Javier Salvago
La vejez del poeta
Renacimiento. Sevilla, 2026.
Un
libro puede ser ilustrativo tanto por sus errores como por sus aciertos. Javier
Salvago destacó entre los poetas de los ochenta por su recuperación de la
métrica clásica unida a un tono conversacional en el que no faltaba el recurso
al humor (La destrucción o el humor se tituló precisamente la obra que
le dio a conocer) junto a los homenajes a otros autores.
En
La vejez del poeta predominan las estrofas clásicas, especialmente las
de arte menor, y ocupan un lugar muy destacado, como en sus primeras obras y en
otros poetas de los ochenta (pensemos en Carlos Marzal), las referencias a
Manuel Machado.
“Variaciones
sobre un poema de Manuel Machado” se titulaba un poema incluido en su libro En
la perfecta edad, de 1982. Escrito en los característicos pareados
alejandrinos de los autorretratos de Machado comenzaba citando uno de ellos,
“Prólogo. Epílogo” de El mal poema: “El médico me manda no escribir más.
Renuncio, / pues, a ser un Verlaine, un Musset, un D’Annunzio”.
“Cuarenta años más tarde” reescribe
el poema propio que ya reescribía un poema ajeno: “El médico me manda –de
nuevo, como antaño-- / no escribir más. O, al menos, que entierre el desengaño”.
Otro poema lleva un título de Gil de
Biedma, “Canción para ese día”, y un subtítulo explicativo: “Variaciones sobre
unos hai-kais de Manuel Machado”. También se parafrasea a Bécquer y se cita,
sin citarlo, a Francisco Brines: “a debida distancia/ cualquier vida / es de
pena”. Pero todo da la impresión de hacerse mecánicamente, gratuitamente, sin
aparente necesidad.
La Inteligencia Artificial, a la
hora de redactar poemas, no parece alejarse mucho de la Inteligencia Natural de
ciertos poetas: encadena y entremezcla referencias de textos anteriores, se
deja llevar por la rima. Comete errores (los versos no suelen llevar los
acentos en el lugar adecuado), pero no ciertos errores, como los que
encontramos en “Consejos para ti mismo”. Se trata de un romance en versos
heptasílabos al que de pronto le falla una de las rimas: “Que no sea un adorno
/ vano la poesía, / sino respiración, / naturaleza viva. / Escucharte a ti
mismo / mucho más que a las musas. / Conversar con el hombre / que dentro de ti
habita”. La Inteligencia Artificial no escribiría “musas”, sino acaso “misas” y
entonces el usuario corregiría por “prisas” y así quizá mejoraría el poema:
“Escucharte a ti mismo, / mucho más que a las prisas”.
El consejo más importante que se da
a sí mismo Javier Salvago en ese poema es “no escribir tonterías”. Yo lo
completaría: y, si se escriben, al menos no publicarlas o hacerlo solo en
alguna red social sin recopilarlas en libro.
La vejez del poeta echa la
vista atrás “desde la última vuelta del camino”, para decirlo con el título que
Baroja dio a sus memorias. La décima inicial comienza: “No digo yo que esté mal
hecho / el mundo ni que la vida / no merezca ser vivida”, pero conduce “a la
muerte, / a la nada y al olvido”. Esa visión negativa de la muerte se
contradice en otros textos: “¿Vivir eternamente? / La vida se soporta / porque
existe la muerte”.
Uno de los pocos poemas que
justifican el libro es el soneto “Al final del túnel”, que utiliza la técnica
del engaño-desengaño formulada por Bousoño, y que acaba identificando “La luz.
La trascendencia. La belleza” con “la nada”. Con un tono muy distinto, otro de
los poemas que se salvan es “Zombi, mi gato negro”, en el que parece haber
seguido el consejo que le da “el médico” (el psicólogo, más bien) en “Cuarenta
años más tarde”: “Que haga como hacen tantos admirables colegas / que hasta lo
más humilde y simple lo celebran”.
