocidos muchos de ellos, pero que siempre apetece releer. Esteban Torre los imprime limpiamente, sin afearlos con notas, invitándonos a una primera lectura exenta de interferencias. Luego parafrasea, estrofa a estrofa, cada uno de ellos. Hace lo mismo que Dámaso Alonso con las Soledades gongorinas: una traducción en prosa. ¿Trabajo inútil? No. La teoría de algunos estudiosos y poetas de que la poesía está al margen de la literatura y de la inteligibilidad es muy reciente: aún no ha cumplido un siglo. Hasta entonces la poesía, incluso la más difícil, podía y debía ser comprendida: solo si era bien comprendida resultaba posible disfrutarla plenamente. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Al final de uno de sus sonetos escribe Quevedo: “Breve suspiro, y último, y amargo, / es la muerte, forzosa y heredada: / mas si es ley, y no pena, ¿qué me aflijo?”. En este caso la “traducción” resulta fácil. La que nos ofrece Esteban Torre dice así: “La muerte es un breve suspiro, y el último, y en verdad amargo; además de ser inexcusable, y heredada de nuestros primeros padres, que nos legaron la pérdida de la vida eterna en el paraíso. Pero si es una ley universal, y no un castigo universal, ¿por qué me entristezco?”&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No siempre resulta tan fácil la paráfrasis, dada la concisión verbal quevediana y las continuas referencias culturales que pueden resultar ajenas al lector de hoy. Esteban Torre nos invita a releer después el soneto. Y ciertamente sentimos que se ha iluminado sin perder nada de su magia ni de su misterio. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A continuación vienen los comentarios, que nos ofrecen informaciones útiles de muy diversos tipos, subrayan la especial expresividad de algunos versos (“que contra el tiempo su dureza atreve”) y dejan traslucir de ven en cuando al preceptista de otros tiempos (tratando de disculpar, por ejemplo, alguna de esas asonancias que parecen obsesionarle).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No señala Esteban Torre algunos de los evidentes ecos de Quevedo en la poesía posterior (su consideración de la muerte como “ley” y no como “pena” se encuentra en el final de uno de los más conocidos sonetos de Guillén: “Muerte a lo lejos”), pero sí enumera sus antecedentes. A ciertos lectores es posible que les sorprenda comprobar lo mucho que estos sonetos, tan personales y tan inconfundibles, deben a la tradición, y como algunos de los más famosos son traducciones o recreaciones de textos ajenos. Es el caso del dedicado a Roma (“Buscas en Roma a Roma, ¡oh, peregrino!”) que procede de un poeta francés, Joaquim du Bellay (“Nouveau venu, qui cherches Rome en Rome”), quien a su vez parece que lo tomó de un poeta neolatino, Janus Vitales (“Qui Roman in media quaeris novas advena Roma”). Otros poetas fueron también seducidos por esos versos, como el inglés Edmund Spenser, y el español, coetáneo de Quevedo, Luis Martín de &lt;st1:personname productid="la Plaza" w:st="on"&gt;la Plaza&lt;/st1:personname&gt;: “Peregrino que, en medio della, a tiento / buscas a Roma, y de la ya señora / del orbe no hallas rastro: mira y llora / de sus muros por tierra el fundamento”. La comparación con unos y con otros en nada hace desmerecer los versos de Quevedo, como tampoco que uno de sus más memorables sonetos, el que define al amor, sea versión, literal en algún verso, de Camoens (“es herida que duele y no se siente” escribe Quevedo; “é ferida que dói e nao se sente”, Camoens).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Tras las paráfrasis, tras los comentarios de Esteban Torre, volvemos a leer los sonetos de Quevedo y son los mismos y son distintos y nos vuelven a deslumbrar como recién escritos. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A Esteban Torre, traductor ejemplar de Pessoa y de los simbolistas franceses, no tardamos en perdonarle sus ingenuidades de preceptista. Al contrario que tanta académica erudición, sus comentarios no emborronan los poemas. Todo lo contrario: les quitan oscuridad y telarañas, nos ayudan a verlos como la primera vez.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-1148642541463953868?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/1148642541463953868/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2012/03/ingenuo-preceptista-sabio-lector.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/1148642541463953868'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/1148642541463953868'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2012/03/ingenuo-preceptista-sabio-lector.html' title='Ingenuo preceptista, sabio lector'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-AZZKuhEC7tA/T05zSfp6wkI/AAAAAAAAAb0/uBGzA8u4xvw/s72-c/portada.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-6260487786257969443</id><published>2012-02-23T00:00:00.007+01:00</published><updated>2012-02-23T00:00:00.129+01:00</updated><title type='text'>Vicente Gallego: Bondad, verdad, alegría</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-Cch98Wz5fGI/T0PBNVz2BFI/AAAAAAAAAbM/qSPHOId5W5U/s1600/421811_314693798566470_116076558428196_776905_1282450047_n.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="250" src="http://1.bp.blogspot.com/-Cch98Wz5fGI/T0PBNVz2BFI/AAAAAAAAAbM/qSPHOId5W5U/s320/421811_314693798566470_116076558428196_776905_1282450047_n.jpg" width="150" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Vicente Gallego&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;Mundo dentro del claro&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Tusquets. Barcelona, 2012.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Detrás de las &lt;i&gt;Odas elementales &lt;/i&gt;de Pablo Neruda estaba la teoría del realismo socialista, que sirvió de punto de partida a tanta literatura esquemáticamente panfletaria; detrás de &lt;i&gt;Mundo dentro del claro &lt;/i&gt;de Vicente Gallego, que puede considerarse como unas nuevas y fascinantes “odas elementales”, se encuentra una doctrina religiosa, la de la “conciencia viva”, producto de una especie de revelación de la que dejó constancia en su libro anterior, &lt;i&gt;Si temierais morir&lt;/i&gt;. Pero en poesía lo que menos importa es el punto de partida; cualquier trampolín puede servir para el salto; el poema, cuando lo es de verdad, está más allá de las intenciones del autor, y las minuciosas explicaciones de San Juan de &lt;st1:personname productid="la Cruz" w:st="on"&gt;la Cruz&lt;/st1:personname&gt; a su “Cántico espiritual” o a su “Llama de amor viva” no hablan en realidad de sus versos, sino que los toman como pretexto para hablarnos de otra cosa.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Buena parte de los poemas del nuevo libro de Vicente Gallego se originan en una mínima anécdota cotidiana: una rama de hinojo encontrada al borde de un camino, el saludo de un viejo agricultor, la visita a un amigo enfermo, la callada conversación de dos amigos, un olivo centenario, un puesto de mejillones en el puerto, unos niños que se bañan en el río.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Entre esos textos más extensos, se intercalan otros a medio camino entre la inscripción y el himno, entre la anotación sapiencial y la casi mera interjección. Ejemplo de lo primero encontramos en la poética titulada “Con el hueso”; de lo segundo, en “Canta”, otra poética: “Suavidad de este aire, / beso audaz de la tierra, / perdón claro del fuego, / abismo de la luz, / murmullo de las aguas, / ¿no ha de alzarse mi estrofa? / Crece en mí, voz del pasmo, / canta en mí, vida mía”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Los poemas de Vicente Gallego buscan la trascendencia desde la aparente insignificancia, no dudan en bordear la falacia patética. “En esta alcoba nuestra del cariño” narra la visita a un amigo (por la dedicatoria y las referencias internas del poema, sabemos que se trata de Francisco Brines) ingresado en una clínica. ¿Cómo evitar el convencional poema de homenaje, la mera efusión sentimental? Vicente Gallego lo consigue, quizá porque no hace nada por evitarlo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En más o menos vistoso apunte costumbrista podía quedarse “Puesto de mejillones (Valencia, Poblados Marítimos)”, quizá el texto más cercano, con sus precisas y sugerentes metáforas, a las odas nerudianas: “Verano, ahora te veo enteramente, / estás sobre la mesa que a la puerta / de su casa dispone el pescador, /al lado de los platos / de bronce y de las pesas / de una vieja balanza, entre limones, / donde chispea el fresco cargamento: / mejillones miniados / por las barbas rubiáceas de la mar”. Los mejillones son “negra luz en racimo de la infancia”, “ojos ciegos rasgados”; en el murmullo rugoso de sus surcos traen grabada “la canción misteriosa del azul”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El denostado escorpión, en el poema así titulado, se convierte en símbolo de la imposible búsqueda del amor: “Pero a mí no me engaña tu aguijón: / tu buscas tus ternuras como todos, / perseguidor de afectos entre piedras. / aunque te haga la furia de tu beso / señor de soledades. / Las tenazas levantas, pesaroso, / como el que ofrece flores / y no sabe a quién darlas, / y se secan, / porque nadie las quiere”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; De realismo metafísico podrían calificarse estos poemas, que se inician con una cita de Claudio Rodríguez, pero que no dejan sobre todo de mostrarse herederos del despojado materialismo de César Simón y del Francisco Brines menos elegíaco. De un poeta hermano, Miguel Ángel Velasco, se traza una conmovedora etopeya, una de las cumbres del libro, que lo aproxima a los héroes homéricos (“Tras una relectura de &lt;st1:personname productid="La Ilíada" w:st="on"&gt;&lt;i&gt;La Ilíada&lt;/i&gt;&lt;/st1:personname&gt;” se titula otro de los poemas memorables del libro).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En la oda “A Felipe Ruiz”, Fray Luis de León se preguntaba cuándo podría abandonar esta prisión para volar al cielo y allí “contemplar la verdad pura, sin velo”, ver “distinto y junto”, “en luz resplandeciente convertido”, “lo que es y lo que ha sido, / y su principio propio y escondido”.&amp;nbsp; Las preguntas que en ese poema se hace Fray Luis de León ya parece habérselas respondido Vicente Gallego. Él se las formula irónicamente al “gallinero de vanos pensamientos”, a la “torpe ciencia”: “Decidme, si podéis, / cuatro cosas que quiero yo saber: / ¿quién puso nombre al mar, / cómo fue que los cielos lo abrazaron; / y el que en él navegaba haciendo cuentas, / en qué puerto guardó vuestras alhajas?”. La razón es poca cosa ante el saber verdadero, la “conciencia viva”, que ha descubierto el poeta valenciano.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero el predicador –que no dejaba de estar presente en la segunda parte de &lt;i&gt;Si temierais morir&lt;/i&gt;— rara vez aparece en &lt;i&gt;Mundo dentro del claro&lt;/i&gt; y el místico que gusta de las paradojas no le vuelve la espalda a la realidad, todo lo contrario, nos permite verla con inmenso amor e hiperrrealista precisión.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La evolución personal de Vicente Gallego podía haber llevado su poesía hacia el sermón más o menos zen y el libro de autoayuda. Afortunadamente no ha sido así. Con los buenos sentimientos no suele hacerse buena literatura; la bondad y la alegría no son los ingredientes más habituales del poema. Este libro constituye una excepción, una rara, inexplicable, quizá irrepetible excepción.&lt;span style="font-variant: small-caps;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-6260487786257969443?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/6260487786257969443/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2012/02/vicente-gallego-bondad-verdad-alegria.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/6260487786257969443'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/6260487786257969443'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2012/02/vicente-gallego-bondad-verdad-alegria.html' title='Vicente Gallego: Bondad, verdad, alegría'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-Cch98Wz5fGI/T0PBNVz2BFI/AAAAAAAAAbM/qSPHOId5W5U/s72-c/421811_314693798566470_116076558428196_776905_1282450047_n.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-2441430526044035321</id><published>2012-02-16T20:48:00.001+01:00</published><updated>2012-02-18T11:02:12.750+01:00</updated><title type='text'>La novela de José-Carlos Mainer</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-v7zqR_OzE7o/Tz1dPVwpR2I/AAAAAAAAAas/nomsi9HneHE/s1600/n+001.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://2.bp.blogspot.com/-v7zqR_OzE7o/Tz1dPVwpR2I/AAAAAAAAAas/nomsi9HneHE/s320/n+001.jpg" width="150" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;José-Carlos Mainer&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;La escritura desatada&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Menoscuarto Ediciones. Palencia, 2012&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;La crítica y la erudición pueden ser también literatura, aunque muy a menudo sean todo lo contrario. José-Carlos Mainer es uno de esos catedráticos universitarios que lo mismo en sus trabajos de investigación que en los de divulgación huyen del fárrago y buscan lo que en otros tiempos se llamaba “calidad de página”. Aspira a unir –lo ha declarado él mismo en la conversación que cierra el volumen de homenaje publicado por La Veleta—&amp;nbsp; “el don de síntesis con el de la amenidad, sin apearse de la exigencia”. Como su admirado Andrés Trapiello, con quien tantos puntos tiene en común, aprendió “mucha más historia literaria del siglo XX en las librerías de viejo que en &lt;st1:personname productid="la Universidad" w:st="on"&gt;la Universidad&lt;/st1:personname&gt;”. El primer tercio de ese siglo no tiene secretos para él y, gracias a él, también tiene cada vez menos secretos para nosotros.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;i&gt;La escritura desatada &lt;/i&gt;es una obra de encargo sobre la novela, publicada por primera vez hace una década, y ahora revisada y puesta al día. El don de síntesis de Mainer queda patente en estas páginas donde el ayer y el hoy de la narrativa, su teoría y su práctica, resultan compendiadas con la amenidad del ensayista y el rigor de la adecuada documentación, como acredita la amplia bibliografía comentada.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A Baroja, al Baroja ensayista, menos atrabiliario de lo que a primera vista pudiera parecer, se le cita a menudo. José-Carlos Mainer, que dirigió la edición de sus obras completas, es un buen conocedor y admirador de Baroja. Y algo tiene de barojiano en su gusto por las opiniones contundentes, por el rotundo adjetivo descalificativo del escritor que no es de su gusto, en abierto contraste con la ecuanimidad de otras afirmaciones. Y, muy especialmente, con la acrítica bonhomía con que suele referirse a la literatura actual.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Tras insistir en que “los libros son cosa ajena a la moral ordinaria o a la práctica de las buenas costumbres”, tras señalar que una gran novela puede haberla escrito “una persona con cuya amistad seguramente no nos honraríamos”, entremezcla sin mayor rigor prejuicios ideológicos con juicios literarios: “La tardía novela histórica &lt;i&gt;Amaya o los vascos en el siglo VIII,&lt;/i&gt; obra de un carlista y furibundo católico, cuenta la lucha de los primitivos vascos contra el dominio visigodo (aliado con los invasores musulmanes y ayudados todos por conspiradores hebreos) y la paralela conversión de aquellos cándidos y hermosos antepasados a la fe católica: el relato –que tiene un prólogo muy revelador, clave de la obra— se leía en los años sesenta por parte de los curtidos pistoleros de ETA en las cárceles franquistas y, lo que es más patológico, todavía se reeditaba con éxito, convertida en uno de los innumerables enigmas culturales de la pesadilla identitaria vasca, tan pródiga en ingredientes racistas”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pocas veces un párrafo ejemplifica tan bien lo que no debe ser la crítica ni la historia literaria. Comencemos por un error: en los años sesenta difícilmente podía haber “curtidos pistoleros de ETA en las cárceles franquistas” porque esa organización terrorista no comenzó a actuar hasta finales de la década. Entre los primeros detenidos relacionados con ella se encontraban nombres como los de Jon Juaristi o Mario Onaindía, a los que Mainer cita con elogio, y a los que difícilmente se les puede calificar de “curtidos pistoleros”. ¿Y qué tiene de patológico que una novela de finales del XIX se reedite con éxito, aunque la haya escrito “un carlista y furibundo católico” (notemos el adjetivo)? Que Mainer no simpatiza con el nacionalismo vasco está claro, pero no parece que haya en él una mayor “pesadilla identitaria” que en cualquier otro nacionalismo –el español, sin ir más lejos— ni que resulte más pródigo en ingredientes racistas que el francés, por ejemplo (racista es Baroja, tercamente antisemita, y no por eso deja de admirarle).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Tampoco nosotros dejamos de admirar a Mainer por estos desahogos personales que de vez en cuando se permite. El ensayo es para él “un género de naturaleza biográfica” y por eso &lt;i&gt;La escritura desatada &lt;/i&gt;–expresión cervantina para referirse a la novela— comienza con un capitulillo titulado “Donde el autor habla un poco de sí mismo” en el que se nos cuentan los inicios de su pasión por la lectura.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Disculpamos a Mainer sus descuidos porque son la otra cara de sus virtudes. “Quien solo sabe de literatura, qué poco sabe de literatura” afirma alguna vez. Y él sabe como nadie entretejer la historia de la literatura con la historia general de la cultura, con la política y con la sociología. Y a menudo consigue síntesis fulgurantes, pero también es capaz de escribir, sin que el tiemble el pulso, que el siglo XIX fue “un siglo muy estable en lo político”. ¿Muy estable el siglo en que Napoleón hizo y deshizo naciones, el siglo de la unificación de Italia y Alemania, el siglo de &lt;st1:personname productid="la Comuna" w:st="on"&gt;la  Comuna&lt;/st1:personname&gt;, el de &lt;st1:personname productid="la Guerra" w:st="on"&gt;la  Guerra&lt;/st1:personname&gt; de &lt;st1:personname productid="la Independencia" w:st="on"&gt;la  Independencia&lt;/st1:personname&gt; y &lt;st1:personname productid="la Revolución" w:st="on"&gt;la Revolución&lt;/st1:personname&gt; de Septiembre, el de Fernando VII y la primera República?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Frente a tal despiste ninguna importancia tiene la indicación de que &lt;i&gt;Por quién doblan las campanas&lt;/i&gt;, la novela de Hemingway, tomó su título “de un verso de John Donne” y que poco después aluda al “poema original”. Pero no hay tal verso ni tal poema. La cita procede de un capítulo de &lt;i&gt;Devociones&lt;/i&gt;, la más famosa de sus obras en prosa. Alberto Girri la tradujo de manera magistral: “La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque yo estoy involucrado en la humanidad; y, en consecuencia, no envíes nunca a preguntar por quién doblan las campanas; doblan por ti”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Quizá lo que tiene de manual, de obra de encargo, perjudica un tanto a lo que este libro tiene de literatura, de autobiografía de un de un lector compulsivo, y lo mismo podríamos decir en sentido contrario. Pero no deja de ser el libro de un maestro porque a veces, pocas veces, por generosidad con sus coetáneos o por despiste, se le vaya el santo al cielo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-2441430526044035321?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/2441430526044035321/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2012/02/la-novela-de-jose-carlos-mainer.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/2441430526044035321'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/2441430526044035321'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2012/02/la-novela-de-jose-carlos-mainer.html' title='La novela de José-Carlos Mainer'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-v7zqR_OzE7o/Tz1dPVwpR2I/AAAAAAAAAas/nomsi9HneHE/s72-c/n+001.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-8612487304629503363</id><published>2012-02-09T00:00:00.000+01:00</published><updated>2012-02-09T00:00:06.739+01:00</updated><title type='text'>Jeanette Winterson : Negro cuento de hadas</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-s7TlFAoW0Hc/TzFa7eeRISI/AAAAAAAAAaM/ZvU7wfcfHTU/s1600/LIBRO.Por-que-ser-felliz-cuando-puedes-ser-normal.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="250" src="http://3.bp.blogspot.com/-s7TlFAoW0Hc/TzFa7eeRISI/AAAAAAAAAaM/ZvU7wfcfHTU/s320/LIBRO.Por-que-ser-felliz-cuando-puedes-ser-normal.jpg" width="150" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Jeanette Winterson&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Lumen. Barcelona, 2012&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Tenemos una idea errónea de lo que son los cuentos de hadas. Los confundimos con su versión rosa, edulcorada, apta para todos los públicos. Pero los cuentos de hadas verdaderos, los cuentos tradicionales, están llenos de crueldad, no son consoladoras y maquilladas fantasías. Ayudan a vivir porque nos hablan del verdadero rostro de la vida, de los monstruos que la habitan, de su misterio, de su luz cegadora. Nos hablan de las pruebas que hay que superar para llegar a ser adulto, y de cómo en el fondo no se superan nunca.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “Los finales felices son solo una pausa”, escribe Jeanette Winterson. El negro cuento de hadas de su infancia tuvo un final feliz. Fue una niña no querida por sus padres adoptivos, especialmente por la madre, una fanática religiosa; consiguió, sin embargo, ingresar en la universidad de Oxford, en una época en que pocas mujeres lo hacían, y conoció el éxito, a los veintipocos años, con su primera novela, &lt;i&gt;Fruta prohibida&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La primera parte de &lt;i&gt;¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal? &lt;/i&gt;nos cuenta esa historia de maltrato y superación. Jeanette Winterson no se engaña respecto de sí misma: “Hay gente que se considera incapaz de cometer un asesinato; yo no soy de ellos”. Su madre, siempre que se enfadaba, le decía: “El demonio nos llevó a la cuna equivocada”. Nunca dejó de recordarle que había cometido un error al adoptarla.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En la casa de Jeanette estaban prohibidos los libros, salvo &lt;st1:personname productid="la Biblia" w:st="on"&gt;la Biblia&lt;/st1:personname&gt;, pero los libros fueron su salvación y la biblioteca pública de Accrigton, cerca de Manchester, su primera sucursal del paraíso. Entre el recuento de crueldades y absurdos que fueron sus primeros años, abundan las referencias consoladoras al poder de la literatura: “Una vida dura necesita un lenguaje duro, y eso es la poesía. Eso es lo que nos ofrece la literatura: un idioma suficientemente poderoso para poder contar cómo son las cosas. No es un lugar donde esconderse. Es un lugar donde encontrar”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A los dieciséis años la expulsaron de casa. Había cometido el peor de los pecados que, a juicio de su madre, se pueden cometer: tener relaciones sexuales, y con otra mujer. Pero fue capaz de superar todas las pruebas. Llegar a la universidad. Ser famosa. Venía de un medio proletario y no estaba conforme con el papel que, incluso en la izquierda, se concedía a la mujer. Por eso, nos dice, a finales de los años setenta votó a Margaret Thatcher: “Me parecía que Thatcher ofrecía mejores respuestas que los varones de clase media que representaban al partido laborista y que esos trabajadores que hacían campaña por un salario ‘familiar’ y querían que sus mujeres se quedaran en casa”. No tardaría en arrepentirse, pero a los veinte años la veía como uno de sus modelos: “Era una mujer y eso me hacía sentir que yo también podía triunfar. Si la hija de un tendero podía llegar a primera ministra, entonces una chica como yo podía escribir un libro que acabara en las estanterías de literatura inglesa”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Jeanette Winterson nos cuenta la extraordinaria historia de su infancia, adolescencia y juventud en la primera parte del libro. No se olvida del contexto en que esa vida transcurre y nos ofrece una lúcida evocación del proletariado inglés, que ya no era el de la época de Marx y Engels, pero que en muchos aspectos no estaba muy lejos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Una historia de superación, un impactante cuento de hadas con final feliz, pero sin perdón y sin reconciliación. La publicación de &lt;i&gt;Fruta prohibida &lt;/i&gt;no la acercó a su madre adoptiva, sino que la alejó de ella para siempre.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero todo final feliz es una pausa. Años de éxitos, de premios, de popularidad. Se suceden las novelas, los amores. Las mujeres van dejando de ser una excepción en cualquier ámbito de poder y cultura.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Y de pronto, cuando menos lo esperaba, todo lo que creía haber superado regresa: “Había una persona dentro de mí –una parte de mí o como queráis llamarlo—&amp;nbsp; tan dañada que estaba dispuesta a verme muerta para encontrar la paz”. Los cuentos de hadas saben de esa situación: “Hay muchos cuentos de hadas –los conocéis— en los que el protagonista, en una situación desesperada, hace un trato con una siniestra criatura y obtiene lo que se necesita para seguir con el viaje. Más adelante, una vez conseguida la princesa, derrotado el dragón, guardado el tesoro y engalanado el castillo, aparece la siniestra criatura y se lleva al recién nacido o lo convierte en un gato o –como la decimotercera hada a la que nadie invitó a la fiesta— trae un regalo ponzoñoso que mata la felicidad”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Esta segunda parte del libro tiene más que ver con el diario que con las memorias. “Escribo en tiempo real” nos dice la autora. Depresiones, intentos de suicidio: “En febrero de 2008 intenté acabar con mi vida. Mi gato estaba en el garaje conmigo. No lo sabía cuando cerré las puertas y encendí el motor. El gato me arañaba la cara, me arañaba la cara, me arañaba la cara”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero cuando todo falla, algo sigue estando ahí: “En los días malos, simplemente me aferraba a una cuerda cada vez más fina. Esa cuerda era la poesía. Toda la poesía que aprendí cuando tenía que guardar una biblioteca en mi interior ahora me ofrecía una tabla de salvación”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La escritora de éxito no es más que una niña que necesita encontrar a la madre que la abandonó cuando ella tenía seis meses. Y la encuentra, después de detectivescas pesquisas y absurdas peripecias burocráticas. Otro final feliz.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero todo final feliz es una pausa. “No tengo ni idea de lo que va a pasar a partir de ahora”, leemos en el final de esta autobiografía, escrita con rabia y con inteligencia, con una lucidez a ratos casi insoportable, que habla de heridas que nunca cicatrizan y de lo imposible que resulta consolar a un niño que sigue llorando, tantos años después, en el interior del adulto en que se ha convertido.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-8612487304629503363?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/8612487304629503363/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2012/02/jeanette-winterson-negro-cuento-de.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/8612487304629503363'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/8612487304629503363'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2012/02/jeanette-winterson-negro-cuento-de.html' title='Jeanette Winterson : Negro cuento de hadas'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-s7TlFAoW0Hc/TzFa7eeRISI/AAAAAAAAAaM/ZvU7wfcfHTU/s72-c/LIBRO.Por-que-ser-felliz-cuando-puedes-ser-normal.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-7272836977245689037</id><published>2012-02-02T00:00:00.000+01:00</published><updated>2012-02-02T00:00:00.911+01:00</updated><title type='text'>J. M. Caballero Bonald: Los eventos consuetudinarios</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-b4rBD_3BcH8/TyiewH1Sq9I/AAAAAAAAAZ4/pJB1Pt9MT3E/s1600/Caballero+Bonald+-+Entreguerras.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="270" src="http://3.bp.blogspot.com/-b4rBD_3BcH8/TyiewH1Sq9I/AAAAAAAAAZ4/pJB1Pt9MT3E/s320/Caballero+Bonald+-+Entreguerras.jpg" width="170" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;J. M. Caballero Bonald&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Entreguerras&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Seix-Barral. Barcelona, 2012.&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Juan de Mairena, profesor de gimnasia que da clases de retórica, saca a un alumno a la pizarra y le dicta una frase: “Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa”. Luego le pide que la ponga en lenguaje poético. El alumno escribe: “Lo que pasa en la calle”. Y el profesor dice: “Muy bien”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Si Caballero Bonald asistiera a esa clase, habría expresado airadamente su desacuerdo. Para él la poesía habla de “los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa”, no de “lo que pasa en la calle”: llamar a las cosas por su nombre, decir de la manera más sobria y precisa lo que se quiere decir podrá ser periodismo, pero no poesía. Más de acuerdo que con Antonio Machado estaría con Góngora. En un pasaje de &lt;st1:personname productid="la Soledad" w:st="on"&gt;la  Soledad&lt;/st1:personname&gt; primera, se enumeran los regalos que los invitados llevan a una boda. Uno de esos regalos es una gallina. Pero Góngora prefiere evitar tan prosaico nombre y se refiere a ella como “una de esas aves / cuyo lascivo esposo vigilante / doméstico es del sol nuncio canoro / y de coral barbado, no de oro, /ciñe, sino de púrpura, turbante”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Con esa poética gongorina, aliñada con la escritura automática de los surrealistas, está escrito &lt;i&gt;Entreguerras o De la naturaleza de las cosas&lt;/i&gt;, quizá el más extenso poema de la literatura española contemporánea, incluidos los de Agustín García Calvo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La fluencia verbal de Caballero Bonald resulta ciertamente admirable. Con ritmo de salmodia se suceden los sonoros versículos, reiterativos, obsesivos, casi hipnóticos. Nos invita a dejarnos llevar, a no detenernos a pensar. Si nos paramos un momento, todo aquel suntuoso andamiaje se nos viene abajo, el oro se convierte en oropel, la palabra que se quiere prístina y esencial en gastada, manida, resabida y resabiada palabrería.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Habrá lectores que resistan cien, doscientos, trescientos versículos (son varios miles), pero bastan los iniciales para saber a qué atenernos: “el lugar de las revelaciones ¿era aquel donde un día / abrí las cajas primordiales rompí el invicto sello el embozo perpetuo / hendí la piedra y sus tentáculos me interné en la caverna estática del tiempo?”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La poesía que se entiende no es poesía es periodismo, afirmó alguna vez Caballero Bonald. En ciertos pasajes de &lt;i&gt;Entreguerras &lt;/i&gt;parece acercarse al periodismo, tal como él lo entiende, y algunos versículos se limitan a desnudas enumeraciones de lugares visitados (Siria Japón Colombia Transilvania &lt;st1:personname productid="la Amazonia" w:st="on"&gt;la Amazonia&lt;/st1:personname&gt; el Sahara Crimen / Cuba Egipto Polonia las Antillas Irak Irlanda las Galápagos), de poetas integrantes de un grupo generacional (Ángel y José Ángel y Carlos y José Agustín y Alfonso y Jaime / y Juan y otros dos Juanes y quien lo está contando”), de autores admirados (“Juan Ramón Gabriel Miró Darío Valle-Inclán / Lorca Espronceda Rosalía Byron Bécquer”). Contrastan esas escuetas referencias nominales con el alarde acumulativo de gallardas vaguedades que llena páginas y páginas.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Eliot, bien aconsejado por Ezra Pound, cortó largos pasajes de &lt;i&gt;La tierra baldía &lt;/i&gt;y gracias a eso lo convirtió en un poema que expresa como ningún otro la desolación y el sinsentido del mundo que dejaba tras de sí &lt;st1:personname productid="la Gran Guerra." w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Gran" w:st="on"&gt;la Gran&lt;/st1:personname&gt; Guerra.&lt;/st1:personname&gt; Caballero Bonald no parece que tenga cerca ningún Pound ni, de tenerlo, aceptaría sus consejos. Es una lástima. Cortando sin piedad cien o ciento cincuenta páginas este nada desdeñable ejercicio retórico se convertiría, si no en un gran poema, sí en un buen poema sobre las trampas de la memoria.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Tras las sonoras inconsistencias del prefacio, sorprende el capítulo primero, una evocación del Madrid de posguerra con bien conseguidos trazos expresionistas. Buena parte de los versículos que salvaríamos del libro están en este capítulo. “Complejas y mudadizas son las leyes del recuerdo”, comienza el capítulo siguiente, todo él una divagación sobre la necesidad de la ficción para reflejar más exactamente la realidad: “no sin ser deformada puede la realidad exhibir sus enigmas / dijiste alguna vez persuadido de la conformidad severa de ese aserto / y lo repites ahora con la misma efusión la misma convicción que entonces / no es posible entender la forja de una ficción capaz de ser fructuosa / sin anular primero las serviles explícitas copias de una experiencia / ya banalizada de antemano por su inválida literal versión de los hechos”. No es posible tampoco leer a Caballero Bonald sin tener la tentación de coger un lápiz e ir tachando palabras que sobran. Cita un verso suyo y no le basta añadir “dijiste alguna vez”, sino que ha de redondear el versículo con “persuadido de la conformidad severa del aserto”. Tachamos: si alguien dice algo, damos por supuesto que está convencido de ello. Y ahora lo repite, y no le basta repetirlo “con la misma convicción” que entonces, tiene además que hacerlo “con la misma efusión”. La estética de Caballero Bonald parece clara: reiterar, parafrasear, insistir, no decir en cincuenta palabras lo que podría decirse perfectamente en cuatro, sino esforzarse en llegar a las quinientas o, por lo menos, a las cien.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Otros pasajes que el hipotético Pound salvaría de este libro estarían en el capítulo quinto, con su evocación de la estancia en Colombia (“aquel gran río de &lt;st1:personname productid="la Magdalena" w:st="on"&gt;la Magdalena&lt;/st1:personname&gt; por donde navegamos / tres días con sus noches tres siglos con sus astros sus rigores sus vértigos”), o en el séptimo que habla de sus andanzas marinas, de Doñana y de algunos de los personajes que pueblan sus novelas. En general gana el poema cuando no se construye sobre una divagación en el vacío sino que reelabora un concreto material biográfico (aunque a veces no parezca alcanzar el desarrollo suficiente y haya de ser complementado con lo que cuenta en sus tomos de memorias).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; ¡Cómo disfrutaría Juan de Mairena dictando a sus alumnos alguno de los más rimbombantes versículos de Caballero Bonald y pidiéndoles que lo pusieran en lenguaje poético!&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-7272836977245689037?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/7272836977245689037/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2012/02/j-m-caballero-bonald-los-eventos.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/7272836977245689037'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/7272836977245689037'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2012/02/j-m-caballero-bonald-los-eventos.html' title='J. M. Caballero Bonald: Los eventos consuetudinarios'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-b4rBD_3BcH8/TyiewH1Sq9I/AAAAAAAAAZ4/pJB1Pt9MT3E/s72-c/Caballero+Bonald+-+Entreguerras.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-7240465121703854662</id><published>2012-01-26T00:00:00.002+01:00</published><updated>2012-01-26T00:00:00.429+01:00</updated><title type='text'>Donna Leon: Prodesse et delectare</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-liuZtGdnOxk/TyA1h0xpovI/AAAAAAAAAZM/HdwkbKfpnbk/s1600/la-palabra-se-hizo-carne-9788432209543.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="270" src="http://3.bp.blogspot.com/-liuZtGdnOxk/TyA1h0xpovI/AAAAAAAAAZM/HdwkbKfpnbk/s320/la-palabra-se-hizo-carne-9788432209543.jpg" width="160" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Donna Leon&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;La palabra se hizo carne&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Seix Barral. Barcelona, 2012&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;No todo ha de ser gran literatura. &lt;span lang="EN-GB"&gt;Siempre Shakespeare cansa. &lt;/span&gt;“Roger Sheringham bebió un sorbo del brandy añejo que tenía delante y se arrellanó en su asiento en la cabecera de la mesa”. Así comienza &lt;i&gt;El caso de los bombones envenenados&lt;/i&gt;, de Anthony Berkeley, un novelista de la época de Agatha Christie, que ahora Lumen rescata del papel barato de las viejas novelas de quiosco y nos lo vuelve a ofrecer con el envoltorio de la literatura de verdad. Añoramos novelas así –un club inglés, un asesinato rebuscadamente artificioso, un grupo de detectives aficionados que van ofreciendo sucesivas soluciones a cual más sutil e ingeniosa—, pero pronto nos aburren como una adivinanza que dura demasiadas páginas.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Donna Leon quiere hacer algo más que entretener con sus novelas protagonizadas por el comisario Brunetti. En cada una de ellas nos da una lección de su catecismo progresista. &lt;i&gt;La palabra se hizo carne &lt;/i&gt;–poco afortunada traducción de &lt;i&gt;Beastly Things&lt;/i&gt;— arremete contra el maltrato animal, especialmente contra el producido por nuestra condición carnívora, y contra el dudoso control sanitario de muchos alimentos. Tras leer el capítulo 19 &amp;nbsp;–la visita a un matadero descrita casi como el recorrido por uno de los círculos del infierno— es difícil no sentir el deseo de volverse inmediatamente vegetariano.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero el atractivo de las historias de Brunetti apenas tiene que ver con su bien intencionada denuncia de la sociedad contemporánea. Buena parte del éxito se debe al escenario en que transcurren: la ciudad de Venecia, quizá la más seductora de todas las ciudades.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Donna Leon nos invita a pasearnos por la otra Venecia, la ajena al turismo, la de los verdaderos venecianos, que es la que todos los turistas desean conocer.&amp;nbsp; Su visión es pesimista: “La ciudad se degradaba cada vez más, los hoteles proliferaban y los alquileres se incrementaban, cada pulgada disponible de acera se le arrendaba al que quería vender trastos inservibles en un puesto ambulante…”&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Sin entrar en descripciones minuciosas, cuida el detalle exacto en los paseos de Brunetti: no deja de señalarnos que en tal lugar, junto a la entrada porticada de la plaza de San Marcos, estuvo la librería Mondadori, ya desaparecida como casi todas las de la ciudad; que &lt;st1:personname productid="la Dogana" w:st="on"&gt;la Dogana&lt;/st1:personname&gt; se encuentra recién rehabilitada (Brunetti se horroriza “por lo que se exponía en su interior”); que el alargado campo de S. Margherita, que de día sigue conservando sus puestos de pescado y de verdura, de noche se convierte en un bullicioso lugar de encuentro juvenil, lo que ha hecho que algunos de sus amigos hayan tenido que buscar alojamiento en otra parte.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El comisario vive en Campo San Polo, en un apartamento con las mejores vistas sobre los tejados, los campanarios y las puestas de sol; su familia modélica es otra de las recurrencias de esta serie de novelas. La mujer, Paola, es profesora de literatura inglesa, lectora incansable de Henry James, feminista, excelente cocinera. Y junto a la familia, la otra familia, la de la comisaría, con sus personajes detestables, como el caricaturizado jefe Patta, los entrañables compañeros, y esa figura casi de cuento de hadas, que es la &lt;i&gt;signorina&lt;/i&gt; Electra, a la que no hay secreto que se le resista si es accesible a través de Internet.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La intriga policial no suele ser en Donna Leon lo más importante; casi siempre se trata de un mero pretexto, del que el lector muchas veces acaba desentendiéndose. Atrae más el escenario, la bonhomía del protagonista, la confortable sensación que nos transmite de que en un mundo corrupto, él –y nosotros con él— se mantiene íntegro, escéptico y aparte, encontrando a pesar de todo ocasión para gozar de los buenos momentos de la vida, muchos de ellos gastronómicos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero, tras de tantas novelas, la reiterada fórmula se va haciendo cada vez más evidente, e incluso el lector menos atento acaba viendo acá y allá los descosidos. &amp;nbsp;En el &lt;i&gt;macello&lt;/i&gt; de Preganziol unos directivos avariciosos obligan al veterinario a certificar como aptos para el consumo animales que no lo son: “Un ganadero de Treviso traía unas vacas; ya no recuerdo cuántas, puede que seis. Dos de ellas estaban más muertas que vivas. Una parecía que se estaba muriendo de cáncer: tenía una llaga abierta en el lomo. Ni siquiera me molesté en realizarle una revisión médica; hasta un tonto podía darse cuenta de que estaba enferma, toda piel y huesos y con la saliva chorreándole por el morro. La otra tenía diarrea viral”. El lector sonríe: ¿quién va a comprar la carne de esas dos vacas, una de ellas “toda piel y huesos”, por mucho que, mediante chantaje, se obligue al veterinario a darlas de paso? Mal negocio hacían esos corruptos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La lección de ética que nos ofrece Paola –la pluscuamperfecto Paola— nos deja igualmente perplejos. Con su voto –y con el de otros dos compañeros— consigue evitar que se cometa un acto delictivo: renovarle el contrato a un profesor. No porque sea un mal profesor (uno de los que votan con ella, según ella, sí que lo es), sino porque se trata de un delincuente: “Aunque no ha delinquido en este país, que se sepa. Lo han sorprendido en Francia y Alemania robando libros, y mapas, de bibliotecas universitarias. Como tiene tan buenos contactos políticos, decidieron no presentar ningún cargo, pero su plaza de profesor en Berlín quedó cancelada”. Inmediatamente consigue otra en Italia y nada menos que de “Semiótica de la ética”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;No ha delinquido en este país, dice Paola, pero poco después afirma que continuó con sus robos y que ella le paró los pies. “¿Cómo?”, pregunta su marido. Pues no denunciándolo, como parecería lógico, sino obligando a la biblioteca “a cambiar su política”: “Para acceder a las estanterías, cualquiera que ocupe un cargo inferior al de profesor titular debe disponer de una tarjeta. Como su contrato no es fijo, ni tiene tarjeta ni se la expedirán. De modo que, si quiere consultar un libro, debe pedirlo en el mostrador principal, y después de realizada la consulta, los bibliotecarios lo retienen allí mientras comprueban el estado del libro”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Parece que Donna Leon, que tan bien conoce las calles de Venecia, conoce un poco peor otros aspectos de la sociedad que tan encomiablemente intenta mejorar. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Mezclar lo útil con lo agradable, según la fórmula horaciana, parece ser la fórmula de la novela negra contemporánea: entretener no basta, hay además que indignarse y denunciar. Otra forma de entretener, en la mayoría de los casos. Y de confortar la buena conciencia de lectores no demasiado exigentes.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-7240465121703854662?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/7240465121703854662/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2012/01/donna-leon-prodesse-et-delectare.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/7240465121703854662'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/7240465121703854662'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2012/01/donna-leon-prodesse-et-delectare.html' title='Donna Leon: Prodesse et delectare'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-liuZtGdnOxk/TyA1h0xpovI/AAAAAAAAAZM/HdwkbKfpnbk/s72-c/la-palabra-se-hizo-carne-9788432209543.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-1834388214684631214</id><published>2012-01-19T12:12:00.000+01:00</published><updated>2012-01-19T12:12:19.230+01:00</updated><title type='text'>Un preciado regalo</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-ps0JxXJFPsU/Txf6X9z6NwI/AAAAAAAAAYg/D9bwdcSbmVk/s1600/a.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="260" src="http://1.bp.blogspot.com/-ps0JxXJFPsU/Txf6X9z6NwI/AAAAAAAAAYg/D9bwdcSbmVk/s320/a.jpg" width="168" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Enrique Andrés Ruiz&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;Las dos hermanas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;Antología de la poesía española e hispanoamericana del siglo XX sobre pintura.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Fondo de Cultura Económica. Madrid-México, 2011.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Las antologías temáticas tienen un inconveniente y una ventaja. Inconveniente: el tema suele predominar sobre la calidad a la hora de la selección; ventaja: propician los descubrimientos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La relación entre poesía y pintura es antigua. Con erudición y agudeza se refiere a ella Enrique Andrés Ruiz. “Ut pictura poesis” afirma Horacio en un muy citado pasaje de la “Epístola a los Pisones”. Pero en un principio fue al revés: la pintura trató de ser como la poesía. Los pintores no pasaban de artesanos; para pintar un cuadro solo se necesitaba aplicar una serie de destrezas, como para levantar una pared o fabricar una silla. La categoría de artistas solo la obtuvieron cuando se acercaron a la poesía y comenzaron a pintar cuadros que reflejaban historias míticas y se podían leer como un poema.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Las afirmaciones de Andrés Ruiz sobre las diversas artes y sobre el Arte con mayúscula que ha venido a sustituirlas (“una operación institucional, impensable sin inversiones públicas de propaganda y estructuras; una operación indudablemente política”) son siempre inteligentes y fértiles, aunque a menudo discutibles. Pero llega un momento en que cambia de registro y el intelectual riguroso deja paso a las complacencias del creyente. &lt;st1:personname productid="La Palabra" w:st="on"&gt;La Palabra&lt;/st1:personname&gt; se ha hecho Carne en el cristianismo –nos dice, como si siguiera hablando de lo que estaba hablando— y por eso, a partir de entonces, es posible pintar “simples naturalezas, escenas cotidianas, retratos” sin auxilio de ningún texto, de ninguna leyenda mítica. No le discutiremos esa tesis –Todorov ha afirmado exactamente todo lo contrario al referirse a la aparición de la pintura realista en los Países Bajos—, simplemente dejamos constancia de que ha dado un salto hacia otro ámbito que nada tiene que ver con el análisis científico y la racionalidad.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero afortunadamente el integrismo religioso de Enrique Andrés Ruiz no influye para nada en la selección de poemas. Comienza con José Martí (“Sé de un pintor atrevido / que sale a pintar contento / sobre la tela del viento / y la espuma del olvido”) y termina con dos poetas nacidos en 1975: Martín López-Vega y Carlos Pardo. El primero glosa en “Habitación de hotel” el conocido cuadro de Edward Hopper, quizá el más literario de los pintores del siglo XX; el segundo juega al irracionalismo y alude a “los viejos pintores del &lt;i&gt;Trecento&lt;/i&gt;”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No se seleccionan solo poemas que hablen sobre pintura o sobre pintores. Muchos de ellos describen un paisaje. Es el caso de tantos poemas modernistas aquí antologados (las “Cigüeñas blancas” de Guillermo Valencia, o el “Claroscuro”, de Julio Herrera y Reissig), o de los versos de Jorge Guillén: “¿Pureza, soledad? Allí. Son grises. / Grises intactos que ni el pie perdido / sorprendió, soberanamente leves. / Grises junto a &lt;st1:personname productid="la Nada" w:st="on"&gt;la Nada&lt;/st1:personname&gt; melancólica, / bella, que el aire acoge como un alma, / visible de tan fiel a un fin: la espera”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Enriquece esta antología temática que el tema se haya entendido de tan amplia manera. Nada tan fatigoso como los convencionales poemas que suelen adornar catálogos de pintores. Enrique Andrés Ruiz llega a incluir incluso la conocida “Arte poética” de Vicente Huidobro: “Que el verso sea como una llave / que abra mil puertas. / Una hoja cae; algo pasa volando; / cuanto miren los ojos creado sea, / y el alma del oyente quede temblando”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero abunda, como no podía ser de otra manera, la ecfrasis, el equivalente en palabras de una pintura, que tiene en Manuel Machado uno de sus máximos representantes: “Nadie más cortesano ni pulido / que nuestro rey Felipe que Dios guarde, / siempre de negro hasta los pies vestido”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Generalmente se selecciona solo un poema de cada autor, pero en algunos casos –por su especial relación con la pintura— se hace excepción. Ocurre con Manuel Machado, con Juan Ramón Jiménez, y con poetas menos conocidos con Rafael Sánchez Mazas o Ramón Gaya, uno de esos pintores que son igualmente notables como escritores. También con Eugenio d’Ors, que como poeta no pasa de ingenioso y conceptuoso aficionado.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Como no podía ser menos, a pesar de lo exhaustiva de la selección echamos en falta algún nombre. El más notable, el de Ángel González. Una antología como esta no puede prescindir de su soneto “El Cristo de Velásquez”: “Un piadoso pincel lavó con leves / algodones de luz tu carne herida, / y otra vez la apariencia de la vida / a florecer sobre tu piel se atreve”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Compensan ese olvido los muchos admirables poemas con que nos reencontramos (o encontramos por primera vez), desde el suntuoso “Bodegón del Renacimiento”, de Agustín de Foxá, hasta “Hilando”, de Claudio Rodríguez (“Tanta serenidad es ya dolor”), pasando por los sinestésicos minimalismos de Octavio Paz (“El pájaro es una astilla / que canta y se quema viva / en una nota amarilla”) o el “Esfumato”, de Amalia Bautista: “Tan áspero era el mundo, tan hiriente, / que él lo difuminó para mis ojos”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Sí, la pintura, al igual que la poesía, puede ser a veces, como en el poema de Amalia Bautista, “un preciado regalo contra el mundo, / contra la realidad, contra la vida”. Pero también –como nos dice otro poeta, Juan Manuel Bonet— un lugar “donde se sueña más puro el ancho mundo”.