Rosario Castellanos
Poesía no eres tú
(Obra poética 1948-1971)
Fondo de Cultura Económica. México,
2025.
En
2025, se cumplieron cien años del nacimiento de la poeta mexicana Rosario
Castellanos. No solo era poeta. Escribió también novelas, relatos, teatro,
ensayos y multitud de artículos, muchos de ellos de reivindicación feminista,
recopilados en libro póstumamente. Fue además profesora y muy activa gestora y
divulgadora cultural. Siguiendo la tradición de su país, en 1971 fue nombrada
embajadora en Israel. Murió en Tel Aviv, en un absurdo accidente doméstico:
electrocutada por un cable en mal estado al salir de la ducha. Tenía 49 años,
los mismos que Rubén Darío cuando murió, aunque este, dada su precocidad, nos
dé la impresión de haber vivido muchos más y haber dejado concluida su obra.
No fue así en el caso de Rosario
Castellanos, pero tuvo el tiempo suficiente para convertirse en una de las
figuras centrales de la literatura de su país, pionera en la reivindicación
indigenista y feminista.
En
España, sin embargo, su centenario ha pasado inadvertido, al contrario de lo
que ha ocurrido con su coetáneo Ángel González. Aunque hablemos la misma lengua
(o variantes de la misma lengua), cada país hispano tiene su escalafón literario
y no siempre, o casi nunca, los prestigios se mueven en un sistema de vasos
comunicantes. Los casos de Neruda, Vallejo o Borges son la excepción, no la
regla.
En 1971 reunió su obra poética,
iniciada a finales de los años cuarenta, con el título de Poesía no eres tú.
Con motivo del centenario se reimprime ese volumen y es un buen motivo para
leer su poesía sin prejuicios, al margen de los otros méritos de la autora.
La poesía, al menos la poesía
contemporánea, no se lleva del todo bien con el formato libro. El poema, tal
como lo entendemos hoy, no como se entendía en tiempos de Campoamor, solo como
excepción ocupa más de una o dos páginas. Y es el poema, no el libro de poemas,
la obra literaria completa. Tras la lectura de un poema, no se puede pasar de
inmediato a la lectura del poema siguiente, como si se tratara del capítulo de
una novela.
¿Cómo leer unas poesías completas?
No parece buen método empezar por la primera página y seguir leyendo ordenadamente
hasta el final. Esa es la lectura del estudioso, que siempre es una segunda o
tercera lectura, no la del lector que Borges llamaba hedónico, esto es, la del
que lee por el placer de leer, no para encontrar información sobre un
determinado tema o ampliar su cultura.
Buena parte de la poesía de Rosario
Castellanos, escrita hace más de medio siglo, da la impresión de no haber
envejecido bien. Quien comience a leer por el largo poema inicial, “Apuntes
para una declaración de fe”, es posible que no se anime a continuar. Así
comienza: “El mundo gime estéril como un hongo. / Es la hoja caduca y sin
viento en otoño, / la uva pisoteada en el lagar del tiempo / pródiga en humos
agrios y letales”. Y así continúa divagando durante unos cientos de versos.
Tarda la poeta en encontrar una voz
que no nos suene a consabida palabrería poética. Comienza a encontrarla con El
rescate del mundo, una mirada al mundo exterior –“Cosas”, “Diálogo con los
oficios aldeanos” se titulan dos de sus secciones—y una renuncia a cierto
retórico verbalismo al que tan proclive era en sus comienzos. Los poemas, por
lo general de arte menor, se aproximas a veces a la canción, como en “Una
palmera”: “Señora de los vientos, / garza de la llanura, / cuando te meces
canta / tu cintura”. No es todavía su voz más personal, pero ya se deja leer.
Se
incluyen en esta recopilación dos “poemas dramáticos”, Salomé y Judith,
de resonancia lorquianas y valleinclanescas. Ambas historias bíblicas, utilizadas
anteriormente por muy diversos escritores, adquieren un nuevo valor trasladadas
al ámbito de la revolución mexicana. También un apartado de versiones, se
supone que de poetas especialmente admirados por la autora: Emily Dickinson,
Paul Claudel y St.-John Perse. Nada que objetar a la primera, pero sorprenden
los dos últimos: se trata de dos poetas enfáticos y retóricos muy alejados de
la sensibilidad contemporánea. Pocos
lectores serán capaces de leer completa la interminable “Oda segunda”, de
Claudel. Rosario Castellanos parece, sin embargo, tomarla como ejemplo para
alguno de sus poemas más impostados y prescindibles, como “Lamentación de
Dido”, que contrasta con el tono coloquial de otros monólogos dramáticos,
género o subgénero al que es muy proclive la autora,
Una obra poética completa comienza a
leerse hojeando acá y allá hasta dar, si hay suerte, con un poema que nos
atrape. Si no la hay, podemos dejarlo de lado sin mala conciencia. No toda
poesía, por muy célebre que sea el autor, resiste el paso del tiempo ni es para
todos los lectores ni para todos los momentos. Otra cosa es su valor como
documento en la historia literaria.
Para lector curioso y sin
prejuicios, la poesía de Rosario Castellanos ofrece muchos puntos de enganche.
Uno de ellos puede ser el poema “In memoriam”, uno de los más intensos y
emocionantes epitafios de la lengua española. Otro, “Acción de gracias”: “Antes
de irme –igual en cortesía / al huésped que se marcha-- / quisiera agradecer a
quien se debe / tantas cosas hermosas que he tenido”. Y sigue una enumeración
que no condesciende con el tópico.
En sus monólogos dramáticos, Rosario
Castellano no deja de recurrir un tanto convencionalmente a los mitos clásicos
(ya hemos citado “Lamentación de Dido”, podemos añadir “Testamento de Hécuba”),
pero en los más memorables el personaje que habla se identifica con la autora,
coincidiendo en esto con Gil de Biedma, aunque no parece que hubiera relación
directa entre la obra de ambos. Uno de ellos se titula explícitamente
“Autorretrato” y está escrito en ese tono coloquial, irónico y desmitificador
que será característico de lo más personal de su poesía.
Con la cuidada y algo manida
retórica de sus primeros libros, contrasta el lenguaje directo y los temas tan
poco convencionalmente poéticos de los últimos. “Kinsey Report” refleja, en sus
propias palabras, la vida sexual de seis tipos distintos de mujeres;
insatisfactoria, salvo una excepción: “Mi amiga y yo nos entendemos bien. / Y
la que manda es tierna, como compensación, / así como también la que obedece /
es coqueta y se toma sus revanchas. / Vamos a muchas fiestas, viajamos a menudo
/ y en el hotel pedimos / un solo cuarto y una sola cama”.
Debieron de escandalizar en su momento
–“esto no es poesía”, dirían los puristas-- poemas como “Telenovela”, sátira de
un tiempo en que la televisión era “la Gran Caja Idiota” que ocupaba “el sitio
que dejó vacante Homero, / el centro que ocupaba Scherezade / (o antes de la
invención del lenguaje, el lugar / en que se congregaba la gente de la tribu /
para escuchar al fuego)”. El cuadro costumbrista que sigue refleja una sociedad
que ya no es la nuestra.
Quien
escribe como se habla –aunque sea un poeta-- llega más lejos que quien escribe
como se escribe. Siempre que tenga una inédita y desmitificadora visión del
mundo, y ese era el caso de Rosario Castellanos.








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