En el poema que da título al
conjunto, se lamenta de “acabar viejo y cansado” tras dejar “una obra / gratis,
a costa de tu tiempo, / de tu dinero y tu energía”. El lector sonríe ante tanta
ingenuidad: si la poesía no produce, por lo general, dinero no es porque los
poetas generosamente la regalen, sino porque sus libros se venden poco y nadie
paga por acudir a sus recitales.
Un libro de poemas es algo más que
una recopilación de poemas mejor o peor redactados, de ejercicios más o menos
ingeniosos. El ingenio no lo ha perdido del todo Salvago ni la habilidad
retórica, como demuestran sus sonetillos trisílabos, “La poesía” y “La vida”
(tan manuelmachadianos, una vez más). Pero qué sentido tiene, salvo para
practicar ortografía, un poemita como el titulado (con eco de Aleixandre)
“Sombras del paraíso”: “Cuánto / dolor / hay / ahí. / Ay, / infancia”. Y tantos
otros, meros desahogos o compendio de obviedades , como el “Rap de la guerra”.
Escribir versos dejándose llevar por
el metro, apuntar ocurrencias, aprovechar (sin pagar derechos, como se reprocha
a la Inteligencia Artificial) textos ajenos es solo la fase previa, muy previa,
de un libro de poemas. El trabajo, el verdadero trabajo literario, empieza
después.
Un
desganado Javier Salvago parece haber renunciado a hacer ese trabajo. Y no ha
habido ningún editor (en el sentido inglés del término) que le haya ayudado en
esa imprescindible labor que, cuando el poeta es joven, suele cumplir un amigo,
poeta o no, pero excelente y atento lector (en su caso, fue Fernando Ortiz).
Sin crítica y autocrítica no hay creación, salvo “por casualidad”, como en la fabulilla
de Iriarte.
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Me hiere. Tanta reseña a libros menores. Tanto rigor con los buenos poetas. Tanta mansedumbre con García Montero. Uno más a la lista de agraviados sin motivo....antes sabía mirar y leer y escuchar y callar, ya no.
ResponderEliminarCarmen oteo
ResponderEliminarEn las críticas a LGM, y creo que JLGM es su amigo, no he visto mansedumbre. Tampoco una crítica de buen rollo.Ha dicho lo que le gustaba, porque es bueno, y lo que no le gustaba o lo veía cansino o poco interesante, también. Al principio me cabreaba con algunas de sus críticas a poetas que me gustan mucho (Gallego, González Iglesias, Álvarez) pero luego vi que no eran fruto de un berrinche o mala leche, si no que estaban seriamente justificadas. Por eso lo sigo ( y no lo conozco de nada).
EliminarCon esa muestra que anotas de los versos de Salvago es evidente la ausencia de poesía, así de simple. Incluso el rigor que le hizo falta, no le garantiza alcanzar a tocar la verdadera poesía, así que... Por otro lado, estoy en desacuerdo en tu frase de "sin crítica no hay creación". La creación no necesita de la crítica para existir, de la autocrítica sí. Ahí sí es donde es muy necesario que el creador se convierta en su primer lector (desde ahí ya se está criticando a sí mismo). Por algo agregas la autocrítica como corrigiendo la frase con que titulas este artículo.
ResponderEliminarGracias por esta reseña y llevarnos a los lectores al conocimiento de los autores contemporáneos y de la situación de la creación en general.
Creo que la crítica es muy ácida. Me lo voy a comprar, porque los primeros de Salvago me gustaban mucho. Pero sobre todo para ver si hay esa desgana. Joe, es que dice usted que ha escrito tonterías. Eso es muy fuerte. Pánico me da que lea mi libro,aunque como es Semana Santa, lo mismo salva algún poema. Pero, y si fuera verdad, aunque sea Javier Salvago, que se repite, que ha perdido chispa, lucidez? Pues lo mejor es que yo lo compruebe.