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-1834388214684631214?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/1834388214684631214/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2012/01/un-preciado-regalo.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/1834388214684631214'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/1834388214684631214'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2012/01/un-preciado-regalo.html' title='Un preciado regalo'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-ps0JxXJFPsU/Txf6X9z6NwI/AAAAAAAAAYg/D9bwdcSbmVk/s72-c/a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-8169412507859808692</id><published>2012-01-12T00:00:00.007+01:00</published><updated>2012-01-12T00:00:00.925+01:00</updated><title type='text'>Jesús Aguado: Más es menos o el arte de editar</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-LLrZ_4Kz4e4/Twyk3AV_IHI/AAAAAAAAAYM/LWZqYyWKsAA/s1600/Jes%25C3%25BAs+Aguado.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="280" src="http://3.bp.blogspot.com/-LLrZ_4Kz4e4/Twyk3AV_IHI/AAAAAAAAAYM/LWZqYyWKsAA/s320/Jes%25C3%25BAs+Aguado.jpg" width="170" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Jesús Aguado&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;El fugitivo. Poesía reunida (1985-2010)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Vaso Roto Ediciones. Madrid-México, 2011&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Jesús Aguado es uno de los poetas de obra más valiosa, pero a la vez más profusa y contradictoria, surgidos en las últimas décadas. Por primera vez reúne su poesía en un volumen. Una buena ocasión para poner orden, señalar las líneas esenciales, orientar al lector.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Una ocasión desaprovechada, a mi entender. Ni el prólogo de un crítico, Vicente Luis Mora, más dado a las generalizaciones que al análisis de la obra concreta, ni la nota final del autor, ayudan demasiado. “Recomiendo al lector –escribe el prologuista— que compare los poemas aquí aparecidos de &lt;i&gt;El fugitivo &lt;/i&gt;con los que en su momento recogía la versión de Pre-Textos de 1998. Son dos libros distintos, pero es que Aguado es también ahora una persona distinta”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;¿Son dos libros distintos? Veamos las diferencias: en la primera edición el fragmento “caemos como plomada en manos de un albañil” se disponía en forma vertical, mientras que “y de repente somos una casa” dibujaba vagamente la silueta de una casa; con buen criterio se prescinde de esos ingenuos caligramas. Hay otros cambios, igualmente mínimos: se tachan algunos versos repetitivos, y el fragmento “una mano y un hilo / cada vez más pequeños / borrando el universo según vamos por él” se parte en dos, de modo que “según vamos por él” pase a la página siguiente, como un fragmento distinto. Unos cuantos retoques, bastante caprichosos por lo general, ¿lo convierten en un libro distinto de una persona distinta? No me lo parece.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hay otros cambios en esta recopilación, que el prologuista no señala, y que me parecen más significativos. Cuando &lt;i&gt;El náufrago rescatado&lt;/i&gt; se publicó por primera vez en el 2001 el subtítulo indicaba que se trataba de “un manifiesto”. Ahora desaparece esa indicación, la nota inicial que explicaba el título (el artista es un náufrago que ha sido rescatado a su pesar) y el inicio del manifiesto, “hay que hacer un arte a la contra”, que daba sentido a cada párrafo: “contra la simplificación, contra la desmemoria (y a favor del olvido), contra el estrechamiento, contra la pertenencia, / contra la crítica utilizada como un cuerpo especial de desactivación de explosivos al servicio (consciente o inconscientemente) de los poderes, / contra la propiedad colectiva lograda a costa de la miseria individual”, etc. Pero por eliminar esos elementos explicativos lo que no era un poema –sino una acumulación de vagas buenas intenciones— no se convierte en un poema, sino en un cuerpo extraño más que dificulta la lectura de este confuso volumen.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En &lt;i&gt;Los poemas de Vikram Babu&lt;/i&gt;, publicado inicialmente por Hiperión, Jesús Aguado, buen conocedor y traductor de la poesía hindú, se inventa un heterónimo, Vikran Babu, que vivió en el siglo XVII, escribía en hindi y nunca salió de un pequeño pueblo a orillas del Ganges, cerca de Benarés, según nos informa en el breve prólogo. Dada su fama de sabio, le hacían numerosas consultas a las que respondía con “pequeñas composiciones poéticas que, en lugar de soluciones, ponían a cada cual en disposición de responderse a sí mismo”. El resultado es un conjunto de atractivos pastiches que a veces parecen parodiar la literatura de autoayuda. Pero en esta recopilación se prescinde de la ficción heteronímica y desaparece la figura del presunto autor, lo que no contribuye precisamente a clarificar el conjunto.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En la nota final –que demuestra alguna confusión sobre lo que debe entenderse por “poesía reunida” o “poesía completa”— explica Jesús Aguado la división de su obra en dos partes: a partir de un determinado momento, la poesía deja de ser para él un juego, “por muy esencial que se quiera”, para convertirse “en un método para evitar que jueguen con uno, que el mundo le juegue una mala pasada a uno”. Y añade, provocando la perplejidad de cualquier lector con algún sentido crítico, que esa es la razón “por la que ya no pienso tanto en poemas sueltos, como en bloques unitarios”. ¿Los bloques unitarios se prestan menos al juego, evitan que “el mundo nos juegue una mala pasada” mejor que los poemas sueltos? Convendría que el autor se tomara la molestia de explicarnos cómo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “Una de las pocas cosas claras que sigo teniendo es que uno tiene que huir de sus libros antes de que estos le alcancen”, escribe más adelante. Y el prologuista subraya “la diversidad de su obra, enemiga de seguir dos veces la misma estrategia estética”. Ambas afirmaciones se pueden contradecir fácilmente. Uno de los libros más conseguidos de la que Jesús Aguado denomina su primera etapa se titula &lt;i&gt;Los amores imposibles&lt;/i&gt; (son poemas narrativos y bienhumoradamente imaginativos); más adelante insistirá en la misma fórmula con &lt;i&gt;Nuevos amores imposibles&lt;/i&gt;. También habrá unos &lt;i&gt;Nuevos poemas de Vikram Babu&lt;/i&gt;. Jesús Aguado es un poeta que gusta tanto de ensayar nuevos caminos –aunque a veces no lleven a ninguna parte— como de insistir en las recetas en las que se encuentra más cómodo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El poeta no siempre es el mejor crítico ni el mejor editor de su propia obra. Reunir los poemas y los libros dispersos debe contribuir a darles un nuevo y mejor sentido, o al menos, a aclarar su sentido, no a volverlo más confuso. En una buena edición, el conjunto vale más que las piezas por separado. No ocurre así con esta poesía reunida de Jesús Aguado, un autor que no siempre acierta a distinguir poemas de ejercicios poéticos, lo fundamental de lo circunstancial. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En poesía, como en tantas otras cosas, más es menos, todo lo que no es imprescindible sobra. A Jesús Aguado 537 páginas no le parecen suficientes para contener sus poesías completas (se refiere una y otra vez a lo que ha dejado fuera); yo creo más bien que sus poesías completas, verdaderamente completas, caben en la mitad de esas páginas. Lo mismo que en un haiku (y él los ha escrito espléndidos) puede haber más poesía que en un poema de quinientos versos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Editar tiene mucho de arte invisible. El buen editor –de obra propia o ajena— es el que se nota lo menos posible.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-8169412507859808692?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/8169412507859808692/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2012/01/jesus-aguado-mas-es-menos-o-el-arte-de.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/8169412507859808692'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/8169412507859808692'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2012/01/jesus-aguado-mas-es-menos-o-el-arte-de.html' title='Jesús Aguado: Más es menos o el arte de editar'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-LLrZ_4Kz4e4/Twyk3AV_IHI/AAAAAAAAAYM/LWZqYyWKsAA/s72-c/Jes%25C3%25BAs+Aguado.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-5618714215607893885</id><published>2012-01-05T00:00:00.000+01:00</published><updated>2012-01-05T00:00:02.285+01:00</updated><title type='text'>Ramón del Valle-Inclán: Un divorcio y otras historias</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-wq7sTNo_SiU/TwNmnQGPffI/AAAAAAAAAX4/K1vwMcdq6Q0/s1600/portada+Valle-Incl%25C3%25A1n.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://1.bp.blogspot.com/-wq7sTNo_SiU/TwNmnQGPffI/AAAAAAAAAX4/K1vwMcdq6Q0/s320/portada+Valle-Incl%25C3%25A1n.jpg" width="150" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Jesús Rubio Jiménez y Antonio Deaño Gamallo&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Ramón del Valle-Inclán y Josefina Blanco:&amp;nbsp;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;el pedestal de los sueños.&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Prensas Universitarias de Zaragoza, 2011&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Ramón del Valle-Inclán, en vida, hizo de su vida una obra de ficción; tras su muerte, la realidad biográfica ha tardado en abrirse camino entre la anécdota apócrifa y el mito, y todavía no lo ha conseguido del todo. Un paso importante fue la publicación, en el 2008, del epistolario contenido en &lt;i&gt;Valle-Inclán inédito&lt;/i&gt;, con un inteligente prólogo de Manuel Alberca. En las tertulias de café, en las abundantes entrevistas para revistas y diarios, el escritor se sentía en el escenario, era un personaje; solo en sus cartas privadas se quitaba la máscara, no hacía literatura, aunque seguía siendo muy celoso de su intimidad.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La historia que se cuenta en&lt;i&gt; Ramón del Valle-Inclán y Josefina Blanco: el pedestal de los sueños &lt;/i&gt;es una triste historia, aunque no inhabitual: la de un divorcio conflictivo y un amor que se convierte en odio. Jesús Rubio Jiménez, con la colaboración de Antonio Deaño González, cuenta muy bien esa chirriante peripecia, dejando que hablen los documentos inéditos, pero no ofreciéndolos aislados y fuera de su contexto. Su edición de las 35 cartas que guardaba en su archivo Dionisio Gamallo Fierros, y que constituyen la base del libro, resulta ejemplar. Lo que podía haberse quedado en un trabajo erudito de escaso interés se convierte en un apasionante relato protagonizado por una mujer vengativa y despechada, de la que hasta ahora sabíamos muy poco, Josefina Blanco, y en el que juega un importante papel Luis Ruiz Contreras, escritor resentido e intrigante, testigo principal de unos años cruciales de la literatura española. No novelizan ni fantasean los autores –que nos acaban de ofrecer otra muestra de su buen hacer en &lt;i&gt;El camino de las letras&lt;/i&gt;, que recoge el epistolario inédito de Rafael Altamira y José Martínez Ruiz con Clarín—, no lo necesitan para conseguir, a base de pequeños detalles exactos, que leamos esta rigurosa investigación como la más apasionante de las novelas.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Josefina Blanco presumía de que a ella debía Valle-Inclán todo lo que había llegado a ser; sin su ayuda no habría pasado de un pintoresco figurón de escasa obra, como el Alejandro Sawa de la realidad o el Max Estrella de la ficción. Por él abandonó su exitosa carrera teatral (aunque nunca llegó a convertirse en una primera figura) para convertirse, no solo en la madre de su abundante prole, sino también en secretaria, amanuense, correctora, administradora. Las estrecheces económicas, y unos patológicos celos, parece que acabaron con su equilibrio mental. No dudaba en escribir a todo el mundo lanzando diatribas contra el “tenorio averiado” de su marido ni tampoco en utilizar a sus hijos como arma arrojadiza contra él. Cada vez más acentuada enemiga de la república, temiendo ser asesinada por los Albertis (así los denomina) en el Madrid de 1936, acepta sin embargo una pensión anual de doce mil pesetas concedida por el gobierno de la zona republicana. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;J. Raimundo Bartrés en &lt;i&gt;La ‘nodriza’ de la generación del 98 &lt;/i&gt;(Editorial Linosa, Barcelona, 1972) cuenta su relación, hasta el enfado final, con Ruiz Contreras. En la página 68 se encuentra el pasaje que Rubio Jiménez y Deaño González citan de segunda mano, ignorando su procedencia: “Acompáñeme hasta el Majestic. A diario visito a la mujer de Valle-Inclán, Josefina Blanco… La pobre está más loca que una cabra. Se figuraba millonaria porque el gobierno rojo le pasaba una pensión, y &lt;st1:personname productid="la Editorial Sopena" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Editorial" w:st="on"&gt;la Editorial&lt;/st1:personname&gt; Sopena&lt;/st1:personname&gt; le había prometido grandes negocios con las obras de su marido, y todo se ha convertido en agua de borrajas, hasta los billetes ful que cobró”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Acabada la guerra, Josefina Blanco olvidó todo el odio que había sentido contra su marido y se convirtió en viuda ejemplar y en lo que siempre había querido ser, en la dueña y señora de su obra, de la que procuró sacar todo el rendimiento económico posible. La antigua actriz ahora odiaba el teatro y por eso hizo cuando pudo, hasta inventarse una carta con las últimas voluntades de Valle-Inclán, para que sus obras no se representaran; decía que habían sido escritas solo para ser leídas.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Un Valle-Inclán muy distinto del que quiere el mito sale de estas páginas. No era un bohemio ni un idealista, sino un buen comerciante que trataba de obtener el mayor provecho económico posible –estaba en su derecho— de su trabajo intelectual; para ello, muy a menudo, fue su propio editor. Ningún inconveniente tenía en aceptar favores políticos, ya fueran un pequeño sueldo de funcionario (sin necesidad de acudir al puesto de trabajo), una plaza de catedrático (creada expresamente para él durante la monarquía), el cargo de Conservador del Patrimonio inventado para él por Azaña y Fernando de los Ríos, la dirección de &lt;st1:personname productid="la Academia" w:st="on"&gt;la Academia&lt;/st1:personname&gt; de España en Roma… Cierto que en todos esos puestos acabó mal, y dejó en muy mal lugar a sus favorecedores; siempre quería imponer su voluntad al margen de las normas establecidas.&amp;nbsp; &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero el mito continúa. Rubio Jiménez y Deaño González terminan su libro con unas divagaciones sobre el arte y la burguesía que contradicen todo lo que se deduce de su investigación. Resulta que los bandazos de Valle-Inclán y el fracaso final de su matrimonio se deberían solo a “la miserable condición del artista en aquellas décadas”: “El burgués no admira el arte o al artista, sino lo que vale, lo que cuesta. Según sea el precio, así debe ser la mercancía. Ve el producto, pero sobre todo mira la etiqueta. La emoción del burgués reside en la cartera que lleva junto a su corazón”. Tópica palabrería que disuena en una investigación tan rigurosa.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-5618714215607893885?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/5618714215607893885/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2012/01/ramon-del-valle-inclan-un-divorcio-y.html#comment-form' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/5618714215607893885'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/5618714215607893885'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2012/01/ramon-del-valle-inclan-un-divorcio-y.html' title='Ramón del Valle-Inclán: Un divorcio y otras historias'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-wq7sTNo_SiU/TwNmnQGPffI/AAAAAAAAAX4/K1vwMcdq6Q0/s72-c/portada+Valle-Incl%25C3%25A1n.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-2903446510467250439</id><published>2011-12-29T00:00:00.006+01:00</published><updated>2011-12-29T00:00:00.104+01:00</updated><title type='text'>José Díaz Fernández: Elogio de las hemerotecas</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-SVIkdbFMC3U/TvooYEzx1aI/AAAAAAAAAXg/XUVN4Ths_Lc/s1600/h.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="260" src="http://2.bp.blogspot.com/-SVIkdbFMC3U/TvooYEzx1aI/AAAAAAAAAXg/XUVN4Ths_Lc/s320/h.jpg" width="170" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;José Díaz Fernández&lt;i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;El cine y otras prosas de juventud&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Edición y prólogo de Alfonso López Alfonso&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Ateneo Obrero de Gijón, 2011&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Es un tópico afirmar que la mejor literatura se escribe en los periódicos. Un tópico que, como todos, tiene algo de verdad y bastante de exageración. Más exacto resultaría decir que buena parte de la mejor y de la peor literatura de los dos últimos siglos, antes de aparecer en forma de libro, ha pasado por las frágiles, fugaces y volanderas páginas de diarios y revistas. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ha pasado y, en muchos casos, se ha quedado allí para siempre. Las hemerotecas son verdaderas grutas del tesoro para el investigador y para el simple lector curioso. José Ramón González rescató hace unos años las &lt;i&gt;Crónicas de la guerra de Marruecos &lt;/i&gt;del escritor asturiano (aunque nacido en una aldea salmantina) José Díaz Fernández. En esas crónicas incisivas y amargas se encuentra la urdimbre de su obra mayor, &lt;i&gt;El blocao&lt;/i&gt;, pero no son un simple borrador, valen por sí mismas. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Alfonso López Alfonso rescata ahora, también en una de las tan meritorias como inencontrables ediciones del Ateneo Obrero de Gijón (Díaz Fernández fue secretario del centro y uno de sus más activos colaboradores), sus primeros trabajos periodísticos, escritos a partir de los diecinueve años. Aparecieron en &lt;i&gt;Asturias, &lt;/i&gt;una de las muchas revistas dirigidas a los emigrantes asturianos, que comenzó a publicarse en Cuba el año 1913. Junto a la minuciosa información de todos los concejos (a los emigrantes les gustaba estar al tanto de cuanto pasaba en su tierra) incluía un suplemento de artes y letras con las mejores firmas vinculadas a la región: poetas como el desaforado modernista Alfonso Camín o el bablista Teodoro Cuesta, estudiosos como Adolfo Posada o Leopoldo Alas Argüelles (el hijo de Clarín asesinado al comienzo de la guerra civil), entre otros como Juan Antonio Cabezas, Constantino Cabal o José Francés, el más afamado crítico de arte del momento. No comenzaba su tarea periodística José Díaz Fernández en mala compañía.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;¿Tarea periodística? Díaz Fernández, desde el principio, no quiere limitarse a contar lo que pasa en el occidente asturiano a sus paisanos de la emigración. Quiere hacer literatura. Eso ya es evidente desde la primera crónica seleccionada, “Castropolenses”, dedicada a describir una romería. El empaque ingenuamente valleinclanesco del estilo muestra su afán de trascender el mero apunte costumbrista. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Varias de estas colaboraciones son relatos (la narrativa dispersa de Díaz Fernández, recopilada también por Alfonso López Alfonso, aparecerá pronto en la editorial Renacimiento) y entre ellos destacan “Almas laberínticas”, “La tragedia de Juan Pérez”, que recuerda los “cuentos tristes” que Fernández Flórez reúne en &lt;i&gt;Tragedias de la vida vulgar&lt;/i&gt;, y sobre todo “El lobo”, al que no quitan fuerza sus concomitancias con el mundo de Valle-Inclán.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El costumbrismo es el punto de partida de estas páginas, que quieren alimentar la nostalgia de los que se encuentran lejos. Pero los tópicos de la literatura costumbrista se ven de otra manera. Del &lt;i&gt;chigre&lt;/i&gt;, por ejemplo, se nos dice que nada tiene que ver con la taberna de Castilla o de Galicia: “El chigre tiene una psicología distinta, acaso más delicada y más profunda, dentro de lo que cabe en las psicologías de estos lugares en donde se bebe”. Frente a “la moza pringosa de caderas equinas” que sirve en otros lugares “aquí hay un sidrero recio y sabio, que a lo mejor os sorprende haciendo la apología de Marx, o citando a Juan Jaurés, el apostol, y os habla de una humanidad mejor mientras extrae de la colmada estantería la botella que contrae el dorado zumo de las pomaradas”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; ¿Gran literatura? No, desde luego. Primeros pasos de un escritor, de un periodista excepcional, que descubre su mundo, que tantea su estilo, que se atreve a hablar en primera persona: “Se me ha acusado muchas veces de escribir en estilo demasiado íntimo. Si esto es un pecado, para él no pido absolución. Soy tan hondamente individualista que, cuando cumplo mi oficio, pienso solo en mí; me esfuerzo en olvidarme de otras ideas que no sean las mías porque hasta tengo el orgullo de mis errores”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Una muestra de ese estilo íntimo lo encontramos en “Semblanza romántica”, retrato de una mujer “moderna, audaz, cosmopolita”, María Esperanza Cerdán, uno de sus primeros amores, una de sus perdurables admiraciones. De esa mujer, sin duda excepcional, nos quedamos con ganas de saber más: fue maestra en Miranda de Avilés, donde sustituyó a la madre de Casona, según nos cuenta José Manuel Feito; en 1936 era maestra en un pueblo cercano a Madrid; en 1941, cuando se encontraba en paradero desconocido, fue expulsada del magisterio… Un personaje en busca de su autor.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El prólogo de Alfonso López Alfonso, preciso y noticioso, sin farragosa erudición, está escrito con la emoción justa, solo en alguna rara ocasión se le va la mano en la retórica. Tras contarnos que los amigos tuvieron que hacer una colecta para su entierro y que su mujer se pasó la noche cosiendo la cinta de colores republicanos colocada encima del ataúd, escribe: “Triste final, muy del pueblo, para quien había puesto toda su energía y su inteligencia en intentar servir de antorcha que iluminara al pueblo”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Literatura menor, ciertamente, pero llena de encanto la de estas páginas iniciales de una de las figuras más significativas de la literatura de los años treinta, cuya carrera fue tronchada primero por las turbulencias de la guerra civil y luego, definitivamente, por la temprana muerte en el exilio (en &lt;st1:metricconverter productid="1941, a" w:st="on"&gt;1941, a&lt;/st1:metricconverter&gt; los cuarenta y dos años). &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Otro regalo de las hemerotecas estas prosas de juventud. Gracias a investigadores como José Ramón González, Alfonso López Alfonso, José Bolado o Antonio Fernández Insuela podemos estar seguros de que no será el último.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-2903446510467250439?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/2903446510467250439/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/12/jose-diaz-fernandez-elogio-de-las.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/2903446510467250439'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/2903446510467250439'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/12/jose-diaz-fernandez-elogio-de-las.html' title='José Díaz Fernández: Elogio de las hemerotecas'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-SVIkdbFMC3U/TvooYEzx1aI/AAAAAAAAAXg/XUVN4Ths_Lc/s72-c/h.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-8241358201283991913</id><published>2011-12-22T00:00:00.005+01:00</published><updated>2011-12-22T00:00:02.405+01:00</updated><title type='text'>La verdad sobre Chaves Nogales</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-6dmJN8rPYqo/Tu9sZHq2twI/AAAAAAAAAW8/3d5LI47YT9U/s1600/noname-12.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="270" src="http://1.bp.blogspot.com/-6dmJN8rPYqo/Tu9sZHq2twI/AAAAAAAAAW8/3d5LI47YT9U/s320/noname-12.jpg" width="170" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Manuel Chaves Nogales&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;La defensa de Madrid&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Edición de María Isabel Cintas&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Espuela de Plata (Renacimiento). Sevilla, 2011.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Curioso destino el de Manuel Chaves Nogales. De ser uno de los periodistas más conocidos de su tiempo –los años veinte, los años republicanos en que dirigió el diario &lt;i&gt;Ahora&lt;/i&gt;— quedó reducido a autor de la biografía &lt;i&gt;Juan Belmonte, matador de toros&lt;/i&gt;, para posteriormente resucitar como el más lúcido analista de la guerra civil, como un intelectual insobornable y ejemplar, como uno de los grandes autores de la literatura española.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En la mitificación de la figura de Chaves Nogales tuvo buena parte, diríamos que la principal, Andrés Trapiello, que sabe defender como nadie aquello en lo que cree, sin preocuparse demasiado de los datos que puedan desmentir sus siempre brillantes intuiciones. En su reciente libro &lt;i&gt;Los vagamundos &lt;/i&gt;reúne, junto con muchos otros sobre sus apasionadas admiraciones de siempre, varios artículos sobre Chaves Nogales y en ellos se muestra justificadamente orgulloso del hecho de haber sido el primero en llamar la atención sobre &lt;i&gt;A sangre y fuego&lt;/i&gt;, un libro de relatos publicado en 1937 y en cuyo prólogo se contendrían “las páginas más sagaces sobre la guerra civil”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A desmentir la elucubraciones de Andrés Trapiello sobre el periodista sevillano vienen sus &lt;i&gt;Crónicas de la guerra civil&lt;/i&gt; (Renacimiento), muchas de ellas inéditas en libro, editadas por María Isabel Cintas, la gran estudiosa del autor.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Los análisis de Chaves Nogales sobre la guerra civil dibujan una “línea quebrada”, como afirma Santos Juliá en el prólogo, resultan cambiantes y contradictorios y además, con cierta frecuencia, nos lo muestran no demasiado bien informado en su exilio parisino. Cito algunos ejemplo: en julio de 1938 el poder real de &lt;st1:personname productid="la España" w:st="on"&gt;la España&lt;/st1:personname&gt; nacionalista estaba “en manos de Mussolini”; un mes después señala que “podemos considerar ya a España como una colonia alemana” y que son los agentes de &lt;st1:personname productid="la Gestapo" w:st="on"&gt;la Gestapo&lt;/st1:personname&gt; quienes controlan a la policía española; en diciembre de ese año considera que el general Franco ha perdido “toda esperanza de triunfar mediante la guerra”, solo podría conseguir la victoria si los países de Europa le permiten “instaurar el bloqueo de las costas españolas”. Dice cosas aún más curiosas, como que en la zona republicana hay tres o cuatro millones de refugiados que han huido de la zona nacional “sencillamente porque el régimen que Franco pretende imponer en España es tan monstruoso que la gente prefiere morir de hambre a soportarlo”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Mayor interés que &lt;i&gt;Las crónicas de la guerra civil&lt;/i&gt;, que no son crónicas sino comentarios de un periodista que parece haber perdido el contacto con la realidad española, tiene &lt;i&gt;La defensa de Madrid&lt;/i&gt;, un espléndido reportaje novelado sobre aquellos pocos días de noviembre de 1936 en que Madrid estuvo a punto de caer en manos de los sublevados y se salvó heroica y casi milagrosamente. Quien habla en estas páginas –desconocidas y recuperadas por María Isabel Cintas tras una detectivesca peripecia—&amp;nbsp; ya no es el periodista, sino el escritor, el autor de esa espléndida novela de no ficción sobre la revolución rusa y la guerra civil subsiguiente titulada &lt;i&gt;El maestro Juan Martínez que estaba allí&lt;/i&gt;. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En su entusiasta prólogo –“este es un libro que quema entre las manos”—, Antonio Muñoz Molina parece creer que se trata de un reportaje, de un directo testimonio periodístico. “Chaves Nogales está en todo, lo ve todo”, nos dice. Pero no, según afirmación propia, el 6 de noviembre de 1936 Chaves Nogales deja Madrid, como señala en el prólogo de &lt;i&gt;A sangre y fuego&lt;/i&gt;, “cuando el gobierno de &lt;st1:personname productid="la República" w:st="on"&gt;la República&lt;/st1:personname&gt; abandonó su puesto y se marchó a Valencia”. “Ni una hora antes ni una después”, precisa.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Muñoz Molina y María Isabel Cintas, como cualquier lector ingenuo, se dejan seducir por el espléndido estilo narrativo de Chaves Nogales y piensan que, contra toda evidencia documental, están ante la narración de un testigo directo. Pero bastan pocas páginas para darnos cuenta de que se trata de una recreación novelesca. Dialogan a solas el jefe del gobierno y el general Miaja en el despacho de este último: “En el rostro de Largo Caballero y sobre todo en sus ojos atónicos se refleja exactamente la angustia del momento”. Tal afirmación es propia del narrador omnisciente de la novela, no de un periodista.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;i&gt;La defensa de Madrid &lt;/i&gt;puede ponerse a la par de los &lt;i&gt;Episodios nacionales&lt;/i&gt; galdosianos; es el conmovedor relato de un doble heroísmo, el del general Miaja y el del pueblo madrileño, que se contrapone a la cobardía de los políticos que escapan a Valencia. Pero no es un documento histórico, ni mucho menos. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Bastarían las páginas de este libro, publicado por entregas, en 1938, en las páginas de una revista mexicana para convertir a Chaves Nogales en uno de los grandes escritores de la literatura española. Habría que exceptuar el último capítulo, escrito en otro tono, &amp;nbsp;y que nos muestra a un Chaves Nogales que es casi una caricatura del lúcido analista de la guerra civil que nos quieren presentar Andrés Trapiello y Muñoz Molina. Afirma en él que, a comienzos de 1937, el ejército republicano está dotado ya “de una organización comparable a la de cualquier ejército regular” y que cuenta con “material de guerra abundante y modernísimo”. Y concluye: “El origen de la guerra no es español, no puede ser imputable a los españoles. No hay más culpa española que la de los dirigentes infames que brindaron la tierra de España a la barbarie y abrieron las puertas de su país a la doble y antagónica invasión extranjera”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Chaves Nogales, en París, desbordado por los acontecimientos, no entendía lo que estaba pasando. Pero nos dejó el mejor testimonio de lo que fueron en Madrid los primeros meses de la guerra civil, cuando el poder quedó en la calle y lo recogieron las organizaciones obreras, en &lt;i&gt;A sangre y fuego&lt;/i&gt;. Y a ese libro espléndido le añadió otro, desconocido hasta ahora, &lt;i&gt;La defensa de Madrid&lt;/i&gt;, con el que termina su contribución a la literatura española. El resto es ideologizada opinión, salvo quizá –solo quizá— su testimonio de la derrota de Francia.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-8241358201283991913?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/8241358201283991913/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/12/la-verdad-sobre-chaves-nogales.html#comment-form' title='14 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/8241358201283991913'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/8241358201283991913'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/12/la-verdad-sobre-chaves-nogales.html' title='La verdad sobre Chaves Nogales'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-6dmJN8rPYqo/Tu9sZHq2twI/AAAAAAAAAW8/3d5LI47YT9U/s72-c/noname-12.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-821827463912947850</id><published>2011-12-15T00:00:00.008+01:00</published><updated>2011-12-15T00:00:04.385+01:00</updated><title type='text'>Hilario Barrero, Poesía en inglés: Mínimas maravillas</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-2DoQqrfa-1Q/TujMB1J8FEI/AAAAAAAAAWo/Js3Q6IeEqAA/s1600/k.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="260" src="http://1.bp.blogspot.com/-2DoQqrfa-1Q/TujMB1J8FEI/AAAAAAAAAWo/Js3Q6IeEqAA/s320/k.jpg" width="160" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Hilario Barrero&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;Lengua de madera&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;(Antología de poesía breve en inglés)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;La isla de Siltolá. Sevilla, 2011.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Sin prólogo, sin aparato erudito, dejando que los poemas se defiendan solos limpiamente impresos en lo alto de la página, Hilario Barrero nos ofrece una de las más fascinantes antologías poéticas que se hayan publicado nunca.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La selección comienza con un poeta del siglo XVII, Richard Harris, pero se centra fundamentalmente en la poesía inglesa y norteamericana de los siglos XIX y XX. Lo único que tienen en común los textos seleccionados es la brevedad; en lo demás hay una inagotable variedad que abarca desde el chispazo ingenioso hasta la conmovedora intensidad de ciertos epitafios, pasando por la pincelada colorista y la protesta social. El gusto del antólogo –además de poeta, buen lector de poesía, cosas que no siempre van juntas— ha sido el principal guía.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Algunos de los poetas antologados son bien conocidos y han sido muy traducidos al español. Es el caso de Emiliy Dickinson, Yeats o Pound. La lectura de sus textos nos permite darnos cuenta de la manera de traducir de Hilario Barrero: no se permite recreaciones personales, busca ante todo la fidelidad. El título del libro –que procede de un los poemas de Stephen Crane— sintetiza su teoría de la traducción: frente al poeta, el traductor parece hablar en una torpe “lengua de madera”. Pero esa lengua, en el caso de Hilario Barrero, es capaz de producir sonidos armoniosos, no solo de conservar el sentido original. Por eso son posibles dos lecturas de esta antología: una como antología de lengua inglesa, con las versiones sirviéndonos de ayuda, y otra que se centre solo en los textos en español, válidos por sí mismos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Si yo tuviera que hacer una antología de esta antología –cada lector hará la suya— comenzaría con un poema de Siegfried Sassoon, “Ellos”, una de las más eficaces diatribas contra la guerra que se hayan escrito nunca, y no dejaría de incluir los irónicos epitafios de Dorothy Parker, toda una sorpresa para quienes solo sabían de ella por sus precisos y desolados relatos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero casi en cada página hay una maravilla. El poema que da título al libro dice así: “Había una vez un hombre con la lengua de madera / que intentó cantar / y en verdad daba pena. / Pero había alguien que escuchó / el clip-clap de su lengua de madera / y supo lo que el hombre / deseaba cantar, / y con esto el cantante quedó satisfecho”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; De Robert Frost, el poeta rural norteamericano que tanto tiene en común con nuestro Antonio Machado, se traducen varios poemas excelentes; el que quizá resulte más memorable tiene solo dos versos: “Perdóname, oh Señor, mis pequeñas bromas a tu costa / y yo te perdonaré la tuya inmensa a costa mía”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Langston Hughes, afroamericano, resulta curiosamente el poeta más ampliamente representado. Aunque su poesía, sencilla y eficaz, sigue conservando su fuerza, esta es una de las decisiones del antólogo que resulta más discutible. No le reprochamos, en cambio, que deje un amplio lugar para Charles Simic, con poemas muy diversos, sin desdeñar el ingenio ramoniano de “Sandías”: “Budas verdes / en el puesto del mercado. / Nos comemos la sonrisa / y escupimos los dientes”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No hay mejor recomendación para esta &lt;i&gt;Lengua de madera &lt;/i&gt;que citar completas algunas de las mínimas maravillas que encierra. Un epitafio de Allen Ginsberg, por ejemplo, que es a la vez un nada sentimental poema de amor. Se titula “A las cenizas de Neal” y dice así: “Ojos delicados que descubrían montañas azules / al parpadear, todo ceniza, / pezones, costillas que toqué con el pulgar, ceniza son, / boca que mi lengua tocó una o dos veces, todo ceniza, / mejillas huesudas, suaves al contacto con mi vientre, son ceniza, ceniza, / lóbulos y párpados, juvenil bálano, rizado pubis, / cálido pecho, palma de hombre, muslo de colegial, / bíceps de jugador de béisbol, culo templado con piel de seda todo cenizas, todo cenizas de nuevo”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hilario Barrero, que reside en Nueva York desde hace varias décadas, es uno de los mejores conocedores de la poesía norteamericana actual. Traductor de poetas como Jane Kenyon y Ted Kooser, en &lt;i&gt;Lengua de madera &lt;/i&gt;nos ofrece, junto a los nombres que ya forman parte de la historia de la literatura, una muestra de numerosos autores contemporáneos de los que apenas tenía noticia, o no tenía ninguna, el lector español. Su libro sirve así además como excelente guía de lectura.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La variedad de esta antología hace que pueda leerse como cualquier otro libro, de la primera a la última página, pero gana si la leemos abriéndola al azar por cualquier página: no hay ninguna que no nos sorprenda, nos emocione, o simplemente nos divierta. Es de esos libros que no necesitan leerse de principio a fin porque no tienen principio ni fin y por eso resultan inagotables.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-821827463912947850?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/821827463912947850/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/12/hilario-barrero-poesia-en-ingles.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/821827463912947850'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/821827463912947850'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/12/hilario-barrero-poesia-en-ingles.html' title='Hilario Barrero, Poesía en inglés: Mínimas maravillas'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-2DoQqrfa-1Q/TujMB1J8FEI/AAAAAAAAAWo/Js3Q6IeEqAA/s72-c/k.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-7965344928893819969</id><published>2011-12-08T00:00:00.001+01:00</published><updated>2011-12-08T00:00:01.564+01:00</updated><title type='text'>Pedro Sainz Rodríguez: La historia entre bambalinas</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-z7B5dr7HM6Y/Tt5oOB5CJ4I/AAAAAAAAAVk/W5P6DZKNCG4/s1600/portada.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="270" src="http://2.bp.blogspot.com/-z7B5dr7HM6Y/Tt5oOB5CJ4I/AAAAAAAAAVk/W5P6DZKNCG4/s320/portada.jpg" width="170" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Julio Escribano&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Historia viva en las cartas de Pedro Sainz Rodríguez 1897-1986&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;La esfera de los libros. Madrid, 2011.&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Recorrer el epistolario de Pedro Sainz Rodríguez, ordenado, prologado y anotado por Julio Escribano, es asomarse al siglo XX desde una perspectiva a menudo inédita o no demasiado bien conocida. Las cartas abarcan desde 1916, cuando el autor tenía diecinueve años, hasta casi la misma fecha de su muerte. Sainz Rodríguez fue, en primer lugar, un gran estudioso de la literatura española, catedrático de la universidad de Oviedo con poco más de veinte años, pero sus intereses políticos no resultaron menores y predominan en esta selección de cartas. Dos grandes núcleos encontramos en ella. El primero, más breve, lo ocupa su paso por el ministerio de Educación Nacional entre 1938 y 1939; el segundo abarca casi cuarenta años y refleja su etapa de exiliado en Lisboa y de conspirador monárquico al servicio de don Juan de Borbón.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La correspondencia como ministro muestra su constante intervención en asuntos menores, a favor de unas personas, “de clara significación derechista”, y procurando la rápida depuración de otras. “Me parece vergonzoso –nos dice en una carta de 1937, cuando aún no era ministro— que a ese señor se le conceda la más mínima beligerancia y creo que debería ser objeto de sanción y depuración. No sé los trámites que son precisos para esto, pero yo estoy dispuesto a hacer lo que fuera menester para que no prevalezcan estos personajes turbios y arribistas”. Ya ministro, no se muestra muy propicio a flexibilizar la rigidez de las sanciones. A una joven que le ruega desde Cádiz se suspenda la separación de su padre del cargo de maestro nacional, le responde: “Siento manifestarle que no es posible acceder a su petición, dados los informes que obran en &lt;st1:personname productid="la Comisión Depuradora" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Comisión" w:st="on"&gt;la Comisión&lt;/st1:personname&gt; Depuradora&lt;/st1:personname&gt; y a la propia confesión de usted en su carta de referencia, al decir que su padre se había apuntado en &lt;st1:personname productid="la Masonería" w:st="on"&gt;la  Masonería&lt;/st1:personname&gt; un mes antes del Movimiento”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;La indefensión de los profesores, incluso de los partidarios, queda clara en la información que le da, “confidencialmente”, a Queipo de Llano por si “cree conveniente intervenir”: “Recibo de Sevilla una carta del catedrático del Instituto don Enrique Báncora Sánchez en la que me comunica que, por haberse negado a rectificar una nota, el teniente coronel de Estado Mayor Sr. González Pons, vestido de uniforme, le apaleó y abofeteó a la salida del Instituto. No entro en el fondo de la cuestión ni tampoco en el fundamento que tendría este teniente coronel para proceder así, pero como sé que usted es hombre que sabe imponer su autoridad a todos le comunico el caso para que se informe de lo ocurrido y vea si la conducta de ese señor teniente coronel puede tener justificación. Desde luego, y visto el caso desde fuera y sin antecedentes suficientes me parece un abuso de poder el proceder así yendo vestido de uniforme, por cuyas circunstancias el apaleado no podría repeler la agresión sin incurrir en gravísimas responsabilidades de índole delicadísima”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Sorprende el empeño de Adolfo Alas, uno de los hijos de Clarín, en lograr por mediación de Sainz Rodríguez una buena colocación a Asturias, pocos meses después de que su hermano, rector de &lt;st1:personname productid="la Universidad" w:st="on"&gt;la  Universidad&lt;/st1:personname&gt;, hubiera sido ejecutado. En carta al marqués de Vega de Anzo leemos: “Me escribe don Adolfo Alas Argüelles, diciéndome que hay dos cargos vacantes en Asturias muy apropiados para él y para cuya designación sería muy conveniente la atención por parte de usted. Uno de estos cargos es el de Inspector de los servicios de venta y depósito de explosivos y superfosfatos de las provincias de Asturias y León; el otro, el de director de &lt;st1:personname productid="la Compañía" w:st="on"&gt;la Compañía&lt;/st1:personname&gt; de Gas y Electricidad de Gijón”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Solicitar y conceder favores fue, a juzgar por estas cartas, la actividad principal de Sainz Rodríguez como ministro. Poco antes de su cese, contento porque le han informado de que irá de embajador a Buenos Aires, escribe al marqués de &lt;st1:personname productid="la Eliseda" w:st="on"&gt;la Eliseda&lt;/st1:personname&gt;: “Si tienes algo que pedir a este ministerio, hazlo pronto y serás complacido, pero a mi vez quiero pedirte una cosa, que es el único remordimiento que me queda de mi paso por el Poder: que coloques a Emilio López Bisbal”. Obviamente, el tráfico de influencias no estaba ni penalizado ni mal visto en aquellas fechas.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero a Sainz Rodríguez no le nombran embajador en Buenos Aires ni le dan ningún otro cargo. Desengañado, marcha a Lisboa y las largas cartas que escribe desde allí, muchas de ellas con nombres en clave, están destinadas a coordinar una oposición monárquica capaz de desalojar a Franco del poder. En el exilio ha descubierto, como escribe a Pemán (cuyo nombre clave es “Q”) que “la fuerza de Franco no dimana de ninguna habilidad política, sino del hecho de poseer un ejército y una numerosa policía en los que se gasta el 60 por ciento del Presupuesto nacional. La fórmula mágica de Franco es la violencia policial”. Por una carta de 1976 sabemos que sus desencuentros con el dictador vienen de muy atrás: “Efectivamente, estábamos juntos cuando nos dieron la noticia de que había sido elegido Franco, y yo me puse furioso porque tenía la seguridad de que ‘ni con agua caliente’ (así lo dije casi a voces) soltaría el puesto, ni daría el puesto mientras viviera a &lt;st1:personname productid="la Monarquía" w:st="on"&gt;la  Monarquía&lt;/st1:personname&gt;”. Pero esa seguridad no le impidió aceptar, poco después, el nombramiento de ministro. &amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Para el interesado en la historia reciente de España esté libro ofrece pequeños detalles exactos que ayudan a entender los acontecimientos al margen de prejuicios ideológicos. Los de Julio Escribano están muy claros y asoman acá y allá de la más pintoresca manera. En la entrada de uno de los capítulos (las cartas se agrupan siguiendo, aproximadamente, las distintas etapas históricas) escribe: “Al ascenso de &lt;i&gt;El País &lt;/i&gt;durante el primer año de publicación ha seguido un descenso, presentando con frecuencia un periódico superficial, agrio y mal informado. Se observa pérdida de crédito ante los lectores y menos ejemplares vendidos”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; También el curioso de vidas y hombres puede encontrar en este nutrido volumen materia inagotable, como en unos nuevos episodios nacionales. Luis María Anson –muy elogiado en diversos pasajes y quizá su inspirador— lo prologa con sus mejores modos retóricos. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Ya sabíamos que no todo fue blanco y negro durante el régimen de Franco. Algunos de los más cualificados franquistas, como José María Pemán, parece que no lo fueron tanto, aunque a pesar de ello lo fueran demasiado. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Intrigante, vividor y sabio, Pedro Sainz Rodríguez resulta todo un personaje. Este epistolario –que no oculta sus sombras— lo confirma. &amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-7965344928893819969?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/7965344928893819969/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/12/pedro-sainz-rodriguez-la-historia-entre.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/7965344928893819969'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/7965344928893819969'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/12/pedro-sainz-rodriguez-la-historia-entre.html' title='Pedro Sainz Rodríguez: La historia entre bambalinas'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-z7B5dr7HM6Y/Tt5oOB5CJ4I/AAAAAAAAAVk/W5P6DZKNCG4/s72-c/portada.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-9121940310946851523</id><published>2011-12-01T00:00:00.000+01:00</published><updated>2011-12-01T11:01:38.394+01:00</updated><title type='text'>Víctor Márquez Pailos, Jesús Fonseca Escarpín: Lo humano y lo divino</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-tlsRzQi83C8/TtUMpgsJlqI/AAAAAAAAAVQ/-G5AesFkrnk/s1600/c.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="270px" src="http://1.bp.blogspot.com/-tlsRzQi83C8/TtUMpgsJlqI/AAAAAAAAAVQ/-G5AesFkrnk/s320/c.jpg" width="170px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Víctor Márquez Pailos,&amp;nbsp;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Jesús Fonseca Escarpín&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Conversaciones en Silos&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Kailas Editorial. Madrid, 2011.&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Víctor Márquez Pailos, gijonés de 1968, prior de Silos, no es un monje convencional, y por eso sus conversaciones con el periodista y poeta Jesús Fonseca no resultan en absoluto convencionales. Tampoco el monasterio de Silos es un monasterio convencional: su prodigioso claustro románico, la fama de su canto gregoriano, el ciprés más famoso de la historia de la literatura y el que se encuentre en el origen de la lengua española lo han convertido en uno de los principales centros de atracción turística, en el lugar menos adecuado para una persona que quiera vivir su religión lejos de la sociedad. No es el caso de Víctor Márquez, para quien no hay frontera “entre el adentro y el afuera, entre el claustro y el mundo, porque el claustro es una gran ventana que se me ha abierto, no ya a la contemplación distante y cómoda del mundo, sino a la participación real a la vida de la gente”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Benedictino de Silos era el fraile más famoso del franquismo, uno de los sostenes ideológicos del régimen, Fray Justo Pérez de Úrbel, que fue procurador en Cortes y primer Abad de la basílica del Valle de los Caídos. Víctor Márquez no aspira a seguir su camino, pero sí quizá a ser como él una figura mediática; de ahí que en la cubierta del libro aparezca una fotografía suya y cada capítulo se inicie con otra en la que aparece sentado en su celda, paseando por el claustro, reflejado en un espejo… Todo un ejercicio de narcisismo que no sabemos si habría aprobado San Benito, aunque sus normas monacales están llenas de sentido común y comprensión hacia las flaquezas humanas; por eso prescribe para cada monje un vaso de vino al día, salvo que “las circunstancia del lugar, el trabajo o el calor del verano exijan algo más”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Víctor Márquez y Jesús Fonseca son buenos lectores de poesía. En estas conversaciones nos entramos a menudo, no solo con referencias a San Juan de &lt;personname productid="la Cruz" w:st="on"&gt;la Cruz&lt;/personname&gt;, según sería de esperar, sino también con citas de Rimbaud y de Valente, de Omar Jayyam y de Antonio Colinas. Un poema de Miguel Hernández resume los grandes núcleos que vertebran el libro: “Con tres heridas yo: / la de la vida, / la de la muerte, / la del amor”. A veces una cita aparece alterada, como en el caso de los conocidos versos de Cernuda “libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien / cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío”, pero eso, que sería un demérito en una obra erudita, aquí solo indica que se cita de memoria, como hacen siempre los buenos lectores de poesía. