miércoles, 18 de marzo de 2026

Las cosas como fueron

 

Margarita Nelken
La vida y las mujeres
Fundación Banco Santander. Madrid, 2025.

No sin razón, los editores suelen rechazar las recopilaciones de artículos, a no ser que su autor sea un periodista estrella y solo mientras dura la moda. Y sin embargo, cuando pasa el tiempo, el periodismo, tan ligado a la efímera actualidad, suele ser más legible, al contrario de lo que decía Oscar Wilde, que la pretenciosa literatura.

            La vida y las mujeres incluye, fundamentalmente, los artículos que Margarita Nelken publicó en El Día en los años finales de la Gran Guerra, luego denominada Primera Guerra Mundial. Las reflexiones sobre el feminismo pueden haber amarilleado con el tiempo, pero no así el retablo de mujeres –no solo españolas-- que aparecen en las dos secciones iniciales, “Semblanzas” y “Conversaciones”. Para el lector curioso, no hay novela histórica que las supere en amenidad y verdad.

            Margarita Nelken, que entonces tenía poco más de veinte años, es todo un personaje, una de las figuras centrales de la cultura española de la primera mitad del siglo XX. La madre era francesa, el padre español, pero de origen alemán, su educación tuvo poco que ver con la de las españolas de su tiempo. La actividad política --fue diputada durante las tres legislaturas republicanas-- perjudicó su consideración en otros campos, como el de la crítica de arte. Militante primero del partido socialista, en el ala más radical, la de Largo Caballero, pasó luego al comunista y se la relaciona con algunos de los crímenes más deplorables ocurridos en la zona republicana tras la sublevación militar del 36. 

            Pero cuando escribe los artículos de La vida y las mujeres la guerra civil, con su mezcla de heroísmo y barbarie, todavía no asoma en el horizonte. Otra guerra es aquella que entabla entonces Margarita Nelken: la que busca rescatar a las mujeres de su servidumbre inmemorial.

            También ha marcado negativamente a Margarita Nelken su negativa a otorgar el voto a las mujeres en 1931. Se opuso, lo mismo que Victoria Kent, la primera mujer española que había ocupado uno de esos cargos públicos para los que se creía que las mujeres no estaban capacitadas, frente a la opinión contraria de la tercera diputada republicana, Clara Campoamor. Esa oposición venía de lejos y son varios los pasajes de este libro en que se refiere a ella. “¿Las mujeres deberían votar hoy en España? –escribe en un artículo de 1918--. Desgraciadamente, creemos que no; pues, dada su escasa cultura y la facilidad que por eso mismo ofrecen a toda clase de influencias, el voto actual de la mayoría de las mujeres españolas significaría para España un terrible retroceso”.

            Al margen de ese hecho –Margarita Nelken creía que la igualdad educativa y laboral debería venir antes que el voto y así lo razona repetidamente--, pocas voces tan vigorosas como la suya se alzaron entonces para defender a la mujer y derrumbar los tópicos del antifeminismo. “A propósito de una frase” rebate una afirmación de los hermanos Quintero, quienes no consideraban más progresivo “ese encerrar a las mujeres como tristes esclavas en oficinas antipáticas y odiosas, en las cuales se ajan, se marchitan y son miserablemente explotadas” que el trabajo habitual de las mujeres en talleres de costura, con su “atmósfera de cordialidad”. Margarita Nelken describe la situación real de los talleres de costura, que nada tiene que ver con el bonito cuadro de una muchacha cosiendo “entre un tiesto de claveles y la jaula dorada del canario”.  

            Otro de los artículos se titula “A propósito de un anuncio”. El anuncio, aparecido en uno de los principales diarios franceses dice así: “Se desea: una mecanógrafa, persona muy formal, teniendo nociones científicas para ensayos técnicos”. Margarita Nelken lo considera “un hecho trascendental y, más aún, inaudito”. Y continúa: “¿A qué ingeniero, ni a qué director de fábrica, ni, más sencillamente, a qué comerciante se le hubiera ocurrido hace unos años buscar, para ayudarle en sus ensayos técnicos, a una mujer?”. Estamos en 1917. Hoy lo que nos sorprende de ese anuncio es que ni siquiera se piense que la mecanografía pueda ser cosa de hombres.

            Algunas de las mujeres de las que se habla en este libro, siguen siendo conocidas hoy –Margarita Xirgu, Zenobia Camprubí, Madame Curie--, pero otras requieren una búsqueda en Internet para saber quiénes fueron y qué ha sido de ellas. Podía haber realizado esa labor Alejandra Rodríguez Parragués, encargada de la edición, pero ha preferido limitarse a actualizar la ortografía y añadir entre corchetes el nombre propio de los personajes mencionados solo por el apellido. Un apéndice con las biografías sintéticas de los personajes que pueblan esta galería habría resultado de gran utilidad e interés. Como en una obra de vanguardia, el lector se convierte en coautor y ha de realizar ese trabajo por su cuenta.

            Entre tantas muestras de heroísmo y ejemplaridad femenina, sorprende la entrevista con María de los Ángeles Mancisidor, protagonista de uno de los más famosos sucesos de la crónica negra de la época. Su segundo marido, con el que llevaba dos años casada, la acusó de haber envenenado al primero. La manera con que la mujer defiende su inocencia, en la entrevista con Margarita Nelken, la primera que concede a la prensa tras su detención, es cuando menos curiosa: “Yo tengo un carácter muy violento; si en un arranque de genio yo hubiera pensado en matar a alguien, lo hubiera hecho de frente y no de esa manera tan baja y tan cochina. Y matar, ¿para qué? ¿Qué necesidad tenía yo de ello?”. Su primer marido era un “desgraciado”, que estaba además muy enfermo, y no estorbaba la relación con el amante, que luego sería su segundo marido. Toda una novela negra esta retorcida historia, cuyo desenlace no dejará de sorprendernos y que podemos reconstruir fácilmente con la ayuda de varias páginas de Internet.

            La historia, como la memoria individual, tiende a simplificar el pasado y a acomodarlo a los intereses del presente. Este libro nos presenta las cosas como fueron, como eran en su momento, sin la consciente o inconsciente manipulación a que se someten cuando se evocan desde el futuro.

                                               

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