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “Un monje y un periodista hablan del amor y de la vida”, leemos en el subtítulo del libro. Y no lo hacen únicamente desde el punto de vista que esperaríamos, atenido a la convencional ortodoxia católica. Jesús Fonseca se atreve con preguntas personales y Víctor Márquez no teme adentrarse en terrenos delicados y en opiniones arriesgadas. “Víctor, te van a echar”, le dice al comienzo de uno de los capítulos. Y continúa: “¿Cómo se te ocurre decir que &lt;personname productid="la Iglesia" w:st="on"&gt;la Iglesia&lt;/personname&gt; católica debe tener el valor de exponerse a la crítica y al juicio ajeno y malévolo porque también de él podemos aprender?”&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Víctor Márquez, que además de teología, ha estudiado filología clásica y filosofía, muestra una gran admiración por María Zambrano (una foto suya preside su celda). La cita a cada paso y su magisterio resulta notorio, no siempre para bien. La nebulosidad de ciertas reflexiones de ella procede. Las que se refieren al amor erótico, por ejemplo. El entrevistador le hace una pregunta de esas que, en cualquier programa de cotilleo televisivo, han de ser pactadas previamente: “¿Cómo es la sexualidad de un monje?”. Y la respuesta no puede ser más directa: “Como cualquier otra”. A continuación nos explica una teoría sobre el amor –un juego entre caballeros, aunque los partícipes sean de distinto sexo—, que no aclara demasiado y que podría entenderse de no adecuada manera. Y más si leemos frase como que “el sexo ha sido siempre, y no solo ahora –baste recordar las mancebías de nuestro siglo de oro español—, una estupenda fuente de aventuras”. ¿También para los monjes? Muchas veces, también: “Si te fijas en el claustro de Silos y observas el artesonado mudéjar que cubre el claustro, podrás ver escenas de amor mundano y de la vida cotidiana en las que los monjes aparecen de una manera no precisamente edificante, enredados en mil picardías”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No se le puede negar valentía a este prior de Silos capaz de colocar a la caricia en el lugar central de su reflexión filosófica y teológica y de afirmar que “las personas que comparten vivencias homosexuales con otras –en la forma de una relación corporal—&amp;nbsp; se enriquecen como personas y no como homosexuales”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La mezcla de audacia y candor que caracteriza a Víctor Márquez le hace luego afirmar que está en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo porque “habría convenido más a la naturaleza del fenómeno que se trata de reconocer” el presentarlo como un “pacto de amistad” y no como un “matrimonio”. Curiosa idea de la amistad la que tiene este buen fraile (o a saber lo que entiende por “relaciones corporales”).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero no daríamos una imagen adecuada de tan sugerente y fértil libro si nos centráramos demasiado en uno de los capítulos, “El amor erótico”, que divertirá a unos y escandalizará –aunque todo es reflexión teórica— a otros. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Hay en estas &lt;i&gt;Conversaciones en Silos&lt;/i&gt; muchas inteligentes observaciones sobre los enigmas del hombre y del mundo, más preguntas (y no me refiero a las del periodista) quizá que respuestas, abundantes materias sobre las que reflexionar y hay, sobre todo, el autorretrato de un curioso y fascinante personaje que, sin duda, dará mucho que hablar, aunque esperemos que no sea en determinados programas televisivos. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;“¿Qué le pedirías a la vida?”, le pregunta el periodista. Y la respuesta es: “Más vida”. La vida conventual, a menudo tan castradora, puede ser una de las formas de la plenitud humana.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-9121940310946851523?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/9121940310946851523/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/12/victor-marquez-pailos-jesus-fonseca.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/9121940310946851523'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/9121940310946851523'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/12/victor-marquez-pailos-jesus-fonseca.html' title='Víctor Márquez Pailos, Jesús Fonseca Escarpín: Lo humano y lo divino'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-tlsRzQi83C8/TtUMpgsJlqI/AAAAAAAAAVQ/-G5AesFkrnk/s72-c/c.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-5466632206600990400</id><published>2011-11-24T00:00:00.009+01:00</published><updated>2011-11-24T00:00:04.201+01:00</updated><title type='text'>Los cuadernos de campo de Jorge Riechmann</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-bYAllvPth0Q/TspjutgHkCI/AAAAAAAAAUo/21astl-RFIw/s1600/el-comun-de-los-mortales-68046.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://2.bp.blogspot.com/-bYAllvPth0Q/TspjutgHkCI/AAAAAAAAAUo/21astl-RFIw/s1600/el-comun-de-los-mortales-68046.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Jorge Riechmann&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;El común de los mortales&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Tusquets. Barcelona, 2011.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;Si los libros de poesía que publica Jorge Riechmann fueran libros de poesía resultaría, sin duda alguna, el poeta más prolífico de la historia. Tras los recientes &lt;i&gt;Conversaciones entre alquimistas &lt;/i&gt;(2007), &lt;i&gt;Rengo Wrongo &lt;/i&gt;(2008) y &lt;i&gt;Pablo Neruda y una familia de lobos &lt;/i&gt;(2010), además de su poesía reunida hasta el 2000, &lt;i&gt;Futuralgia&lt;/i&gt; (2011), que incluye numerosos inéditos, publica ahora un tomo nuevo de 260 páginas, más o menos la extensión de la poesía completa de Antonio Machado. Pero, en realidad, no se trata de libros de poemas (aunque se disfracen de tales con ayuda de la generosa tipografía), sino de acríticas misceláneas, de cuadernos de notas en los que cabe todo; también, por supuesto, algún excelente poema.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Jorge Riechmann es un agudo observador de la sociedad contemporánea; en sus apuntes se dedica a poner de relieve las contradicciones del “capitalismo tardío”. Los títulos de sus poemas (él los llama así) no dejan lugar a dudas: “La lógica cultural del capitalismo tardío” se titula precisamente una serie de ellos, y otra, que se distribuye a lo largo del libro, “La condición humana”; además nos encontramos con “Contra la indiferencia”, “Catastrofismo”, “Sostenibilidad”, “Acerca de la idea del progreso”, “Introducción a la investigación social”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Por supuesto, nada le es ajeno a la poesía. Los poemas de Riechmann que no son poemas no lo son porque traten de temas sociológicos, ecológicos; la poesía no está en el tema –el amor y la muerte, la rosa y el crepúsculo—, sino en la manera de tratarlo. Y Jorge Riechmann, muy a menudo, da la impresión de enfrentarse a la sociedad contemporánea de la manera más simplista posible, aplicando un catecismo en el que están muy claritos los dogmas de su fe. Vamos a ver un ejemplo de ello. Una de sus notas o aforismos o poemas (si él lo prefiere) se titula “Dos cosas incompatibles con la civilización” y dice así: “El daño al débil / y la banca privada”. Las afirmaciones poéticas no son nunca discutibles (el poema, si lo es de veras, crea sus propias condiciones de verdad), pero no creo que esa enumeración pueda acogerse a tal privilegio. ¿Es incompatible con la civilización el daño al débil? Debería serlo, pero todavía no se ha alcanzado ningún grado de civilización en que no se produzca por mucho que se trate de impedir. Pero esta primera parte enuncia un loable y benemérito deseo. La segunda, en cambio, entra en otro terreno más discutible. ¿Es incompatible la civilización con la banca privada? ¿Era civilizada &lt;st1:personname productid="la Florencia" w:st="on"&gt;la Florencia&lt;/st1:personname&gt; de los Médicis? ¿Lo es Suiza, Francia, Noruega? ¿Son más civilizadas Cuba o Corea del Norte que Holanda o Finlandia? Es posible que el doctrinarismo de Riechmann le lleve a decir que sí (“el capital financiero / domina el mundo y lo destruye” afirma en otro “poema”), pero esa es una de las razones de que resulte tan endeble buena parte de su crítica a la sociedad contemporánea: si lo que hay es malo, lo que su simplismo propone no siempre parece mejor. No solo endeble conceptualmente, también con frecuencia de una candorosa ingenuidad. Copio –y prometo no seguir con esta clase de ejemplos— la segunda parte de “Sostenibilidad”, que ofrece una serie de recetas para cambiar el mundo cambiando primero la propia vida: “Bicicleta / en lugar de automóvil / guisantes / en lugar de filete / y en vez de televisión / (no te ruborices) amor”. ¡Qué fatiga tener que ponerse a hacer el amor cada vez que uno llega a casa cansado del trabajo y enciende el televisor para distraerse un rato! En el más banal libro de autoayuda, no ya en un libro de poemas, desentonarían por simplistas estos consejos. Que inciden (vamos a dejar de lado los guisantes y la bicicleta) en la tópica y simplista descalificación de la televisión (que suele ir acompañada de la sacralización del libro, aunque lo firmen Dan Brown, Adolf Hitler o Corin Tellado).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero Jorge Reichmann, además de un bien intencionado propagandista carente de cualquier capacidad autocrítica, es un poeta, un verdadero poeta. El escueto “Amantes” –solo las palabras esenciales— constituye un inolvidable ejemplo. Pero hay muchos más. “Lo incuestionable”, que habla de cerezos en flor y de una amiga embarazada, podía incurrir en el tópico y en el ternurismo, pero no lo hace.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El mejor Riechmann: el que nos habla del hecho de estar vivos, “algo que nos sucede / entre la costumbre y el milagro”; el que dialoga con su perro (“Admiro a mi perro”); el que sabe que “venimos a este mundo para aprender dos cosas”: amar y morir; el que se encuentra con un lobo marino, un puerco espín (sobra la anécdota del saludo al rey), cientos de pájaros que, en la confusión urbana de Ciudad de México, saludan al día “levantando el templo aterido / de su canto”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El mejor Riechmann escribe para todos nosotros; el otro, el simplificador propagandista, para los militantes de Izquierda Unida (sector ecologista) o, peor aún, para el ilusionismo antisistema del 15-M, la “spanish revolution” que no ha conseguido revolucionar nada (más bien todo lo contrario), pero sí hacerse famosa en el mundo entero.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-5466632206600990400?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/5466632206600990400/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/11/los-cuadernos-de-campo-de-jorge.html#comment-form' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/5466632206600990400'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/5466632206600990400'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/11/los-cuadernos-de-campo-de-jorge.html' title='Los cuadernos de campo de Jorge Riechmann'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-bYAllvPth0Q/TspjutgHkCI/AAAAAAAAAUo/21astl-RFIw/s72-c/el-comun-de-los-mortales-68046.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-8854756242441370251</id><published>2011-11-17T01:41:00.001+01:00</published><updated>2011-11-17T01:43:32.518+01:00</updated><title type='text'>Elvira Lindo: Lugares para compartir</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-BlDBQl2p2PQ/TsRYGtMaqFI/AAAAAAAAAUU/lCQ8x7xdavU/s1600/Screen-shot-2011-11-14-at-11.42.25-AM-314x460.png" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="260" src="http://1.bp.blogspot.com/-BlDBQl2p2PQ/TsRYGtMaqFI/AAAAAAAAAUU/lCQ8x7xdavU/s320/Screen-shot-2011-11-14-at-11.42.25-AM-314x460.png" width="160" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Elvira Lindo&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Lugares que no quiero compartir con nadie&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Seix Barral. Barcelona, 2011.&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;De pocas ciudades se ha escrito tanto como de Nueva York; quizá solo Venecia, tan distinta y tan semejante, puede compartir con ella. Pero por mucho que se hable de ambas ninguna de esas dos ciudades parece perder su capacidad de fascinación.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Elvira Lindo tenía especialmente difícil escribir sobre Nueva York. Sabía que un libro suyo se iba a comparar, no ya con lo mucho que se había escrito antes, sino con un título en particular: &lt;i&gt;Ventanas de Manhattan&lt;/i&gt;, de Antonio Muñoz Molina. Ambos escritores han compartido la experiencia de la ciudad –en la que residen habitualmente durante buena parte del año—, pero cada uno la ha vivido de acuerdo con su temperamento y se enfrentan a ella de manera muy diferente.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El carácter minuciosamente didáctico de Antonio Muñoz Molina le lleva a convertir su libro en un vademécum enciclopédico donde nada queda por anotar y explicar. Muñoz Molina parece saberlo todo de Nueva York, admirarlo todo y querer compartirlo todo con el lector, que le sigue fascinado y a punto de perder el resuello en más de una página. Por eso sonríe cuando en &lt;i&gt;Lugares que no quiero compartir con nadie&lt;/i&gt; (título que pretende ser paradójico y quizá solo es inexacto), el libro escrito por su mujer, nos lo encontramos mostrando a sus hijos –en un día y sin perdonar sala-- los principales museos de la ciudad, el Whitney, el Moma, el Metropolitan: “Los estoy viendo en ese momento, a punto de llorar Arturo, cansado Miguel, serio Antonio hijo, los tres muertos de hambre y de saturación cultural”. De manera semejante, en &lt;i&gt;Ventanas de Manhattan&lt;/i&gt;, cuando habla del Metropolitan, Muñoz Molina comienza una enumeración –“las tallas egipcias de madera policromada, las cabezas de basalto de los dioses y los faraones, los gatos momificados, las estelas funerarias griegas…”— que dura páginas y paginas sin el descanso de un punto hasta casi agotar el infinito catálogo del museo. Se escribe como se es.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Elvira Lindo tiene otra vivacidad y otra gracia. Su actividad cultural favorita es observar “con interés de entomóloga las costumbres y las rarezas humanas de mis semejantes”, y la segunda –añade— “frecuentar restaurantes”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; De restaurantes, de locales donde tomar una copa, no de museos, se habla con frecuencia en su peculiar paseo neoyorquino, y también de la gente y los barrios de la ciudad, pero de lo que más se habla es de la propia autora, convertida en personaje, que no duda en exagerar sus debilidades y sus manías, en caricaturizarse un poco. También el resto de su familia –Miguel, el hijo, cuyos dibujos ilustran el volumen, y sobre todo el marido, Antonio, al que está dedicado— aparecen en unas páginas que nada tienen de guía convencional y sí mucho de narración autobiográfica.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Por eso, aunque se habla de todos los barrios de Nueva York, al que se dedican más páginas, y el que resulta más inolvidable, es el Upper West Side, la zona cercana a &lt;st1:personname productid="la Universidad" w:st="on"&gt;la Universidad&lt;/st1:personname&gt; de Columbia, donde la autora reside y que fue también donde vivió la familia de Lorca cuando tuvo que exiliarse de España tras el asesinato del escritor. Otros lugares, aunque su actividad favorita sea deambular incansablemente de un sitio a otro, parece conocerlos menos. Tras un acto literario especialmente fatigoso y aburrido, busca el habitual consuelo de un restaurante: “Keen’s se llama el refugio salvador. Está en una de las zonas más feas de Nueva York, en la calle 36 con &lt;st1:personname productid="la Quinta" w:st="on"&gt;la Quinta&lt;/st1:personname&gt;, escondido bajo un andamio que se debieron de dejar olvidado los obreros tras una remodelación porque lleva aquí, o a mí me lo parece, un número insensato de años. No es una zona turística, tampoco tiene carácter, pero posee cierto atractivo o yo se lo quiero ver”. ¿No es una zona turística? Si llegamos hasta &lt;st1:personname productid="la Quinta" w:st="on"&gt;la Quinta&lt;/st1:personname&gt; y torcemos a la derecha nos encontramos con el Empire; si a la izquierda, unas pocas calles más allá, está la majestuosa Biblioteca Pública. Y a dos pasos, en dirección contraria, la animada y acogedora plaza que forma &lt;st1:personname productid="la Sexta" w:st="on"&gt;la Sexta&lt;/st1:personname&gt; al cruzarse con Broadway (Herald Square) y en ella Macy’s, el más inmenso de los grandes almacenes. Los turistas pueden no subir hasta el Upper West, pero ninguno de ellos dejará de pasar por las cercanías de Keen’s, ese restaurante del siglo XIX que antes fue un club masculino y en cuyos salones parece que todavía nos podemos encontrar a Henry James. (Por cierto, el andamio oculta la fachada del edificio de al lado.)&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No hay solo frivolidad, comicidad y exótico costumbrismo en este libro del que pueden disfrutar incluso quienes no tienen especial interés por uno de los más habituales destinos turísticos. Hay también sentido común e inteligencia, y bien asimiladas lecturas y unas referencias culturales que no buscan apabullar al lector, sino todo lo contrario. Hay literatura, excelente literatura, a pesar de su deliberada falta de solemnidad, y un arte de vida. Hay una invitación a disfrutar de cada momento a pesar, o por eso mismo, de los frágiles cimientos sobre los que se construye cualquier vida, tan frágiles, tan dependientes del azar, como los que sostienen el cotidiano milagro de Nueva York, una ciudad para los que pasan por ella y otra muy distinta para los que viven en ella, pero ambas hechas de la misma materia de los sueños.&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-8854756242441370251?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/8854756242441370251/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/11/elvira-lindo-lugares-para-compartir.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/8854756242441370251'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/8854756242441370251'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/11/elvira-lindo-lugares-para-compartir.html' title='Elvira Lindo: Lugares para compartir'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-BlDBQl2p2PQ/TsRYGtMaqFI/AAAAAAAAAUU/lCQ8x7xdavU/s72-c/Screen-shot-2011-11-14-at-11.42.25-AM-314x460.png' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-8564253746016343216</id><published>2011-11-10T15:30:00.000+01:00</published><updated>2011-11-10T15:30:14.998+01:00</updated><title type='text'>Juan Malpartida: Un libro en el que cabe todo</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-KnHZvp8Gwak/TrvfjdFJCnI/AAAAAAAAAT4/OIGeDUrdlvA/s1600/z.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="250" src="http://2.bp.blogspot.com/-KnHZvp8Gwak/TrvfjdFJCnI/AAAAAAAAAT4/OIGeDUrdlvA/s320/z.jpg" width="150" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Juan Malpartida&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;Al vuelo de la página.&amp;nbsp;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;Diario 1990-2000&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Fórcola Ediciones. Madrid, 2011.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Comenzamos a leer el nutrido tomo en que Juan Malpartida ha reunido sus anotaciones de una década con un cierto escepticismo. Nos tememos un conjunto de pequeños ensayos más o menos pretenciosos, de convencionales lecturas, y algunas olvidadas escaramuzas de la guerra de guerrillas que enfrentó a los poetas españoles en lo últimos años del siglo XX. Y algo de eso hay, por cierto. A poco de empezar nos encontramos con la historia del premio Loewe de 1993, en el que el autor ha sido seleccionado como finalista: “Naturalmente, al enterarme de quienes son los otros, amago una sonrisa al tiempo que me otorgo el listón más alto: mi libro es, si mucho no me equivoco, el mejor”. Pero esa superior calidad que se otorga a sí mismo, sin conocer los otros libros, no le asegura el galardón: “Desde antes de que se reuniera el jurado, he oído y leído que se lo van a dar a García Montero, aunque algunos del jurado aseguran que aún no habían leído a los seleccionados. Sospecho que a pesar de esa ignorancia se lo darán a Luis: él representa un tendencia, mejor o peor, y yo no soy más que mi libro”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;El premio lo obtiene finalmente García Montero con &lt;i&gt;Habitaciones separadas&lt;/i&gt;, en dura competencia con Malpartida: “El presidente del jurado, Octavio Paz, lo defendió hasta el final; Bousoño escribió incluso un pequeño texto para defenderlo, dos más lo votaron, pero finalmente uno de ellos (por teléfono, puesto que estaba en Barcelona esperando la llegada de la noche cerca de su casa: una doble reivindicación de Drácula y de Proust) cambió el voto, creo que un poco confusamente. Paz me dice que le sorprendió gratamente la pasión que puso Bousoño en la defensa de mi libro, y le sorprendió que Brines también me votara, aunque su defensa no fue tan exaltada como la del académico, que llegó a decir que era un libro perfecto. Paz cree que ha sido una pequeña maniobra, tendenciosa, para ir en contra de la tradición que él representa. Estaba un poco molesto”. El lector sonríe ante estas indiscreciones del presidente del jurado y deduce que si García Montero representaba una tendencia, “mejor o peor”, el libro de Malpartida representaba otra, encabezada y defendida a capa y espada nada menos que por el presidente del jurado. El traidor que cambió el voto a última hora fue Gimferrer, gran amigo de Paz, pero que al final se unió a la oposición, representada por Antonio Colinas, Luis Antonio de Villena y Felipe Benítez Reyes. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Estas escaramuzas, divertidas solo para unos pocos, no le quitan valor al volumen: le añaden las pequeñas miserias de la vanidad. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Al asunto del cese de Félix Grande en el cargo de director de &lt;i&gt;Cuadernos Hispanoamericanos &lt;/i&gt;nada más llegar al poder el Partido Popular se le dedican bastantes páginas. Malpartida, que entró a trabajar en esa revista por recomendación precisamente de Grande, insiste mucho en que fue un mero asunto laboral, sin ninguna connotación política, aunque el poeta lo vendiera de otra manera e incluso apareciera un manifiesto en su favor firmado, entre otros, por Rafael Alberti y Felipe González, Julio Anguita y Ernesto Sábato. Aprovecha el asunto para vengarse de quien no le votó en el Loewe: “Algunos de los firmantes también han felicitado en persona o por escrito al nuevo director. Así es. Por un lado afirman –lo dice el manifiesto— que es el comienzo de las dos Españas o un grave error político, por el otro, para estar bien con Dios y con el demonio, saludan con afecto al nuevo director de la revista de la que ha sido ‘depurado’ FG. Pondré solo un caso, pero tengo más cartitas archivadas: Antonio Colinas, que envió una carta en este sentido y, por otro lado, firma el manifiesto. Y no fue el único”. No queda en muy buen lugar Juan Malpartida fotocopiando y guardando cartas que no están a él dirigidas para hacer buen uso de ellas cuando lo crea conveniente. Tiempo después, a propósito de las memorias de Rafael Conte (a las que da un buen repaso) vuelve sobre el asunto de la “defenestración” del poeta y entonces nos enteramos de por qué le preocupa tanto el asunto, de la razón de su mala conciencia: “Ciertamente, no me sentí obligado a dejar mi puesto cuando cesaron a Félix (nadie lo hizo en la revista, y tampoco su hermano, que trabaja en la casa, dejó su trabajo)”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Afortunadamente la mayor parte de las páginas de este libro inagotable son ajenas a la vanidad literaria del autor, que suele nublar la inteligencia. No lo hace la pasión política, y aunque no siempre compartamos sus ideas (en lo que se refiere a su caricatura del nacionalismo vasco, por ejemplo), resulta siempre admirable su pasión por razonar y defender sus posiciones.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Insiste varias veces &amp;nbsp;Malpartida en que el suyo no quiere ser un diario íntimo, pero la intimidad va adquiriendo cada vez mayor importancia en estas páginas. A veces juega a escribir a la manera de Thomas Mann y nos cuenta pormenorizadamente un día de su vida. Otras veces el presente del diario es sustituido por la evocación autobiográfica. Ejemplar resulta la entrada dedicada a sus padres, escrita con dolorosa, desapasionada verdad.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Uno de los protagonistas de este diario es Octavio Paz, el gran maestro y la gran admiración del autor (se reproduce incluso una larga entrevista con él). Aparece retratado en toda su prodigiosa inteligencia, pero tampoco se ocultan sus limitaciones, que lo hacen más humano. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Con fervor generoso se traza la semblanza de otros muchos escritores –Juan Gil-Albert, Enrique Molina, Andrés Sánchez-Robayna—, con el mismo fervor con que minuciosamente se destroza a otros muy afamados como Ernesto Sábato. La honestidad de Malpartida se manifiesta en que no tiene inconveniente en ponerle reparos a escritores que, en principio, podría considerársele afines, como José Ángel Valente (de quien subraya su resentimiento final) o Lezama Lima, en su opinión un pésimo prosista. Muy malparado sale Vicente Aleixandre, y no solo en lo literario: “Era un hombre chismoso y de una curiosidad típica del mirón”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Un diario es un libro en el que cabe todo. No tiene por qué limitarse a contar el día a día de su autor. Juan Malpartida comienza dándonos cuenta de sus lecturas y sus reflexiones (es un buen lector de ensayos y memorias y muestra cierta inquietud filosófica), pero poco a poco va cogiendo confianza con el género y atreviéndose a más. El lector agradece que nos haga sonreír ante algunos pequeños apuntes costumbristas de la vida literaria, que no se esfuerce por disimular las heridas de la vanidad y que, sobre todo, se atreva a decir lo que piensa y a dejar pudorosa constancia de lo que ha sido su vida. Como los ensayos de su admirado Montaigne, este libro, tras la apariencia de una irregular miscelánea, es el autorretrato de un hombre como todos y, por eso mismo, distinto a todos.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-8564253746016343216?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/8564253746016343216/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/11/juan-malpartida-un-libro-en-el-que-cabe.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/8564253746016343216'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/8564253746016343216'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/11/juan-malpartida-un-libro-en-el-que-cabe.html' title='Juan Malpartida: Un libro en el que cabe todo'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-KnHZvp8Gwak/TrvfjdFJCnI/AAAAAAAAAT4/OIGeDUrdlvA/s72-c/z.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-4552538393060909307</id><published>2011-11-03T00:00:00.005+01:00</published><updated>2011-11-03T00:00:01.044+01:00</updated><title type='text'>Antonio Martínez Sarrión: Gran poeta, malhumorado cascarrabias</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-JiOL7DP8WcQ/TrBb2l0ucBI/AAAAAAAAATY/lWiwIPQIggE/s1600/Antonio+Mart%25C3%25ADnez+Sarri%25C3%25B3n.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://3.bp.blogspot.com/-JiOL7DP8WcQ/TrBb2l0ucBI/AAAAAAAAATY/lWiwIPQIggE/s1600/Antonio+Mart%25C3%25ADnez+Sarri%25C3%25B3n.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;b&gt;Antonio Martínez Sarrión&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;Farol de Saturno&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Tusquets. Barcelona, 2011.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;La poesía, como cualquier otra realidad, se puede clasificar de muchas maneras. Una de ellas distingue entre los poemas en los que es posible decir tonterías y los que no. Los poemas de Antonio Martínez Sarrión pertenecen al primer grupo, el que yo prefiero; los de, por citar un ejemplo reciente, &lt;i&gt;La falta de lectura, &lt;/i&gt;de&lt;i&gt; &lt;/i&gt;José Ramón Otero Roko, al segundo. En el epílogo (hay también un prólogo de Virgilio Tortosa y aparece en una colección codirigida por Eduardo Moga), Constantino Bértolo afirma que “su actitud compositiva explora con perseverancia y sentido tanto la dislocación, la destrucción, la disociación y la discordancia como sus contrarios y no para construirse como cómodo espacio de contradicción sino para segarle la hierba semántica a esa contradicción en la que el humanismo estético tan cómodamente se refugia”. Los poemas que a mí me interesan son aquellos en los que no todo vale, en los que cabe la posibilidad de equivocarse, sin la cual no es posible acertar.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No es necesario, sin embargo, que el autor aproveche tan rotundamente esa posibilidad como lo hace Martínez Sarrión, admirable poeta por otra parte, y suficientes ejemplos da de ello &lt;i&gt;Farol de Saturno&lt;/i&gt;. Pero antes de subrayar las muestras de su buen hacer, voy a permitirme poner un ejemplo de lo contrario, de cómo al gran poeta que es le sustituye a veces el malhumorado cascarrabias que también es.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En dos partes se divide su último libro. La precisa nota de la solapa –que parece redactada por el propio autor— distingue entre “un conjunto de preceptos búdicos, tal vez apócrifos, para manejarse en este mundo y en este tiempo”, y una serie de concretos y humildes “motivos para la contemplación”. En la primera parte predomina el tono satírico; en la segunda, el lírico. En ambas el lenguaje busca una cierta aspereza, una algo bronca precisión, que resulta muy reconfortante por contraste con los más habituales, algodonosos y melifluos modos líricos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “Hábitos de los discípulos de Buda” se titula la primera parte, y los títulos van enumerando esos hábitos. “Se sienten deprimidos por el chismorreo, la algazara y los de su edad”, por ejemplo. Esa depresión –así continúa el poema— amenaza con convertirse en psicosis cuando “desordenes tales” circulan “por esa vía letal / y nauseabunda, / por ese miserable Gran Hermano, / que es la televisión, omnipresente y borde”. Pero peores son los sicarios “de tamaño menor e idéntica maldad” que la escoltan: “el PC fijo o portátil, más perverso y bodoque / que el antiguo PC, que ya es decir”, y otro que es “el colmo y la cifra de lo espantoso y feo, / de lo inútil y tonto”. ¿Adivina el lector que espantosa criatura es esa? Pues “el teléfono móvil de los huevos, / que hoy se utiliza tanto para un roto: / intercambiar cuatro sandeces”, como para un descosido, “navegar por la red o dedicarse al zapping”. En cualquier caso, el resultado sería el mismo: “quedarse sin neuronas”. Si fuera así, mucho habría tenido que utilizar el móvil el autor de tan furibundo desahogo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Quizá la cortesía obligaría a mirar hacia otro lado cuando el poeta de cierta edad, metido a moralista, versifica un desahogo que desentonaría incluso, por ayuno de rigor intelectual, entre las cartas al director de cualquier periódico o en la más depauperada tertulia televisiva. Pero a veces conviene repetir obviedades, para evitar que prolifere la siempre contagiosa tontería: la televisión no es omnipresente, amigo Sarrión, hay que comprar un aparato para tenerla en casa y apretar un botoncito para ponerla en marcha (y por otra parte, por un módico precio, puedes escoger entre cientos de canales); de esa maravilla que es el PC “fijo o portátil” no diré nada, y para intercambiar cuatro sandeces por supuesto que no es necesario el teléfono móvil (puede hacerse de viva voz o incluso en verso). &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Si uno tiene la mala suerte de abrir &lt;i&gt;Farol de Saturno &lt;/i&gt;por el poema que acabo de comentar, no es probable que se anime a seguir leyendo. Se perdería así un puñado de estampas memorables, como la ejemplar glosa de un haiku de Basho titulada “Carretera que serpentea sobre la colina”, o la “Pequeña alquería”, levitante, incorpórea, que remite a un cuadro de Joan Miró, o el “Cementerio muy pobre”, “atrio perfecto del Olvido”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; De la infancia remota vienen muchos de los objetos humildes que dan título a varios de los poemas: “Regadera”, “Rastrillo abandonado en el campo”. También la crueldad de “Inválido” –que parece uno de los “apuntes carpetovetónicos” de Cela—&amp;nbsp; remite a la áspera España de posguerra.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Huye Martínez Sarrión de lo convencionalmente poético, y por ello antes que al ruiseñor o a la rosa, prefiere cantar a la rata o al escarabajo, sin desaprovechar por eso cualquier ocasión de dejarnos ver sus opiniones sobre el mundo contemporáneo, a veces muy eficazmente expresadas: “En manchegos tablares de hortalizas, / como hoy a palestinos los sionistas, / y con la misma, miserable saña, / uno tiene matados / muchos de estos benditos coleópteros”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En este decir áspero, a ratos incluso pedregoso, destacan más los momentos de lirismo: el emocionado homenaje (sin nombrarlo) a Claudio Rodríguez (“con tasadas lecturas y un exceso de copas, / en dos traspiés risibles, como el ‘tonto’ del circo, / era uno con la gracia, la invención y el frescor”); la concisión epigramática de “Piedra cubierta de musgo”, con su final anticlimático, o de los versos finales del epitafio a unos vencidos: “Murieron los valientes peleando / y sus monturas, extraviadas, piafan / entre el humo y el hedor de las hogueras, / en tanto, indiferente y soberana, / va cayendo la noche”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Para acertar, para ser “uno con la gracia, la invención y el frescor” quizá resulte inevitable algún “traspiés risible”, algún risible desahogo, pero si uno se decide a publicarlo lo más higiénico, aunque parezca descortés, es recibirlo con el abucheo correspondiente.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-4552538393060909307?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/4552538393060909307/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/11/antonio-martinez-sarrion-gran-poeta.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/4552538393060909307'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/4552538393060909307'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/11/antonio-martinez-sarrion-gran-poeta.html' title='Antonio Martínez Sarrión: Gran poeta, malhumorado cascarrabias'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-JiOL7DP8WcQ/TrBb2l0ucBI/AAAAAAAAATY/lWiwIPQIggE/s72-c/Antonio+Mart%25C3%25ADnez+Sarri%25C3%25B3n.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-2934936747682741621</id><published>2011-10-27T00:00:00.003+02:00</published><updated>2011-10-27T00:00:02.965+02:00</updated><title type='text'>Sergio Fernández Salvador: De silencios  y asombros</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-KvKOsRpyBsU/TqcTSnukp9I/AAAAAAAAATE/OmoV0M95T1E/s1600/a.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="270" src="http://1.bp.blogspot.com/-KvKOsRpyBsU/TqcTSnukp9I/AAAAAAAAATE/OmoV0M95T1E/s320/a.jpg" width="170" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Sergio Fernández Salvador&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;Quietud&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;La Isla de Siltolá. Sevilla, 2011.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;La escueta nota biográfica que figura en la contraportada de &lt;i&gt;Quietud &lt;/i&gt;nos indica que su autor nació en León en 1975 y que se trata de su primer libro. Nada más sabemos de Sergio Fernández Salvador. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;Pronto sabremos muchas más cosas, y entre ellas la principal: que se trata de un poeta verdadero, más verdadero que novedoso. Sorprende la reciedumbre de los poemas, su apego a la tierra, el afán de trascendencia junto a ciertas notas de cotidianidad y humor.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El poema inicial utiliza la técnica del “engaño-desengaño” (tan característica de algunos poemas de Manuel Machado) para hablarnos del arma más peligrosa de todas, las palabras, “pues las carga el diablo”. Pero no es el ingenio el rasgo más característico del libro (también lo encontramos en “Vida de las bolsas” y en algún verso que es casi greguería: “Le cose el tren remiendos a la vieja Castilla”), sino el gusto por la descripción y las estampas familiares junto a la unamuniama inquietud metafísica.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Unamuno es un poeta muy presente en &lt;i&gt;Quietud &lt;/i&gt;ya desde la cita inicial: “¡Oh reposo viviente; / florece solo el agua que está queda!”. En algún caso puede hablarse de directo homenaje, como en las “Dos elegías leonesas”, que comienzan, como el tan citado poema del &lt;i&gt;Cancionero&lt;/i&gt;, enumerando topónimos (uno de ellos, montañas: “Catoute, Miravelles, Correcillas…”, y el otro pueblos: “Piornedo, Cofiñal, Fondebadón…”). Lo más frecuente, sin embargo, es que, aprendida bien la lección, el poeta acierte a evitar el pastiche. Coincide así con poetas más recientes que han sabido seguir el ejemplo del rector salmantino esquivando sus manierismos y su frecuente aspereza verbal, como Andrés Trapiello o Antonio Moreno.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero indagar en la genealogía de &lt;i&gt;Quietud &lt;/i&gt;–está también ocasionalmente presente Miguel d’Ors— tiene menos interés que ir subrayando aquellos poemas en los que, sin saber cómo, se produce el prodigio: las palabras van más allá de las palabras, nos permiten ver el mundo de otra manera.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Comienzo este recuento de poemas memorables con “Nocturno”: el paisaje de la noche visto a través de una ventana y la constatación final de que no existen “dos silencios iguales”. El poema siguiente, sin título, se refiere a uno de esos silencios, “misterio primigenio anterior a la música”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “Larus Michahellis” nos habla de un tema muy manido, las gaviotas, pero sabe hacerlo alternando los tonos y evitando casi siempre el tópico: “Si a la tarde se atreven a posarse en la playa / caminan tal prudentes jubilados, / las manos a la espalda, ponderando. / Al ocaso se van, riéndose de todo, / a recogerse al castro o a cantil”. El verso final no acierta a resistir la tentación del caligrama.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Una fotografía (“Cada vez que conecto mi ordenador te veo”) es el punto de partida de “A una roca anfibia”, que en algunos momentos alcanza el empaque de una oda clásica y que termina con un verso que no habría desdeñado firmar Unamuno: “ansia enterrada, muela del orbe, mundo en ti”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Quizá no está a la altura de otros poemas “Bolígrafo rojo”, pero es un curioso y original poema de amor. Un editor de la época barroca le pondría un título descriptivo: “El poeta se imagina a su amada corrigiendo exámenes”. Los versos más convencionalmente líricos (“La ventana está abierta y da a los grillos / y a la flor de la acacia”) alternan con otros de humorístico prosaísmo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El “Rojo fruto” –así se titula la sección— de los haikus y las tankas no siempre resulta aprovechable. Sergio Fernández Salvador parece necesitar algo más de espacio para sus intuitivos chispazos. Tampoco el laborioso soneto alejandrino “La otra orilla”, con su aire de fábula moral, resulta enteramente conseguido.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “Acantilados de Buelna” nos vuelve a mostrar al poeta de la naturaleza, mientras que “Savia, sangre” incide en un tema –el de la paternidad— que se presta a todos los consabidos ternurismos, a las fáciles falacias patéticas, y consigue esquivarlos con acierto.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “Per se” formula la poética que está detrás de los mejores poemas de “Quietud”: “dar noticia cabal del mundo”, levantar “acta fiel de los instantes”, sin la necesidad “de encontrar enseñanzas”, “de buscar moralejas”&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Termino este recuento con “Mirlo en el jardín” y con “Moneda última”, dos poemas que bastan, no ya para justificar un libro, sino a un autor.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Hay titubeos, ocasionales torpezas, en &lt;i&gt;Quietud&lt;/i&gt;, como no podía ser de otra manera en un poeta nuevo que aparece de pronto, no sabemos de dónde (no tenemos noticia de que hubiera efectuado siquiera el habitual aprendizaje en revistas), pero sirven para subrayar aún más el inesperado y conmovedor prodigio de tantas palabras verdaderas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-2934936747682741621?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/2934936747682741621/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/10/sergio-fernandez-salvador-de-silencios.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/2934936747682741621'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/2934936747682741621'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/10/sergio-fernandez-salvador-de-silencios.html' title='Sergio Fernández Salvador: De silencios  y asombros'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-KvKOsRpyBsU/TqcTSnukp9I/AAAAAAAAATE/OmoV0M95T1E/s72-c/a.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-4812937540332930877</id><published>2011-10-20T00:00:00.003+02:00</published><updated>2011-11-18T10:50:34.207+01:00</updated><title type='text'>Jean-Claude Carrière: Una extraña pareja o la edición sin editores</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-BpBiIEsq6mk/Tp1rW4PIn_I/AAAAAAAAASw/TrLZMPH9nUE/s1600/H418890.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="270" src="http://4.bp.blogspot.com/-BpBiIEsq6mk/Tp1rW4PIn_I/AAAAAAAAASw/TrLZMPH9nUE/s320/H418890.jpg" width="180" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;b&gt;Jean-Claude Carrière&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;Para matar el recuerdo. Memorias españolas&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Barcelona. Lumen, 2011.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;La más reciente película de Clint Eastwood, todavía no estrenada, se centra en las peculiares relaciones que Edgar Hoover, director del FBI, azote de mafiosos, criptocomunistas y homosexuales, mantuvo durante toda su vida adulta con Clyde Tolson, su lugarteniente. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;No menos peculiares parecieron ser las que mantuvo Luis Buñuel con su guionista favorito, Jean-Claude Carrière. Este fue su método de trabajo durante más de veinte años: “Nos levantábamos a las siete y media, cada cual tomaba el desayuno donde quería, luego tres cuartos de hora para pasear, escribir cartas o descansar; después tres horas de trabajo, siempre en mi habitación, comida juntos a la una de la tarde, siesta durante media hora, tres horas más de trabajo por la tarde, otra media hora de reposo, una copa en un bar y finalmente cena, a veces a solas y otras rodeados de amigos”. Por la mañana, lo primero que hacían –como Borges y su madre— era contarse los sueños que habían tenido. Viajan juntos con frecuencia. En el parador de Úbeda vivieron “casi solos durante dos meses” (solo algunos cazadores se quedaban allí de tarde en tarde). Alguna vez al director las ideas se le ocurren en medio de la noche y entonces le pide al guionista que vaya a su habitación porque no puede esperar. Cuando ensayan el guión en el que están trabajando, interpretando cada uno un personaje, Buñuel “suele escoger el papel femenino”. Durante la preparación de &lt;i&gt;Belle de jour&lt;/i&gt;, Francisco Rabal se convirtió en el guía de ambos por las casas de citas madrileñas: “A veces, pero en raras ocasiones, Paco y yo –nunca Luis— nos llevábamos alguna chica a la torre. En ocasiones se peleaban por él, y a veces las compartíamos”. A la mañana siguiente, el director de cine quería conocer todos los detalles de la velada. Escuchaba en silencio, explica Carrière, quien añade con cierta ingenuidad: “¿Lamentaba acaso no haberse unido a nosotros? No lo sé. Tenía entonces sesenta y tres años, era robusto, Jeanne Moreau lo encontraba ‘muy atractivo’ y, sin embargo, durante nuestros veinte años de amistad jamás le conocí la menor aventura, ni siquiera venial, ni una sola noche”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;¿Y quién era este Jean-Claude Carrière con quien Luis Buñuel quiso compartir los últimos veinte años de su vida? Si lo tuviéramos que juzgar por estas memorias, un completo fraude intelectual. El conocimiento de la cultura española que demuestra no va más allá del de un turista poco informado, salvo quizá en bares y restaurantes. Doy algunos ejemplos. Habla de Toledo y escribe: “Unos amigos españoles me aseguraron que algunas casas habían sido construidas sobre una muralla romana, otras sobre una árabe y que otras habían sido levantadas por los masones católicos (conversos) y que resultaba casi imposible distinguirlas”. ¿Qué masones católicos son esos que se identifican con los conversos? Sobre la sintaxis de la frase no diré nada: todo el libro está redactado así, como por alguien no muy ducho en el uso del lenguaje escrito (y no creo que sea culpa de la traductora, Paula Sanz Cifuentes).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Comparando el francés con el español, se sorprende de que muchas palabras que en francés empiezan por “f” en español comiencen por “h” y comenta: “Como en todos los secretos, seguramente hay una explicación para esto, pero la desconozco”. Tantos amigos intelectuales y a ninguno se le ha ocurrido hablarle del origen latino de ambas lenguas.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Tras la vuelta de Fernando VII, España entraría en un periodo de oscurantismo que no desaparecería “hasta la famosa generación de Unamuno, Valle-Inclán, Ortega y Gasset”, es decir –precisa—“hasta el siglo XX”. De la revolución del 68, de Clarín, no parece haber tenido noticias.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Ya en una obra anterior, &lt;i&gt;Nadie acabará con los libros&lt;/i&gt;, conversaciones con Umberto Eco, había afirmado Carrière que en España, por culpa de &lt;st1:personname productid="la Inquisición" w:st="on"&gt;la Inquisición&lt;/st1:personname&gt;, no hubo literatura erótica hasta el siglo XX. En estas memorias nos enteramos de la fuente de tan peregrina afirmación. Cuenta que, paseando por las aceras de Madrid, se encontró una tarde con Fernando Trueba. Se fueron a cenar juntos y el director español le habló de su infancia en &lt;st1:personname productid="la España" w:st="on"&gt;la España&lt;/st1:personname&gt; franquista, entre otras cosas: “También me dijo que no conocía ningún texto erótico de la literatura española anterior al siglo XX, tan concienzudo había sido el trabajo de &lt;st1:personname productid="la Inquisición. Como" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Inquisición." w:st="on"&gt;la Inquisición.&lt;/st1:personname&gt; Como&lt;/st1:personname&gt; es natural, este fenómeno resulta inconcebible para un francés, del mismo modo que se lo hubiera parecido a un romano del siglo I o a un italiano del Renacimiento”. Dan ganas de ir a la librería más próxima, comprar dos ejemplares de &lt;i&gt;El jardín de Venus&lt;/i&gt;, de Samaniego, o &lt;i&gt;El arte de las putas&lt;/i&gt;, de Moratín padre, y enviárselos a Trueba y Carrière (pero me da la impresión que Trueba no iba a necesitarlos).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;¿Y qué decir de la historia del padre de Fernando Rey que supuestamente le contó el propio Fernando Rey? Cierto que fue un general republicano, ayudante de campo de Azaña, condenado a muerte tras la guerra civil, pero todo lo demás es delirante fantasía: “Franco fue informado de ello (Fernando no sabía por quién) y encontró una argucia administrativa para salvarlo del paredón. El general estuvo unos años en prisión con apellido falso y más tarde fue liberado, pero con una condición: tenía que ser declarado oficialmente muerto. No podía dejarse ver ni salir de su casa, donde vivió treinta años en la misma habitación”. Su mujer fue declarada “viuda simbólica de la guerra” —extraña condición administrativa— y gracias a ello “cobraba una pensión”. Lo cierto es que Fernando Casado Veiga fue condenado a muerte, conmutada la pena por treinta años y luego (como Buero Vallejo, como tantos) salió en libertad más o menos vigilada y se ganó la vida como profesor de matemáticas en diversas academias particulares.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Pero no se vayan porque aún hay más. Nos habla de José Bergamín, que fue su gran amigo, y escribe: “En el exilio fundó una revista de referencia, &lt;i&gt;Cruz y Raya, &lt;/i&gt;muy valorada hoy en día”. Pero todo el mundo sabe –salvo Carrière y sus editores— que &lt;i&gt;Cruz y Raya&lt;/i&gt;, junto a &lt;st1:personname productid="la Revista" w:st="on"&gt;la &lt;i&gt;Revista&lt;/i&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;i&gt; de Occidente&lt;/i&gt;, es una de las publicaciones fundamentales de &lt;st1:personname productid="la España" w:st="on"&gt;la  España&lt;/st1:personname&gt; republicana.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Resultaría cruel seguir con la antología de lapsus, pero no me resisto a dejar de citar una última perla, que no debería faltar en ninguna antología del surrealismo: “Un día llegamos a pararnos en una capilla en la que escuchamos cantar a un coro de monjas de clausura. Era una impresión totalmente diferente a la que podíamos haber tenido en los cabarets de Barcelona”. ¡Menuda sorpresa debieron llevarse el ilustre director y su inseparable guionista al comprobar que las monjas de clausura no cantan como las cabareteras!&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-fareast-language: ES;"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Parece que los grandes grupos editoriales –Lumen forma parte de Random House Mondadori— han prescindido de la figura del editor responsable que lee los libros antes de publicarlos y hace al autor las observaciones pertinentes. Quizá saben que no es necesario. Seguro que este volumen –curioso a pesar de todo, especialmente por lo que dice sin querer decirlo— recibe los vagos elogios habituales en los suplementos habituales por reseñistas que continúan la publicidad editorial por otros medios y que han tomado la precaución de limitarse solo a hojearlo.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-4812937540332930877?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/4812937540332930877/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/10/jean-claude-carriere-una-extrana-pareja.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/4812937540332930877'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/4812937540332930877'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/10/jean-claude-carriere-una-extrana-pareja.html' title='Jean-Claude Carrière: Una extraña pareja o la edición sin editores'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-BpBiIEsq6mk/Tp1rW4PIn_I/AAAAAAAAASw/TrLZMPH9nUE/s72-c/H418890.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-4158138674821960946</id><published>2011-10-13T00:00:00.005+02:00</published><updated>2011-10-13T00:00:06.093+02:00</updated><title type='text'>Andrés Neuman: El arte nuevo de contar un cuento</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-lFnlQsjmCUM/TpT98jZeDCI/AAAAAAAAASc/Fjkwqg7En3M/s1600/9788483930663_04_l.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="270" src="http://4.bp.blogspot.com/-lFnlQsjmCUM/TpT98jZeDCI/AAAAAAAAASc/Fjkwqg7En3M/s320/9788483930663_04_l.jpg" width="160" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Andrés Neuman&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;Hacerse el muerto&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Páginas de Espuma. Madrid, 2011.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;“Cualquier forma breve podría ser un cuento”, escribe Andrés Neuman al comienzo de una de las series de aforismos con las que, según costumbre, cierra su último libro de relatos. Añade una precisión que no precisa demasiado: “siempre que logre crear sensación de ficción”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;¿Logra crear una sensación de ficción el más breve de los que incluye en &lt;i&gt;Hacerse el muerto&lt;/i&gt;? Se titula “Ambigüedad de las paradojas” y dice así: “Enterramos a mi madre un sábado al mediodía. Hacía un sol espléndido”.&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;La dedicatoria final (“El libro entero, siempre, para mi madre. Ella me cuenta”) nos indica que ese relato, y toda la sección en que se incluye, “Una silla para alguien”, tiene menos que ver con la ficción que con la elegía. “Acabo de soñar con mi madre” comienza otra de estas breves y conmovedoras prosas (el sueño sucede en un auditorio de Granada, el último lugar donde ella tocó el violín). Otro comienzo: “Es un día de sol y mi madre ha vuelto. De no se sabe dónde, no se sabe cómo”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;La literatura es una mentira que, cuando acierta, siempre dice la verdad y donde la verdad, para serlo de verdad, tiene que disfrazarse de mentira. En el brillante cuaderno de ejercicios que es &lt;i&gt;Hacerse el muerto &lt;/i&gt;el mayor logro consiste en no distinguir entre la verdad de la vida y la verdad de la literatura.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;En un taller literario, las prosas varias de Andrés Neuman (treinta, agrupadas en seis secciones de cinco cada una) podrían servir para ejemplificar las distintas técnicas con que construir “un cuento posmoderno”. Los aforismos, que no siempre dan en el blanco (como todos los aforismos), y a veces ni lo pretenden, sirven de complemento. Una cita de Novalis aclara que “no hay ninguna diferencia real entre teoría y praxis”, entre decir y hacer.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;La variación, más o menos paródica, sobre un texto anterior es una técnica frecuente.&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;La encontramos en el primer relato del libro, “El fusilado”, y también en “Vidas instantáneas” o en “Teoría de las cuerdas”. “El fusilado” constituye una variación sobre el comienzo de una novela célebre, &lt;i&gt;Cien años de soledad&lt;/i&gt;; “Vidas instantáneas” se escribe sobre la falsilla de los anuncios eróticos de los diarios; “Teoría de las cuerdas” toma como punto de partida una película de Hichtcock, &lt;i&gt;La ventana indiscreta,&lt;/i&gt; que antes fue un relato de William Irish: “Vivo sentado en mi escritorio, frente a la ventana. Las vistas no son lo que se dice un paisaje alpino: patio estrecho, ladrillos sucios, persianas cerradas. Podría leer. Podría levantarme. Podría dar un paseo. Pero nada es comparable a esta generosa mediocridad que contiene el mundo entero”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;En todos sus relatos, Andrés Neuman se muestra como un virtuoso, pero no todos funcionan igualmente. Algunos se vienen al suelo en el último momento, el más difícil de cualquier cuento, aunque busque un final abierto y rechace la pirueta sorpresiva del cierre. Es el caso, me parece a mí, de “El fusilado”, donde la macabra broma da la impresión de un quiebro gratuito, sin justificación interna alguna. Cierto que el narrador “posmoderno” (pongo la palabra entre comillas: es una de esas palabras comodín que lo mismo sirven para un roto que para un descosido) puede crear sus propias reglas en cada relato, pero como el narrador de siempre, una vez creadas, ha de respetarlas rigurosamente si quiere lograr el respeto del lector.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Tampoco funciona, también defrauda, otro relato paródico (en ese caso no de un texto concreto, sino de las clásicas ficciones anticlericales sobre la lujuria de los conventos), “El infierno de Sor Juana”. Sor Juana se acuesta con cualquiera con la única condición de que no se enamoren de ella; el narrador se enamora y ella le expulsa inmediatamente de su lado tras explicarle la razón de su peculiar comportamiento: se quiere condenar y “no se puede ir al infierno por amor”. Parece que la monja lasciva no conoce la historia de Francesco y Paola o que Andrés Neuman no la recuerda.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Pero son muchos más los relatos ejemplares, aquellos en que a la técnica –casi siempre impecable— se añade el gratuito don de la gracia. Un acierto “Conversación en los urinarios”, a pesar de que el título promete poco, que es menos un relato que un pequeño ensayo sobre la homofobia y una conseguida pieza teatral; la ruptura de sistema del chiste final no resulta, contra lo que podría esperarse, un pegote para salir del paso.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Como un poema divido en estrofas separadas por un estribillo está construido “Monólogo de la mirona” (el título disuena: el personaje carece del componente despectivo asociado a “mirona”), aunque nada más distante de la prosa poética que las precisas viñetas costumbristas que lo integran. No desentonaría en cambio en un libro de poemas “Las cosas que no hacemos”; ingeniosos ejercicios resultan igualmente “Bésame, Platón” –el vocabulario filosófico utilizado en el lenguaje erótico— o “Policial cubista”, que algo tiene de estilizada viñeta de cómic.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Son muchos los aciertos, muchos los diversos tonos de este libro que busca la sorpresa, la admiración, la emoción del lector. La sorpresa la encontramos en cada comienzo de relato (¿qué intentará ahora el autor?, nos preguntamos), la admiración la consigue casi siempre (pocos escritores dominan su oficio –en cualquiera de sus variedades: prosa o verso, ficción o ensayo— como Andrés Neuman), y la emoción las suficientes veces como para que podamos estar seguros de que nos encontramos ante algo más que un buen profesional.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-4158138674821960946?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/4158138674821960946/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/10/andres-neuman-el-arte-nuevo-de-contar.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/4158138674821960946'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/4158138674821960946'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/10/andres-neuman-el-arte-nuevo-de-contar.html' title='Andrés Neuman: El arte nuevo de contar un cuento'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-lFnlQsjmCUM/TpT98jZeDCI/AAAAAAAAASc/Fjkwqg7En3M/s72-c/9788483930663_04_l.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-991342464012435399</id><published>2011-10-06T00:00:00.001+02:00</published><updated>2011-10-06T00:00:03.201+02:00</updated><title type='text'>David Roas: No puede ser, pero es</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-ay4fJAk7ChU/Tosuz8pQdcI/AAAAAAAAASQ/7l59iyVA-AQ/s1600/p.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="270" src="http://2.bp.blogspot.com/-ay4fJAk7ChU/Tosuz8pQdcI/AAAAAAAAASQ/7l59iyVA-AQ/s320/p.jpg" width="170" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;b&gt;David Roas&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Tras los límites de lo real&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Páginas de Espuma. Madrid, 2011.&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Fue Todorov, en fecha ya tan remota como 1970, quien por primera vez definió con rigor la literatura fantástica distinguiéndola de otros géneros afines. Y lo más paradójico de su definición era considerarla esencialmente realista. La literatura fantástica no inventa otros mundos regidos por distintas leyes –como los cuentos de hadas, la ciencia ficción, incluso las fábulas de Fedro y Samaniego—, nos habla del mismo mundo en el que vive confiado el lector y en el que de pronto se abre una grieta, ocurren hechos sin explicación. Todorov pensaba que, para que pudiéramos seguir en el ámbito de lo fantástico y no incurrir en el de lo maravilloso, esos hechos extraños deberían tener un carácter ambiguo. ¿Los fantasmas de &lt;i&gt;Otra vuelta de tuerca &lt;/i&gt;son verdaderamente fantasmas o solo alucinaciones de la institutriz? El relato no debe inclinarse claramente por ninguna de ambas opciones, y no se inclina en el caso de los mejores relatos de fantasmas de Henry James.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; David Roas –que además de estudioso de la literatura fantástica es un destacado cultivador del género— va un paso más allá. Él no cree necesaria esa ambigüedad. Insiste en el carácter realista de la literatura fantástica. Es fundamental que los personajes del relato vivan en un mundo regido por las mismas reglas que el mundo del lector, no en otro mundo poblado por gnomos y por hadas y en el que son posibles los viajes en el tiempo. El narrador cuida mucho los pequeños detalles exactos que provocan la identificación. El protagonista sube al tren, entra en el metro, llega a casa después de un largo día de trabajo, le abre la puerta a un vendedor a domicilio, abraza a su novia en el cine, y es entonces cuando ocurre algo inesperado, algo que escapa a las leyes de la lógica, algo que “no puede ser, pero es”, como dice el vendedor de Biblias que ofrece el raro volumen en “El libro de arena”, de Jorge Luis Borges.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La dificultad de la literatura fantástica está no en tratar de explicar lo inexplicable (si hay explicación, deja de haber literatura fantástica), sino en hacer presente en la realidad del texto lo que no puede estar presente de ninguna manera.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero ¿qué es la “realidad” que encontramos en el texto? Un simulacro. ¿Y qué es la realidad que encontramos fuera del texto? Al concepto de realidad, que es naturaleza y es cultura, dedica David Roas el primero de los capítulos de su libro. La “realidad”&amp;nbsp; en que surge la literatura fantástica es la de un mundo que ha dejado atrás los mitos y se rige por las leyes rigurosas de la física newtoniana. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;¿Qué pasa entonces con la literatura fantástica cuando, tras las revoluciones científicas del siglo XX, esas leyes ya no nos sirven para explicar el universo? ¿Tienen sentido los fingidos imposibles de la literatura fantástica después de la mecánica cuántica en la que los mayores imposibles parecen posibles, como estar y no estar en el mismo lugar, como la existencia simultánea de varias realidades?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; David Roas nos refiere sumariamente las paradojas de la mecánica cuántica, que nos presenta un mundo absurdo desde el punto de vista del sentido común, pero no incurre en el sofisma habitual de los malos divulgadores científicos. No nos habla de la posibilidad de los viajes en el tiempo, ni de la existencia de universos paralelos, no transpone las leyes que rigen las partículas subatómicas o las grandes magnitudes cosmológicas a una cotidianidad que sigue tercamente regido por un antes y un después, por la imposibilidad de estar en dos lugares al mismo tiempo, por las tres dimensiones de la geometría euclidiana y en el que los sueños sueños son. Aunque también es cierto que la realidad cambia según cambia nuestro concepto de ella, pero lo hace lenta e insensiblemente, como se modifica el perfil de las cordilleras.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La segunda parte de su libro la dedica Roas al otro elemento esencial para que exista literatura fantástica: lo imposible. Con sutileza distingue diversos tipos de imposibles. Los milagros lo son desde el punto de vista de la ciencia, pero no del de la religión. Por eso la literatura hagiográfica medieval no sería literatura fantástica. Margarita &lt;st1:personname productid="la Tornera" w:st="on"&gt;la  Tornera&lt;/st1:personname&gt; puede andar corriendo aventuras por tierra distantes sin que en el convento noten su ausencia: &lt;st1:personname productid="la Virgen" w:st="on"&gt;la Virgen&lt;/st1:personname&gt; ocupa su lugar. En un mundo cristiano lo imposible desde el punto de vista de la razón es posible porque Dios, en el que creen autor y lectores, todo lo puede. Pero la rosa que cortamos en el jardín del sueño y que, al despertar, todavía tenemos en las manos no puede ser y, sin embargo, es sin explicación ninguna.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La irrupción de lo imposible en la realidad, característica de la literatura fantástica, el sentir que el suelo de la lógica cede bajo nuestros pies, produce el miedo, con sus variantes de angustia y de terror, que Roas analiza en la tercera parte de su libro. Una última sección se ocupa del lenguaje preciso para decir lo indecible, para sugerirnos realidades que, en una doble paradoja, están fuera de la realidad, escapan al lenguaje.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El último capítulo –quizá el más discutible— se ocupa de “lo fantástico en la posmodernidad”. ¿Lo fantástico tiene razón de ser en la actualidad?, se pregunta. La interrogación parece meramente retórica cuando a continuación enumera una serie de excelentes autores –de Juan José Millás a Cristina Fernández Cubas, de Fernando Iwasaki a Jon Bilbao— que destacan hoy en el cultivo del género. La razón de la pregunta está en la “desconfianza ante lo real” que caracterizaría a la “literatura posmoderna”, esa vaga entelequia que, en el mejor de los pasos, no pasa de ser un subgénero de la literatura contemporánea. Como quizá no es más que un subgénero de la literatura fantástica el que David Roas analiza con tanto rigor y sin enredarse demasiado con la terminología en &lt;i&gt;Tras los límites de lo real&lt;/i&gt;. Un subgénero que no gusta de vistosas fantasías, de demonios, de extraterrestres, de aparatosos monstruos, sino que en un mundo cotidiano, el tuyo, lector que llegas al final de esta reseña en el papel del periódico o en la pantalla del ordenador, lector que alzas de pronto de vista y te encuentras, frente a frente, con algo que no puede ser, pero es, con…&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-991342464012435399?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/991342464012435399/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/10/david-roas-no-puede-ser-pero-es.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/991342464012435399'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/991342464012435399'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/10/david-roas-no-puede-ser-pero-es.html' title='David Roas: No puede ser, pero es'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-ay4fJAk7ChU/Tosuz8pQdcI/AAAAAAAAASQ/7l59iyVA-AQ/s72-c/p.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-9177495810472809707</id><published>2011-09-29T00:00:00.010+02:00</published><updated>2011-09-29T00:00:02.611+02:00</updated><title type='text'>José Ovejero Basado en hechos reales</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-fjD4GkSUsyE/ToG53nNcmwI/AAAAAAAAAR8/9zbQS8GykKw/s1600/_visd_00BDJPG0HBOH.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="275" src="http://2.bp.blogspot.com/-fjD4GkSUsyE/ToG53nNcmwI/AAAAAAAAAR8/9zbQS8GykKw/s320/_visd_00BDJPG0HBOH.jpg" width="170" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;b&gt;José Ovejero&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Escritores delincuentes&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Alfaguara. Madrid, 2011&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Hay dos libros en este libro de sugerente título, un ensayo sobre temas como la literatura y el mal o las relaciones entre la vida y la ficción, y una colección de breves semblanzas biográficas. El primero –desarrollado en los capítulos iniciales y finales—&amp;nbsp; resulta bastante menos interesante que el segundo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; José Ovejero hace gala de una cierta ingenuidad: “Los escritores de hoy son, o aspiran a ser, habitantes de confortables apartamentos y hoteles con aire acondicionado y conexión a Internet, y muchos van a la oficina mientras llega el éxito que merecen. Pero al mismo tiempo no quieren renunciar al aura romántica del creador bohemio y original; al establecer una solidaridad con el criminal, el escritor se acerca a él, a su experiencia excepcional, y la hace propia; porque uno de los puntos débiles del escritor es que tiene a saber mucho sobre las representaciones de la realidad, pero tiene escasa experiencia de ella”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;¿Y los criminales de hoy –se le ocurre preguntar al lector— no aspiran a ser habitantes de confortables apartamentos y hoteles con aire acondicionado y conexión a Internet? ¿El “aura romántica del creador bohemio y original” pasa por asaltar gasolineras o cometer pequeñas o grandes estafas? Un tanto confusa resulta la manera de razonar de José Ovejero: “A cierto público le interesan más los mitos que la literatura y prefiere leer el libro mediocre de una prostituta de lujo o de un asesino a la obra maestra de un funcionario, como si un autor de vida extraordinaria pudiera transportarlos en su estela a un mundo menos monótono y previsible”. De una prostituta de lujo o de un asesino nos interesa su vida, no su literatura; de un funcionario solo nos interesa su vida si acierta a convertirla en literatura. Pero incluso en el primer caso nos aburre pronto si no está bien contada, y por eso generalmente la redacta otro, aunque la firme el protagonista.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; José Ovejero, pese a que titula su libro &lt;i&gt;Escritores delincuentes&lt;/i&gt;, no acierta a distinguirlos muy bien de los delincuentes que escriben, que tratan de ganar algún dinero contando sus delitos o su experiencia carcelaria. Y son cosas muy distintas, aunque no siempre los límites resulten claros, y no falten ejemplos del paso de una categoría a otra: es el caso de Chester Himes, en el ámbito de la serie negra, y de Jean Genet, ladronzuelo de poca monta, aguafiestas profesional, y uno de los grandes nombres de la literatura francesa.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El conocimiento que José Ovejero muestra de los escritores de los que se ocupa resulta algo desigual. Sorprende especialmente la superficialidad con que trata a los autores de lengua española. Las pocas líneas dedicadas, en las primeras páginas, a González-Ruano no animan a seguir leyendo. La segunda vez que lo menciona lo llama Gómez Ruano y aunque se trata solo de una errata no deja de suponer escasa familiaridad. César González-Ruano fue detenido por &lt;st1:personname productid="la Gestapo" w:st="on"&gt;la Gestapo&lt;/st1:personname&gt; en París la tarde del 10 de junio de 1942. Es un episodio ciertamente novelesco, que ha tentado a más de un escritor (el más reciente José Carlos Llop), pero que aquí se despacha con incomprensible superficialidad. José Ovejero se basa en la novela &lt;i&gt;Cherche-Midi&lt;/i&gt;, en la que González-Ruano recrea sus experiencias carcelarias. Ni siquiera se toma la molestia de leer las memorias del escritor, &lt;i&gt;Mi medio siglo se confiesa a medias&lt;/i&gt;, donde dedica unas páginas a esa experiencia, tan interesantes por lo que cuenta –no oculta su simpatía por los alemanes ni su antisemitismo— como por lo que calla. “Todo hay que decirlo de lo que se puede decir”, escribe. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; José Ovejero prefiere contarnos la vida de personajes que poco tienen que ver con la literatura, como el político conservador sir Jeffrey Archer, autor de unas malas novelas policíacas, o los ex convictos Jimmy Boyle y Hugo Collins.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero narra bien, y su libro se lee como un conjunto de sugerentes reportajes periodísticos. Por lo general, acierta cuando cuenta, tropieza cuando reflexiona. “Las novelas ‘basadas en hechos reales’ —escribe— han atraído de antiguo a cierto tipo de lectores que, algo incomprensible, leen ficción para conocer la realidad o que quisieran que la realidad tuviese la estructura de una novela”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; ¿Incomprensible leer ficción para conocer la realidad? ¿Para qué se escribieron las grandes novelas del siglo XIX, realistas y naturalistas, sino para conocer mejor la realidad? ¿Para qué se documentaba Zola sobre la vida de los mineros cuando pretendía escribir una novela ambientada en una mina? El pretexto argumental podía ser inventado, pero hasta el más pequeño detalle debía ser exacto. Y no sabemos cuál es la estructura de la “realidad” –físicos y filósofos no se han puesto de acuerdo—, pero lo que sí sabemos es que los hechos reales, bien contados, tienen siempre la estructura de una novela. De una apasionante novela.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A todos los lectores les gustan los libros que llevan más allá de los libros. De ahí el éxito de las biografías, de las memorias, de los grandes reportajes periodísticos, de las novelas que son algo más que novelas. Solo la gran literatura puede ser solo literatura. Y quizá tampoco… Leemos a Homero y no podemos dejar de pensar que en sus hexámetros, más que en los restos arqueológicos, está lo que nos queda de &lt;st1:personname productid="la Grecia" w:st="on"&gt;la Grecia&lt;/st1:personname&gt; arcaica.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;i&gt;Escritores delincuentes&lt;/i&gt;, de José Ovejero, no es precisamente gran literatura, ni lo pretende (qué ingenuamente didáctico su “véase la figura 9, o &lt;st1:metricconverter productid="10”" w:st="on"&gt;10”&lt;/st1:metricconverter&gt; para aludir a cuadernillo central con los retratos de los escritores), y si nos interesa es por los “hechos reales” que nos cuenta, no por sus consideraciones sociológicas, por esos hechos reales, singulares y enigmáticos que, en más de un caso, nos animan a saber más, a seguir investigando por nuestra cuenta.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-9177495810472809707?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/9177495810472809707/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/09/jose-ovejero-basado-en-hechos-reales.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/9177495810472809707'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/9177495810472809707'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/09/jose-ovejero-basado-en-hechos-reales.html' title='José Ovejero Basado en hechos reales'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-fjD4GkSUsyE/ToG53nNcmwI/AAAAAAAAAR8/9zbQS8GykKw/s72-c/_visd_00BDJPG0HBOH.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-7931366070847323611</id><published>2011-09-22T00:00:00.003+02:00</published><updated>2011-09-22T13:41:37.252+02:00</updated><title type='text'>José Ángel Valente: Liquidaciones y descubrimientos</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-r3k9sM-im_E/TnoNF6xgEhI/AAAAAAAAAR4/BzOMzxNHUgU/s1600/_visd_00B9JPG00VWA.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="270" src="http://4.bp.blogspot.com/-r3k9sM-im_E/TnoNF6xgEhI/AAAAAAAAAR4/BzOMzxNHUgU/s320/_visd_00B9JPG00VWA.jpg" width="160" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;b&gt;José Ángel Valente&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Diario anónimo (1959-2000)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Edición de Andrés Sánchez Robayna&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2011&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Hay libros que interesan por sí mismos, al margen de quien sea un autor, y otros que interesan solo si nos interesa su autor. Este &lt;i&gt;Diario anónimo &lt;/i&gt;–raramente diario y en absoluto anónimo— que acaba de ser rescatado de entre las "virutas de taller" (para decirlo con una expresión de Machado que le gusta utilizar a Miguel d'Ors) dejadas por José Ángel Valente constituye un buen ejemplo de lo segundo. No es una obra literaria concebida como tal que aparece tras su muerte, al modo de los &lt;i&gt;Fragmentos para un libro futuro&lt;/i&gt;, sino una heterogénea serie de apuntes redactados a lo largo de cuarenta años. No quiere eso decir que carezca de valor. Para los admiradores de Valente&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;ningún placer mayor que acercarse a su mesa de trabajo, rebuscar entre sus papeles, escuchar algunas pungentes confidencias.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;No todos los textos incluidos son inéditos: abundan los fragmentos de &lt;i&gt;Notas de un simulador &lt;/i&gt;y no escasean los poemas de &lt;i&gt;Fragmentos para un libro futuro&lt;/i&gt;. Quizá hubiera sido mejor eliminarlos o, al menos, señalar en nota, su publicación anterior. El editor, Andrés Sánchez Robayna, ejemplar por lo demás, ha preferido reproducir íntegro el contenido azaroso de estos cuadernos, salvo “más de cincuenta páginas de referencias bibliográficas de todo tipo” y “cuatro anotaciones –unas veinte líneas en total, todas ellas relacionadas con el medio literario— que estamos seguros que el autor no hubiera deseado ver impresas”. No estoy yo tan seguro de que al autor le preocupara mucho la divulgación de sus opiniones sobre el medio literario; en sus últimas entrevistas arremetió con contundencia contra los escritores que detestaba, en especial José Hierro y los poetas del cincuenta, y Gabriel Celaya y señora no se libran de algún exabrupto en estos apuntes. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;¿Qué encontramos en estos “cuadernos de trabajo”, mejor que diario? En los primeros años, muchas citas de textos en inglés y en francés, preparatorias unas de sus trabajos críticos de entonces (los reunidos en &lt;i&gt;Las palabras de la tribu&lt;/i&gt;, por ejemplo) y muestras todas de una curiosidad intelectual y de una pluralidad de intereses poco común entre los escritores españoles de aquel tiempo. También las notas de un viaje a Cuba, a finales de 1967, que me parecen entre los núcleos de interés del volumen. Valente es uno de los jóvenes intelectuales agasajados por el régimen. Se aloja en el hotel Habana Libre, en “una espléndida habitación con vistas al mar, del lado del malecón”. Como regalo de bienvenida encuentra “ron, tabaco y una caja de bombones” (estos últimos “horrendos”, precisa). Le llevan y le traen, junto a los otros invitados. Le entregan “un sobre con dinero” (no nos dice si pago de su trabajo como jurado en el premio Casa de las Américas o por otros servicios). Conoce a Heberto Padilla. “Tiene un aire inteligente y mordaz, que me agrada” es su primera impresión; luego lo encuentra “inquieto, áspero, cargado de críticas”. Charla a menudo con Lezama Lima, una de sus grandes admiraciones desde entonces. Sobre el problema de los homosexuales (su represión por el régimen) opina que “es un mecanismo de descarga de la agresividad colectiva, montado sobre el sustrato del machismo cubano”. Encuentra admirable la postura de quienes, como Rodríguez Feo, resisten “contra viento y marea, teniendo todas las posibilidades de dejar Cuba”. Encuentra reconfortantes los criterios de Haydée Santamaría sobre la creación artística y le emociona la emoción con que habla “en el espíritu del Che”. Por dos veces charla con Castro en la recepción que se ofrece a los congresistas en el Palacio Presidencia.&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;El idilio de Valente con la revolución cubana termina, como el de tantos otros, con el caso Padilla. En un artículo publicado en la revista &lt;i&gt;Triunfo &lt;/i&gt;en junio de 1971 escribe: “Cuantas más declaraciones hace Padilla, cuanto más asume el papel que le han impuesto, más denuncia la vulgaridad del modelo represivo por el que el gobierno cubano ha optado”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Acá y allá, algún apunte para la polémica literaria, en la que tan activo estuvo en los últimos años. Bien conocida es su fobia al “manido y fraudulento tema de las generaciones”, sobre el que, sin embargo, no podía dejar de volver una y otra vez: “Dice el bueno de Ángel González que conoció a Barral en 1955. Yo los había conocido a todos antes. En esas fechas, yo me fui a Inglaterra y ya no volví. De su encaje en la llamada generación del 50 escribe: ‘Podría decirse de nosotros que teníamos una forma parecida de vivir y de beber, cosas ambas que unen mucho’. Ni en el vivir ni en el beber tuve nunca nada en común con ese grupo”. Quizá no en el vivir ni en el beber, pero sí en su manera de concebir la literatura, al menos en los primeros años, cuando realizó la inicial antología del grupo y no tenían inconveniente en aceptar las invitaciones del régimen cubano.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;El intelectual y el polemista dejan paso, en los años finales, a las confidencias del hombre enamorado y del hombre herido por la trágica muerte –sobredosis— de su único hijo. Es otro Valente, un inesperado Valente, el que encontramos aquí, Tras un fin de semana en París con su gran amor de los últimos años escribe: “Su sonrisa, su cuerpo, la proximidad de su boca y de su hálito –de su espíritu, de la calida humedad de su espíritu—, disuelven todos los fantasmas. Coral, si alguna vez lees estas páginas, cuando yo ya no esté, sabe que te quiero”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;No falta el recuento de enfermedades y cotidianidades (Rosa Navarro le invita a una lectura de poemas en Barcelona, Ángel Campos a otra en Badajoz), muy acordes con la más banal concepción del diario.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;El trasfondo de alguno de sus poemas lo leemos ahora sin literatura. Uno de los fragmentos de &lt;i&gt;No amanece el cantor &lt;/i&gt;dice así: “Un hombre lleva las cenizas de un muerto en su pequeño atadijo bajo el brazo. Llueve. No hay nadie. Anda como si pudiera llevar su paquete a algún destino. Se ve andar. Se ve en una paramera sin fin. Al término, el ingreso devorador lo aguarda del ciego laberinto”. El 28 de febrero de 1990 escribe: “Hoy, hacia la una y media, recogí las cenizas de Antonio en Saint Georges. Caía una lluvia menuda y fría. Volví a sentir un intensísimo dolor. Hace ocho meses exactos de su muerte”. En estos casos, sobra cualquier literatura.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Anticipando las críticas que se podrían hacer a la publicación de estos apuntes, Valente cita a Robert Musil: “Lo más frecuente es que las obras póstumas evoquen de forma sospechosa las liquidaciones y los saldos”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Algo de liquidación, saldos y rebajas hay en este &lt;i&gt;Diario anónimo&lt;/i&gt;, pero eso no disminuye su interés –todo lo contrario— para quienes se interesan por el poeta esencial y hondo, por el inquieto pensador, por el exigente fustigador de inercias intelectuales que fue José Ángel Valente. &lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-7931366070847323611?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/7931366070847323611/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/09/jose-angel-valente-liquidaciones-y.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/7931366070847323611'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/7931366070847323611'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/09/jose-angel-valente-liquidaciones-y.html' title='José Ángel Valente: Liquidaciones y descubrimientos'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-r3k9sM-im_E/TnoNF6xgEhI/AAAAAAAAAR4/BzOMzxNHUgU/s72-c/_visd_00B9JPG00VWA.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-1537356302648400051</id><published>2011-09-15T16:08:00.001+02:00</published><updated>2011-09-18T10:53:40.647+02:00</updated><title type='text'>Iñaki Uriarte: Ejercicios de inteligencia</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-CzJYfsVYRvI/TnIGD6QteyI/AAAAAAAAARs/digxTclz8BQ/s1600/pt+001.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="260" src="http://4.bp.blogspot.com/-CzJYfsVYRvI/TnIGD6QteyI/AAAAAAAAARs/digxTclz8BQ/s320/pt+001.jpg" width="170" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;b&gt;Iñaki Uriarte&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Diarios&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;(Segundo volumen: 2004-2007)&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Pepitas de calabaza. Logroño, 2011&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Se ha dicho que el diario, un género tan de moda en los últimos años, es la huella dactilar del escritor. Por eso no hay dos diarios iguales. La huella que Iñaki Uriarte deja en el suyo es una de las más insólitas: la de un hombre feliz.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;La literatura no la han escrito los hombres felices. La felicidad no tiene historia. Quizá por eso, Iñaki Uriarte, bilbaino que nació en Nueva York el año 1946, no comenzó a escribir (si se exceptúan algunas esporádicas reseñas) hasta bien pasados los cincuenta y a publicar cuando ya era un sexagenario.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;A escribir lo mínimo: menos de cincuenta páginas al año, con lo que necesita cuatro o cinco para formar un volumen de pequeña extensión. Pero como es un hombre afortunado esas pocas páginas tardías, y aparecidas en una editorial de casi nula distribución, le han bastado para convertirse en un autor de culto.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Presume Iñaki Uriarti de no haber trabajado en la vida. Ahora puede presumir también de haber conseguido la mayor atención posible con la menor cantidad de esfuerzo posible. Para una y otra cosa hace falta, además de alguna suerte, mucho talento. Y algo quizá más raro todavía: sentido común.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;A Iñaki Uriarte le basta con la atinada mezcla de unos pocos ingredientes para conseguir una obra que leemos de un tirón y no nos cansamos de releer.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Descree de las abstracciones, de las generalidades: “Me he interesado más por los individuos que por las grandes construcciones y &lt;st1:personname productid="la Historia. Me" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Historia." w:st="on"&gt;la Historia.&lt;/st1:personname&gt; Me&lt;/st1:personname&gt; ha resultado más atractivo y menos arduo. Sé mucho más de Montaigne que de Felipe II, estrictamente coetáneos”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Montaigne es una presencia constante en estas páginas, es el gran maestro, el iniciador de una literatura en la que el yo avanza hacia el centro del escenario. Junto a él, otros nombres menos conocidos, como Girolamo Cardano: “Compuso un libro muy íntimo, mucho más lleno de detalles particulares que de grandes pensamientos moralizantes y dejó una de las primeras imágenes en letra impresa de un individuo: el autorretrato emotivo y vivísimo de un tipo estrafalario, inteligente, difícil de tratar”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Nada difícil de tratar parece el personaje que se autorretrata en estas páginas. No condesciende nunca con la queja ni con la autocompasión. “Dos días de insomnio”, escribe. Y cuando esperamos las quejumbrosas lamentaciones habituales: “Ya pasará”. Y a continuación: “Schopenhauer decía que una muestra de que vivir no vale la pena es que solemos ir a dormir de buena gana y nos despertamos de mala gana. Eso a mí no me pasa. Desde hace años, yo me levanto muy a menudo de buena gana, o por lo menos de un modo neutral. Pero, claro, porque me levanto cuando quiero. Este es uno de los grandes privilegios de mi vida en el que debería pensar más. Qué cantidad de mal humor me he ahorrado a lo largo de los años”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;En estos diarios, además de atinadas, contundentes y sorprendentes opiniones sobre esto y aquello, hay apuntes para una historia familiar y una crónica generacional. Todo en pequeñas dosis, sin una palabra de más. Iñaki Uriarte conoce bien el consejo de Voltaire: “El secreto de aburrir es contarlo todo”. Él solo cuenta lo mínimo necesario para sugerirlo todo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Su generación pasó, en buena parte, del marxismo y de coquetear con el activismo armado a la más furibunda extrema derecha. Iñaki Uriarte, a pesar de sus antecedentes familiares, nunca fue nacionalista y por eso tampoco es antinacionalista (para ser antinacionalista hace falta militar en algún nacionalismo).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;A veces, para descalificar a un personaje, le basta con citarlo. En un periódico asturiano (Iñaki Uriarte visita con frecuencia Asturias) lee unas palabras que podrían figurar en lugar destacado en cualquier antología de la barbarie universal. Las copia sin necesidad de añadir ningún comentario: “Una Constitución que ha abolido la pena de muerte y que no tiene posibilidad de fusilar a Ibarretxe es muy difícil que se mantenga. Lo de Ibarretxe es alta traición, lo de Maragall es alta traición; toda &lt;st1:personname productid="la Historia" w:st="on"&gt;la Historia&lt;/st1:personname&gt;, desde Pericles, nos muestra que hubiera sido un juicio sumarísimo”. Esas palabras las pronunció un filósofo, Gustavo Bueno. Y, ciertamente, no hace falta añadir más.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Y junto a Bueno, otro gran patriota, Jiménez Losantos. Mucha tinta movió un asunto que Uriarte reduce a dos líneas: “Se ha admitido a trámite en las Cortes un nuevo Estatuto para Cataluña, aprobado por el 85% del Parlamento catalán”. Y a continuación lo que escribe Jiménez Losantos: “Día de difuntos de 2005. España ha muerto. ¿Quiénes han sido los responsables? Zapatero y Polanco”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Esas mínimas pinceladas de energumenismo, esas selectas muestras de la barbarie nacional, acentúan la rareza de este continuo ejercicio de inteligencia y sentido común. No es necesario, sin embargo, estar de acuerdo con todas sus opiniones, para admirarlo y disfrutar con su lectura. Podemos no coincidir con lo que piensa de algún asunto concreto, pero nunca nos sentiremos agredidos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;“¿Por qué la felicidad tiene tan mala prensa?”, se pregunta. Sus diarios son un inventario de pequeñas y grandes felicidades. La mayor, casi una experiencia mística, la encuentra en un lugar tan poco exótico como Benidorm: “Me levanto, entro en el agua, me zambullo, doy justo cincuenta brazadas y, a unos cien metros de la orilla, mirando hacia la isla y el horizonte, encuentro lo que algunos tal vez encuentran con las drogas, el yoga oriental o el canto gregoriano. El grado cero de la existencia. Nunca he conseguido nada semejante en otra playa ni en ninguna piscina. Se ve que hace falta practicar y repetir lo mismo a menudo y en el mismo sitio. Regreso a la orilla entontecido y avanzo con pasos torpes hacia mi sofá, como un astronauta en la luna”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;El arte de saber vivir&lt;/i&gt; podían titularse estas páginas, en las que para mayor sensación de doméstica felicidad nos encontramos a cada paso con Borges, no con Jorge Luis Borges, que a veces también, sino con el gato del escritor.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-1537356302648400051?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/1537356302648400051/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/09/inaki-uriarte-ejercicios-de.html#comment-form' title='35 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/1537356302648400051'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/1537356302648400051'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/09/inaki-uriarte-ejercicios-de.html' title='Iñaki Uriarte: Ejercicios de inteligencia'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-CzJYfsVYRvI/TnIGD6QteyI/AAAAAAAAARs/digxTclz8BQ/s72-c/pt+001.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>35</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-2502331802980671482</id><published>2011-09-08T00:00:00.011+02:00</published><updated>2011-09-08T00:00:06.214+02:00</updated><title type='text'>José Carlos Llop: De la vida y la literatura</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-BzGEYnPjC_Y/TmVv64DDM0I/AAAAAAAAARg/s-PqCiMXvoU/s1600/pt.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="270" src="http://3.bp.blogspot.com/-BzGEYnPjC_Y/TmVv64DDM0I/AAAAAAAAARg/s-PqCiMXvoU/s320/pt.jpg" width="170" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;José Carlos Llop&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Cuando acaba septiembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Lumen. Barcelona, 2011&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;La poesía de José Carlos Llop –que es también novelista, diarista, ensayista, y siempre fiel a su mundo y a su estilo— no es de fácil acceso, ofrece cierta resistencia al lector apresurado. Y no por rebuscados gongorismos o irracionalismos expresivos, sino por una cierta frialdad y exceso de literaturización. Al culturalismo de los años setenta –publicó sus primeros versos en &lt;st1:metricconverter productid="1976, a" w:st="on"&gt;1976, a&lt;/st1:metricconverter&gt; los veinte años— se ha seguido manteniendo fiel, sin importarle que algunos críticos le tildaran de libresco y decorativo (“poesía de anticuario”, se llegó a decir).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A quienes se acerquen con esos prejuicios a &lt;i&gt;Cuando acaba septiembre &lt;/i&gt;les costará entrar en el libro. Comienza con un tono distanciadamente ensayístico (“Escribe Gibbon en &lt;i&gt;Decadencia / y Caída del Imperio Romano…&lt;/i&gt;”) y ese tono continúa en “Cavafis”: “Leo en un libro sobre ciudades –de Trieste / a Buenos Aires— que la calle Lepsius, / donde vivía Constantino Cavafis, / se llama ahora Sharm El Sheik”. Un sueño que tiene algo de deliberada alegoría, una anécdota bien contada, algún intento de monólogo dramático (“Informe policial, San Diego, &lt;st1:metricconverter productid="1989”" w:st="on"&gt;1989”&lt;/st1:metricconverter&gt;, “Jerusalem”), encontramos en los poemas siguientes.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La impresión que sacamos de estos textos iniciales la de encontrarnos ante un buen escritor, pero no ante un buen poeta, quizá ni siquiera ante un poeta: parecen solo brillantes ejercicios de redacción, como un ejercicio enumerativo es el poema “Luna” y casi una tópica postal de París “Primavera, &lt;st1:metricconverter productid="2010”" w:st="on"&gt;2010”&lt;/st1:metricconverter&gt;, escrito en catalán, al igual que “Formentera”. &amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero poco a poco nos va ganando la magia de los versos. ¿Cómo resistirse a la brillantez evocativa de “Beirut song”, a esa mirada que en lo que hay ve lo que hubo, a esa mirada para la que nada hay sin su resonancia culturalista y elaboradamente literaria? Así, “el mar en el viejo puerto de Beirut” es “la luz de una joya fenicia, / plata y aguamarina”; los minaretes, “con su caligrafía picuda”, sostienen el aire, “antiguo como &lt;st1:personname productid="la Biblia" w:st="on"&gt;la  Biblia&lt;/st1:personname&gt;”; en el casco de los barcos se encuentra “la herrumbre de &lt;st1:personname productid="la Eneida" w:st="on"&gt;la Eneida&lt;/st1:personname&gt;”, y “el esplendor del siglo XX” en las villas coloniales y sus jardines polvorientos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A la primera parte de &lt;i&gt;Cuando acaba septiembre&lt;/i&gt;, reflexiva y libresca, le sigue una segunda más personal, aunque no escaseen en ella las referencias culturalistas (sin el poso de la cultura, la vida parece no tener peso para José Carlos Llop). Baste un ejemplo que es casi una poética, el segundo poema de la serie “Breviario”, que dice así:&amp;nbsp; “Hoy he mirado un pulpo / con su yelmo de Patroclo / y los ojos de Otelo: la cultura / de Occidente –los motores / de su Historia— / en un cefalópodo”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El José Carlos Llop más memorable e imprescindible comienza con “El petirrojo”, sigue con “Mañana de sábado” (su escritura, tan recargada habitualmente, se acerca a la despojada sugerencia) o “Reencuentro”, que anticipa la tercera parte y elude, como ella, la falacia patética a la que tanto se prestaba el tema.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A José Carlos Llop, después de poemas como los citados, o “El vestido de flores”, le perdonamos cualquier manierismo. Que ni siquiera cuando, mientras “arranca hierbas con la azada”, contempla a los hormigas se olvide de Homero: “Imagino esa ciudad suya de murallas pardas, / celdas doradas y túneles oscuros / como una Troya en paz, donde Aquiles y Héctor / llevan cascos rojo y armas negras, pero no pelean, / Príamo ha muerto y Helena es una reina sin amantes”. O que interrumpa ese mismo excelente poema, “Mediterránea”, para ofrecernos un aforismo (los clásicos “siempre son modernos y enseñan / lo que no sabes, hablándote de lo que sí”) o una rebuscada greguería: “los cargueros afeitan / el horizonte como emisarios de un barbero / con negocio en El Pireo, Chipre o Estambul”. &amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; ¿Poesía con fórmula? A veces da esa impresión. Veamos el poema “Marina”. Dos versos que se limitan a un escueto y prosaico constatar: “Es septiembre y vuelan las libélulas. / Después del baño, fumo un cigarrillo”. Otros dos deudores de la parafernalia novísima, del Gimferrer de &lt;i&gt;Arde el mar&lt;/i&gt;: “El ocaso se viste de noble veneciano. / El siroco toca el arpa salvaje del pinar”. Y un último verso que quiere dar transcendencia al apunte paisajístico: “La bondad es la mejor ofrenda de la vida”. Poesía con fórmula, sí, porque el estilo acaba a menudo solidificándose en una fórmula, en una receta. Pero lo que importa es que el poema, a pesar de eso, casi siempre funciona.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La tercera parte consta solo de un extenso poema cuyo título es una fecha, la de una muerte que marca un antes y un después, y de la que ni siquiera el hombre más afortunado está a salvo. En ese poema, que habla “de la mañana más triste del mundo”, están también Emily Dickison y Turner, la nieve como “una celebración”, un petirrojo sobre un rosal de Amherst y las gaviotas que se posan en los tejados “como rentistas decimonónicos por los campos Elíseos”. Ni siquiera cuando habla de los últimos momentos de la vida de su madre puede José Carlos Llop dejar de hacer literatura. Y es que para él vida y literatura, si no son la misma cosa, son dos hermanos siameses que no pueden existir el uno sin el otro. Y tras las dudas iniciales, cerramos &lt;i&gt;Cuando acaba septiembre&lt;/i&gt;, enriquecidos y reconfortados, dándole la razón.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-2502331802980671482?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/2502331802980671482/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/09/jose-carlos-llop-de-la-vida-y-la.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/2502331802980671482'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/2502331802980671482'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/09/jose-carlos-llop-de-la-vida-y-la.html' title='José Carlos Llop: De la vida y la literatura'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-BzGEYnPjC_Y/TmVv64DDM0I/AAAAAAAAARg/s-PqCiMXvoU/s72-c/pt.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-8508470591077995545</id><published>2011-09-01T00:00:00.011+02:00</published><updated>2011-09-01T00:00:00.747+02:00</updated><title type='text'>Memoria de Elena Garro</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-TNkNAEyOu4I/Tl00tZQDPCI/AAAAAAAAARU/XLJ3aQrpz5c/s1600/pt.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="270" src="http://1.bp.blogspot.com/-TNkNAEyOu4I/Tl00tZQDPCI/AAAAAAAAARU/XLJ3aQrpz5c/s320/pt.jpg" width="155" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Elena Garro&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Memorias de España 1937&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Salto de Página, Madrid, 2011&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Prólogo de Patricia Rosas Lopátegui&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Cuando se habla de Elena Garro, escritora mexicana de origen asturiano, tanto como su obra, que siempre se despacha con vagos elogios, importa su biografía, o su leyenda, tan propicia para reivindicaciones feministas. Elena Garro estuvo casada con Octavio Paz y su sombra inmensa la habría mantenido oculta durante su vida y la seguiría manteniendo semioculta después de su muerte.&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Sería así un símbolo de la marginación de las mujeres en una sociedad patriarcal.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;No parece que esa leyenda tenga demasiado de verdad. Octavio Paz, tras la separación en 1959, trató de seguir su camino al margen de Elena Garro. Ella no se lo permitió. Ni un instante, durante los cuarenta años siguientes, se olvidó de lo mucho que le odiaba. Ya anciana, declaró: “Yo vivo contra él, estudié contra él, hablé contra él, tuve amantes contra él y defendí a los indios contra él. Escribí de política contra él, en fin, todo, todo lo que soy es contra él”. Murieron el mismo año, 1998, pero ella unos meses después para poder permitirse la última venganza: mientras se celebraban los funerales de Estado por el hombre ilustre, con asistencia del presidente de la república, la retransmisión televisiva fue interrumpida para conectar con un apartamento en el que una anciana, con apariencia de mendiga, rodeaba de basura y de gatos, despotricaba una vez más contra quien había sido su marido, su verdugo, el causante de todas sus desdichas.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Para el lector español, quizá la obra más atractiva de Elena Garro son estas &lt;i&gt;Memorias de España 1937&lt;/i&gt;, editadas por primera vez en 1992, aunque comenzadas a escribir a finales de los años setenta y anticipadas parcialmente en revistas de entonces (&lt;i&gt;Nueva Estafeta, Cuadernos Hispanoamericanos&lt;/i&gt;).&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Prologa esta nueva edición Patricia Rosas Lopátegui, que ha dedicado tres valiosos y discutibles volúmenes a la biografía (a la hagiografía, mejor) de Elena Garro y a la recopilación de sus textos inéditos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;En 1937, Elena Garro (que tiene veintiún años y no diecisiete, como se suele decir) se casa con Octavio Paz y lo acompaña al Congreso Internacional para &lt;st1:personname productid="la Defensa" w:st="on"&gt;la Defensa&lt;/st1:personname&gt; de &lt;st1:personname productid="la Cultura" w:st="on"&gt;la Cultura&lt;/st1:personname&gt; que los escritores antifascistas celebran en Valencia. El texto, aunque redactado tiempo después, conserva la frescura del momento, sin duda porque se basa en las notas de un diario. El punto de vista es el de una adolescente apolítica que solo toma partido contra la crueldad, y que parece no entender muy bien lo que está pasando, pero que lo entiende mejor que todos los serios escritores que la acompañan.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;No se ha documentado Elena Garro para escribir estos recuerdos, y por eso resulta fácil detectar errores. De Luis Cernuda –a quien se nos presenta siempre solitario y tomando el sol en la playa— se nos dice: “Don Álvaro de Albornoz le nombró canciller en la embajada de Polonia, para sacarlo de España, y en la estación perdió el portafolio con las claves”.&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Pero a quien nombraron secretario de embajada fue a su amiga Concha de Albornoz (y no en Polonia, sino en Grecia); rodeada de los amigos que había ido a despedirla, dejó un momento el maletín en el suelo para pesarse en una báscula y al instante el maletín desapareció, con las claves y con sus credenciales. A Luis Cernuda, como a los otros amigos que acompañaban a Concha de Albornoz (hija de un ministro, y por eso salvó la vida), le interrogó la policía política a propósito de aquella desaparición.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Unas páginas más adelante leemos: “Supe que había enojo con Ortega y que Bergamín le escribió una carta terrible a Victoria Ocampo, en cuya casa de Buenos Aires se alojaba el filósofo español. Ortega se había marchado de España y, hablando de la guerra civil, había dicho: No es eso, no es eso… Esperaba una guerra diferente”. La frase de Ortega, como resulta bien sabido, se refería a la república, que esperaba distinta; la guerra civil no la esperaba de ninguna manera.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;También contiene inexactitudes menores uno de los pasajes más emotivos del libro. Leía Octavio Paz su “Elegía a un compañero muerto en el frente de Aragón” y, de pronto, al alzar la vista del papel, se encuentra con que allí, en primera fila, mirándole fijamente, estaba José Bosch, el compañero al que él creía muerto en combate y al que había dedicado el poema. Elena Garro le llama Juan Bosch y titula el poema “No pasarán”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;A pesar de todas esas inexactitudes, debidas a la excesiva confianza en la traicionera memoria, cuánta verdad hay en estas páginas. Pocas veces el ambiente de &lt;st1:personname productid="la España" w:st="on"&gt;la España&lt;/st1:personname&gt; republicana, su mezcla de heroísmo y delación, de miseria y grandeza, habrá sido descrito con tanta exactitud. Y Octavio Paz está lejos de ser el monstruo que aparece en otros escritos (“Octavio es un perro rabioso”, afirmará, que incluso se dedica a “patear” a la hija de ambos). En estas páginas solo es un joven y ambicioso escritor, al que hacen sufrir las continuas salidas de tono de una adolescente tan inteligente como atolondrada. Elena Garro incluso se permite la ironía: “Los mexicanos siempre compadecieron a Paz por haberse casado conmigo. ¡Su elección fue fatídica! Me consuela saber que está vivo y goza de buena salud, reputación y gloria merecida, a pesar de su grave error de juventud”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;En Elena Garro, el personaje, seductor y atrabiliario, genial y paranoico, estuvo a punto de borrar al escritor, intuitivo y descuidado. No lo consiguió. O no lo consiguió del todo. Estas fascinantes &lt;i&gt;Memorias de España &lt;/i&gt;lo confirman.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-8508470591077995545?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/8508470591077995545/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/09/memoria-de-elena-garro.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/8508470591077995545'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/8508470591077995545'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/09/memoria-de-elena-garro.html' title='Memoria de Elena Garro'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-TNkNAEyOu4I/Tl00tZQDPCI/AAAAAAAAARU/XLJ3aQrpz5c/s72-c/pt.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-2918648782925907187</id><published>2011-08-25T00:00:00.004+02:00</published><updated>2011-08-25T00:00:04.145+02:00</updated><title type='text'>Poesía y demás: Un cuestionario de  “Marinero”</title><content type='html'>&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-2OYIrRAn5Mo/TlFSQ9yzYOI/AAAAAAAAARQ/zsBnZlzdFII/s1600/DSC04241.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://4.bp.blogspot.com/-2OYIrRAn5Mo/TlFSQ9yzYOI/AAAAAAAAARQ/zsBnZlzdFII/s320/DSC04241.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;¿Hasta qué punto un poeta se encuentra capacitado para ser crítico de poesía? ¿No será siempre un crítico poco objetivo que se dedica solo a defender su propia concepción de la poesía?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Lo único que incapacita para ser crítico de poesía es no ser un buen lector de poesía. Y un buen lector, si es poeta, aprecia muchas más diversas maneras de la poesía que la que él es capaz de escribir.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;¿A qué se debe su empeño en atacar a grandes poetas como Ganomeda y en defender a otros muy menores como Fernando Ortiz?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Procuro no hablar de la poesía de Gamoneda, un poeta más o menos grande que me interesa más bien poco, pero no puedo resistirme a glosar sus opiniones sobre literatura. Carece de sentido del humor y no parece muy dotado para el pensamiento abstracto, o mejor, para el pensamiento a secas. Resulta involuntariamente cómico escucharle afirmar por enésima vez, el mismo día en que recibe no sé cuántos premios oficiales, y junto al presidente del Gobierno y rodeado de ministros, abominar del realismo porque el “realismo es el lenguaje del poder”. A mí me hace más gracia él que su poesía. De Fernando Ortiz hace tiempo que no hablo. Y no pienso hablar ahora. He leído, sí, su más reciente libro, &lt;i&gt;Miradas al último espejo&lt;/i&gt;, pero no pienso escribir sobre él, aunque humanamente tiene toda mi simpatía.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;¿Cree verdaderamente que “el haiku es el soneto de los haraganes”, como ha declarado varias veces? ¿Cree que escriben haikus los que no son capaces de escribir otra cosa?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Pues sí, creo que escribir haikus está al alcance de cualquiera, por eso no hay mal poeta que no los perpetre a centenares. Malos haikus, quiero decir. Los buenos son un milagro que ocurre muy de tarde en tarde. El soneto requiere un aprendizaje y mayor esfuerzo, pero no por eso el resultado poético está garantizado. Yo aconsejaría a los jóvenes poetas que aprendan a escribir sonetos y que, en cuanto sepan, dejen de escribirlos. Y, por supuesto, rompan todos los que les sirvieron como aprendizaje.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;“El realismo es el lenguaje del poder” afirma con frecuencia Antonio Gamoneda. Usted defiende la poesía realista, ¿quiere eso decir que está de lado de los poderosos?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Creo que sobre ese asunto ya he dicho algo en una respuesta anterior. No sé si los poderosos gustan del realismo; los bancos, por ejemplo, prefieren la pintura abstracta.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;¿Ganaría la poesía española sin los manejos de Luis García Montero, Felipe Benítez Reyes y Benjamín Prado?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Sin sus manejos no sé si ganaría o perdería; sin sus poemas, seguro que perdería.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;¿Hay premios literarios honestos?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Los hay. Todos los premios que ganan los poetastros que abominan de los premios son, si hemos de hacer caso a sus declaraciones posteriores, honestos, los únicos honestos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;Usted ha escrito muchas veces en contra de los premios literarios. ¿No considera una contradicción formar parte del jurado de muchos de ellos?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;De muchos de ellos, no. De tres o cuatro. Y no lo considero una contradicción. Yo me considero un profesional, como un fontanero al que si le llaman para arreglar un grifo no pregunta si está en un convento o en una casa de lenocinio. Él hace su trabajo de la mejor manera posible, cobra sus honorarios y asunto concluido. Otra cosa es lo que pueda pensar sobre el exceso de conventos&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;o de clubs de alterne. Yo creo que hay demasiados premios literarios y que estorban más que ayudan.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;Para muchos, entre los que me cuento, Borges es un poeta sobrevalorado, poco más que un ramplón versificador. ¿Está de acuerdo con esa afirmación?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;No.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;¿Tiene sentido hoy escribir con rima? ¿No es un artificio más propio de tiempos decimonónicos?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Sí. No.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;¿Por qué se lee cada vez menos poesía? ¿No será porque &lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;los poetas han dejado de hablar de lo que interesa a todos y se dedican a mirarse su propio ombligo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Siempre ha habido más poetas que poesía. La poesía sigue interesando, y mucho. Lo que no interesan, y no seré yo quien lo lamente, son la mayoría de los poetas.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;¿Qué opina del movimiento del 15-M? ¿No cree que además de una regeneración política pueden traernos también una nueva poesía que por fin interese a todos porque hable en el lenguaje de todos?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Prefiero no opinar nada. Yo respeto todas las ingenuidades, siempre me ha enternecido la bondadosa bobería.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;Hace 75 años que asesinaron a Federico García Lorca. ¿No cree que su obra literaria lleva casi tantos años muerta a pesar de que se siga hablando de ella por motivos extraliterarios?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Pues no, no lo creo. Y es la primera vez que escucho semejante peregrina afirmación. ¡Y cuidado que he escuchado tonterías en mi vida!&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;¿Qué opina de la poesía de Miguel d’Ors? ¿Y de la de Enrique García-Máiquez? ¿No cree que se encuentran marginados por sus creencias religiosas?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Son dos espléndidos poetas llenos de verdad y gracia. Cuando hablan de &lt;st1:personname productid="la Verdad" w:st="on"&gt;la Verdad&lt;/st1:personname&gt; con mayúsculas es cuando me interesan menos. Se encuentran tan marginados como el jefe de la organización religiosa a la que pertenecen, capaz de llenar Madrid, o cualquier otra ciudad, con millones de seguidores. Ya quisiera yo estar tan marginado como ellos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;¿Siguen existiendo las generaciones literarias? ¿Cómo se llama la última?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Siguen existiendo. Pero yo ya no trabajo en ese negociado. Mejor preguntar a Luis Antonio de Villena, que ahí sigue con sus vetustos adolescentes órficos y lógicos, inasequible al desaliento.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;¿Qué ha sido de la poesía no clónica y de poetas como Antonio Rodríguez Jiménez, Fernando de Villena, Pedro J. de &lt;st1:personname productid="la Pe￱a" w:st="on"&gt;la Peña&lt;/st1:personname&gt; y otros grandes marginados por el poder literario?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Eso quisiera yo saber, qué ha sido de ellos. Sin sus declaraciones y sus ferocidades el mundo es un poco más aburrido. También echo de menos a Isla Correyero y a un suplemento de Málaga que se llamaba “Papel literario”. Los jóvenes, que no han tenido ocasión de conocerlos, no saben lo que se pierden. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;Y por último: ¿cree que Internet ha cambiado nuestra manera de entender la literatura? ¿Desaparecerán las bibliotecas y las librerías con la generalización del ebooks? ¿No cree que los libros tradicionales pronto serán una antigualla como los papiros egipcios?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Internet no ha cambiado nuestra manera de entender la literatura, ha cambiado la manera de difundirla. Y para mejor. Y en cuanto a la desaparición de las bibliotecas y de los libros de papel, no diré yo que no pueda ocurrir. Incluso algún día desaparecerá el hombre y el planeta Tierra y el entero sistema solar. Pero no parece que vaya a ser mañana. Tampoco nosotros ni nuestros nietos ni los nietos de nuestros nietos veremos la desaparición de los libros y las bibliotecas. Más allá de tres o cuatro siglos no me atrevo a profetizar. ¡Las cosas cambian tan deprisa!&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-2918648782925907187?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/2918648782925907187/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/08/poesia-y-demas-un-cuestionario-de.html#comment-form' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/2918648782925907187'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/2918648782925907187'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/08/poesia-y-demas-un-cuestionario-de.html' title='Poesía y demás: Un cuestionario de  “Marinero”'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-2OYIrRAn5Mo/TlFSQ9yzYOI/AAAAAAAAARQ/zsBnZlzdFII/s72-c/DSC04241.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-5837399897258638409</id><published>2011-08-18T00:00:00.001+02:00</published><updated>2011-08-18T00:00:03.412+02:00</updated><title type='text'>Pere Gimferrer, Juan Marsé: Cansinas caligrafías</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-T7zfH9rLvdA/TkqEhfFf2EI/AAAAAAAAARM/6AJcZlg28kc/s1600/pt+001.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="270" src="http://4.bp.blogspot.com/-T7zfH9rLvdA/TkqEhfFf2EI/AAAAAAAAARM/6AJcZlg28kc/s320/pt+001.jpg" width="160" /&gt;&lt;/a&gt;Dijo una vez un político que no hay que confundir la opinión pública con la opinión publicada. Nada más cierto si se trata de literatura. Cada vez resulta más frecuente el aplauso unánime de la crítica literaria (o de los reseñistas de los principales suplementos, que viene a ser lo mismo, aunque no sea lo mismo) y el casi unánime desdén de los lectores, incluidos bastantes de quienes públicamente han mostrado su entusiasmo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Dos ejemplos recientes: &lt;i&gt;Rapsodia&lt;/i&gt;, de Pere Gimferrer, y &lt;i&gt;Caligrafía de los sueños&lt;/i&gt;, de Juan Marsé. “Escrito en seis días” se anuncia uno, con circense fanfarria; “La primera novela escrita después del Cervantes”, el otro. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Tras dar en los últimos años ripiosos tumbos entre el modernismo y el postismo (&lt;i&gt;Amor en vilo, Tornado&lt;/i&gt;), vuelve Gimferrer a reescribir sus libros de hace cuarenta años: lo que entonces deslumbraba, por contraste con la grisura realista y comprometida, ahora suena a envejecida quincallería, aunque acá y allá no deje de sorprendernos alguna imagen fulgurante, que pronto se borra en el automatismo del conjunto: “Campanadas al sol, la luz de Arezzo / se ha fundido en el bronce de la lluvia”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;i&gt;Caligrafía de los sueños &lt;/i&gt;suena tan a Marsé que ni siquiera necesitaría haberla escrito Marsé. “Apaches galopando en las playas de Arizona” se titula un capítulo: interminables páginas de fatigosos &lt;i&gt;aventis&lt;/i&gt;, como ejercicios de estilo en un taller literario después de haber leído &lt;i&gt;Si te dicen que caí&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Se equivocaría quien pensara que &lt;i&gt;Rapsodia &lt;/i&gt;o &lt;i&gt;Caligrafía de los sueños&lt;/i&gt; son malos libros. Son algo quizá peor: son prescindibles, cansinas vueltas de tuerca, tan consabidos que quien conoce la obra anterior de ambos autores podría, no ya reseñarlos sin haberlos leído, sino incluso dar conferencias sobre ellos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;El poema “más que a significar aspira a ser” nos dice Gimferrer, repitiendo lo que otros muchos poetas han dicho y glosado docenas de teóricos de la literatura. No nos dice, sin embargo, que nada resulta más fácil que encontrar un poema que “es” y “nada significa”, al menos para un lector concreto: cualquiera escrito en una lengua que ignoramos. Deleitarse con la musicalidad de sus significantes debería ser, para los que así piensan, la culminación del placer estético.&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-fareast-language: ES;"&gt;En &lt;st1:personname productid="la Barcelona" w:st="on"&gt;la Barcelona&lt;/st1:personname&gt; de los años cuarenta, un hombre saluda a un orondo y desconocido sacerdote con las siguientes palabras: “La verdad es que no sé si soy un buen cristiano. Lo que no soy, puede usted darlo por seguro, es siervo de una Iglesia que pasea al centinela de Occidente bajo palio”. Si fuera una serie de televisión ambientada en la posguerra, cambiaríamos de canal. Es una novela de Marsé, y continuamos la lectura, pero con la sensación, idéntica a la que nos producen los últimos poemas de Gimferrer, de que probablemente hay formas más agradables de perder el tiempo.&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-5837399897258638409?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/5837399897258638409/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/08/pere-gimferrer-juan-marse-cansinas.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/5837399897258638409'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/5837399897258638409'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/08/pere-gimferrer-juan-marse-cansinas.html' title='Pere Gimferrer, Juan Marsé: Cansinas caligrafías'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-T7zfH9rLvdA/TkqEhfFf2EI/AAAAAAAAARM/6AJcZlg28kc/s72-c/pt+001.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-72288850260804929</id><published>2011-08-11T00:00:00.001+02:00</published><updated>2011-08-11T00:00:02.135+02:00</updated><title type='text'>José Antonio Moreno Jurado: El libro de la miseria del hombre</title><content type='html'>&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-0r0JzP0Uzuw/TkE4OCRzBvI/AAAAAAAAAQ4/6PwKDCcKo-k/s1600/pt.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="270" src="http://1.bp.blogspot.com/-0r0JzP0Uzuw/TkE4OCRzBvI/AAAAAAAAAQ4/6PwKDCcKo-k/s320/pt.jpg" width="155" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;b&gt;José Antonio Moreno Jurado&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Aracne&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Paréntesis Editorial. Sevilla, 2011.&amp;nbsp;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Deja un sabor amargo este recuento de una vida al que José Antonio Moreno Jurado, quizá nuestro mejor conocedor de la literatura neohelénica, ha querido poner bajo la advocación de &lt;i&gt;Aracne&lt;/i&gt;, uno de los personajes de las &lt;i&gt;Metamorfosis &lt;/i&gt;ovidianas. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;La primera parte, la más lírica, se publicó en 1989, y evoca, en breves capítulos que a ratos quieren acercarse al poema en prosa, una infancia andaluza. Recuerdan, inevitablemente, al &lt;i&gt;Platero &lt;/i&gt;juanramoniano y al &lt;i&gt;Ocnos&lt;/i&gt; cernudiano, aunque no haya ningún fácil mimetismo. El tono cambia en el resto del libro, escrito veinte años después. En 1989, Moreno Jurado era, si no un triunfador, un hombre que, con su esfuerzo personal y su talento, había llegado, o estaba a punto de llegar a donde quería, tanto en el plano personal como en el literario. Tras obtener el premio Adonais en 1973, su poesía tenía una resonancia cada vez mayor; el Nobel concedido a Odysseas Elytis, un autor al que él y pocos más conocían en España, contribuyó a darle cierta popularidad. Y después de duros años en la enseñanza privada, ya catedrático en la enseñanza secundaria, llegaba como profesor asociado a &lt;st1:personname productid="la Universidad." w:st="on"&gt;la  Universidad.&lt;/st1:personname&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Lirismo y narratividad, reflexión y sátira alternan en las páginas escritas cumplidos los sesenta años, cuando se vislumbra el manriqueño “arrabal de senectud”. El lirismo aparece, sobre todo, en los capitulillos que se refieren al Amor (Moreno Jurado lo menciona siempre así, con mayúscula), que insinúan unas relaciones poco convencionales (e incluso escandalosas para la época) que el autor no se decide a desvelar de todo. El día en que conoció a uno de sus amantes, al que llama Bertolamo&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;(“Me llevaba exactamente diecisiete años y yo contaba entonces treinta y seis”), terminaron “en un garito cuyo nombre recordaré cuando me atreva a contar por escrito la otra cara de esta Sevilla hipócrita y bullanguera, más entregada a los santos y santas que a la verdad y al conocimiento”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;La sátira se refiere, fundamentalmente, al mundillo literario. Pero es una sátira casi infantil, que refleja un muy escaso conocimiento de ese ambiente. Cuenta la anécdota que le ayuda a entender el éxito de unos poetas y el fracaso de otros, como él mismo. Tras terminar un libro de poemas, del que está particularmente satisfecho, va a Madrid, invita a comer a Jesús Munárriz y a su mujer y “a la primera oportunidad –son sus palabras—, les hablé durante la comida, con más o menos ardor o vehemencia, de las bondades de mi nuevo libro”. Para su sorpresa, el editor de Hiperión no mostró ningún entusiasmo; peor aún, sin siquiera ningún interés en su lectura, dijo no estar dispuesto a publicarlo, ya que los anteriores libros de Moreno Jurado se habían vendido poco. Lo que ocurrió seguidamente le serviría de lección: “A los pocos minutos apareció por allí García Montero que venía de Granada. Jesús le saludó afectuosamente, alzando los brazos y levantando la voz. El granadino le compró en aquel momento doscientos libros suyos para no sé dónde, pueblos, universidades, centros educativos, en verdad no me acuerdo, y yo, enmudecido, comprendiendo cuanto se podía comprender, me despedí lo más amablemente que pude, y, con la lección de los dineros bien aprendida, me volví a Atocha a pie y pensativo”. O sea que, si García Montero vende mucho, y se lo disputan sus editores, es porque se compra sus propios libros. Qué cosas…&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Pero no es el único caso en que Moreno Jurado deja claro tanto su resentimiento como su no excesiva inteligencia emocional. Durante un tiempo dedicó sus tardes a los poetas que empezaban: “El primero de ellos fue Juan Lamillar, a quien corregí, leí, expliqué cuanto pude, durante días y meses, pues había sido alumno mío en &lt;st1:personname productid="la Universidad Laboral" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Universidad" w:st="on"&gt;la Universidad&lt;/st1:personname&gt; Laboral&lt;/st1:personname&gt; y, al menos, teníamos entre nosotros ese mínimo vínculo común. Aunque Manolo Jurado solía llamarlo Mamillar, a mí no me hacía gracia. Sucedió, entonces, que en el proyecto de su primer libro me había dedicado un poema. Algo después, cuando hojeé uno de los primeros ejemplares de la obra, publicada en Renacimiento, la dedicatoria había desaparecido. ¿Fue imposición del editor, Abelardo Linares, que me aseguró, años después, que aquel chico había sido su gran descubrimiento? ¿O algún temor oculto de los que no pueden salir a la luz? Por otra parte, Abelardo Linares había proporcionado a Lamillar un puesto de trabajo en su librería. Sea como fuese, todo acabó en ese preciso momento porque me pareció, sencillamente, un acto de cobardía. Y ¿por qué no? de traición”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Otro poeta que presuntamente le traicionó, y se traicionó, fue Javier Salvago. Tras un primer libro prometedor, y que el propio Moreno Jurado presentó, “abandonó inmediatamente su primer comportamiento poético y se pasó por orden de Fernando Ortiz, aunque fuera una orden estética, desde aquella poesía de futuro prometedor a otro tipo de poesía de fácil contenido irónico, sin fuerza, de rima envejecida, anclada en Manuel Machado y otros poetas menores que nada aportaron con sus poemas a la aventura humana del pensamiento y la razón”. Antes, para congraciarse con el maestro, le habría contado todas las confidencias de Moreno Jurado: “No había pasado ni veinticuatro horas y toda mi vida se la había ofrecido Salvago en bandeja a Fernando Ortiz”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Con Fernando Ortiz, con otros poetas sevillanos, está obviamente obsesionado el autor de &lt;i&gt;Aracne&lt;/i&gt;. A ellos les atribuye la conjura que llevó a su marginación literaria. No deja ni anotar ni una sola de las afrentas que le hicieron sufrir. Por ejemplo: “En un congreso de poesía en Córdoba, lo recuerdo bien, Fernando Ortiz y Aquilino Duque, que había estado muy atentos a los poemas de quien me precedía en la lectura, se levantaron de pronto, empujados por un extraño resorte interior, en el preciso instante en que el presidente de la mesa me daba entrada para mi intervención. Si dijera que nada sentí ante ese desplante, engañaría con toda seguridad”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;La puerilidad adolescente, el provincianismo de estos recuentos de la vida literaria nos hace a veces sonreír. Lo mismo que ciertos apuntes de sociología erótica. La mayor parte de los homosexuales están casados (cuando eso suponía estarlo con una mujer), son buenos padres y buenos maridos: “El noventa por ciento. No es exageración. Y, curiosamente, todos ellos prefieren ser penetrados. Los célibes, rara vez”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;¿Vale la pena, ante tanta puerilidad, leer estas páginas escritas “para vengarse y reírse mil veces de la miseria del tiempo”? Sí, porque en ellas hay dolor y verdad. Y el desolado final vale para todos, para los que han aprendido las reglas del juego literario o académico, para los que se han estrellado contra esas normas no escritas o para los que, encogiéndose de hombros, se han dado la vuelta y han seguido otro camino: “Como hombre entre cuatro paredes, sin experiencia viva, solitario y aburrido, aprendí de los libros cuanto había de aprender. Pero no sé absolutamente nada. Ni siquiera el hombre que sabe, sabe para siempre. Un simple Alzheimer, una demencia senil, un fuerte golpe en la cabeza o en el corazón te abandonan al no conocimiento. Da igual si leías o no leías. El hombre termina en las manos aburridas del tiempo. El tiempo se aburre de nosotros”.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-72288850260804929?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/72288850260804929/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/08/jose-antonio-moreno-jurado-el-libro-de.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/72288850260804929'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/72288850260804929'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/08/jose-antonio-moreno-jurado-el-libro-de.html' title='José Antonio Moreno Jurado: El libro de la miseria del hombre'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-0r0JzP0Uzuw/TkE4OCRzBvI/AAAAAAAAAQ4/6PwKDCcKo-k/s72-c/pt.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-8498455079745374872</id><published>2011-08-04T00:00:00.002+02:00</published><updated>2011-08-04T00:00:05.344+02:00</updated><title type='text'>Evgueny Evtushenko: El poeta y el histrión</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-cknpfIuk3-Q/TjQ-e829MlI/AAAAAAAAAQk/W98Ngm8BvN4/s1600/pt.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="260" src="http://4.bp.blogspot.com/-cknpfIuk3-Q/TjQ-e829MlI/AAAAAAAAAQk/W98Ngm8BvN4/s320/pt.jpg" width="150" /&gt;&lt;/a&gt;¿Qué fue de Evgueny Evtushenko? Con el título de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Manzanas robadas &lt;/i&gt;(Visor) se publica una antología suya, en traducción indirecta de Javier Campos, que entremezcla los poemas sin atender a la cronología. Evtushenko le dio voz y rostro juvenil a una nueva Rusia, a un comunismo de rostro humano, el que surgía trabajosamente de los desmanes del estalinismo. En 1963 publicó en París su &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Autobiografía precoz&lt;/i&gt;, que ese mismo año apareció en español. “La autobiografía de un poeta son sus poemas. El resto es solo comentario”, comienza. Y a continuación: “Las ideas nuevas, los sentimientos nuevos que se encuentran en mis poemas existían en la sociedad soviética mucho antes de que comenzara yo a escribir. Cierto, no habían recibido aún forma poética. Pero si no hubiera sido yo, otros los habrían expresado”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Algo más y algo menos que un poeta es Evgueny Evtusenko, quien en 1963 –a los treinta años, tan famoso ya en occidente como en su país— señalaba “el destino monótono” a que parecía condenado: “los críticos me cubrían de lodo, el público me aplaudía fervorosamente”. Los poemas se daban a conocer en recitales multitudinarios; solo después, si resultaban eficaces, se publicaban. Poemas valientes, muchos de ellos. Por ejemplo “Babi Yar”, cuyo título alude a un barranco de Kiev donde fueron asesinados millares de judíos. Evtushenko no se limita a condenar la barbarie nazi: “Cuántos antisemitas se nombraron / Unión del Pueblo Ruso. Qué vileza”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En los primeros sesenta muchos, dentro y fuera de Rusia, creyeron en la posibilidad de un comunismo no dogmático y democrático. Evtushenko encarnó esas ilusiones. Pronto fue un juguete roto, aunque siguiera con sus recitales multitudinarios, convertido ya más en un personaje de la farándula –sus mayores éxitos los tuvo junto a Vittorio Gassman— que en un verdadero poeta. Lo era, sin embargo. Y algo puede entreverse en esta antología, cuyos textos son como letras de hermosas canciones de las que desconocemos la música: “Te amo más que a la naturaleza, / porque tú eres la naturaleza misma. / Te amo más que a la libertad, / porque sin ti la libertad es una cárcel”.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-8498455079745374872?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/8498455079745374872/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/08/evgueny-evtushenko-el-poeta-y-el.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/8498455079745374872'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/8498455079745374872'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/08/evgueny-evtushenko-el-poeta-y-el.html' title='Evgueny Evtushenko: El poeta y el histrión'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-cknpfIuk3-Q/TjQ-e829MlI/AAAAAAAAAQk/W98Ngm8BvN4/s72-c/pt.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-2822495900467952068</id><published>2011-07-27T23:13:00.000+02:00</published><updated>2011-07-27T23:13:25.400+02:00</updated><title type='text'>Rafael Barrett : Un contemporáneo</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-AKtIBl9PA2s/TjB_Hdcb0UI/AAAAAAAAAQg/yQtt2BrRNyI/s1600/rb.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="270" src="http://4.bp.blogspot.com/-AKtIBl9PA2s/TjB_Hdcb0UI/AAAAAAAAAQg/yQtt2BrRNyI/s320/rb.jpg" width="165" /&gt;&lt;/a&gt;No era un desconocido el escritor al que Gregorio Morán dedicó en el 2007 &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Asombro y búsqueda de Rafael Barrett&lt;/i&gt;, pero apenas era conocido por algunos eruditos y en círculos anarquistas. La polémica que acompañó a su algo estridente investigación –marca de la casa— sirvió para que bastantes lectores oyeran por primera vez un nombre que debería serles tan familiar como el de Larra.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Rafael Barrett, nacido en 1876, vivió la bohemia finisecular, compartió tertulia con Valle-Inclán, fue amigo de Manuel Bueno y Ramiro de Maeztu. Una serie de absurdos incidentes –iniciados con una acusación de homosexualidad— le llevaron a la cárcel y luego al exilio. En el Paraguay se convirtió en maestro del periodismo revolucionario. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Murió muy joven, pocas semanas después de Tolstoi, a quien tuvo tiempo de dedicar una necrológica. Murió en Francia, donde trataba de curar su tuberculosis. Antes había saboreado fugazmente la gloria. En Uruguay apareció su primer libro, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Moralidades actuales&lt;/i&gt;, y el éxito fue inesperadamente clamoroso.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Ese libro, que solo se había vuelto a publicar en 1919, lo reedita ahora una editorial de pintoresco nombre, Pepitas de Calabaza. No hay mejor homenaje para el centenario: los años que han pasado sobre sus páginas no les han añadido ni una arruga. Lo leemos ahora con el mismo asombro con que se leyó en el Montevideo abierto al mundo, nada provinciano, de comienzos del siglo veinte.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;La primera edición llevaba un subtítulo, “Tomo I”, que desapareció en las siguientes. Barrett pensaba seguir reuniendo sus artículos esparcidos por la prensa radical. Pero &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Moralidades actuales &lt;/i&gt;no es una mera recopilación de colaboraciones dispersas, según se entendió en las ediciones de obras completas, donde se añadieron y eliminaron caprichosamente artículos. Tiene una arquitectura propia, como muy bien subraya Morán en el preciso prólogo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Lírico, costumbrista, aforístico, memorable siempre, Barrett está más vivo que la mayoría de sus coetáneos. Es un contemporáneo más. No ha perdido nada de su capacidad revulsiva. Todavía hace sangre su punzante e insólita inteligencia: “La verdad no se demuestra. Se sueña. Solo se demuestra la mentira”.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-2822495900467952068?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/2822495900467952068/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/07/rafael-barrett-un-contemporaneo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/2822495900467952068'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/2822495900467952068'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/07/rafael-barrett-un-contemporaneo.html' title='Rafael Barrett : Un contemporáneo'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-AKtIBl9PA2s/TjB_Hdcb0UI/AAAAAAAAAQg/yQtt2BrRNyI/s72-c/rb.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-653958543026058128</id><published>2011-07-21T00:00:00.000+02:00</published><updated>2011-07-21T00:00:00.756+02:00</updated><title type='text'>Justicieros</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-F8UVtPh80Sc/TiW2awpnTKI/AAAAAAAAAQQ/RlfQIg6TIi4/s1600/1.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://4.bp.blogspot.com/-F8UVtPh80Sc/TiW2awpnTKI/AAAAAAAAAQQ/RlfQIg6TIi4/s320/1.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: inherit;"&gt;¿Quién no ha soñado alguna vez con llevar una anodina vida diaria, pero por la noche ponerse una máscara y lanzarse al mundo a enfrentarse a los poderosos, deshacer entuertos, reparar injusticias? Internet, donde toda fantasía (y toda tontería) adolescente tiene su asiento, está llena de justicieros así. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: inherit;"&gt;El Colectivo Addison de Witt, formado por cinco anónimos poetas o críticos, se dedica a analizar “los premios de poesía y sus jurados para valorar su objetividad”. El resultado lo expresan con precisión matemática: el Premio Internacional Ciudad de las Palmas, por ejemplo, es ecuánime en un 75 por ciento, mientras que el Manuel Alcántara lo es en un 1, el Emilio Alarcos en un 10 y el Hermanos Argensola en un 80, según leemos en reciente entrega de su página web, “la que mayor número de visitas tiene, con más de veinticinco mil usuarios mensuales”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: inherit;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Para llegar a esa conclusión analizan las relaciones entre el jurado y los ganadores: haber publicado en la misma editorial, colaborado juntos en alguna revista, tener idéntica profesión. No importa que en el jurado esté compuesto por cinco, seis o más miembros. Si uno de ellos es profesor y el poeta ganador también lo es, la objetividad queda fuertemente mermada. Y desaparece por completo si se puede establecer algún vínculo con Luis García Montero o la editorial Visor. Es lo que ocurre con el premio Manuel Alcántara, a cuyo jurado no le ven relaciones con el ganador, Juan Carlos Abril, pero resulta que este “se doctoró con una tesis dirigida por Luis García Montero” y, por si fuera poco, el poeta que da nombre al premio “ha publicado algo en Visor”. Esas son las razones para que la credibilidad del premio se reduzca al uno por ciento. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: inherit;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Lo que escriben del premio de poesía Emilio Alarcos me hace sonreír especialmente, puesto que yo soy uno de los “corruptos” denunciados. Copio el párrafo pertinente: “El escritor mallorquín Eduardo Jordá obtuvo el premio Emilio Alarcos de poesía en su décima edición con el poemario titulado &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Tulipanes rojos&lt;/i&gt;. Jordá colabora como columnista en &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Diario de Mallorca&lt;/i&gt;, del grupo editorial Prensa Ibérica, señor sí señor, y en el &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Abc Cultural&lt;/i&gt;. El jurado que le otorgó el premio estuvo presidido por Luis García Montero, y actuaron como vocales Josefina Martínez, José Luis García Martín, Aurora Luque, Chus Visor y Carlos Marzal. Desde 1989 Jordá reside en Sevilla. Es importante recordarle lo importante que es hidratarse en esta época del año si vive en la capital andaluza. Un clásico de los premios es premiar a un crítico. Un clásico mayor es que un crítico premie a otro crítico, incluso que vaya anticipándolo: &lt;a href="http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/12795/Mono_aullador"&gt;http//www. Escultural.es/version_papel/LETRAS/Mono_aullador&lt;/a&gt;. Sin mencionar su paso por Clarín, tan García Martín. Tampoco es un desconocido para Aurora Luque. Ni siquiera para alguien de la inocencia de García Montero. Valoración subjetiva de la ecuanimidad del premio entendida como la posibilidad de que gane un desconocido: 10/100”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: inherit;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Cuesta encontrar lo que hay de presunta denuncia en esas líneas. ¿Es sospechoso que el premiado escriba en Diario de Mallorca, del grupo editorial Prensa Ibérica? ¿Que resida en Sevilla? ¿Que haya ejercido la crítica como algún miembro del jurado? ¿Que yo haya reseñado antes algún libro suyo, como he hecho con varios centenares de poetas en casi treinta años de publicar reseñas semanales?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: inherit;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;En el premio Emilio Alarcos, como en la mayoría, &lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;los libros se presentan bajo plica. El jurado no supo que había premiado a Eduardo Jordá hasta que ya había concedido el premio. Yo, en cambio, lo sabía desde mucho antes: en seguida reconocí su estilo. No solo el tuyo: también el de Antonio Praena y el de otros poetas cuyos nombres no mencionaré por si quieren conservar el anonimato. Son los inconvenientes de llevar muchos años leyendo poesía contemporánea. También Aurora Luque reconoció, según dijo luego, a algún libro que se había encontrado en otro premio. Nadie reconoció, sin embargo, al finalista que empató con Jordá: cada uno de ellos tuvo tres de los seis votos del jurado. Y no lo reconocimos porque era el primer libro de un poeta nuevo que no había publicado ni siquiera en revistas (la única manera de no estar “contaminado”). ¿Pero reconocer a un poeta implica que tiene más posibilidades de ser votado que si no lo reconocemos? ¿Haber publicado en la misma editorial condiciona el voto de algún jurado? ¡Qué cosas! O sea que yo, que publiqué a algún libro en DVD, si me encuentro como concursante a Eduardo Moga, que también publica en esa editorial, me veo obligado a votarle. Qué cosas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: inherit;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Pero no se trata de defender la “ecuanimidad” del premio Emilio Alarcos ni de ningún otro premio concreto, que no puede ser cuestionado por quien lo ignora todo sobre su desarrollo, sino de poner en cuestión la credibilidad de quienes van de anónimos justicieros por la vida y denuncian, no ya sin pruebas, sino con caprichosos argumentos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: inherit;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &lt;/span&gt;&amp;nbsp;Que hay premios amañados, de acuerdo. Que conviene denunciarlos, por supuesto. Pero para eso hace falta algo más que desinformadas buenas intenciones (damos, por supuesto, que al menos las intenciones son buenas). Hace falta –además de algún indicio, aunque sea mínimo— cierto conocimiento del medio literario y, sobre todo, alguna inteligencia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-7t_ngnH4cxs/TiW2g3Vq2PI/AAAAAAAAAQU/MZAdepkJ1b8/s1600/2.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://4.bp.blogspot.com/-7t_ngnH4cxs/TiW2g3Vq2PI/AAAAAAAAAQU/MZAdepkJ1b8/s320/2.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-fareast-language: ES;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-653958543026058128?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/653958543026058128/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/07/justicieros.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/653958543026058128'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/653958543026058128'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/07/justicieros.html' title='Justicieros'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-F8UVtPh80Sc/TiW2awpnTKI/AAAAAAAAAQQ/RlfQIg6TIi4/s72-c/1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-4846318957636508573</id><published>2011-07-14T00:00:00.004+02:00</published><updated>2011-07-20T10:57:22.323+02:00</updated><title type='text'>Montserrat Bordes Solanas: Falacias lógicas</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-bu0yr8m9GSw/Thxjta2Ii_I/AAAAAAAAAP8/zLDHRW99kP8/s1600/portada.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="270px" src="http://2.bp.blogspot.com/-bu0yr8m9GSw/Thxjta2Ii_I/AAAAAAAAAP8/zLDHRW99kP8/s320/portada.jpg" width="150px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Pocas veces un manual de filosofía resulta tan apasionante y necesario como &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Las trampas de Circe: falacias lógicas y argumentación informal &lt;/i&gt;(Cátedra). No teníamos noticia de la autora, Montserrat Bordes Solanas; no hay solapa ni contraportada informativas. El prólogo de Zamir Bechara nos aclara que se trata de una obra póstuma: “Como compañero suyo he asistido en primera fila a las dificultades que conlleva escribir un libro de esta envergadura y he sido conocedor de primerísimo mano del esfuerzo titánico que le supuso a su autora, aquejada de cáncer terminal, concluir su labor”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero el infierno cotidiano, el inútil combate con la enfermedad, quedan fuera de unas páginas que asombran por su claridad y rigor. La autora va desenmascarando una tras otra las principales falacias que llenan el lenguaje político y periodístico –&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;ad hominen, ad populum, petitio principii, plurium interrogationum&lt;/i&gt;—, y termina con un “Código de buenas prácticas argumentativas” que debería ser de obligado cumplimiento en cualquier debate público. Esas buenas prácticas tienen que ver tanto con la lógica como con la ética, promueven a la vez el debate racional y el juego limpio. El código está formado por principios y máximas. El principio “de caridad interpretativa” dice así: “El argumento del oponente debe ser reconstruido en su versión más sólida y rigurosa, siempre que sea consistente con la intención original del mismo”. O sea, que no debemos aprovechar los lapsus de nuestro interlocutor; antes de intentar refutarlo, debemos ayudarle a formular su argumento de la manera más adecuada posible. Porque, como escribió Samuel Johnson “una opinión es como una flecha lanzada desde un arco: su fuerza depende de la mano que la sujeta, pero un argumento es como una flecha lanzada desde una ballesta: tiene la misma fuerza aunque la lance un niño”. Antonio Machado lo afirmó de otra manera: la verdad es la verdad, la diga Agamenón o la diga su porquero.&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family: 'Times New Roman', serif; font-size: 12pt;"&gt;No deja de resultar utópico este código de buenas prácticas. Dos no juegan limpio si uno no quiere. Siempre habrá tahúres que pretenden hacer trampa, como suele ocurrir entre los políticos, o que las hacen sin siquiera ser conscientes de ello, como tantas veces ocurre entre honestos e ineptos profesionales de la indignación y la crítica e incluso entre la buena gente de la calle. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Las trampas de Circe &lt;/i&gt;ayuda a desenmascarar a unos y otros. &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-4846318957636508573?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/4846318957636508573/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/07/monserrat-bordes-solana-falacias.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/4846318957636508573'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/4846318957636508573'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/07/monserrat-bordes-solana-falacias.html' title='Montserrat Bordes Solanas: Falacias lógicas'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-bu0yr8m9GSw/Thxjta2Ii_I/AAAAAAAAAP8/zLDHRW99kP8/s72-c/portada.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-5536968987984152925</id><published>2011-07-07T00:00:00.013+02:00</published><updated>2011-07-07T00:00:03.293+02:00</updated><title type='text'>Alrededores de la poesía: Una conversación con Ignacio Peiró</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-D9KUNSCixZE/ThIfuMnnmrI/AAAAAAAAAP4/eZxpni_GYoQ/s1600/1.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="217" src="http://3.bp.blogspot.com/-D9KUNSCixZE/ThIfuMnnmrI/AAAAAAAAAP4/eZxpni_GYoQ/s320/1.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;b&gt;Al contrario que en otras artes, España sí parece haber mantenido una continuidad sin apenas interrupciones en lo referente a la poesía. Y, al menos hasta ahora, ciertos hitos de nuestra tradición lírica –algunos versos de Lope o de San Juan, de Quevedo o Garcilaso, del romancero- parecían ser una especie de “palabras patrimoniales” que se leían en el bachillerato y quedaban en la memoria de gentes por lo demás no especialmente cultivadas. ¿No cree usted que este mínimo contacto con la poesía se ha perdido en buena parte, quizá a causa de los planes educativos? ¿No era algo clave en la educación sentimental de las personas?&lt;/b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;El bachillerato que idealizadamente se añora, el de hace cincuenta años por ejemplo, era estudiado por muy contado número de españoles. No creo yo que el tanto por ciento de quienes podían citar de memoria a Lope o a San Juan, a Quevedo o Garcilaso, fuera mayor entonces que ahora. El imperfecto presente siempre pierde cuando se le compara con un pasado que solo existe en nuestra imaginación. Desde que tengo memoria, cualquier nuevo plan de estudios es, en opinión de la mayoría (sobre todo de la mayoría de cierta edad), peor que el anterior. Si eso fuera cierto, deberíamos ser ya todos analfabetos. Afortunadamente no es así.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-size: 7.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-size: 7.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;b&gt;En nuestro país, parece que, comparativamente, el papel de la crítica de poesía es más relevante, dentro de su ámbito, que el papel de la crítica de novela o de ensayo. ¿Está usted de acuerdo con esta afirmación? ¿Considera real el papel de la crítica a la hora de establecer cánones? ¿Es positivo o sólo inevitable ese protagonismo?&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;Sospecho que el papel de la crítica de poesía es relevante en un mundo muy limitado: el de los propios poetas. A los que creo que les afecta más que a los novelistas o ensayistas, porque estos pueden compensar malas críticas con buenas ventas. En poesía las críticas pueden ser buenas o malas, pero las ventas siempre son malas. Por otra parte, la importancia de la crítica en poesía depende menos del talento del crítico que de la difusión del medio en que se publica. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;span style="font-size: 7.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 7.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;¿Ha habido en los últimos decenios una hipertrofia de antologías? El sistema de hacer antologías, ¿no alimenta el peligro de excluir a nombres competentes que, quizá por edad, no entran en grupos?&lt;/b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;No me parece que haya hipertrofia de antologías. Cualquier visitante de librerías inglesas o norteamericanas, puede comprobar que se publican bastante más que en lengua española. Claro que no siempre se trata de antologías de nuevos nombres, que son las que aquí despiertan polémica. Una antología es válida porque incluye a poetas valiosos, y no al revés. Estar o no estar en una concreta antología no tiene demasiada importancia (ya nos incluirán o excluirán en otra, no hay poeta tan malo que no haya sido antologado). Lo significativo es que antólogos con criterios distintos coincidan en unos determinados nombres. Así se escribe la historia de la literatura, que está hecha de recuerdos y olvidos. La mayoría de los poetas de los que nadie hace caso no merecen que se les haga ningún caso (tampoco algunos a los que se hace mucho caso, pero esa es otra historia).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;b&gt;En otras épocas, la poesía, si no popularidad, al menos sí tuvo un cierto arraigo, quizá un prestigio que tal vez se haya perdido. ¿Dónde busca la gente la poesía ahora? ¿En la música ligera, en las canciones pop? ¿Hay ahí una cierta devaluación no ya de la palabra poética sino, por así decirlo, de la sentimentalidad? &lt;/b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;La poesía siempre se ha buscado en muchos sitios, salvo quizá en los libros de poesía. Ni Garcilaso, ni Góngora ni Fray Luis publicaron en vida ningún libro de poesía. Hoy la poesía (aparte de estar en las canciones, en el cine, en la novela, en muchos otros lugares), la poesía en sentido estricto, se difunde sobre todo en Internet (como en el siglo de Oro se difundía manuscrita). Yo creo que nunca se han leído tantos poemas, aunque se compren tan pocos libros de poesía. Los poemas –buenos y malos, para todos los gustos-- vuelan en la red, encuentran siempre un lector atento.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;b&gt;De la poesía italiana a la francesa, la inglesa o, actualmente, la del Este de Europa, ¿mantienen los poetas españoles ese papel pionero a la hora de incorporar otras tradiciones? &lt;/b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;Como siempre, hay poetas más atentos y otros menos. No conviene generalizar. Pero se puede ser un gran poeta (ahí está el caso de Lorca) sin estar al tanto de la poesía que se escribe en todas las otras lenguas.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;b&gt;Buena parte de la historia de nuestra poesía se ha leído según el sistema de generaciones. ¿No es ese un gran reduccionismo, que excluye a unos y agrupa, quizá injustamente, a otros? ¿Está en decadencia ese paradigma? &lt;/b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;El sistema de generaciones es una manera de poner un poco de orden en un panorama (el de la poesía actual) que siempre resultará confuso (es el tiempo el que simplifica y pone las cosas en su sitio). Hay que tener cuidado de no confundir una clasificación meramente orientativa con la realidad. Es lo que les ocurre a muchos. Conozco hispanistas (y no hispanistas) que hablan de grupos, tendencias, generaciones en la poesía actual sin haber leído la obra de ninguno de los autores a los que se refieren; les basta con los estudios generales, los prólogos a las antologías, incluso los meros reportajes periodísticos. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;b&gt;En España hemos tenido revistas literarias de gran incidencia. ¿Ha menguado su papel?&lt;/b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;Ha menguado el papel del papel. Ahora las revistas literarias más ágiles se difunden por otros medios. Ha menguado, pero no ha desaparecido. Como sigue siendo importante la edición en papel de los periódicos, a pesar de la facilidad y la gratuidad de Internet.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;b&gt;En la falta de apego popular a la poesía, ¿ha influido cierta voluntad de “torre de marfil” por parte de los poetas, como una vocación de exquisitez que necesita de iniciación para que un lector cualquiera pueda orientarse? Al igual que en artes plásticas, ¿no han contribuido a esta situación algunos excesos cometidos en nombre de la vanguardia?&lt;/b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;Eso vale para unos poetas, no para otros. Hoy como ayer hay poetas que llegan a todo tipo de lectores. Yo creo que son necesarias ambas clases de poetas: los que inmediatamente tocan el corazón del lector, como José Hierro o Ángel González, y aquellos otros que apelan a la inteligencia y requieren una mayor mediación cultural. Góngora nunca desbancará a Garcilaso, ni al revés.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 18.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 18.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;b&gt;¿Cómo juzga usted la proyección internacional de nuestra poesía, tanto de nuestros grandes nombres del pasado como de nuestros poetas contemporáneos? &lt;/b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;No me considero muy preparado para juzgar eso, creo que les corresponde más a quienes se ocupan de la política cultural. Lo que sí sé es que los otros países que conozco, sea Portugal o Bulgaria, siempre me he encontrado con un grupo de entusiastas lectores y buenos conocedores de nuestra poesía. ¿Pocos? Suficientes para sentir algo de vergüenza al comprobar que nosotros conocemos menos su poesía.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;b&gt;El nivel medio de las traducciones, ¿es bueno o mejorable? &lt;/b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;Por bueno que sea (y yo creo que lo es), siempre resultará mejorable.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 18.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 7.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;¿No hay pocos lectores de poesía en España? ¿Cómo cumplen su papel (además de con esfuerzo e ilusión) los editores? ¿Podrían sobrevivir sin el apoyo de &lt;st1:personname productid="la Administraci￳n" w:st="on"&gt;la Administración&lt;/st1:personname&gt;?&lt;/b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 18.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;Sin el apoyo de &lt;st1:personname productid="la Administraci￳n" w:st="on"&gt;la Administración&lt;/st1:personname&gt;, parece que nada puede subsistir en este país, empezando por los partidos políticos. La poesía sí puede. Aunque desaparecieran todos los premios de poesía y todos los editores, seguiría escribiéndose poesía y seguiría encontrando la manera de llegar a los lectores.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;b&gt;¿Son precisamente los editores de poesía quienes mejor han perpetuado la belleza gráfica de la edición?&lt;/b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;No conviene generalizar. Hay maravillosas ediciones de poesía, pero también otras que son un verdadero espanto (casi todas editadas por una Diputación, un Ayuntamiento o cualquier otro organismo público). Dejémoslo en que hay buenos y malos editores en cualquier género literario.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 36.0pt; mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt; text-indent: -18.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: 7.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;¿Hasta qué punto son reales las facciones, por así decirlo, en nuestra poesía actual (experiencia, silencio, etc.)? ¿Hay alguna posibilidad de entendimiento? &lt;/b&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="mso-margin-bottom-alt: auto; mso-margin-top-alt: auto; tab-stops: list 36.0pt;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 18.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 18.0pt;"&gt;La vanidad de los poetas y la lucha por el escaso botín no permitirá que desaparezcan nunca los enfrentamientos entre poetas, más o menos disfrazados de rivalidades estéticas. No seré yo quien lo lamente. Es espectáculo que me divierte. Bastante más que la obra de buena parte de esos poetas que se pelean tan fieramente por un premio más o menos o por ocupar un lugar en una antología. Si los enfrentamientos entre poetas no existieran, habría que inventarlos. La poesía, ya se sabe, es otra cosa. Pero no se puede ser sublime a todas horas.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 18.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-UaQfGSXwil8/ThIfkVkDQcI/AAAAAAAAAP0/Bk-q70QS1Bg/s1600/2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://1.bp.blogspot.com/-UaQfGSXwil8/ThIfkVkDQcI/AAAAAAAAAP0/Bk-q70QS1Bg/s320/2.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 18.0pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-5536968987984152925?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/5536968987984152925/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/07/alrededores-de-la-poesia-una.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/5536968987984152925'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/5536968987984152925'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/07/alrededores-de-la-poesia-una.html' title='Alrededores de la poesía: Una conversación con Ignacio Peiró'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-D9KUNSCixZE/ThIfuMnnmrI/AAAAAAAAAP4/eZxpni_GYoQ/s72-c/1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-7675783849759219168</id><published>2011-06-30T00:00:00.001+02:00</published><updated>2011-07-25T21:59:31.947+02:00</updated><title type='text'>El caso Florbela</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-uNzExJUtcwM/TgqUndBJ27I/AAAAAAAAAPo/HxuyvEoUlXY/s1600/fe.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="250" src="http://1.bp.blogspot.com/-uNzExJUtcwM/TgqUndBJ27I/AAAAAAAAAPo/HxuyvEoUlXY/s320/fe.jpg" width="155" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;José Carlos Fenández&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Florbela Espanca. Poetisa del Amor&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;Esquilo. Badajoz, 2011.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Hay poetas que interesan tanto por su obra como por la novela de su vida. Uno de ellos es Fernando Pessoa; otro, Florbela Espanca. La fortuna crítica de ambos ha sido, sin embargo, contrapuesta. Fernando Pessoa, tras su muerte, fue creciendo y creciendo en el aprecio de lectores y estudiosos hasta desplazar, casi por completo, a todos sus contemporáneos; Florbela conoció también póstumamente el éxito popular, pero los críticos la miraron siempre por encima del hombro: les pareció demasiado espontánea, demasiado apasionada, demasiado femenina, en el más misógino sentido de la palabra.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El grueso volumen que José Carlos Fernández le dedica –cerca de mil páginas—no parece que vaya a contribuir a mejorar ese aprecio. No es un estudio escrito con rigor académico, sino con fervor autodidacta. El autor es un especialista en conocimientos esotéricos, en simbolismos iniciáticos. Por eso incluye, como apéndice, una extensa carta astral de Florbela Espanca firmada por Isabel Areias y establece continuas comparaciones con Fernando Pessoa, a quien tanto le preocuparon esas cuestiones. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Fernando Pessoa nunca se interesó por Florbela, no la menciona en sus escritos, y sin embargo circula un poema presuntamente suyo a ella dedicado. José Carlos Fernández, a pesar de reconocer que no se incluye en ninguna recopilación de inéditos de Pessoa, lo considera auténtico. “Duerme, duerme, alma soñadora, / hermana gemela de la mía”, comienza ese poema. Un admirador de ambos escribió esos versos, que Pessoa nunca podría haber escrito: “Criatura extraña, espíritu inquieto, / lleno de ansiedad, / tal como yo creabas mundos nuevos, / lindos como tus sueños, / y vivías en ellos, vivías soñando como yo”. Nunca Pessoa diría de sí mismo que “creaba mundos nuevos” ni calificaría de “lindos” a esos mundos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El análisis literario que de la poesía de Florbela ofrece José Carlos Fernández en las páginas finales de su estudio es de una candorosa ingenuidad. Se limita a elogiar ejemplos del uso de las distintas figuras literarias: “¿Podemos encontrar un quiasmo –o sea, una repetición en X en el seno de dos versos u oraciones— tan simple, tan bello, tan evocador, tan significativo y filosófico, como el que escribe Florbela en una postal dedicada a su cuñada Vitoria Moutinho al cumplir once años?”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero, a pesar de todo ello, este grueso volumen, tan lleno de buenas intenciones como manifiestamente mejorable, está lejos de carecer de interés. Si la segunda parte incluye su poesía completa, en edición bilingüe, la primera, dedicada a la biografía, consiste fundamentalmente en una selección de sus cartas y en una amplia muestra del diario que escribió durante el último año de su vida. Es la propia Florbela quien firma la mayoría de las páginas de este libro; de ahí su valor.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Florbela Espanca fue una mujer que no se resignó a cumplir el papel que en el primer tercio del siglo XX se reservaba a las mujeres: escandalizaron sus tres divorcios, sus intentos de llevar una vida independiente, la franqueza de su poesía erótica. Con frecuencia tuvo que resignarse a que corrigieran sus escritos: lo hicieron los primeros editores; lo hizo el último, el profesor italiano Guido Battelli, a pesar de que la admiraba y fue quien más contribuyó a la difusión de su obra. Una mujer entonces era siempre un menor de edad, al que había que guiar para impedir se despeñara por malos caminos. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Tuvo muchos amores Florbela (se enamoraba con facilidad y se desilusionaba con la misma rapidez), pero quizá sus dos únicos verdaderos amores fueron una mujer, Julia Alves, y Apeles Espanca, su hermano. Con Julia Alves, que era subdirectora de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Modas y bordados&lt;/i&gt;, la revista en la que publicó muchos de sus primeros poemas (y el título resulta bien significativo del público al que se destinaban), mantuvo una apasionada correspondencia durante varios años, pero nunca llegó a conocerla personalmente. Apeles Espanca murió, en accidente de aviación, a los treinta años. Antes había manifestado su intención de suicidarse. Florbela logró, al parecer, disuadirle: “Pero no ves tú, mi querido hijo, que es un crimen pensar en aniquilar todo lo que hay en ti de admirable, tu inteligencia, tu carácter, todo lo que hace de ti un ser aparte, un ser único en el mundo, porque tú tienes desde la belleza física hasta la moral, tú eres una criatura excepcional; y mira alrededor de ti, nunca nadie dejó de quererte nunca”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Apeles Espanca muere en 1927; el avión que pilotaba desaparece en el Tajo; no se encontraron sus restos. Tres años después, el día de su cumpleaños (“es el mejor regalo que puedo hacerme”, confiesa a algunas amigas, que piensan que habla en broma) se suicida. Lo prepara todo minuciosa, macabramente: incluso envía a Helana Calas, una amiga, dinero para que pueda pagar el billete y visitarla ese día. “Ven el sábado lo más tarde –le dice—porque el lunes hago años y el domingo tenemos que preparar los salones”. Aquella noche Florbela dijo que no quería dormir en la habitación del matrimonio, que prefería dormir en otro cuarto. Pide que no la despierten al día siguiente, que la dejen dormir. Murió en torno a las dos de la mañana, que era la hora en que había nacido 36 años antes. Debajo del colchón encontraron dos frascos vacíos de Veronal y en su mesita un vaso de leche. Sus últimas voluntades estaban en un cajón, debajo de su ropa interior. Pide que la entierren cubierta de flores, que deben llenar por completo el ataúd y que en él incluyan los fragmentos del avión en que se estrelló su hermano, que guardaba religiosamente. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Había publicado dos libros de sonetos, dejaba listo para la imprenta el más importante de los suyos, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Charneca em Flor&lt;/i&gt;, que apareció muy poco después, al cuidado del profesor Battelli. Moría la mujer, comenzaba el mito. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero ese mito no fue como el de Fernando Pessoa. Los críticos serios, los historiadores de la literatura, siempre miraron un poco por encima del hombro la obra confesional y apasionada de aquella poetisa de vida tan escandalosamente melodramática que no quiso limitarse al papel de aplicada colaboradora de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Modas y bordados &lt;/i&gt;y demás labores propias de su sexo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-7675783849759219168?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/7675783849759219168/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/06/el-caso-florbela.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/7675783849759219168'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/7675783849759219168'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/06/el-caso-florbela.html' title='El caso Florbela'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-uNzExJUtcwM/TgqUndBJ27I/AAAAAAAAAPo/HxuyvEoUlXY/s72-c/fe.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-4743240716570410430</id><published>2011-06-23T00:00:00.003+02:00</published><updated>2011-06-24T11:25:25.348+02:00</updated><title type='text'>Andrés Trapiello: De la vida retirada</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-ZAEpKIcTtY8/TgFFUXSW8jI/AAAAAAAAAOo/55cXfyAA82Q/s1600/portada.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="260" src="http://3.bp.blogspot.com/-ZAEpKIcTtY8/TgFFUXSW8jI/AAAAAAAAAOo/55cXfyAA82Q/s320/portada.jpg" width="150" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;b&gt;Andrés Trapiello.&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;Capricho extremeño&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Editora Regional de Extremadura. &lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Mérida, 2011.&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No siempre, por no decir casi nunca, la opinión de un autor sobre su obra resulta la más adecuada. Cree Andrés Trapiello que los miles de páginas de su &lt;i&gt;Salón de los pasos perdidos&lt;/i&gt;  —diecisiete tomos publicados hasta la fecha—  no deberían volver a publicarse de otro modo que como él los dispuso: “Cada libro tiene su orden y alterarlo extractando un fragmento es alterar el todo y, fatalmente, el fragmento”. &lt;i&gt;Capricho extremeño&lt;/i&gt;, la antología publicada por primera vez en 1999, y que ahora se reedita convertida en otro y el mismo libro constituiría una excepción. “Nunca antes ni nunca tampoco después” volverá a permitir algo semejante.&lt;br /&gt;Pero la literatura tiene sus propias leyes, con dificultad admite el modo imperativo. En &lt;i&gt;Salón de los pasos&lt;/i&gt; &lt;i&gt;perdidos&lt;/i&gt; hay una fabulosa colección de fragmentos, de muy desigual extensión –van desde las dos líneas hasta las casi cien páginas— que valen por sí mismos y que además presentan muy diversas valencias combinatorias. La estructura que les ha dado su autor —cada tomo se nos ofrece como el diario novelado de un año— es solo una de las posibles. Se pueden establecer otras combinaciones: las hagiografías de escritores amigos, las sarcásticas caricaturas de los rivales o de los amigos que han dejado de serlo, una colección de relatos de viaje, de visitas a las librerías de viejo… No faltan tampoco unas pungentes memorias de infancia y juventud ni unas minuciosas escenas de la vida conyugal. Fácil resulta profetizar que estos nuevos episodios nacionales y personales rara vez se reeditarán en su totalidad (aunque algunos ya se han reeditado en bolsillo), al contrario que los de Galdós, pero a cambio constituirán una cantera inagotable –como ocurre con la obra en prosa y verso de Juan Ramón Jiménez— de la que irán surgiendo nuevos títulos años tras año.&lt;br /&gt;Ordenadas de distinta manera las mismas páginas nos dicen cosas distintas. Es lo que ocurre con este &lt;i&gt;Capricho extremeño&lt;/i&gt;, que, en contra de lo que podrían sugerir título y prólogo, ni es un capricho de unos editores regionales ni tienen un interés meramente localista.&lt;br /&gt;Son páginas virgilianas, cercanas a menudo a la prosa poética, pero en las que no falta la precisa observación realista, a veces con una nota de negro humor, páginas que ningún escritor de hoy podría escribir sin que nos sonaran a artificioso pastiche.&lt;br /&gt;Durante los últimos treinta años Andrés Trapiello ha alternado la residencia en Madrid –paseos por el Rastro, opiniones contundentes sobre esto y aquello, sobre este y aquel, intrigas de la vida literaria—con las largas demoras en el Pago de San Clemente, situado cerca de Trujillo, donde posee "una casa vieja, un jardín y unos olivos". Allí ha querido llevar una vida de ilustrado propietario rural de otros tiempos (no muy distinta nos imaginamos que sería la de algunos contemporáneos de Horacio, Cervantes o Meléndez Valdés). &lt;br /&gt;Detrás de &lt;i&gt;Capricho extremeño&lt;/i&gt; se reconocen fácilmente los maestros. Uno de los más presentes es Miguel de Unamuno, el Unamuno de la intrahistoria y de las glosas de la vida familiar: “Observo a mis hijos, las horas muertas que se les vuelven siglos, el aburrimiento de buena parte de sus jornadas, y no puedo acordarme sino de aquellas horas mías muertas, y en cambio vivas ahora, resucitadas en ellos”. También están, claro, Azorín y el más cercano Muñoz Rojas de &lt;i&gt;Las cosas del campo&lt;/i&gt; (en el último tomo del diario se traza de él una memorable semblanza). Pero el conjunto no podía haberlo escrito más que Andrés Trapiello. Solo él es capaz de escribir con la misma pasión y fruición de una lagartija, del dulce de membrillo, de las ciruelas, de las interminables siestas del verano extremeño, de las noches estrelladas, del humo que asciende y se deshace: “Más hermoso que el propio fuego del hogar serán siempre las hilachas del humo saliendo de la chimenea, humo azulado en la mañana de otoño, humo dormido entre las ramas enfermas de los olmos viejos. Y si el fuego es presente, el humo es presente y pasado y, para el viajero que lo ve de lejos, quieto en el valle sobre las casas viejas, para él sobre todo, que camina hacia la aldea, es nada más que futuro: el hogar que espera”.&lt;br /&gt;Como en los diarios de otro tiempo, como en la vida rural, los cambios atmosféricos están muy presentes en unas páginas que, a veces, pocas veces, parecen un arcaizante ejercicio de estilo. El propio autor ironiza sobre ello. Pero la lluvia, la rara nieve, los días nublados, los días de sol, el prodigio del amanecer, los dilatados atardeceres aciertan a ser mostrados como lo que realmente son: milagros únicos, aunque infinitamente repetidos.&lt;br /&gt;Unas pocas historias ajenas, unos pocos personajes, se ofrecen como contrapunto: el antiguo soldado alemán que apareció un día por el colegio en que el autor estuvo internado, el dueño de un cine de Trujillo, el retorcido aldeano que se contrapone al tópico idealizador: “Yo no sé de dónde se habrán sacado eso de la sabiduría de los hombres del campo. Por uno sabio, se topa con cien brutos y desalmados. Por un juicioso, cien berrocales y borrachos”.&lt;br /&gt;No es, contra lo que pudiera parecer, &lt;i&gt;Capricho extremeño&lt;/i&gt; un libro menor hecho de retazos más o menos brillantes. No deberían perdérselo ni los aficionados al campo ni, sobre todo, los que lo detestan.&lt;br /&gt;Bastaría este título –y no es más que una gota en la desigual inmensidad de su obra— para otorgar a Andrés Trapiello un puesto singular en la historia de la literatura española. Debería permitir que más editores diligentes y buenos conocedores de su obra fueran extrayendo (y quizá limpiándolas de cierta ganga) las muchas obras ya impresas y sin embargo inéditas que se encuentran dispersas en ella.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-4743240716570410430?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/4743240716570410430/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/06/andres-trapiello-de-la-vida-retirada.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/4743240716570410430'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/4743240716570410430'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/06/andres-trapiello-de-la-vida-retirada.html' title='Andrés Trapiello: De la vida retirada'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-ZAEpKIcTtY8/TgFFUXSW8jI/AAAAAAAAAOo/55cXfyAA82Q/s72-c/portada.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-5691830492608354560</id><published>2011-06-16T00:40:00.001+02:00</published><updated>2011-06-16T00:41:42.596+02:00</updated><title type='text'>Luis Alberto de Cuenca: En la biblioteca de Babel</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-bcihJ8bFPLU/Tfk0XAhlPtI/AAAAAAAAAOc/UBGLDmzq9Rk/s1600/Libros+contra+el+aburrimiento.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://3.bp.blogspot.com/-bcihJ8bFPLU/Tfk0XAhlPtI/AAAAAAAAAOc/UBGLDmzq9Rk/s1600/Libros+contra+el+aburrimiento.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;Luis Alberto de Cuenca&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Libros contra el aburrimiento&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;Edición de Luis Miguel Suárez&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;Reino de Cordelia, Madrid, 2011&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;Hay dos modos de ejercer la crítica literaria. Clarín y Valera pueden ejemplificarlos. El primero era burlón y agresivo, no dejaba pasar una, sabía poner siempre a la mediocre pretenciosidad en su sitio, sin por eso dejar de subrayar la excelencia (Galdós encontró en él, desde el comienzo, a su mejor comentarista). Valera, en cambio, no perdía nunca sus buenas maneras de diplomático; los posibles reproches quedaban siempre envueltos en las volutas de su prosa educada y cordial; a menudo daba la impresión de que no acertaba a distinguir entre los versos ocasionales de cualquier dama de la alta sociedad y los poemas de Rosalía de Castro (a quien, por cierto, no incluyó en su florilegio de poetas del siglo XIX, en el que no falta condesa o marquesa que alguna vez pergeñara una estrofa).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Luis Alberto de Cuenca tiene poco de Clarín y mucho de Juan Valera, con quien comparte además el buen conocimiento de la cultura clásica. Le gusta escribir desde la cordialidad generosa; sus reseñas están llenas de abrazos, agradecimientos, detalles personales, anécdotas aparentemente prescindibles: “El otro día –así comienza una semblanza de poco más de treinta líneas sobre Carmen Jodra— fui a Barcelona, a &lt;st1:personname productid="la Universitat Pompeu" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Universitat" w:st="on"&gt;la Universitat&lt;/st1:personname&gt; Pompeu&lt;/st1:personname&gt; Fabra, invitado por José María Micó, que acaba de publicar una extraordinaria traducción castellana del &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Orlando furioso&lt;/i&gt;. Él no estaba, porque tenia que grabar un programa de televisión, y encargó a otro profesor de la casa, Eloy Fernández Porta, que me atendiese”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Si encuentra algo que reprochar al autor reseñado, se lo calla educadamente. No hace lo mismo cuando se trata de criticar la “miopía socialista” o la “intransigencia nacionalista” que –en su opinión— han llevado a nuestros estudiantes a “una brutal ignorancia en materia de Humanidades”; tampoco cuando el editor no respeta los modos eruditos habituales: “Lamentamos que una vez más las notas figuren al final del volumen y no a pie de página, que es donde deberían figurar”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En principio, nada puede parecer menos atractivo que un acrítico centón con todas esas breves reseñas que Luis Alberto de Cuenca ha ido publicando, desde hace varias décadas, en el suplemento cultural del &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Abc&lt;/i&gt;. Abrimos &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Libros contra el aburrimiento&lt;/i&gt;&amp;nbsp; —atinado título, sugestiva portada— llenos de prejuicios, pero leemos acá y allá y el entusiasmo con el que se nos habla de la nueva edición de un clásico o de un tebeo, de una obra maestra de la literatura o de una monografía erudita sobre un tema muy menor se nos acaba contagiando.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Libros contra el aburrimiento&lt;/i&gt; nos enseña a leer en simpatía, a no distinguir entre la llamada alta cultura y la cultura popular. Luis Alberto de Cuenca es un sabio, lo sabe todo de muchas cosas, pero eso no le impide glosar “a Mortadelo y Filemón, la pareja de hecho más justamente célebre de la historia del cómic patrio”, con el mismo entusiasmo que el dedicado a Dido y Eneas. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Misteriosamente, todo lo que nos sobraba en la lectura periodística de estos artículos (las referencias autobiográficas, el irse por las ramas curriculares, los minuciosos detalles bibliográficos) encuentra su sentido en las páginas de este nutrido volumen.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No solo se reúnen reseñas. Hay lugar también para las necrológicas y en ellas no faltan los curiosos apuntes autobiográficos: “Volvió luego a Galicia –se nos dice de Ramiro Fonte—, y allí le localicé allá por 2003 para que interviniera en el encargo que el presidente Aznar me hizo de poner letra al himno nacional. Al final fuimos cuatro poetas de diferentes regiones españolas –Ramiro, Jon Juarista, Abelardo Linares y el que suscribe— quienes acometimos y dimos fin a aquella empresa, pero fue Jon quien pergeñó la mayor parte de la versión definitiva”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La agrupación temática trata de poner orden en este fascinante maremagnum, que dice mucho de los plurales intereses del autor. “Oriente” nos habla, entre otras cosas, del cuento más antiguo del mundo, la mejor novela china y los fantasmas japoneses de Lafcadio Hearn; en “Religión y folklore” los héroes cristianos alternan con Caperucita, los mitos con Internet; dos secciones muy nutridas se dedican al mundo clásico y a &lt;st1:personname productid="la Edad Media" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Edad" w:st="on"&gt;la   Edad&lt;/st1:personname&gt; Media&lt;/st1:personname&gt;; siguen luego, en orden cronológico, los capítulos que van desde el Renacimiento hasta la época contemporánea. Tras hablar de los cómics y del cine, aún hay sitio para dos complementos: “Varia” y “En cursiva”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Dejando a un lado las opiniones políticas del autor (que no se cuida de disimular, pero que tampoco exhibe con excesiva frecuencia), lo más discutible del volumen son sus referencias a la literatura contemporánea. De &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Las moras agraces&lt;/i&gt;, el primer libro de Carmen Jodra, nos dice que “ha supuesto para su generación lo mismo que supuso para la mía &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Arde el mar&lt;/i&gt;, de Pedro Gimferrer, mi nunca bien ponderado maestro: una auténtica revolución estética”. Añade que hay un antes y un después de ese libro en la poesía española última, como puede percibir “cualquier lector sensato y sensible”. El artículo se fecha en 2005. Si dudosa resultaba tal afirmación entonces; equivocada sin ninguna duda resulta desde la perspectiva actual.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero bien mirado esas discrepancias no hacen sino añadir encanto a una miscelánea que es como una inagotable biblioteca de Babel. Abierto por cualquier página, nos encontramos con un ameno guía que con erudito entusiasmo nos sugiere la lectura de un libro. Aunque no siempre le hagamos caso, siempre es un placer escucharle.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-5691830492608354560?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/5691830492608354560/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/06/luis-alberto-de-cuenca-en-la-biblioteca.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/5691830492608354560'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/5691830492608354560'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/06/luis-alberto-de-cuenca-en-la-biblioteca.html' title='Luis Alberto de Cuenca: En la biblioteca de Babel'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-bcihJ8bFPLU/Tfk0XAhlPtI/AAAAAAAAAOc/UBGLDmzq9Rk/s72-c/Libros+contra+el+aburrimiento.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-1833854769240504960</id><published>2011-06-09T00:00:00.006+02:00</published><updated>2011-06-09T00:00:06.859+02:00</updated><title type='text'>Manuel Moyano: Todas las aventuras</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-ABrl6W1VtQU/Tev0H68gYvI/AAAAAAAAAOQ/VA88ysYzm6k/s1600/Teatro+de+ceniza.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="260" src="http://1.bp.blogspot.com/-ABrl6W1VtQU/Tev0H68gYvI/AAAAAAAAAOQ/VA88ysYzm6k/s320/Teatro+de+ceniza.jpg" width="160" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;Manuel Moyano&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Teatro de ceniza&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;Menoscuarto, Palencia, 2011&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Pocos géneros literarios se prestan tanto al fraude como el haiku y el microrrelato. Al igual que en el arte conceptual, el espectador tiene que poner tanto de su parte que acaban siendo, en buena medida, cuestión de fe. Aunque no harían falta ejemplos, yo copiaré algunos. De Lydia Davis, “una de las autoras más originales e influyentes de nuestro tiempo”, se acaban de publicar su &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Cuentos completos &lt;/i&gt;(Seix Barral). Son relatos que, según se nos dice, “ha sido celebrados por su agudeza moral, su ingenio formal y su habilidad para capturar una miríada de sensaciones”. Abrimos el volumen por cualquier página y esto es lo que encontramos: “Me preguntas por Edith Wharton. / Sí, me suena mucho el nombre”. Fin del cuento. El titulo: “Perdiendo la memoria”. Volvemos a probar suerte: “Es extraordinario –dice una de las mujeres. / Es extraordinario –dice la otra”. El título: “Se turnan para usar una palabra que les gusta”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Dora García —“artista sin obra” se ha definido alguna vez— representa a España en la bienal de Venecia. En el reciente número 1000 de un suplemento literario ofrece, como regalo manuscrito, uno de sus muchos relatos: “Un grupo de gente se encuentra en una sala de espera. Cada uno lleva en la solapa una etiqueta con su nombre y algunos datos sobre sí mismo. Pero algunas etiquetas mienten manifiestamente, como esa que cuelga de un hombre con bigote y que dice: Margarita, 14 años, estudiante”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Por eso es mayor la sorpresa cuando nos encontramos ante un libro como &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Teatro de cenizas&lt;/i&gt;, de Manuel Moyano. Solo muy rara vez alguna de sus cien piezas condesciende con la ocurrencia más o menos chistosa. El lector va de asombro en asombro. El comienzo del primer relato, “Ocaso de un imperio”, puede llevar a hacernos pensar en un aplicado discípulo de Borges: “Swift inventó el país de Liliput, poblado por hombres diminutos, y Tomás Moro la isla de Utopía, cuya capital es Amauroto. Yo también me dedico a inventar lugares imaginarios”. Y ciertamente a Manuel Moyano le gusta que le comparen con el maestro y por eso en ocasiones trata temas muy característicamente suyos, como ocurre en “Origen del mito”, otra vuelta al tema del Minotauro, no menos sorprendente que el borgiano “La casa de Asterión”, o en “El juego”, donde un hombre consigue la inmortalidad y abomina de ella. No teme ser comparado porque sabe –y no hay mayor elogio— que la mayoría de sus relatos pueden resistir sin desdoro esa comparación. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Todos los grandes temas de la literatura fantástica, de la literatura de terror, de la narrativa tradicional están aquí, reducidos pero no empequeñecidos, bien reconocibles pero con un toque distinto. No podían faltar las historias de “engaño-desengaño”, el juego con las expectativas del lector. En “El escapista” no tardamos en descubrir quién es el mago que le descubre sus trucos a uno de sus discípulos, sin que eso disminuya el efecto de la irreverente vuelta de tuerca.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A Manuel Moyano le gusta reescribir a su manera historias conocidas. La técnica de “Viaje a la semilla”, de Alejo Carpentier, vuelve a utilizarse en “La bala”, donde la que mató a Kennedy hace el camino inverso desde los Archivos Nacionales del FBI hasta el plomo líquido del que procede. “Chuang Tzu” reinterpreta la fábula, tan grata a Borges, del soñador y la mariposa. Otra variante, más llamativa, es “Despertar”, donde se elimina la duda y en contra de lo esperado el sueño es la gris realidad de todos los días. “Autobús”, aunque aparentemente más convencional, resulta igual de sorprendente.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;“Plenilunio” convierte la historia del terrible hombre lobo en la del desdichado lobo que se transforma en hombre las noches de luna llena. “El punto de vista” vuelve sobre las viejas fábulas y no necesita de moraleja para que el asno nos sirva de lección.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;En el prólogo, cordialmente ditirámbico, como todos los suyos, pero esta vez no hiperbólico, Luis Alberto de Cuenca subraya el acierto con que se titulan estos relatos. Uno de los más breves dice así: “Vació el bidón de arsénico en la planta potabilizadora que abastecía a toda la ciudad. Sabía que su mujer siempre bebía agua del grifo”. El título añade el contrapunto irónico: “Desproporción”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Si quisiéramos citar los logros de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Teatro de ceniza &lt;/i&gt;habría que copiar casi íntegro el índice. No podría, sin embargo, dejar de mencionar el impactante apunte costumbrista titulado “Depresión”, ni dejar de copiar íntegro “Singladura”, que es el último relato del libro y que le sirve de perfecto colofón: “A lo largo de ese día, el viajero recorre a pie las desoladas llanuras de la tundra, navega en una goleta sorteando gigantescos témpanos de hielo, bucea a pulmón entre silentes bosques de coral y de madrépora, se enfrenta a una horda de caníbales, asciende a la cumbre donde un ídolo de oro le dirá el porvenir, enamora a la hija de un rey, mata a un oso con el solo auxilio de una daga. Es tan solo al término de esa larga jornada, cuándo el viajero escucha cómo alguien le indica, en tono apremiante, que ya es hora de cerrar y que debe abandonar inmediatamente la biblioteca”.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,&amp;quot;serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; mso-ansi-language: ES; mso-bidi-language: AR-SA; mso-fareast-font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;; mso-fareast-language: ES;"&gt;También nosotros salimos de este libro prodigioso, al que estamos deseando volver, con la sensación de haber realizado un largo viaje en el que caben todas las aventuras, todos los estremecimientos y todos los deslumbramientos &lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;de la imaginación.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-1833854769240504960?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/1833854769240504960/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/06/manuel-moyano-todas-las-aventuras.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/1833854769240504960'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/1833854769240504960'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/06/manuel-moyano-todas-las-aventuras.html' title='Manuel Moyano: Todas las aventuras'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-ABrl6W1VtQU/Tev0H68gYvI/AAAAAAAAAOQ/VA88ysYzm6k/s72-c/Teatro+de+ceniza.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-4574761724717076442</id><published>2011-06-02T00:00:00.009+02:00</published><updated>2011-06-02T00:00:01.027+02:00</updated><title type='text'>Eduardo Zamacois: Una vida, cien novelas</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-m16CznXrfW4/TeT7whViIpI/AAAAAAAAAOE/V_wkDes0bUE/s1600/Un+hombre+que+se+va.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="250" src="http://3.bp.blogspot.com/-m16CznXrfW4/TeT7whViIpI/AAAAAAAAAOE/V_wkDes0bUE/s320/Un+hombre+que+se+va.jpg" width="140" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;b&gt;Eduardo Zamacois&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Un hombre que se va…&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Edición de Javier Barreiro y Bárbara Minesso&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Renacimiento, Sevilla, 2011&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay escritores a los que es dado asistir a su propia posteridad. Uno de ellos fue Eduardo Zamacois, célebre en las primeras décadas del siglo XX, olvidado después, y que tuvo una fugaz y casi milagrosa resurrección cuando estaba a punto de cumplir noventa años. Zamacois había fundado, en 1907, &lt;i&gt;El cuento semanal&lt;/i&gt;, publicación periódica, dedicada a la novela corta que sería largamente imitada y que serviría de revulsivo para la narrativa española. En 1957, medio siglo después, vivía en el exilio argentino de un modesto empleo burocrático (a los ochenta años había comenzado a trabajar por primera vez en algo no relacionado con la literatura); todos en España le daban por muerto. Su mujer –una de sus mujeres, siempre tuvo varias— quiso regalarle una enciclopedia y, al enterarse del precio, preguntó si a los escritores se les hacía algún descuento. “El diez por ciento”, dijo el librero. “¿A qué escritor se refiere usted?”. Ella dijo el nombre de Zamacois y el librero –que se apellidaba Miracle, milagro—, sorprendido, la llevó a su despacho para explicarle que, días antes, un librero de Barcelona le había escrito para pedirle que localizara a los herederos a fin de reeditar una de sus novelas, &lt;i&gt;Memorias de un vagón de ferrocarril&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;Hubo entonces un cierto revuelo periodístico a propósito de Zamacois. En 1967, Luis Ponce de León le invitó a volver a España. La carta en la que declina la invitación es un modelo de lucidez: “Yo leo entre líneas lo que dicen los periódicos de mi viaje, y hay en sus comentarios más compasión que aprecio. Es mi edad, antes que mi obra, la que estiman digna de glosarse. Hablan de mí como de un fenómeno biológico. Mis años les interesan más que mis libros”. Renunció por ello al viaje, aunque finalmente volvería en 1969 y se convertiría por un tiempo en escritor de moda. Pero interesaba más, como él suponía, el personaje que la obra.&lt;br /&gt;Y sigue interesando más el personaje. Por eso el libro suyo que se lee con más gusto son sus memorias, &lt;i&gt;Un hombre que se va…&lt;/i&gt;, a las que creyó poner punto final a los noventa años, pero a las que aún tuvo ocasión de añadir algún pasaje más cuando se reeditaron en 1969. Moriría dos años después. Había nacido en 1873, el año de la primera República,  y se mantuvo lúcido hasta el final.&lt;br /&gt;A Eduardo Zamacois le interesó el género memorialístico desde el principio. &lt;i&gt;De mi vida&lt;/i&gt;, la primera entrega, es de 1903. Le siguieron otros títulos, entre los que destaca &lt;i&gt;Años de miseria y de risa &lt;/i&gt;(1916), una de las más sugestivas evocaciones de la bohemia finisecular. Todas esas autobiografías parciales culminan en &lt;i&gt;Un hombre que se va…&lt;/i&gt;, que es un libro distinto y unitario, aunque a veces repita páginas anteriores.&lt;br /&gt;Un libro inagotable, como inagotable parecía la vida del autor. Hay en él una crónica fiel de la edad de plata, con retratos no retocados de algunos de los autores más ilustres. Esto es lo que nos cuenta de Rubén Darío, de quien un tiempo fue vecino: “El gran poeta abusaba del alcohol y no solía reintegrarse a su domicilio antes del amanecer. Compartía su hogar una mujer joven, de aspecto sencillo, ni fea ni bonita y metida en carnes, llamada Francisca Sánchez. Al par que de compañera actuaba de criada. Nunca se acostaba antes de que regresara su dueño, y cuando oía sus pasos vacilantes acudía a recibirle sin darle tiempo a llamar. Rubén llegaba siempre de mal humor, tenía el vino triste, cuando no agresivo, y a veces la golpeaba. Ella aguantaba el injusto castigo en silencio, pero en más de una ocasión la vimos, medio desnuda, con los cabellos revueltos y el afligido rostro bañado en lágrimas, huir a la calle y buscar refugio en la taberna de la señora Gala, establecida en el piso bajo de la casa”. Tiempo después se la volvería a encontrar casada con José Villacastín, editor y gran admirador de Rubén. La casa en la que vivían, en un pueblecito de Ávila (años después allí la encontraría Carmen Conde), era un verdadero museo del poeta: “Villacastín no se cansaba de hablar de él. Ella, no; ella le recordaba sin entusiasmo, sin cariño, y llegué a persuadirme de que la humildad con que en todo momento aceptó sus desafueros, obra fue de su nativa inclinación a obedecer, y no de amor al hombre, y menos de veneración al artista”.&lt;br /&gt;Hay también en &lt;i&gt;Un hombre que se va…&lt;/i&gt; una novela picaresca en la que el protagonista nos cuenta los mil y un engaños de los que se vale para escapar de la miseria. Sin rubor alguno refiere Zamacois de las trampas de las que se valió para burlar a sus acreedores. “Los lances turbios del camino” titula el subcapítulo en que nos narra su estafa a un hostelero de Berna.&lt;br /&gt;Las memorias de un émulo de Casanova encontramos igualmente en este libro. Eduardo Zamacois fue un seductor que nunca tuvo que hacer ningún esfuerzo para seducir a nadie. Se limitaba a dejarse querer, y –si hemos de hacerle caso— nunca faltaron mujeres que estaban dispuestas a dejarlo todo por seguirle o por solo una aventura de una noche. Él era incapaz de decir que no, y por eso, más de una vez, tuvo que resignarse a compartir su vida con varias parejas al mismo tiempo.&lt;br /&gt;Pero interesan más las páginas en que deja constancia del tiempo que le ha tocado vivir. Hace menos de un siglo, en los civilizados Estados Unidos, se hacía justicia de esta manera: “Una madrugada, el español Manuel Ugarte y otros amigos, me despertaron para invitarme a ver un linchamiento. Me vestí en un santiamén y les seguí. Se trataba de un negro que había atropellado a una joven blanca. El delincuente ya estaba preso, pero centenares de hombres y mujeres lo reclamaban, para destrozarlo, y se encaminaban a la cárcel precedidos y como al abrigo de un automóvil en que, pidiendo venganza a gritos, iba el padre de la víctima. Los policías, al ver acercarse la turba, hicieron ademán de disparar sus fusiles; mas no tiraron, y los asaltantes, que lo sabían, invadieron el recinto carcelario, de donde sacaron a rastras al negro. Cuando le ahorcaron, colgándole de un árbol, ya había muerto y su cadáver, destripado a puntapiés, era una masa gelatinosa, informe, rojinegra, cosida a puñaladas y a balazos. Poco después, su aparato genital lo exhibían, dentro de un frasco, en un lugar céntrico, y eran las mujeres, lujuriosas y crueles, como las Euménides de la fábula, las que lo miraban con mayor afán”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-4574761724717076442?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/4574761724717076442/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/06/eduardo-zamacois-una-vida-cien-novelas.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/4574761724717076442'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/4574761724717076442'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/06/eduardo-zamacois-una-vida-cien-novelas.html' title='Eduardo Zamacois: Una vida, cien novelas'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-m16CznXrfW4/TeT7whViIpI/AAAAAAAAAOE/V_wkDes0bUE/s72-c/Un+hombre+que+se+va.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-2559953636673418411</id><published>2011-05-26T00:00:00.001+02:00</published><updated>2011-05-26T00:00:00.792+02:00</updated><title type='text'>Un enigma llamado Luis Cernuda</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-xQHsdLErqCA/TduwnDoUn6I/AAAAAAAAAOA/ELiAZqRiUes/s1600/Luis+Cernuda.+A%25C3%25B1os+de+Exilio+%25281938-1963%2529.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="250" src="http://1.bp.blogspot.com/-xQHsdLErqCA/TduwnDoUn6I/AAAAAAAAAOA/ELiAZqRiUes/s320/Luis+Cernuda.+A%25C3%25B1os+de+Exilio+%25281938-1963%2529.jpg" width="150" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;b&gt;Antonio Rivero Taravillo&lt;br /&gt;&lt;i&gt; Luis Cernuda. Años de exilio (1938-1963)&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;Tusquets, Barcelona, 2011&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 15 de febrero de 1938, tras un largo viaje en tren, Luis Cernuda llega a París; no volverá a pisar tierra española. Así comienza el segundo tomo, Años de exilio, de la biografía que Antonio Rivero Taravillo le ha dedicado con un rigor y una minuciosidad poco frecuentes. Lo esencial de esa vida ya lo había contado el propio poeta en “Historial de un libro”; faltaban los últimos años, los de Desolación de la Quimera, y los pequeños detalles exactos.&lt;br /&gt;Quizá Cernuda, como el poeta menor del poema de Borges, hubiera preferido “ser la ceniza de que está hecho el olvido” al recuento de las “triviales miserias” que conforman su vida, cualquier vida. La suya no fue particularmente aventurera; esta biografía, por ello, no es para todos los públicos, sino solo para los lectores devotos del poeta. Que después de ella sigue siendo un enigma, como lo fue en vida para todos los que le conocieron.&lt;br /&gt;Curioso resulta que, de un autor que se ha convertido en icono homosexual, no se documente ninguna relación sexual. Gregorio Prieto, amigo suyo aunque de carácter completamente opuesto, habló de que parecía haber hecho voto de castidad; sus palabras fueron tomadas a broma, pero nada en esta biografía las desmiente.&lt;br /&gt;El capítulo más ejemplar al respecto, también el más conmovedor, es el que cuenta su relación con Salvador Alighieri, el joven mejicano que inspiró los “Poemas para un cuerpo”, el menos carnal y sensual de los cancioneros amorosos, a pesar de su título. Luis Cernuda, de cincuenta años, conoció a Salvador, que entonces tenía veinte, en un gimnasio. El poeta hacía ejercicios ligeros para mantenerse en forma; el joven entrenaba todos los días para participar en concursos de culturismo. Luis Cernuda –por su edad y por ser español— fue objeto de algunas bromas y Salvador salió en su defensa. Medio siglo después, cuando le localizaron los biógrafos del poeta, ha recordado la historia de aquella amistad: “Los compañeros del gimnasio se burlaban luego de mí. Me decían ya llegó tu tío o no está tu tío. Cuál tío, es mi amigo, les replicaba yo. Lo hacían nada más que por molestarme. Pronto nos hicimos muy amigos. Luis me regañaba y aconsejaba como si fuera un padre. Íbamos a un café, el Night and Day, y ahí insistía en que no fuera tan loco, que me dejara de aventuras y respetara a mi mujer, porque yo, aunque muy joven entonces, ya estaba casado y tenía un hijo. También le visitaba a veces, primero en el hotel en que vivía, luego en su piso. Yo me ponía a hacer flexiones en la alfombra, mientras él me miraba, fumaba en pipa y hacía apuntes. Nunca leí nada de lo que escribía, ni le pedí que me lo leyera. Fui un tonto, pero creí que era una falta de educación ver lo que estaba haciendo. A veces, cuando yo estaba allí, llegaban algunos amigos suyos escritores. Tomaban copas, pero él apenas bebía. Yo quedaba fuera de la conversación, no podía yo meter mi cuchara para opinar porque eran personas muy inteligentes para mí. Luis hacía huevos muy ricos, una torta de huevos y le ponía un poco de leche a los huevos. La hacía para que cenáramos los dos. Ya después, con la confianza que me daba, yo me metía en la cocina y hacía algo. A veces él venía a mi casa. Muchas veces él y yo fuimos a la biblioteca de Benjamín Franklin a sacar libros para estudiar, para sacar lo de química; él me acompañaba y en su casa estudié mucho mientras él escribía, a veces hasta dos horas. También fuimos juntos a la playa. Me decía: Tengo vacaciones y me quiero ir al mar, ¿vienes conmigo? Íbamos a Acapulco, a un hotel frente a la playa de la Roqueta. Mientras yo nadaba en la playa o en la piscina, él solía fumar en pipa y escribir. Le gustaba mucho fumar una pipa. Debo decir que me ayudaba no solo moral sino económicamente; una vez me dijo con su acento andaluz: Hombre, Salvaor, no tienes zapatos, te voy a comprar unos. Yo participaba en competiciones de culturismo, y gané varias. En una me nombraron Míster Espalda, y él se reía y me decía, hombre, la mejor espada de México porque se habían equivocado en la revista y le había faltado la ele, y me vacilaba, y me tomaba el pelo. Íbamos al cine, al Olimpia, y cenábamos luego en un restaurante cercano, el Danubio. A mí me daba algo de vergüenza porque siempre pagaba él. Yo desaparecía a menudo sin avisar y luego él me regañaba: ¡Ay, Salvaor, tienes culo de mal asiento! Lo que hubo entre nosotros fue una gran amistad, algún abrazo, algún beso en la mejilla. Él no era amanerado, era un señor. Me ayudó bastante, la verdad. No he vuelto a tener un amigo como él, esos amigos se tienen una sola vez en la vida, y hoy le extraño mucho”.&lt;br /&gt;En 1956, Salvador Alighieri decidió irse sin avisar a Estados Unidos y desapareció para siempre de la vida del poeta. ¿Para siempre? Años después, tras una visita solitaria a la playa de la Roqueta, escribió: “En la hora de la muerte / (si puede el hombre para ella / hacer presagios, cálculos), / tu imagen a mi lado / acaso me sonría como hoy me ha sonreído, / iluminando este existir oscuro y apartado / con el amor, única luz del mundo”. &lt;br /&gt;A propósito de Luis de Baviera, en el poema a él dedicado, afirma Cernuda: “Las sombras de sus sueños eran para él la verdad de la vida”. Hablaba, como siempre en La realidad y el deseo, de sí mismo, sin dejar por eso de hablar de cada uno de nosotros. El amor, única luz del mundo, puede existir el amado ni siquiera llegue a enterarse: “Tu presencia / y mi amor. Eso basta”.&lt;br /&gt;Antonio Rivero Taravillo, a propósito de ciertos comentarios vagamente antisemitas, declara que no ha pretendido escribir una hagiografía de Cernuda. No lo ha hecho. Nos lo presenta con todas sus sombras y todo su esquinado carácter. No era simpático Cernuda, lo sabíamos bien, pero no por eso, como esta biografía demuestra cumplidamente, su ascética vida al servicio de la poesía resulta menos ejemplar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-2559953636673418411?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/2559953636673418411/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/05/un-enigma-llamado-luis-cernuda.html#comment-form' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/2559953636673418411'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/2559953636673418411'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/05/un-enigma-llamado-luis-cernuda.html' title='Un enigma llamado Luis Cernuda'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-xQHsdLErqCA/TduwnDoUn6I/AAAAAAAAAOA/ELiAZqRiUes/s72-c/Luis+Cernuda.+A%25C3%25B1os+de+Exilio+%25281938-1963%2529.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-1130296196835298736</id><published>2011-05-19T00:00:00.012+02:00</published><updated>2011-05-21T21:25:34.775+02:00</updated><title type='text'>Rodrigo Olay: Más es más</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-Ss6tLMhYKCw/TdKS69J6dDI/AAAAAAAAANk/PqAsNFpojGQ/s1600/olay.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="270" src="http://4.bp.blogspot.com/-Ss6tLMhYKCw/TdKS69J6dDI/AAAAAAAAANk/PqAsNFpojGQ/s320/olay.jpg" width="170" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;b&gt;Rodrigo Olay&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;b&gt;Cerrar los ojos para verte&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Premio Asturias Joven de Poesía&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Editorial Universos, Mieres, 2011&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Pocas veces al buen lector de poesía le habrá sorprendido tanto un primer libro como &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Cerrar los ojos para verte&lt;/i&gt;, de Rodrigo Olay. Aparece cuando el autor tiene veintidós años, comenzó a escribirse cuando tenía dieciséis, y no hay en él nada del desbordamiento sentimental, de la nebulosa rebeldía, de los tropezones con la sintaxis y la sindéresis, de la ingenua y torpe gracia que esperaríamos en un poeta de esa edad. Tampoco encontramos ningún involuntario mimetismo, ningún dejarse llevar por una voz ajena, aunque al lector apresurado le pueda parecer lo contrario, ya que pocos textos no sirven de pretexto para un deliberado homenaje.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Comienza y termina el libro con un ejercicio erudito que aúna erudición y buen humor. El prólogo lo firma un apócrifo Gonzalo de Berceo y está escrito en la monorrima cuaderna vía y en un remedo del castellano medieval. Ya el adolescente Rubén Darío hizo algo semejante parafraseando la historia de la poesía española desde sus arcaicos balbuceos. Y Rubén Darío (también Baudelaire) no deja de estar presente en este poema circunstancial que ya sirve para marcar distancias con cualquier otro principiante.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;El epílogo, “Appendix probi”, podría haberlo escrito un Jorge Luis Borges que hubiera leído a Víctor Botas y fuera un buen conocedor de la poesía española contemporánea. Hacen falta muchas lecturas para desentrañar todas las claves de la bibliografía, una pieza satírica que no habría desentonado en las crónicas de Bustos Domecq. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;De las muchas y bien asimiladas lecturas de Rodrigo Olay no nos queda ninguna duda: aquí están Antonio Machado (en el comienzo de “Constantes vitales” y en el soneto a él dedicado), Víctor Botas (“Historia antigua”), Gil de Biedma (“¿Existe una razón para volver?”, “Canción de aniversario”, “Según sentencia el tiempo”), Javier Almuzara (“Por la secreta escala”, “L’amour de loin”), Vicente Gaos (“porque si Dios no existe, existes tú”, escribe Olay; “existe al menos tú, si Dios no existe”, Gaos), Omar Jayyam (“Amor que no devasta no es amor”), Lope de Vega (“Cuando es amor, quien lo probó lo sabe”), Juan Manuel Bonet (“La patria oscura”), Borges (“A un poeta menor de &lt;st1:metricconverter productid="1989”" w:st="on"&gt;1989”&lt;/st1:metricconverter&gt; y un poco, acá y allá, por todas partes), Kipling (“Soldado cobarde”), Miguel d’Ors (“Fatvm”)… Cito solo, al pasar de las páginas, las referencias más evidentes. En unos pocos casos se explicitan en el título: “Apostilla a un haiku de Aurora Luque”, “Con Pedro Salinas, contra Santa Teresa”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;El lector apresurado, ya lo dije antes, podría pensar que nos encontramos solo ante un brillante ejercicio escolar. Si fuera así, no sería poco. Resulta escasamente habitual que el poeta que comienza a dejar de ser inédito demuestre que conoce&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;bien su oficio, que ha hecho los deberes. Rodrigo Olay no ignora los secretos de la métrica, jamás se le escapa un verso mal medido o un acento fuera de sitio (aunque en algún caso quiera aparecer cuidadosamente despeinado).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Pero la sorpresa mayor que nos ofrece &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Cerrar los ojos para verte&lt;/i&gt; es encontrarnos con un puñado de poemas sabios y verdaderos, que nos asombrarían y conmoverían igualmente aunque no supiéramos la edad de su autor. Son poemas que podrían figurar en cualquier antología de la poesía española actual, y que sin duda están destinados a permanecer en las antologías.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;En algunos casos se trata de textos breves, como algunos de los haikus y cantares o, muy especialmente, los epitafios de “Según sentencia del tiempo”. El modelo es menos &lt;st1:personname productid="la Antología" w:st="on"&gt;la  &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Antología&lt;/i&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt; palatina &lt;/i&gt;(aunque también) que Kipling y Borges. No desmerece, junto a sus maestros, la memorable concisión emocionada de más de unos de estos epigramas.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Si en “El manco” tantea Olay la técnica de engaño-desengaño estudiada por Bousoño en su &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Teoría de la expresión poética &lt;/i&gt;(el poema nos hace creer que nos habla de Cervantes hasta que el último verso nos descubre que se trata de un personaje de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;La guerra de las galaxias&lt;/i&gt;), en el poema “Operación triunfo” la lleva a la perfección. Todo el poema parece que nos cuenta el auge y caída de una estrella del rock. Acá y allá se van dejando algunas pistas (“empeñado en cargar su cruz a cuestas”), pero solo el último verso (más la palabra final del penúltimo) nos desvelará quién habla y de quién habla. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Otros poemas que merecen subrayarse: “La verdad en el arte es la belleza” (“Pero no acostumbrarme, pero nunca / olvidar el milagro”); “El retrato”, soneto alejandrino (“Una sombra se escurre sobre aceras mojadas…”); “Fatvm”, sobre lo que habría ocurrido “si Aquiles no se hubiera ido a la guerra”; algunos de los poemas de amor…&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;La mayoría de los primeros libros, incluso cuando no se trata de un prematuro borrador, valen más que por ellos mismos por lo que permiten intuir de lo que el autor podrá llegar a ser. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Cerrar los ojos para verte &lt;/i&gt;nos asombra por lo que su autor ya es.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-1130296196835298736?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/1130296196835298736/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/05/rodrigo-olay-mas-es-mas.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/1130296196835298736'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/1130296196835298736'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/05/rodrigo-olay-mas-es-mas.html' title='Rodrigo Olay: Más es más'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-Ss6tLMhYKCw/TdKS69J6dDI/AAAAAAAAANk/PqAsNFpojGQ/s72-c/olay.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-2642374830970433038</id><published>2011-05-12T16:00:00.000+02:00</published><updated>2011-05-13T22:41:17.410+02:00</updated><title type='text'>Menú degustación</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-6xyJbc5bPRs/TcvoN94d2vI/AAAAAAAAANg/-439JVL-YfI/s1600/men%25C3%25BA%252Bdegu...JPG" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="270" src="http://4.bp.blogspot.com/-6xyJbc5bPRs/TcvoN94d2vI/AAAAAAAAANg/-439JVL-YfI/s320/men%25C3%25BA%252Bdegu...JPG" width="170" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;De Manuel Ciges Aparicio, uno de los olvidados del 98, reedita Renacimiento &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Del periodismo y la política &lt;/i&gt;(1907), autobiografía y sátira que tiene la amenidad de una novela picaresca. El prologuista, José Esteban, cita en nota una nota del &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Laberinto español, &lt;/i&gt;de Gerald Brenan, que cuenta un secreto cuya revelación le valdría a Ciges Aparicio ser fusilado en 1936, nada más comenzar la guerra civil: “La única baja entre los oficiales en una corta campaña de 1893 fue el comandante en jefe general Margallo. Se le dio por muerto en acción de guerra. En realidad fue abatido de un tiro por el joven teniente Miguel Primo de Rivera, el mismo que más tarde se convertiría en dictador, indignado por el hecho de que los fusiles con que los moros estaban matando a los españoles hubiesen sido vendidos ocultamente por el general”. Quienes hablan de la decadencia del periodismo y del descrédito de la política, no deben perderse este viaje en el tiempo a la realidad española de hace un siglo. Hay cosas que nunca cambian, pero las que han cambiado no parece que –al contrario de lo que piensan apocalípticos y agoreros— lo hayan hecho siempre para peor. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Con el título de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;El pájaro y la flor &lt;/i&gt;(Alianza), Carlos Rubio compendia, en poco más de un centenar de páginas, mil quinientos años de poesía clásica japonesa. Ha escogido los poemas con los que se identifica más, pero no ha querido hacer una recreación personal, ofrecernos una versión que pudiera leerse como un poema español. “Me he esforzado –nos dice— por mantener las brumas y los silencios del original”. El resultado resulta un tanto duro a veces, pero a poco que el lector ponga algo de su parte no tardará en llegarle la magia de esta poesía milenaria, que no han logrado banalizar los miles de aficionados al haiku: “Flotando como / desvanecida espuma / paso los días, / sin rumbo, sin apoyo, / a la deriva”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;El creador es el mejor crítico, se ha dicho más de una vez. Y aunque no siempre es así siempre resulta ilustrativo escuchar a un gran escritor hablar de su trabajo. Es lo que hace Edith Wharton en &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Escribir ficción &lt;/i&gt;(Páginas de Espuma), aunque no se refiera expresamente a sus novelas. Son páginas escritas a mitad de los años veinte y en ellas subraya los dos riesgos de la narrativa del momento: el recelo hacia la técnica y el temor a no ser original. Heredera de los grandes novelistas del XIX, considera que “la verosimilitud es la verdad del arte”, que la novela debe dar una ilusión de vida: “Cualquier convencionalismo que dificulte la ilusión está en el lugar equivocado. Y pocos la dificultan más que ese descuidado hábito que tienen algunos novelistas de salir y entrar a trompicones de la mente de los personajes, para retirarse luego a escrutarles desde fuera como si fueran quienes manejan los hilos de las marionetas del teatrillo”. Su maestro, Henry James, “buscó el efecto de verosimilitud ajustando rigurosamente todos los detalles de su retrato al tamaño y a la capacidad del ojo que los miraba”. Algo ingenuas parecen, vistas desde hoy, algunas de las afirmaciones de Edith Wharton. Pero solo lo parecen. Detrás de ellas está menos el teórico que el artesano que conoce bien su oficio.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Una cita de Rudyard Kipling le sirve a Mathias Enard, novelista francés de 1972 que ha sido profesor de árabe en Barcelona, para titular su último libro &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Habladles de batallas, de reyes y elefantes &lt;/i&gt;(Mondadori). La cita dice así: “Ya que son como niños, habladles de batallas y reyes, de caballos, de diablos, de elefantes y de ángeles, pero no dejéis de hablarles de amor y de cosas semejantes”. Miguel Ángel, enfadado con el papa Julio II, que le adeuda grandes cantidades de dinero, abandona Roma. En Florencia recibe una invitación del sultán Bayaceto. Quiere que vaya a Constantinopla para construir un gran puente sobre el Cuerno de Oro. Leonardo da Vinci ha fracasado en el mismo proyecto. Mathias Enard no convierte el relato de la estancia de Miguel Ángel en Constantinopla (la invitación fue real, el viaje es una ficción verosímil) en una minuciosa novela histórica. Prefiere el fragmentario minimalismo que no desdeña el apunte ensayístico ni el poema en prosa. La anécdota narrativa es un pretexto para ofrecernos una teoría de la ficción como forma de seducción: “Sé que los hombres son niños que ahuyentan su desesperanza con la cólera, su miedo con el amor. Se aferran a los relatos, los ponen por delante como estandartes; cada uno hace suya una historia para inscribirse en la multitud que la comparte. Se los conquista hablándoles de batallas, de reyes, de elefantes y de seres maravillosos; contándoles la bondad que habrá más allá de la muerte, la intensa luz que presidió su nacimiento, los ángeles que lo acompañan, los demonios que lo amenazan, y el amor, el amor, esa promesa de olvido y de saciedad. Habladles de todo eso, y os amarán; harán de ti el igual de un dios”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;La reedición, con alguna supresión y varias adiciones, del &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Diccionario de las artes &lt;/i&gt;(Debate), de Féliz de Azúa, ofrece un buen pretexto para acercarse de nuevo a una obra inagotable, tan deslumbrante como irritante. Aunque la forma sea la de un diccionario, su intención no es la de recopilar con afán divulgativo lo que hoy se sabe sobre las diferentes actividades artísticas, sino la de exponer una tesis sobre “la muerte del Arte” que lo convierte no en un suceso fúnebre, sino en todo lo contrario, “ya que libera mútiples actividades espectaculares, estúpidas, juguetonas, políticas, sorprendentes, creadoras, cretinas, prentenciosas, ingeniosas, insignificantes, profundas, conmovedoras, grandiosas, miméticas, imbéciles, sublimes, aburridas, comerciales, curiosas, triviales o sensacionales”, actividades que siguen produciendo aquellos que se dedican a las artes.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Los escritores muy célebres en vida, suelen entrar en un más o menos largo purgatorio de silencio y olvido tras su desaparición, antes de convertirse en clásicos o de quedar arrumbados para siempre. No ha sido ese el caso de Borges. Un cuarto de siglo después de su muerte en Ginebra, ni su prosa ni su verso ha perdido nada de su capacidad de asombro y deslumbramiento. Una nueva edición de su &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Poesía completa &lt;/i&gt;(Lumen), quizá la más atractiva tipográficamente de las publicadas hasta la fecha, nos permite volver a poemas que podemos leer con los ojos cerrados porque resuenan desde hace años en la memoria: “Si para todo hay término y hay tasa / y última vez y nunca más y olvido / ¿quién nos dirá de quién, en esta casa, / sin saberlo nos hemos despedido?”. Y junto a ellos tantos otros que increíblemente hemos olvidado y que descubrimos de pronto, al azar de las limpias páginas, como inéditas revelaciones.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-2642374830970433038?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/2642374830970433038/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/05/menu-degustacion.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/2642374830970433038'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/2642374830970433038'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/05/menu-degustacion.html' title='Menú degustación'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-6xyJbc5bPRs/TcvoN94d2vI/AAAAAAAAANg/-439JVL-YfI/s72-c/men%25C3%25BA%252Bdegu...JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-4894924842092149722</id><published>2011-05-05T00:00:00.005+02:00</published><updated>2011-05-05T00:00:06.096+02:00</updated><title type='text'>Antón García: Memoria de la lengua, lengua de la memoria</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-WHMa8pP253k/TcAChTsY9LI/AAAAAAAAANU/ZBEtObzmIkQ/s1600/La+mirada+aliella.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="260" src="http://2.bp.blogspot.com/-WHMa8pP253k/TcAChTsY9LI/AAAAAAAAANU/ZBEtObzmIkQ/s320/La+mirada+aliella.jpg" width="160" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;b&gt;Antón García&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;La mirada aliella / La mirada atenta&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Antología 1983-2006&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Trea, Gijón, 2011&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Introducción de Araceli Iravedra&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;En la historia de la literatura asturiana tiene un sitio cierto Antón García; fue el primero –o uno de los primeros— en limpiarla de folklorismo y servilismo regionalista, y es uno de sus mejores estudiosos. Ahora que nos presenta una amplia selección bilingüe de su poesía, en versión del castellana del propio autor, es el momento de comprobar hasta qué punto ese lugar en la crónica reciente del resurgimiento astur se corresponde con un real interés poético.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;No me parece a mí que lo tenga del todo &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Estoiru (Estuche)&lt;/i&gt;, su primer libro, un curioso ejercicio lingüístico a la manera de Eugénio de Andrade, pero sin que la sucesión de metáforas, a veces un tanto intercambiables, sobre palabras cotidianas –hoja, viento, luna, vidrio— se acerque a su música ni su magia. Nadie antes había escrito poesía en asturiano sin anécdota, sin costumbrismo y sin sentimentalismo. Gran mérito fue ese en su momento, pero no suficiente para atraer hoy la atención del borgiano lector hedónico.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Muy distinto es lo que ocurre con &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Los díes repetíos&lt;/i&gt;, que puede figurar sin desdoro entre las obras más significativas publicadas en cualquiera de las lenguas peninsulares en la década de los ochenta. Los maestros de Antón García en ese libro son los de los poetas jóvenes de entonces: Gabriel Ferrater, que le da título, Juan Luis Panero, Fernando Pessoa. Se trata de una obra muy generacional (“Generación” se titula precisamente uno de los poemas), pero en absoluto intercambiable. Antón García encuentra un tono propio de ensimismada melancolía. El escenario de muchos de estos poemas es un café provinciano desde el que ver pasar la vida o añorar un amor que sin duda sucede en el pasado, aunque sea un amor presente.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Tras ese libro ejemplar y excepcional entra Antón García en un largo período de silencio. Casi veinte años transcurren antes de que complete un nuevo libro, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Tierra adientro&lt;/i&gt;, aunque parcialmente se anticipara antes. No es una obra unitaria; se nota que, tras el logro de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Los díes repetíos&lt;/i&gt;, el autor ha tanteado diversos caminos sin acabar de decidirse por ninguno. En &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Tierra adientro &lt;/i&gt;hay espléndidos poemas –el dedicado al suicidio de Pavese, por ejemplo— que podían figurar en el libro anterior y también algún que otro ejercicio circunstancial o demasiado volcado hacia el sentimentalismo, como las dos canciones reunidas bajo el título de “Nadie lo sabe”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Lo más característico de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Tierra adientro&lt;/i&gt; es el componente reivindicativo y el autobiográfico. Se homenajea a Fernán-Coronas (el poeta en asturiano que marcó el camino a seguir) y a un “probe de pidir” que entre sus escasas posesiones guarda “unes cuantes palabres asturianes” que los demás han olvidado: “Los animales del monte son l’osu, / la fuina, l’esquil ya la muniella, / el xabaril, el faisán ya’l melandru, / el rizcayeiru, el llobu, la rapiega…”&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Los versos que cierran el libro, y esta antología, no pueden resultar más significativos: “Asina ye la vida del mio pueblu, / la historia d’esta tierra, / esta llingua: / xunto a una casa derrotada / palabres como piedra, / montones de palabres / que son nada”. Pero la anécdota que sirve de pretexto para esa conclusión resulta inconsistente: un caminante pregunta por un dolmen a una mujer muy vieja que está a la puerta de su casa; ella le señala el camino, y luego añade que ni es un dolmen ni es nada, “namás piedras unas enriba d’outras”. No resulta verosímil que sepa lo que es un dolmen y luego diga que el que está cerca de donde ella vive “ni es dolmen ni es nada”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Algunos de los más ambiciosos poemas de Antón García están en &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Tierra adientro&lt;/i&gt;, como el titulado “Casa”, demorada evocación de la casa de la infancia y de un mundo perdido para siempre, o “El último busgosu”, una incursión en el ámbito de la mitología asturiana.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Bien conocida ya entre quienes leen en asturiano, esta edición bilingüe de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;La mirada aliella&lt;/i&gt;, pretende difundir la poesía de Antón García entre los lectores de lengua española. Conviene, por ello, hacer alguna advertencia. Aunque la traducción es del propio autor, y no ha desdeñado buscar alguna ayuda que se indica en la nota final, resulta quizá discutible en ciertos puntos. Parece buscar menos la fidelidad que la corrección métrica. Algún cambio resulta especialmente llamativo. En el poema titulado “Del to llugar” leemos: “Florecen les vegues: prende la lluna / el candil de la escarcha y a esperar / qu’amanezca la xelada se tiende”. La versión castellana dice así: “Se iluminan las vegas; la luna abre / el cajón de la escarcha y el cristal / de la helada se acuesta, espera el alba”. ¿Abrir un cajón se dice en asturiano “prender el candil”? Primera noticia. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Podríamos seguir citando ejemplos: “Mañana, / si quier, que vuelva l’olvidu besame”, termina el poema “Café”. El autor, para mantener las dos sílabas y conservar el endecasílabo, traduce “si quier” por “tal vez” y, aparte de empeorar el verso, al mantener la forma verbal incurre en una inconsecuencia gramatical: “Mañana, / tal vez, que vuelva el olvido a besarme” (debería decir “mañana, tal vez, volverá el olvido a besarme”).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Una versión más literal a menudo mejora el poema. En “Cutariellu” leemos: “Xuntos sentiemos l’inquietu enredar / de los nenos, el ruxir de la yerba / onde una culuebra que s’esguilaba / texía ente nós l’amor d’estos versos”. El poeta traduce: “Juntos oíamos el jugar inquieto / de los niños, un rumor en la hierba / cuando una culebra que se arrastraba / iba tramando el amor de estos versos”. Una versión menos “peinada”, pero más ajustada al original diría así: “Juntos sentíamos el inquieto enredar / de los niños, el rumor de la hierba / donde una culebra que se deslizaba / tejía entre nosotros el amor de estos versos”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Aunque sea obra del mismo autor y a menudo dé la impresión de pretender tener valor autónomo, resulta preferible considerar la versión castellana como una simple ayuda para acercarse al original, algo no demasiado difícil para cualquier lector de lengua española. Comprobará así que, al margen de su importancia en la historia de la literatura asturiana (hasta ahora el pariente pobre de las literaturas peninsulares), Antón García es un poeta verdadero que puede tener la certeza, como afirma en el poema “De parte tarde”, de que algunos de sus versos han de seguir resonando “mientras dalguién aliende / y hebia lluz nunos güeyos”. Y se le seguirá leyendo, aparte de en siempre imperfectas traducciones, “nesta llingua na que t’escribe y ama”.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-4894924842092149722?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/4894924842092149722/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/05/anton-garcia-memoria-de-la-lengua.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/4894924842092149722'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/4894924842092149722'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/05/anton-garcia-memoria-de-la-lengua.html' title='Antón García: Memoria de la lengua, lengua de la memoria'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-WHMa8pP253k/TcAChTsY9LI/AAAAAAAAANU/ZBEtObzmIkQ/s72-c/La+mirada+aliella.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-8113942597375202479</id><published>2011-04-28T00:00:00.004+02:00</published><updated>2011-04-28T00:00:02.141+02:00</updated><title type='text'>Susan Sontag: Despeinada intimidad</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-AJqT_1oNyFE/TbhYUJZfWCI/AAAAAAAAANI/Ui-PKohQ5gw/s1600/sontag.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="270" src="http://3.bp.blogspot.com/-AJqT_1oNyFE/TbhYUJZfWCI/AAAAAAAAANI/Ui-PKohQ5gw/s320/sontag.jpg" width="170" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;b&gt;Susan Sontag&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Renacida. Diarios tempranos, 1947-1964&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Mondadori, Barcelona, 2011&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;b&gt;Edición de David Rieff&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Susan Sontag, toda voluntad e inteligencia, había vencido más de una vez una enfermedad considerada mortal, y estaba convencida de que iba a vencer también el que sería el último envite; por eso no se preocupó de dejar instrucciones sobre sus escritos inéditos, especialmente el diario que había llevado regularmente desde su adolescencia. Parece seguro que no le habría gustado ver publicadas esas páginas, en las que tanta importancia tienen las intimidades sexuales. Pero no las destruyó, sino que las vendió a &lt;st1:personname productid="la Universidad" w:st="on"&gt;la Universidad&lt;/st1:personname&gt; de California en Los Ángeles y en el contrato no había ninguna cláusula que prohibiera su consulta a estudiosos o simples curiosos. Por eso su hijo ha decidido publicarlas antes de que sirvan de base a biografías más o menos escandalosas.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;La sexualidad –el descubrimiento y la aceptación de su homosexualidad, sobre todo— está muy presente en este primer tomo del diario, que abarca desde los dieciséis años hasta que, ya bien cumplidos los treinta, publica su primera novela, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;El benefactor&lt;/i&gt;, pero no es lo más importante, aunque sí lo que más molestaría a su autora, que nunca quiso referirse en público a su orientación sexual.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;La primera anotación enumera las cosas en las que cree: “que no hay un dios personal o vida después de la muerte”, “que lo más deseable en el mundo es la libertad de ser uno mismo, es decir, la honradez”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Susan Sontag siempre fue fiel a sí misma, jamás flaqueó en el empeño de ser quien creía que debía ser. Desde muy joven hizo suyas las palabras de Plotino en las &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Eneadas: &lt;/i&gt;“Adéntrate en ti mismo y mira. Y si todavía no te encuentras hermoso, actúa como el creador de una estatua que debe hacerse hermosa: corta aquí, cincela allá, suaviza en otro lado, hace esta línea más ligera y la otra más pura, hasta que nace un rostro hermoso de su obra. Haz tú lo mismo: corta todo lo que es excesivo, endereza todo lo que está torcido, ilumina todo lo que está encapotado, trabaja para que todo se convierta en brillo de hermosura y nunca dejes de cincelar tu estatua hasta que dentro de ti surja luminoso el esplendor de la virtud que es semejante a los dioses, hasta que veas la bondad perfecta en el templo, sin mácula”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Hizo suya esas palabras, pero ella buscaba menos la bondad que la inteligencia. “Mejor ser resuelta, obstinada, que cortés, complaciente, deferente con las preferencias de otra persona”, escribió. Fue dura con los demás, pero nunca tanto como consigo misma. En el prólogo, David Rieff escribe: “En este diario el arte es visto como una cuestión de vida o muerte, donde se da por supuesto que la ironía es un vicio, no una virtud, y en el que la seriedad es un bien superior”. Quien nunca se permitió mostrar ninguna flaqueza en su obra publicada, exhibe ahora sus dudas y vacilaciones, el esfuerzo que le costó llegar a ser quien es. A veces sentimos ganas de mirar hacia otro lado, confusos y algo molestos por el exceso de despeinada intimidad.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;No todos los libros son para todos los lectores. Nadie debe acercarse a estos diarios si no es ya un buen conocedor de Susan Sontag, si no la admira o la detesta. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Renacida &lt;/i&gt;es un libro, pero no es una obra literaria, sino una serie de anotaciones que muy a menudo solo tienen, si lo tienen, valor documental. El 9 de enero de 1950 apunta por ejemplo lo que debe releer (el &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Doctor Faustus&lt;/i&gt;) y lo que debe leer, obras de Antonia White, Aldous Huxley, Herbert Read y Henry James. El día anterior a cumplir 24 años (el 15 de enero del 57) nos encontramos con una serie de “deberes”: tener mejor postura, escribir a su madre tres veces por semana, comer menos, escribir dos horas al día como mínimo, nunca quejarse en público, enseñar a su hijo David a leer.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;No abundan en exceso los fragmentos con valor por sí mismos. Algunas anotaciones tienen carácter aforístico: “Comprender el mundo es verlo alejado de los propios sentimientos”, “El coste de la libertad es la infelicidad”, “La bondad no es una virtud, ser bondadoso es tratar a los demás como inferiores”. En otros casos nos encontramos con apuntes viajeros. El 15 de abril del 58 resume dos semanas de viaje por España en compañía de su amante: “La corrida de Sevilla, el modo en que se me revolvieron las tripas cuando el primer toro cayó en la arena. El martes en Madrid, el modo en que las pinturas de El Bosco y la música flamenca bulleron toda la noche en mi cabeza… Los cascos de estilo nazi de los soldados que marchaban en alguna de las procesiones sevillanas”. No llevó su diario durante el viaje “porque sabía que Harriet llevaría el suyo, y me pareció muy grotesca la imagen de las dos compartiendo alguna habitación de hotel mientras escribíamos la una frente a la otra, elaborando nuestras identidades privadas, pintando nuestros infiernos privados”. Meses después, en julio, viajan a Grecia, y en el diario queda esta enumeración caótica: “Las regordetas reinas estadounidenses de Atenas, las polvorientas calles llenas de obras en construcción, los conjuntos de buzuki en los jardines de las tabernas por la noche, comer platos de yogur espeso y rodajas de tomate y pequeños guisantes verdes y beber vino resinoso, los enormes taxis Cadillac, los hombres de mediana edad paseando o sentados en el parque repasando sus cuentas de ámbar, los vendedores de maíz sentados en las esquinas con sus braseros, los marineros griegos con sus ajustados pantalones blancos y anchas fajas negras, las puestas de sol color de fresa tras las colinas de Atenas vistas desde &lt;st1:personname productid="la Acrópolis" w:st="on"&gt;la Acrópolis&lt;/st1:personname&gt;, los ancianos en las calles sentados junto a sus básculas que ofrecen pesarte por un dracma”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Hay diarios que son una obra literaria más, que podemos leer sin conocer nada de su autor; otros solo nos interesan si nos interesa quien los ha escrito. Es el caso de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Renacida&lt;/i&gt;, que nos permite asomarnos a la intimidad de una mujer que no podemos dejar de admirar, pero con la que simpatizar no resulta demasiado fácil.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-8113942597375202479?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/8113942597375202479/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/04/susan-sontag-despeinada-intimidad.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/8113942597375202479'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/8113942597375202479'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/04/susan-sontag-despeinada-intimidad.html' title='Susan Sontag: Despeinada intimidad'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-AJqT_1oNyFE/TbhYUJZfWCI/AAAAAAAAANI/Ui-PKohQ5gw/s72-c/sontag.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-477104141149143402</id><published>2011-04-21T00:00:00.005+02:00</published><updated>2011-04-21T00:00:01.742+02:00</updated><title type='text'>Nuestros padres mintieron</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-p_7g2ApO9HI/Ta25VWojGoI/AAAAAAAAAMw/QJ-d19vylb8/s1600/poes%25C3%25ADa.jpg" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="280" src="http://3.bp.blogspot.com/-p_7g2ApO9HI/Ta25VWojGoI/AAAAAAAAAMw/QJ-d19vylb8/s320/poes%25C3%25ADa.jpg" width="170" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;&lt;br /&gt;&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;b&gt;Tengo una cita con la muerte&lt;/b&gt;&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;i&gt;&lt;/i&gt;Selección, traducción y prólogo de Borja Aguiló y Ben Clark&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;Ediciones Linteo, Orense, 2011&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;Poco tiempo le duró a &lt;st1:personname productid="la Gran Guerra" st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Gran" st="on"&gt;la   Gran&lt;/st1:personname&gt; Guerra&lt;/st1:personname&gt; ser la más espantosa catástrofe que le había ocurrido en la humanidad. Veinte años después, Alemania invade Polonia, comienza &lt;st1:personname productid="la Segunda Guerra" st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Segunda" st="on"&gt;la Segunda&lt;/st1:personname&gt; Guerra&lt;/st1:personname&gt; Mundial, y pierde su carácter excepcional para convertirse en la primera de una serie. Pero hubo algo que la distinguió de los anteriores conflictos bélicos, y la sigue distinguiendo de los siguientes: el entusiasmo con que fue acogida en todas partes. Stefan Zweig cuenta en sus memorias, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;El mundo de ayer&lt;/i&gt;, el ambiente de fiesta con que se encontró en Austria a su llegada de Bélgica, unos días después de iniciada la guerra: “Los trenes se llenaban de reclutas recién uniformados, ondeaban las banderas, retumbaba la música marcial, y en Viena hallé la ciudad entera sumergida en estado de embriaguez”. El miedo a un conflicto que nadie quería se había transformado en entusiasmo: “Se formaron manifestaciones en las calles; en todas partes flameaban banderas y se escuchaba música; los jóvenes reclutas marchaban en triunfo, con los rostros iluminados, porque se les saludaba jubilosamente, a ellos, los pequeños hombres del diario vivir, a quienes nadie antes había celebrado y en quienes nadie había fijado su atención”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;El entusiasmo no fue menor en Londres, aunque sí quizás menos espontáneo. En el prólogo a &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Tengo una cita con la muerte &lt;/i&gt;leemos: “Si Gran Bretaña debía ir a la guerra, sería necesario un ejército, y el gobierno sabía que los alemanes llevaban años de ventaja. Se inyectó espíritu patriótico a todos los actos públicos; los teatros ofrecía espectáculos en los que el soldado era retratado como un héroe, rodeado de hermosas bailarinas. Hubo grandes oradores, con Kipling a la cabeza, que supieron avivar cierta nostalgia imperialista y muy pronto las grandes colas frente a las oficinas de reclutamientos desbordaron las mismas”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;            La guerra era vista como algo heroico y romántico; unos y otros preveían una gloriosa marcha triunfal: “Para Navidad estaremos en casa”, gritaban los reclutas a sus madres en Londres o en Berlín. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;            También los poetas, como no podía ser de otra manera, contribuyeron a ese fervor patriótico. El más famoso de todos fue Rupert Brooke, cuyo soneto “El soldado” incitó a muchos a alistarse: “Si he de morir, pensad esto de mí: / que hay un rincón de tierra extranjera / que es ya Inglaterra para siempre”. Rupert Brooke tuvo suerte: murió en 1915, enfermo de insolación tras una excursión por Egipto, antes de que la guerra desvelara su verdadero rostro; la guerra fue para él solo una ocasión de viril camaradería en el más hermoso escenario, el mar de Homero y de Byron. Poco después de su muerte, el barco en que viajaba, el Grantully Castle, puso rumbo hacia la península de Gallípoli y allí morirían todos sus compañeros de la más atroz y estúpida manera.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;            Y es que &lt;st1:personname productid="la Gran Guerra" st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Gran" st="on"&gt;la   Gran&lt;/st1:personname&gt; Guerra&lt;/st1:personname&gt; fue una fiesta patriótica –o así quisieron hacerla ver—  hasta que se estancó en las trincheras y resultó imposible dejar de verla tal como era. Para Inglaterra el cambio tuvo que ver con la batalla del Somme, cuando ingleses y franceses quisieron romper las líneas alemanas: “Fue una masacre. El primer día, el 1 de julio de 1916, los británicos sufrieron 57.740 bajas, de las cuales 19.240 fueron mortales (con 2.152 desaparecidos). Especialmente dramático resultó para la moral de las tropas y para la sociedad británica la aniquilación casi total del Regimiento de Newfoundland, que atacó con 801 hombres, perdió más de &lt;st1:metricconverter productid="500 a" st="on"&gt;500 a&lt;/st1:metricconverter&gt; causa de la metralletas alemanas y regresó con solo 68 soldados ilesos. Al final del día las líneas alemanas seguían prácticamente intactas”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;            Los poetas que se antologan en &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Tengo una cita con la muerte&lt;/i&gt; reflejan el estado de ánimo que siguió a esa catástrofe, tan distinto al que había al iniciarse la guerra. Todas las mentiras patrióticas se habían venido abajo; nada de glorioso había en matar y morir porque así se había decidido en remotos despachos y por inconfesables razones.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-XN3DK-_IwQI/Ta25e41hQgI/AAAAAAAAAM0/df1rxWwGtzs/s1600/Rupert+Brooke.jpg" imageanchor="1" style="clear: right; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="280" src="http://1.bp.blogspot.com/-XN3DK-_IwQI/Ta25e41hQgI/AAAAAAAAAM0/df1rxWwGtzs/s320/Rupert+Brooke.jpg" width="175" /&gt;&lt;/a&gt;            Rupert Brooke murió creyendo en los versos clásicos que tantas matanzas han justificado: “Dulce et decorum est pro patria mori”. Wilfred Owen –uno de los más destacados poetas de la antología— le da la vuelta a esa patriótica patraña en un poema titulado precisamente “Dulce et decorum est”: “Doblados en dos, como viejos mendigos envueltos en sacos, / las rodillas rotas, tosiendo como brujas, maldecíamos en el lodo…”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;            Borja Aguiló y Ben Clark seleccionan solo a los poetas de &lt;st1:personname productid="la Gran Guerra" st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Gran" st="on"&gt;la   Gran&lt;/st1:personname&gt; Guerra&lt;/st1:personname&gt; que murieron en ella. La mayoría tenían poco más de veinte años (Edward W. Tennant murió a los diecinueve, en la batalla del Somme, que comenzó el día de su cumpleaños como el más siniestro regalo). Aunque no todos son grandes poetas, como no podía ser de otra manera, raro es el que no nos ha dejado unos versos memorables.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;            Quedan fuera por esa razón de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Tengo una cita con la muerte &lt;/i&gt;poetas que no pueden faltar en ninguna antología sobre &lt;st1:personname productid="la Gran Guerra" st="on"&gt;la Gran Guerra&lt;/st1:personname&gt;, como Siegfried Sassoon o Rudyard Kipling. A Kipling, cuya retumbante retórica imperialista, había llevado a tantos jóvenes a alistarse, se le deben algunos de los más sobrios y emocionantes epitafios que se hayan escrito nunca. Entre ellos el dístico que Jon Juaristi parafrasea –sin citarlo— en uno de sus poemas más citados “Spoon River, Euskadi”: “¿Te preguntas, viajero, por qué hemos muerto jóvenes, / y por qué hemos matado tan estúpidamente? / Nuestros padres mintieron: eso es todo”. Los escuetos versos de Kipling, que podían inscribirse como epitafio único en esos cementerios con miles de tumbas iguales y anónimas,  dicen así: “If any question why we died, / tell them, because our fathers lied”. Sabía de qué hablaba: uno de esos muertos ilusionados y engañados era su propio hijo, que acababa de cumplir dieciocho años.  &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-477104141149143402?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/477104141149143402/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/04/nuestros-padres-mintieron.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/477104141149143402'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/477104141149143402'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/04/nuestros-padres-mintieron.html' title='Nuestros padres mintieron'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-p_7g2ApO9HI/Ta25VWojGoI/AAAAAAAAAMw/QJ-d19vylb8/s72-c/poes%25C3%25ADa.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-6367822054773114571</id><published>2011-04-14T00:00:00.001+02:00</published><updated>2011-04-14T00:00:09.973+02:00</updated><title type='text'>Alberto Manguel: Una vida, una biblioteca, un amor</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/-Sn6POYBJ0pQ/TaR4n6Jcm7I/AAAAAAAAAMg/O3zp0dvdcIY/s1600/manguel.jpg"&gt;&lt;img style="float: left; margin: 0pt 10px 10px 0pt; cursor: pointer; width: 175px; height: 275px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-Sn6POYBJ0pQ/TaR4n6Jcm7I/AAAAAAAAAMg/O3zp0dvdcIY/s400/manguel.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5594729264120110002" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Alberto Manguel / Claude Bouquet&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold; font-style: italic;"&gt;Conversaciones con un amigo&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Traducción de Pedro B. Rey&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;La Compañía / Páginas de Espuma, Madrid, 2011&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pocas infancias tan inverosímiles como la de Alberto Manguel. Nació en Buenos Aires, en 1948. Un capricho de Perón convirtió a su padre, que nada tenía que ver con la diplomacia, en el primer embajador en el recién creado Estado de Israel. Allí pasó sus siete primeros años. Aprendió a hablar en alemán y en inglés, las lenguas de su niñera, Ellin Slonitz, judía alemana. Lo curioso es que sus padres solo hablaban español y algo de francés. Las únicas palabras que el niño Manguel podía intercambiar con sus padres, a los que veía muy de cuando en cuando, aunque vivían en la misma casa eran: “Buenos días, señor. Buenos días, señora”. A los tres o cuatro años comenzó a formar su biblioteca: “Cuando yo quería, Ellin me llevaba a la librería y yo podía comprar los libros que eligiera. Nunca me dijo: Ese libro es para adultos”. Con Ellin viajó a Venecia, a París, a Jordania, a Alemania. No iba a la escuela. Ellin era su tutora y casi la única persona con la que trataba.&lt;br /&gt; Con el título poco significativo de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Conversaciones con un amigo&lt;/span&gt;, Alberto Manguel le cuenta su novelera vida al editor Claude Bouquet y divaga sobre esto y aquello, sobre el compromiso político, el nacionalismo, la decadencia de las librerías. Nos interesan sus opiniones, atinadas unas veces y desatinadas otras, como las de todo el mundo, pero lo que nos apasiona es el recuento de una trayectoria errabunda que comienza en Buenos Aires, sigue por Israel, pasa por París y por Londres, por Tahití y Canadá, y acaba asentándose en una biblioteca construida en lo que fue casa de un cura en la Francia profunda.&lt;br /&gt; A los siete años, tras la caída de Perón, la familia de Manguel regresa a Argentina. Allí, tras pasar por diversos centros, tuvo la suerte de ingresar en el Colegio Nacional de Buenos Aires, el más prestigioso del país. Si uno es de donde ha estudiado el bachillerato, no cabe duda de que Manguel –que vive en Francia y tiene pasaporte canadiense— es argentino. “Si tuviera que escoger un momento determinante en mi vida, sería ese periodo de seis años en la escuela secundaria”. El Colegio Nacional de Buenos Aires está en la Manzana de la Luces, a dos pasos de la Casa Rosada, en el centro mismo del poder político, donde todos los acontecimientos importantes tenían lugar. Aquel colegio tenía un régimen especial: “Era una enseñanza dada por profesores universitarios, cada uno con sus caprichos, sus mañas, sus manías… Por ejemplo: debíamos estudiar la historia universal desde Mesopotamia hasta el Renacimiento. Ahora bien, solo se estudiaba Grecia y, de Grecia, Atenas, porque era lo que le interesaba al profesor. Lo mismo pasaba en literatura”. De los profesores de literatura recuerda especialmente a uno, Isaias Lerner, que luego sería profesor –todavía lo es— en la Universidad de la Ciudad de Nueva York.&lt;br /&gt; El azar hizo que la formación de Manguel –que no necesitó de estudios universitarios para ser el erudito excepcional que es y que quizá no hubiera sido capaz de ser con ellos— se completara con otro sorprendente maestro, Jorge Luis Borges. Estudiante todavía de bachillerato, a los quince o dieciséis años, necesitaba dinero para comprar libros, así que llamó a las tres o cuatro librerías inglesas y alemanas de Buenos Aires en busca de trabajo. Le aceptaron en la librería Pigmalión. A ella iban a comprar libros ingleses y alemanes todos los grandes escritores argentinos, entre ellos Borges, que ya estaba ciego y que le sugirió que le visitara de vez en cuando para leerle algunas páginas. Borges siempre contó con agradecidos y entusiastas secretarios gratuitos. Era la época en que había vuelto a escribir cuentos (los de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;El informe de Brodie&lt;/span&gt;). Leyeron a Kipling, Henry James, Stevenson. “Interrumpía mis sesiones de lectura para hablarme de las primeras lecturas que había hecho de esos autores, para contarme anécdotas, historias literaria… A veces quería que buscara una palabra en una de esas enciclopedias que a él le gustaban tanto. No creía en un conocimiento profundo, académico, derivado de estudios minuciosos. No creía en un conocimiento por mera acumulación de información. Lo que le interesaba era, a partir de ciertos hechos, reconstruir él mismo las cosas. A partir de una pequeña información, desarrollaba toda una teoría del mundo y de la literatura”.&lt;br /&gt; Luego vino una vida errante, trabajos de traductor y de editor, colaboraciones en periódicos y revistas literarias, hasta el primer éxito editorial, la &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Guía de lugares&lt;/span&gt; imaginarios, un libro que solo se le podía haber ocurrido a un lector de Borges: un minucioso recuento, con planos, mapas y todos los detalles exactos posibles, de lugares que solo existen en la literatura. Tras ella llegó &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Una historia de la lectura&lt;/span&gt;, el libro para el que Manguel se había estado preparando, sin saberlo, durante toda su vida. Y &lt;span style="font-style: italic;"&gt;La biblioteca de noche&lt;/span&gt;, que antes de ser libro, fue una biblioteca real, la biblioteca que Manguel había ido formando desde que compró su primer libro, a los tres años, en la Landsberger’s Bookshop de Tel Aviv, y que por fin pudo reunir en lo que había sido el granero de un antiguo presbiterio en Mondion, cerca de Poitiers. Una biblioteca que antes había soñado muchas veces y que recrea la del Colegio Nacional de Buenos Aires. “La noche que terminé de ordenar los libros –le cuenta a su amigo Bouquet—, dormí en la biblioteca, en el suelo. Sentí que era necesario apropiarme del lugar”.&lt;br /&gt; Pero no solo se habla de libros en este libro que no quiere ser un libro sino una serie de libres y amicales conversaciones, aunque de ciertas cosas, como de la sexualidad, solo se habla “sin entrar en detalles”: “Me guardé para mí todo lo que pensaba y muy pronto mi conducta sexual se volvió secreta y al final peligrosa porque estaba demasiado escondida y todo lo que está escondido corre el riesgo de volver en contra de uno mismo”. Tras un matrimonio, que acabó pronto, el encuentro más decisivo de su vida se narra de esta aséptica manera: “A comienzos de los años noventa, conocí a Craig Stephenson. Él era profesor en un liceo y había preparado una antología de literatura internacional para las escuelas. Quería que yo le escribiera el prefacio. Así nos conocimos. Poco después, Craig quiso seguir estudios de psicoanálisis en Zurich. Decidimos entonces instalarnos en Europa durante el tiempo que le demandaran sus estudios”. Esta historia de amor a los libros esconde, como en filigrana, otra historia de amor: “Construir la biblioteca llevó casi un año. Craig se fue diez días y yo me quedé con las últimas cajas de libros. No podía desembalar cada caja e ir pasando los libros a los estantes porque no estaban en orden. Hubo que desembalar entonces todas las cajas, treinta mil libros, al mismo tiempo que se establecía una clasificación. Terminé apilando columnas de libros como esas columnas que se ven en el desierto. No me iba a acostar, me quedaba hasta las dos de la mañana, me levantaba a las seis, me olvidaba de comer; aquí estuve, durante tres meses, en un mundo aparte. Terminé de ordenar la biblioteca el día en que volvió Craig. Iba a poner música y estaba a punto de escuchar a Wagner. Preparé la primera parte de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Tannhäuser &lt;/span&gt;y puse en marcha la música en el momento en que entraba Graig. Quedó deslumbrado. Ver la biblioteca ya causaba una impresión fuerte, pero verla con todos los libros en su lugar y con una música fastuosa era absolutamente maravilloso”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-6367822054773114571?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/6367822054773114571/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/04/alberto-manguel-una-vida-una-biblioteca.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/6367822054773114571'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/6367822054773114571'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/04/alberto-manguel-una-vida-una-biblioteca.html' title='Alberto Manguel: Una vida, una biblioteca, un amor'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-Sn6POYBJ0pQ/TaR4n6Jcm7I/AAAAAAAAAMg/O3zp0dvdcIY/s72-c/manguel.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-4399180681188137810</id><published>2011-04-07T00:02:00.007+02:00</published><updated>2011-04-07T00:11:00.205+02:00</updated><title type='text'>Jacinto Octavio Picón: Revocar el fallo de la posteridad</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-xT0_L2MTUqY/TZzjpj-12rI/AAAAAAAAAMQ/efQ1Nbme6PU/s1600/pic%25C3%25B3n.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 150px; FLOAT: left; HEIGHT: 250px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5592595140460272306" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-xT0_L2MTUqY/TZzjpj-12rI/AAAAAAAAAMQ/efQ1Nbme6PU/s400/pic%25C3%25B3n.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Jacinto Octavio Picón&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Después de la batalla y otros cuentos &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Edición de Esteban Gutiérrez Díaz-Bernardo&lt;br /&gt;Madrid, Cátedra, 2011 &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Revocar el fallo de la posteridad no es tarea fácil”, comienza Esteban Gutiérrez el documentado y reivindicativo prólogo que coloca al frente de &lt;em&gt;Después de la batalla y otros cuentos&lt;/em&gt;, selección de relatos de Jacinto Octavio Picón, un narrador que en su tiempo se mantuvo en la primera línea de la literatura española y hoy es apenas una nota a pie de página.&lt;br /&gt;Nacido en Madrid el año 1852 –ese mismo año nació Clarín, un año antes Emilia Pardo Bazán, un año después Armando Palacio Valdés—, sus novelas y sus cuentos gozaron desde el comienzo del favor del público y del apreció de la crítica. Él también fue un crítico ponderado y estimable, especialmente en lo que al arte y al teatro se refiere. Lo fundamental de su obra apareció en las últimas décadas del siglo XIX. Luego se fue borrando poco a poco hasta desaparecer en 1923. Era entonces bibliotecario de la Real Academia y en su necrológica escribió Antonio Maura: “¡Hasta en el trance de morir no parece sino que se ausentó caminando de puntillas, para librarnos del amargor de la despedida!”. Su corrección, su discreción, su lejanía de cualquier escándalo, ayudó a que se le olvidara con mayor rapidez.&lt;br /&gt;¿Vale la pena leer hoy a Jacinto Octavio Picón? Esteban Gutiérrez cree que sí, que es algo más que una figura de época con interés solo para los historiadores de la literatura. Escuchamos su afirmación con cierto escepticismo. La erudición académica suele estar ayuna de sentido crítico. Al estudioso le importan los datos que acumula; le preocupa menos el interés de su objeto de estudio para el lector actual; en sus manos la obra literaria suele convertirse en documento al margen de jerarquías y juicios de valor.&lt;br /&gt;“Después de la batalla”, el primero de los relatos, se sitúa en la época de la guerra franco-prusiana de 1870. Comienza bien (con su minuciosa y sugerente descripción de “una soberbia quinta” perdida en uno de los departamentos del este de Francia), termina de una manera un tanto moralizante que no acaba de convencer. Algo similar ocurre con “Boda deshecha”, de impecable técnica, en el que la anécdota se reduce al mínimo y todo ocurre sin que los protagonistas intercambien una sola palabra: una mirada le basta al hombre “que está perdidamente enamorado de la Marquesa, con la cual va a casarse dentro de quince días” para desilusionarse de ella.&lt;br /&gt;Pero el tercer relato, “Virtudes premiadas”, aparecido inicialmente en 1892, es una conmovedora obra maestra, digna de figurar en la mejor antología del cuento español. Comienza en primera persona, algo poco frecuente en el distanciamiento objetivista característico de Jacinto Octavio Picón: “Le conocí hace algunos años en aquel café de Bayona donde, desde hace medio siglo, entre conspiraciones e indultos, refrescan y se aburren los emigrados españoles. ¡Cuántas sonrisas de alegría e incredulidad han reflejado aquellos espejos! ¡Cuántos suspiros de desaliento se han estrellado en los bordes de las tazas! ¡Qué de hombres se han despedido ante aquellas mesas soñando despiertos con la esperanza para verla luego destruida y frustrada más acá de los Pirineos!”. Se nos cuenta luego la historia de León María de Regio, militar y carlista, a la vez que se realiza una crítica indirecta y feroz, que nada tiene que envidiar a Galdós, de la España de la restauración. La ideología del autor es opuesta a la de su personaje, lo que no dificulta la empatía con que lo trata. Jacinto Octavio Picón es un moralista, pero no un propagandista. Escribe siempre con una intención, busca algo más que entretener. Y tras la envejecida retórica de su tiempo muestra, en los mejores casos, una sutileza rara en los escritores de su tiempo y de cualquier tiempo.&lt;br /&gt;En “La amenaza” el mundo burgués en que tan a sus anchas se mueve Picón se cambia en un ambiente proletario. Nos cuenta un accidente en una fábrica, el injusto trato que dan los propietarios al obrero accidentado y la venganza de este. Es el cuento más conocido de su autor, el único reeditado en nuestros días. No es el mejor de los suyos, ni el más característico.&lt;br /&gt;Excelente resulta “El agua turbia”, con su triunfo del amoralismo, con su minucioso reflejo de las costumbres de una época. Jacinto Octavio Picón es un narrador lleno de buenas intenciones, pero sus mejores relatos trascienden esas intenciones, las dejan al margen, como un mero pretexto para una historia que, cuando se logra, va más allá y más hondo de lo que pretendía el autor.&lt;br /&gt;“Desencanto”, el último relato seleccionado, inició en 1907 la revista &lt;em&gt;El Cuento Semanal&lt;/em&gt;, una brillante iniciativa de Eduardo Zamacois que pronto tuvo abundantes continuaciones y que daría origen a la época de oro de la novela corta española. Nos habla de antiguos prejuicios y de mujeres fuertes que se atreven a enfrentarse a ellos (algo tan antiguo como moderno).&lt;br /&gt;¿Tendrá éxito Esteban Gutiérrez en su empeño de sacar a Jacinto Octavio Picón del olvido y colocarlo en el lugar de honor de los narradores de su tiempo? Difícil lo tiene. Las inercias de la historia de la literatura son casi imposibles de modificar. Pero vale la pena volver sobre este escritor, releer sus cuentos –más de un centenar— y también sus novelas, casi siempre con protagonista femenina. Descubriremos que no es el inagotable Galdós, ni el punzante y compasivo Clarín, ni Emilia Pardo Bazán (mucho más incorrecta estilísticamente, lo que no siempre es un defecto), pero que, tras ellos, no cede el sitio a ningún otro nombre de la gran época de la narrativa española.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-4399180681188137810?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/4399180681188137810/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/04/jacinto-octavio-picon-revocar-el-fallo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/4399180681188137810'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/4399180681188137810'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/04/jacinto-octavio-picon-revocar-el-fallo.html' title='Jacinto Octavio Picón: Revocar el fallo de la posteridad'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-xT0_L2MTUqY/TZzjpj-12rI/AAAAAAAAAMQ/efQ1Nbme6PU/s72-c/pic%25C3%25B3n.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-8409270562982942968</id><published>2011-03-31T00:00:00.003+02:00</published><updated>2011-03-31T21:32:02.771+02:00</updated><title type='text'>Felipe Benítez Reyes: Cuatro blogs y un elogio</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-9BjiHh-9aW8/TZIbsltWSkI/AAAAAAAAAMI/A5Iv9rfVUx8/s1600/portada%2B1.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 180px; FLOAT: left; HEIGHT: 305px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5589560540370717250" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-9BjiHh-9aW8/TZIbsltWSkI/AAAAAAAAAMI/A5Iv9rfVUx8/s400/portada%2B1.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Felipe Benítez Reyes&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Las respuestas retóricas&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La isla de Siltolá, Sevilla, 2011 &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay que confundir el continente con el contenido. Internet ha cambiado el modo de difundir la literatura. ¿Ha cambiado la literatura? Un editor sevillano, Javier Sánchez Menéndez, tuvo la feliz idea de reunir en volumen una selección de los blogs literarios más significativos. El resultado por lo general no se diferencia demasiado de las recopilaciones de artículos o de los diarios personales.&lt;br /&gt;En algunos casos, como el de Enrique García-Máiquez con &lt;em&gt;De ida y vuelta&lt;/em&gt; no se diferencia nada, ya que lo que recopila son los artículos a los que remitían las entradas de su blog. La mayoría de los admiradores de Enrique García-Máiquez, un poeta a la vez ingenioso y hondo, un prosista tocado por el dedo de la gracia, no conocían esos artículos, publicados en revistas de combativo conservadurismo religioso. Y no creo que mejoren mucho su opinión al conocerlos. García-Máiquez se muestra en ellos como un brillante sofista que defiende sus creencias con desprecio de la verdad. “Los indígenas americanos hicieron un negocio redondo con el descubrimiento y la colonización”, afirma. Y continúa: “Cambiar sus religiones, a menudo sangrientas, por la católica fue un chollo” (inquisición y autos de fe son sin duda inventos de la leyenda negra). Para colmo, la oferta “incluía un dos por uno, y los indígenas se llevaron de regalo el idioma español”. Tampoco “cambiando pepitas de oro por espejitos hicieron el indio”, porque –se pregunta poéticamente— “¿qué es el amarillo brillo del oro sino un sonoro ripio comparado con los infinitos colores que caben en el cristal limpio de un espejo?”. La poesía puesta al servicio de la sinrazón. ¡Tantas tiendas que compran el oro a buen precio y aún no se han enterado que podrían cambiarlo por espejitos! Como aplicado discípulo de Juan Manuel de Prada, aunque él cree serlo de Chesterton, García-Máiquez se inventa un “progre” de caricatura para poder refutarle y burlarse a gusto. No, amigo García-Máiquez, un “progre” no se entristece en una boda y se alegra en un divorcio: se alegra de que, cuando un matrimonio no funciona, exista la posibilidad de divorciarse.&lt;br /&gt;José Manuel Benítez Ariza subtitula &lt;em&gt;Pintura rápida&lt;/em&gt;, la selección de su blog, “Diario de un otoño”, y efectivamente se trata de breves apuntes que hablan de cotidianidad y lecturas, de sus clases, de sus intervenciones en algún concurso literario, de su gata, de algún viaje, del tiempo que hace. Benítez Ariza, un escritor “muy apegado a la autobiografía”, antes de abrir su blog nunca había llevado un diario. En el prólogo explica las razones: “Mantener un diario al uso me ha parecido siempre, literariamente hablando, una tarea fútil, porque, o bien este era verdaderamente íntimo, y por tanto quedaba excluida toda posibilidad de que el autor se beneficiara del diálogo implícito que a través de sus obras establece con el público, o bien, si su publicación estaba programada como una obra más, eso parecía ir en detrimento –y reconozco que mi actitud al respecto es algo ingenua— de la autenticidad del propio diario, de su carácter confidencial, de su verdad”. No sé si esta actitud es ingenua, sé que es muy simplista. Un diario, incluso concebido para no publicarse en vida, puede establecer un “diálogo implícito” con sus futuros lectores póstumos; y un diario publicado por su autor no tiene forzosamente que haberse programado, mientras se escribía, como una obra más: puede tratarse de un viejo diario de juventud, perdido y reencontrado. ¿Y por qué ha de ser menos auténtico, menos confidencial, menos verdadero un diario que luego se publica? La mayor parte de los libros, y especialmente los literarios al margen de las grandes editoriales, tienen un publico tan reducido que admiten mejor las confidencias que las grandes proclamas destinadas a cambiar el mundo.&lt;br /&gt;Fernando Valls es profesor, especializado en narrativa contemporánea, especialmente en el microrrelato. Justifica su blog, antologado en &lt;em&gt;Verde veronés&lt;/em&gt;, “por la carencia de espacios para la reflexión en libertad, y por la casi decepción que produce la mayoría de los hasta ahora existentes, sobre todo los más visibles, los suplementos culturales de los periódicos y las revistas literarias”. No estoy yo muy seguro de que la “reflexión en libertad” de Fernando Valls –sus elogios de Eduardo Mendoza o de Almudena Grandes, por ejemplo— encontrara muchas dificultades en los suplementos y revistas que encuentra “casi decepcionantes”. Su tono es siempre profesoral, algo convencional y sin demasiado sentido del humor; solo alguna vez se permite perder los papeles y dar rienda suelta a su mal humor, como cuando arremete contra Carlos Ruiz Zafón, reducido a sus iniciales.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las respuestas retóricas&lt;/em&gt;, de Felipe Benítez Reyes, comienza con un ditirámbico prólogo de su buen amigo Carlos Marzal. Lo leemos con el escepticismo habitual en estos casos, pero bastan unas pocas páginas para que nos demos cuenta de que no hay en esas páginas ninguna exageración. Benítez Reyes convierte en mayor cualquier género menor. Su blog reúne artículos, escritos circunstanciales, alguna traducción que se quedó traspapelada. Un cajón de sastre, ciertamente. Pero sus artículos no están escritos a vuela pluma, no se limitan a dar una opinión sobre cualquier asunto de actualidad (¿quién no tiene una opinión sobre la crisis, el terrorismo, las autonomías?, ¿y a quién le importan esas opiniones, por lo general tan poco informadas como mal razonadas?); son piezas literarias escritas con la precisión de un poema. Un ejemplo, al azar, “Mercados”, enumeración de mercados cercanos y lejanos, descritos todos ellos con sorprendente e imaginativa precisión: “El mercado de Cádiz es algo así como la despensa del dios Neptuno; los pescaderos espolvorean continuamente con hielo picado su mercaduría, y los peces parecen amortajados en montones de diamantes, y sus ojos de pánico se deforman con los prismas del hielo picado, y todo parece una visión calidoscópica de ojos muertos: mires a donde mires, ves ojos muertos que te miran”.&lt;br /&gt;Al publicarse en libro, los blogs de escritores pierden lo único que les caracterizaba: el comentario de los lectores, la posibilidad de aclarar y puntualizar de inmediato aquello que se ha escrito. Se convierten en libros misceláneos, en libros como los demás. Algo irritantes cuando tratan de hacernos tragar amargas pócimas sectarias con el azúcar del ingenio, como hace García-Máiquez; una caja deslumbrante de sorpresas, un continuo ejercicio de poesía y verdad, en el caso de Benítez Reyes, el escritor con más talento de su generación, según afirma Carlos Marzal en el prólogo. Uno de los escritores con más talento de cualquier generación, como afirmo yo, que le leo con nunca defraudado asombro desde que, allá por 1979, publicó su primer cuaderno de versos, &lt;em&gt;Estancia en la heredad&lt;/em&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-8409270562982942968?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/8409270562982942968/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/03/felipe-benitez-reyes-cuatro-blogs-y-un.html#comment-form' title='15 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/8409270562982942968'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/8409270562982942968'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/03/felipe-benitez-reyes-cuatro-blogs-y-un.html' title='Felipe Benítez Reyes: Cuatro blogs y un elogio'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-9BjiHh-9aW8/TZIbsltWSkI/AAAAAAAAAMI/A5Iv9rfVUx8/s72-c/portada%2B1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>15</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-5452976186428228722</id><published>2011-03-24T00:00:00.002+01:00</published><updated>2011-03-24T00:00:02.782+01:00</updated><title type='text'>Eloy Sánchez Rosillo: El milagro de cada día</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-ZHbTR0mE4r0/TYjWjJHcYWI/AAAAAAAAAL4/meBSbvMsAkI/s1600/_visd_00BAJPG0H3PD.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 180px; height: 280px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-ZHbTR0mE4r0/TYjWjJHcYWI/AAAAAAAAAL4/meBSbvMsAkI/s400/_visd_00BAJPG0H3PD.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5586951236984004962" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Eloy Sánchez Rosillo&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Sueño del origen&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Tusquets, Barcelona, 2011&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay una engañosa naturalidad en la poesía de Eloy Sánchez Rosillo, un poeta que, tras ciertos retoricismos y culturalismo iniciales, parece hablar solo de pequeñas anécdotas cotidianas en el lenguaje de todos los días.&lt;br /&gt; Unas golondrinas vuelan en el aire de septiembre, un paseo por la playa le trae el recuerdo de otros paseos infantiles, la luna se alza en el cielo nocturno, llueve sobre los naranjos de las huertas cercanas al río… No necesita más para escribir algunos de los mejores poemas del libro.&lt;br /&gt; Pero junto a esa poesía casi zen, que parece hecha de nada, se encuentran otros textos más retoricistas con algo del voluntarioso optimismo de los libros de autoayuda. Es el caso de “Un pacto con la vida”: “El bien que está en tu mano, / que está en la mía y en la de cualquiera / y que tan solo necesita y busca / que haya en el corazón consentimiento / para llegar hasta la luz del día, / sabe cerrar heridas, cura daños / no ya a quien con asombro lo recibe, / sino a la propia carne lacerada / y al retraído espíritu / (que ahora por fin se expande) / del que con decisión quiere que sea”.&lt;br /&gt; El poema “Luz entrevista” nos remite a una inefable experiencia mística. Tras referirse a su “servidumbre al tiempo fragmentado”, al tiempo indetenible que se precipita “en la fatalidad de la mar última”, escribe: “Pero ocurrió una vez que, de repente, / sin preguntarme, supe por amor, / y todo desde entonces me acompaña / y es simultáneo todo. / No hay transcurso”.&lt;br /&gt; Hay transcurso, sin embargo y afortunadamente, en los poemas de este libro, que hablan del sucederse de las estaciones, de la añoranza de marzo en los días de invierno, de la llegada a los umbrales de la vejez. Eloy Sánchez Rosillo acierta cuando mira, siente, sueña; no cuando reflexiona, moraliza o nos refiere con minucia inefables experiencias más o menos exotéricas. Nos admira el poeta, nos deja indiferentes la prosaica exposición de su sabiduría vital.&lt;br /&gt; El poema “En silencio” ejemplifica muy claramente una de las caídas del libro. “Los hechos más terribles y el mayor desamparo / ocurren en silencio”, afirma al comienzo. Enumera luego alguno de esos “hechos más terribles” y termina: “En estos y otros casos puede haber / gritos desgarradores que nieguen el silencio / en aquellos que sufren”. O sea, que no siempre ocurren en silencio. Pero añade: “mas son gritos inútiles que al silencio equivalen, / porque nadie los oye”. Nadie los oye, salvo que alguien los oiga, añado yo. Con lo cual todo queda en nada: los hechos más terribles y el mayor desamparo ocurren en silencio unas veces y otras no. El poema se queda así en nada, en un vacuo ejercicio retórico. Es lo que ocurre con la mayoría de los poemas sobre el propio hecho de escribir un poema (“Haciendo el equipaje”, por ejemplo), a los que tan aficionado resulta desde sus primeros libros.&lt;br /&gt; Hay bastante ganga en los nutridos títulos últimos de Eloy Sánchez Rosillo, como la hay en toda su poesía, pero a algunos lectores no nos importa demasiado: ese cansino, prosaico, razonador decir parece la condición necesaria para el salto, el trampolín que le permite elevarse a un lugar a donde solo él llega.&lt;br /&gt; Ya he aludido al primer poema del libro, “Golondrinas en septiembre”, que viene tras dos esforzados tanteos iniciales, que no acabamos de creernos (¿Qué es eso de que, si la dejas “crecer, hacerse adulta”, la mañana vendrá más tarde para hacer “que respires sosegado, / limpio ya de tus propias asechanzas, / ajeno a todo mal”). En “Golondrinas en septiembre” no encontramos filosofías, sino “una mañana de oro limpio y bien pulido, / de oro fresco que cae / incesante del cielo”, una mañana llena de golondrinas que “en el jardín da vueltas y más vueltas / y hacen de su trabajo una alegría / que me gana los ojos / y me ata a la vida”.&lt;br /&gt; En “Sucede que allí” los pequeños detalles exactos hace que la visión, el salto atrás en el tiempo, nos parezca más real que el paseo actual que la enmarca. La primera parte del poema cuenta o resume lo que se hará verdad para el lector unos versos después. Ejemplifica bien este poema cómo, lo que consideramos, cansinos prosaísmos de la poesía de Sánchez Rosillo no son sino el punto de apoyo necesario para que su poesía, tan nítidamente suya, tan inimitable como abundantemente imitada, haga su aparición.&lt;br /&gt; “Nocturno con luna” se titula uno de los poemas del libro y podría titularse una antología de la poesía de Rosillo. Un tema que parecía ya solo propio de trasnochados neorromanticismos o de artificiosas chinerías alcanza en él una verdad y una intensidad que solo encuentra par en Leopardi.&lt;br /&gt; No me resisto a la tentación de copiar entero “Huertos junto al río”. Apenas una acuarela, el contraste del gris de la mañana con el oro de los naranjos, pero también algo más, mucho más, tal el machadiano “Las ascuas de un crepúsculo morado”, sin necesidad de hacer explícita ninguna reflexión sobre la madurez y la muerte que asoma en el horizonte como cumplimiento, no como amenaza: “Qué bendición, la lluvia en los naranjos, / a mitad de diciembre. / Dentro de algunos días recogerán los frutos, / ya en sazón bien cumplida. Pero ahora / brillan todos intensos, encendidos, unánimes / en la mañana gris, mientras se escucha / este apenas ruido, / este rumor tan delicado y manso / de la lluvia cayendo sobre las hojas verdes”.&lt;br /&gt; Un poema, cuando lo es de verdad, es algo más que un poema: es una experiencia que nos cambia la vida, que nos hace mirar el mundo de otra manera. Raro será el lector que no encuentre en &lt;em&gt;Sueño del origen &lt;/em&gt;alguno de esos poemas, que no son los mismos para todos: cada uno debe encontrar los suyos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-5452976186428228722?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/5452976186428228722/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/03/eloy-sanchez-rosillo-el-milagro-de-cada.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/5452976186428228722'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/5452976186428228722'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/03/eloy-sanchez-rosillo-el-milagro-de-cada.html' title='Eloy Sánchez Rosillo: El milagro de cada día'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-ZHbTR0mE4r0/TYjWjJHcYWI/AAAAAAAAAL4/meBSbvMsAkI/s72-c/_visd_00BAJPG0H3PD.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-3340269434886197849</id><published>2011-03-17T00:51:00.004+01:00</published><updated>2011-03-17T00:57:06.185+01:00</updated><title type='text'>La Legión de Cristo: Una historia singular</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-WHPGhRq0JQE/TYFNeU2qq_I/AAAAAAAAALw/llI31Em8Ij8/s1600/La%2Bconfesi%25C3%25B3n.%2BLas%2Bextra%25C3%25B1as%2Bandanzas%2Bde%2BMarcial%2BMaciel.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 160px; FLOAT: left; HEIGHT: 260px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5584830196305538034" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-WHPGhRq0JQE/TYFNeU2qq_I/AAAAAAAAALw/llI31Em8Ij8/s400/La%2Bconfesi%25C3%25B3n.%2BLas%2Bextra%25C3%25B1as%2Bandanzas%2Bde%2BMarcial%2BMaciel.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Jesús Rodríguez&lt;br /&gt;&lt;em&gt;La confesión. Las extrañas andanzas de Marcial Maciel&lt;br /&gt;y otros misterios de la Legión de Cristo&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Debate, Barcelona, 2001&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tengo ninguna duda de que Dios, si existe, es un gran humorista. Con un sentido del humor muy negro y muy peculiar y particularmente justiciero. Solo a él se le puede ocurrir una historia tan disparatada y esperpéntica, capaz de poner en solfa a papas y cardenales, como la que cuenta Jesús Rodríguez en &lt;em&gt;La confesión&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;Los Legionarios de Cristo fueron fundados en los años cuarenta del pasado siglo por un joven sacerdote mexicano, Marcial Maciel Degollado, que se había formado en el duro ambiente de la guerra de los cristeros, la particular guerra carlista que vivió aquel país tras el triunfo de la revolución y el laicismo anticlerical de los gobiernos subsiguientes. El catolicismo volvió entonces casi a las catacumbas y muchos creyentes, sobre todo en las zonas rurales, decidieron tomar las armas para defender su fe.&lt;br /&gt;En 1946, Marcial Maciel llegó a España en compañía de un puñado de niños y adolescentes que le habían confiado sus padres para que los convirtiera en sacerdotes. En la España de Franco, con su espíritu de cruzada, encontró el ambiente adecuado para desarrollar su organización. Pronto tuvo muy claro que para poder influir en la sociedad había que apuntar a lo más alto, seducir a los líderes. Y él comenzó seduciendo a señoras beatas de la alta sociedad. Era alto, rubio, guapo, tenía ideas muy claras sobre cómo conseguir la salvación. Primero seducía (espiritualmente hablando) a las madres, luego a los hijos: su propósito era conseguir dinero, cuanto más mejor, y vocaciones, también cuantas más mejor. Su mayor éxito en España lo constituyó la familia Oriol, una de las más destacadas en la oligarquía franquista: cinco hijos de Íñigo Oriol y Urquijo (hermano del ministro de Franco que sería secuestrado por los GRAPO cuando era presidente del Consejo de Estado) se hicieron legionarios. Y los donativos de la familia –en fincas y en metálico— se cuentan por millones de euros.&lt;br /&gt;La llegada de Juan Pablo II al Vaticano supuso la época de oro de los Legionarios de Cristo. Desde el primer momento, el nuevo papa vio en Marcial Maciel un alma gemela: como él no era un teólogo ni un intelectual (aunque la formación de Carol Woytila resultaba infinitamente superior a la de Maciel), sino un hombre de acción. Ambos venían de países con un catolicismo a la defensiva: el México postrevolucionario, la Polonia comunista. Se entendieron a la perfección desde el encuentro inicial, que tuvo lugar en 1979, cuando Maciel se encargó de organizar el primer viaje triunfal del papa al extranjero, con destino precisamente a México. Ambos habían nacido en 1920 y se querían y se entendían como hermanos. El dinero que había que inyectarle a Solidaridad para se mantuviera firme en su lucha contra el gobierno comunista vino de muy diversas procedencias, pero una de las principales eran las arcas de los Legionarios, que Maciel manejaba a su antojo, sin tener que dar cuentas ni al fisco ni a nadie.&lt;br /&gt;Los Legionarios de Cristo representaban a la verdadera iglesia, a la que no se había dejado contaminar por las ideas del concilio. Al contrario que los jesuitas y otras órdenes tradicionales no habían querido ponerse al día ni demagógicamente al lado de los pobres. Sus curas seguían vistiendo sotana, pero de la más elegante manera, como si estuviera diseñada por Armani, y se distinguían por ser bien parecidos, deportistas, exigentes consigo mismos y con los demás. Eran castos y puros, rechazaban la homosexualidad como el peor de los pecados, hacían voto de pobreza. Representaban la pureza del dogma en una época que se hundía en el lodazal del marxismo y el relativismo.&lt;br /&gt;Los seminarios tradicionales se vaciaban, pero sus centros de formación estaban llenos de aspirantes al sacerdocio. Cuando había que recibir al papa, allí estaban los legionarios, más entusiastas que nadie, dispuestos a llenar inmensas plazas de entusiastas seguidores. Marcial Maciel ya tenía preparado en Roma un suntuoso sepulcro (costó un millón de euros) donde se venerarían sus restos cuando él fuera (como lo fue su gran rival en estos menesteres, Josemaría Escrivá de Balaguer) santo.&lt;br /&gt;Y en esto ocurrido lo inesperado, ese golpe de guión que solo se le podía ocurrir a un gran humorista despreocupado de la verosimilitud. Resulta que son cada vez más las personas que han visto al fundador vestido de paisano y en compañía femenina asistiendo a la ópera en París, subiendo al Concorde con destino a Nueva York o saliendo del madrileño hotel Ritz. De vez en cuando se encuentra con algún legionario, pero no se inmuta: sonriente se limita a decir que hay que ser amable con las ricas patrocinadoras.&lt;br /&gt;En los años cincuenta, ya se le había investigado por acusaciones de pederastia. Se las arregló para salir absuelto. Ahora arrecian las denuncias –está de moda el tema— de antiguos legionarios. Se despachan como calumnias de los eternos enemigos.&lt;br /&gt;Las evidencias se van acumulando. Pero nadie se inquieta en la Legión: todo está bajo control. Los legionarios no leen más prensa que la que sus superiores les permiten, no pueden conectarse a Internet, tener teléfono móvil, enviar ni recibir cartas que no sean censuradas. Y en el vaticano, del Papa abajo ninguno con algún poder está libre de haber recibido sustanciosas sumas de dinero –en sobres cerrados— “para obras de caridad” (y ya se sabe que la caridad bien entendida empieza consigo mismo).&lt;br /&gt;Pero llega al papado Joseph Ratzinger, un intelectual astuto, que no quiere que toda esa suciedad le estalle en la cara y que con habilidad infinita logra poner a la Legión de Cristo contra las cuerdas.&lt;br /&gt;Marcial Maciel, además de abusar sexualmente de niños y adolescentes durante décadas (y luego, a los más escrupulosos, él mismo les confesaba para perdonarles el pecado que con él había cometido), era drogadicto (en más de una ocasión mandó a sus seminaristas a buscarle la droga), tenía diversas identidades (con sus correspondientes pasaportes: agente petrolero, ex agente de la CIA), manejaba cantidades fabulosas de dinero en efectivo. Y no se casó una vez, sino varias, y alguno de sus hijos le acusó de abuso sexual…&lt;br /&gt;“No sabíamos nada, nos engañó a todos”, dicen los que compartieron con él durante décadas las riendas de la Legión. Y luego añaden: “Puede que él fuera un pecador, pero su obra es santa, es la obra de Dios, Marcial Maciel solo fue un instrumento de Dios”.&lt;br /&gt;Esta historia increíble la cuenta Jesús Rodríguez de la más ponderada manera, sin incurrir en el libelo. Entrevista a unos y otros, a amigos y enemigos, consulta documentos, permite a todos, partidarios y detractores, dar su opinión.&lt;br /&gt;Y aunque es verdad todo lo que se nos cuenta no acabamos de creérnoslo. Porque la secta que fundó Marcial Maciel –y que encandiló, y encandila, a banqueros, ministros, rectores, buena parte de la más rutilante derecha española— da más miedo que la propia historia de su fundador. Si Marcial no hubiera delirado en los últimos años (y se hubiera limitado a los pecados que él mismo absolvía en el confesionario), hoy sería un santo más y Ratzinger no habría tenido ocasión de entrar en esa Santa Mafia para tratar de poner un poco de orden y salvar, al menos, las apariencias.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-3340269434886197849?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/3340269434886197849/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/03/la-legion-de-cristo-una-historia.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/3340269434886197849'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/3340269434886197849'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/03/la-legion-de-cristo-una-historia.html' title='La Legión de Cristo: Una historia singular'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-WHPGhRq0JQE/TYFNeU2qq_I/AAAAAAAAALw/llI31Em8Ij8/s72-c/La%2Bconfesi%25C3%25B3n.%2BLas%2Bextra%25C3%25B1as%2Bandanzas%2Bde%2BMarcial%2BMaciel.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-6924378331790497142</id><published>2011-03-10T00:00:00.000+01:00</published><updated>2011-03-10T00:00:04.539+01:00</updated><title type='text'>Luis García Montero: Enseñanzas de la edad</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-SWuQ2_qNpcg/TXZ7eKfes_I/AAAAAAAAALo/uOeTwGZoylo/s1600/LUIS-E%257E2.JPG"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 190px; FLOAT: left; HEIGHT: 290px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5581784546314990578" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/-SWuQ2_qNpcg/TXZ7eKfes_I/AAAAAAAAALo/uOeTwGZoylo/s400/LUIS-E%257E2.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Luis García Montero&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Un invierno propio&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Visor, Madrid, 2011&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un lugar propio tiene Luis García Montero, desde hace años, en la poesía española. Se dan en él cualidades que rara vez van juntas. El creador camina de la mano del teórico y el teórico sabe descender de las ideas generales para intervenir muy activamente en el polémico día a día de la actividad literaria. A ello se une la explícita militancia política en una izquierda vagamente utópica, que ha contribuido no poco a convertirlo en algo más que en un poeta, en un personaje público. Tampoco conviene olvidar –a otro nivel— una notable capacidad para entender los mecanismos promocionales –premios, homenajes a los maestros, colecciones, revistas subvencionadas— y para utilizarlos con una cierta vocación amical y clientelar.&lt;br /&gt;Los poemas de &lt;em&gt;Un invierno propio&lt;/em&gt; vuelven a tratar los temas que le han preocupado siempre –el amor, la amistad, el compromiso—, pero desde una perspectiva distinta marcada por la sensación de que el invierno de la vejez está cada vez más próximo.&lt;br /&gt;Como han subrayado, y caricaturizado hasta la saciedad, sus detractores, García Montero gusta del lenguaje de la conversación y de los escenarios urbanos. Estos poemas nos hablan del paso por el control de seguridad en un aeropuerto (“En la bandeja pongo / el reloj, la cartera, el teléfono móvil / y el cinturón”), de noches y de alcohol (“Y recuerdo también la hospitalaria / sonrisa de los bares, / después de que las luces de sus puertas / no hayan defraudado”), de los mensajes telefónicos que nos llegan una noche de fin de año (“Que se acabe la crisis, / república, salud y el amor de los tuyos, / mañana no será lo que Dios quiera, / este año es el nuestro y es valiente, / atreverse a nacer con la que está cayendo, / hoy me acuerdo de ti”), de viajes en metro (“Educada la mira, se aparta y le murmura / siéntese usted, señora, / yo me bajo en la próxima estación”).&lt;br /&gt;Pero la poesía de García Montero no se reduce, ni de lejos, a costumbrismo contemporáneo y bien intencionado sermón. Desde el primer poema juega con el lenguaje, nos enseña sus cartas. Los versos iniciales parodian las frases simples de quien comienza a aprender un idioma: “Mi nombre es Luis, / soy español, / vivo en Madrid, / en el número uno, calle Larra, / me dice usted la hora por favor, / ¿dónde ha nacido usted / y cuántos años tiene?, / buenos días, amigo, / buenos días, mi amor, te quiero mucho”. En la segunda parte del poema, como en el teatro del absurdo, esas frases se entremezclan y se convierten en otra cosa. Aparecen entonces “los predicados de altas temperaturas”, “los verbos de nieve”, “los sujetos derretidos”. García Montero parte del lenguaje de todos los días, pero gusta de subvertirlo, de llenarlo de niebla, de magia y de sorpresas.&lt;br /&gt;El poema final nos habla de los inevitables cambios de chaqueta, de las etapas de la vida que vamos dejando atrás, de la madurez que no se consigue sin pisotear algunas ilusiones juveniles. Y lo hace, menos con consideraciones generales que con ejemplos muy concretos: abandonamos una casa, una discusión, una fiesta y nos acompañan las dudas y los remordimientos (“Cuando cierro la puerta de mi casa / suelen los escalones llenárseme de dudas”, “Es como cuando salgo de alguna discusión / y el ascensor se cubre de verdades no dichas”, “Es como cuando salgo de una fiesta / y me asalta el temor / de que alguien se haya molestado”). El final, variante de la moraleja dieciochesca, le sirve luego de título: “Tal vez nos vamos de nosotros mismos. / Pero queda una luz, un grifo abierto, / la sombra de una puerta mal cerrada”.&lt;br /&gt;El gusto por los largos títulos aforísticos hace que el índice de &lt;em&gt;Un invierno propio&lt;/em&gt; admita una lectura independiente: “La poesía solo existe como una forma de orgullo”, “La verdad no es un punto de partida”, “El porvenir es una negociación con el pasado”, “El dogmatismo es la prisa de las ideas”.&lt;br /&gt;Disuena del conjunto algún poema, como el titulado “El amor es un ejercicio literario (que le da sentido a la vida y a la literatura)”, homenaje a Bécquer no menos banalmente trascendente que la segunda parte de su título. “La tristeza del mar cabe en un vaso de agua”, otro ejercicio que no desdeña los tópicos de ciertos cantautores más o menos latinoamericanos, se salva en cambio por el acierto con que convierte la enumeración descriptiva de “los hombres tristes” en un sorpresivo autorretrato. Otra enumeración muy distinta, pero otro acierto, encontramos en “Dar vueltas en la cama es perderse en el mundo”, un viaje alrededor de la memoria mientras llega el sueño: “Ese primer paseo en alguna ciudad / que tiembla todavía en manos del viajero. / La luz del aire limpio después de haber querido / un pacto sin demonios / con la serenidad de los recuerdos”. Siguen puestas de sol, desnudos, conversaciones y “aquel rincón sin prisas en el río Genil / con un atardecer a precios populares / que llenó mi reloj de otoños y alamedas. / El agua lujuriosa de la ropa empapada…” (notemos, es frecuente en el libro, el tino sorpresivo de la adjetivación).&lt;br /&gt;Luis García Montero sabe darle la vuelta al habla de todos los días, convertir la prosa de la cotidianidad en otra cosa. (Cierto que a veces se pierde en vaguedades, en poéticos sinsentidos, en algún blando ternurismo. Pero toda manera de entender la poesía tiene sus riesgos.) Nunca ha renunciado a denunciar lúcidamente las inclemencias del mundo contemporáneo, pero eso no le ha impedido reconocer que puede haber un momentáneo paraíso a la vuelta de cualquier esquina: “Esta luna pacífica, / este rumor discreto de ciudades nocturnas, / una mesa sin horas / y unos cuantos amigos verdaderos”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2902988321376780741-6924378331790497142?l=crisisdepapel.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/feeds/6924378331790497142/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/03/luis-garcia-montero-ensenanzas-de-la.html#comment-form' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/6924378331790497142'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2902988321376780741/posts/default/6924378331790497142'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://crisisdepapel.blogspot.com/2011/03/luis-garcia-montero-ensenanzas-de-la.html' title='Luis García Montero: Enseñanzas de la edad'/><author><name>JLGM</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-uZ1O-EFnDFA/TgeHGbPIMMI/AAAAAAAAAPM/S-eIyY916PY/s220/DSC_2595.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-SWuQ2_qNpcg/TXZ7eKfes_I/AAAAAAAAALo/uOeTwGZoylo/s72-c/LUIS-E%257E2.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2902988321376780741.post-9076717880212151078</id><published>2011-03-03T17:15:00.004+01:00</published><updated>2011-03-03T17:18:47.400+01:00</updated><title type='text'>Pietro Citati: Momentos estelares</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-A3015sgRc7Y/TW--wauCFEI/AAAAAAAAALY/PxZLuKlraR4/s1600/_visd_0001JPG0H20Z.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 160px; FLOAT: left; HEIGHT: 260px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5579888202350728258" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/-A3015sgRc7Y/TW--wauCFEI/AAAAAAAAALY/PxZLuKlraR4/s400/_visd_0001JPG0H20Z.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;strong&gt;Pietro Citati&lt;br /&gt;&lt;em&gt;La luz de la noche&lt;br /&gt;Los grandes mitos en la historia del mundo&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Acantilado, Barcelona, 2011&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A propósito de Chuang-tzu, quizá la obra más sugestiva de la literatura taoísta, escribe Pietro Citati: “Un libro único y maravilloso; libro para leer y releer, hojear y volver a hojear; libro para tener junto a la cama o en la mesa de trabajo durante meses enteros; nos bastará una imagen para inventar mundos, una sentencia o un cuentecillo para reflexionar durante años, una página para cambiar completamente nuestra vida…”&lt;br /&gt;No resultaría excesivamente exagerado aplicar esas mismas palabras a La luz de la noche, un fascinante compendio de mitos, evocaciones, reflexiones, un lúcido paseo por la historia del mundo vista con una luz distinta.&lt;br /&gt;Algo nos recuerda Piedro Citati (Florencia, 1930) a Stefan Zweig. Como él, es autor de grandes biografías –Goethe, Leopardi, Tolstói, Kafka—; como él, escribe con calidad de página, con vocación de estilo: cuida el dato, no fantasea, no noveliza, pero no se olvida nunca de que está haciendo literatura.&lt;br /&gt;La luz de la noche vendría a ser así el equivalente de uno de las obras más famosas de Zweig, sus Momentos estelares en la historia de la humanidad. Pero Citati atiende menos a los hechos históricos, que a los mitos que están detrás de ellos.&lt;br /&gt;Comienza el libro aludiendo a los túmulos que los viajeros del siglo XVIII se encontraban con cierta frecuencia junto al camino en la estepa ucraniana: “Hacían entonces un alto de unos minutos o de unas horas. Alrededor se extendía una alfombra de flores: tulipanes silvestres, lirios amarillos y violetas, amapolas, ranúnculos, jacintos púrpura, sumergidos en una hierba blanca como de plumón, un mar de plata; al fondo, en el aire transparente y azul, pasaban, veloces, recortados contra el cielo, los ciervos, los lobos grises y azules, las águilas y las avutardas. Los viajeros no sabían que en aquellos túmulos yacían los cuerpos de los príncipes escitas, cuyas costumbres y empresas habían leído apasionadamente en Heródoto”.&lt;br /&gt;Con la enigmática historia de los escitas comienza el viaje que este libro propone; al final, como no podía ser de otra manera, nos encontramos con “El fin del mundo”, con el mito del Apocalipsis visto desde una mente esquizofrénica. En medio hay lugar para muchas estancias luminosas. Las páginas dedicadas a Las mil y una noches, por ejemplo, o a El cuento de los cuentos, del napolitano Giambattista Basile, “una gran máquina para vencer a la Melancolía y borrarla de la faz de la tierra”. No menos memorables resultan los capítulos que se ocupan de las hadas: “Mientras caminamos por las colinas, nos paramos junto a una fuente, miramos las luces y las sombras del crepúsculo, nos balanceamos al borde del sueño, basta con fijar la mirada para que el tabique de aire y de gasa se disuelva y entremos en ese mundo que está al lado del nuestro, o para que la innumerables criaturas invisibles desciendan entre nosotros a revelarnos misterios, anunciarnos el futuro, contarnos historias, descubrirnos tesoros escondidos”.&lt;br /&gt;Lleno de tesoros escondidos está este libro inagotable, que en su primera parte nos habla de Apolo y de Ulises, de Sócrates y Nerón, de Plutarco y del Apuleyo que en sus Metamorfosis o El asno de oro nos contó como nadie la historia de Amor y Psique, una de esas historias donde mejor resplandece la “luz de la noche” que da título al volumen.&lt;br /&gt;De San Pablo a Dante nos lleva la segunda parte, que se ocupa de los ritos y los mitos cristianos. Junto a las páginas dedicadas al Dios carnal de San Agustín, destacan las que se ocupan de El canto de la perla, compuesto en el siglo I o en el siglo II después de Cristo, de autor desconocido, en el que se encuentran paralelismos “con los Apocalipsis judíos tardíos, los Evangelios y las Epístolas de San Pablo, con la tradición judeocristiana y la de la iglesia de Siria, con la gnosis pagana y cristiana, con la cultura zoroástrica, mandea y maniquea e incluso con las antiguas novelas griegas, inspiradas en el culto al sol”. Pietro Citati comienza a hablar de esa obra enigmática como quien nos cuenta un cuento: “Un príncipe muy joven vivía en un remoto reino de Oriente”.&lt;br /&gt;A China se dedica la tercera parte, al mundo islámico la cuarta. En esta última –aparte de las páginas sobre Las mil y una noches, ya mencionadas-- destacan las dedicadas a literatura persa, más allá del admirado y adulterado Omar Jayyam; como él indica, una vez conocidas “las albas y las noches” de Nezami o “el espejo de los colores y los perfumes” de Rumi no dejarán ya de acompañarnos para siempre como las aguas claras de Petrarca, los albatros, faros e incensarios de Baudelaire, la nave naufragada y los pájaros de Hopkins”.&lt;br /&gt;La quinta y última parte, “La muerte de los dioses”, comienza con el encuentro entre Moctezuma y Cortés y termina con Leopardi y su poema “El infinito”. Unas historias son bien conocidas del lector español –la conquista de México, la destrucción del imperio inca—, mientras que otras resultarán tan novedosas como la de Sabbatai Zevi, al que los judíos del siglo XVII consideraron el Mesías y que acabó convertido al Islam, pero todas ellas se leen con el mismo interés.&lt;br /&gt;Pietro Citati sabe contar, seducir con la música de las palabra,