ResponderEliminarCompruebo, José Luis, con un poquito de estupor y mucha pena., que últimamente te importa menos hacer el ridículo. Los "reparos" que le pones a Javier Salvago en tu reseña (?) son sencillamente estúpidos y, por lo tanto, indignos de ti. Debieras empezar a buscarte un editor literario, en el sentido inglés del término, como te gusta decir. Te sería de bastante ayuda. Mientras tanto, tápate por favor; tápate un poco. No es un espectáculo agradable verte, tan contento, con las vergüenzas intelectuales al aire.
ResponderEliminarTe acababan de publicar unos editores agradecidos los dos mil poemillas que has redactado o supurado en lo que va de siglo XXI y te parece (eso nos dices) que quien escribe "mecánicamente, gratuitamente, sin aparente necesidad", es en realidad Javier Salvago. E incluso crees darle un buen coscorrón propinándole una "rima" que, según tú, le falta a uno de sus poemas. Hace cuarenta años sabías "leer" poesía, más allá de la obviedad. ¿Se te estará olvidando?
ResponderEliminarMi desganado José Luis, tienes que esforzarte un poquitín más. El poema en el que tú echas de menos una rima (para así tener la excusa de regalarles un ripio tuyo a tus corifeos y corifeísimos) está perfecto. No sabes distinguir un lunar de un grano. Tu ánimo es el de un estudiante al que le pidieran que analice un romance y no va más allá de decir que hay una rima que falta o falla, cuando en realidad, en el poema (que es lo que importa), no falta ni falla absolutamente nada. La supuesta rima de menos es un más clarísimo para el poema. Ahí, justamente, está la diferencia entre un versificador vulgar y corriente y un poeta verdadero como Javier Salvago.
ResponderEliminarEl editor de Javier Salvago, mi admirado Abelardo Linares, sintiéndose (sin razón) aludido respira por la herida. Me alegra mucho saber que su dedicación a Chaves Nogales, tan obsesiva como fructífera, le ha dejado tiempo para leer los dos mil poemillas que he escrito a lo largo del siglo XXI y que me acaban de publicar unos editores agradecidos. De lo que no estoy tan seguro es de haya tenido tiempo para leer el libro último de Salvago y me siento un poco culpable por ello: leer dos mil poemas, aunque sean poemillas, dificulta leer otras cosas menos ripiosas.
ResponderEliminarAconsejador José Luis: no deja de ser sorprendente que pretendas ahorcar a Javier Salvago con una cuerda hecha con papel de baño, cuando tienes toneladas de buena soga en tu casa. Parece que te quejas de que el maestro Salvago utilice "textos ajenos", por eso se me ocurre ocurre preguntarte por tu uso de conceptos ajenos, como debiera ser en poeta nada religioso, como tú, el concepto de Dios.
ResponderEliminar¿exactamente cuántas veces aparece en los dos tomos de tu poesía completa la palabra Dios? Dime por favor la cifra exacta y quédate con todo lo demás, como decía María dolores Pradera.
José Luis, eres un maestro escribiendo, pero un maestro mayor aún dejando de escribir lo que no te conviene contestar. Cuando un torero tan jacarandoso y tan torero como tú no se atreve a tender el capote ni la muleta "a lo que tiene en frente", para disimular, lo que hace es cambiar de tercio.
ResponderEliminarJosé Luis, tómate lo que yo te digo y te diga como un purgante o un laxativo. No hay mala fe por mi parte. Es por tu salud. La literaria. De la otra estás estupendo.
ResponderEliminarSi por admirar la poesía de Javier Salvago, más allá de que sea su editor y por ironizar sobre tu poesía del siglo XXI, más allá de que sea tu editor, respiro por la herida, ¿por donde respiras tú?
ResponderEliminarterminas diciéndome: "leer dos mil poemas, aunque sean poemillas, dificulta leer otras cosas menos ripiosas." ¡Que final! ¡Vaya apoteosis! Concentras toda tu ironía en una sola palabra: DIFICULTA. ¡Vaya mandoble! No se porqué me viene al recuerdo un verso un tanto diverso o perverso: "¡Qué blando con las espuelas!
ResponderEliminarCuànto amable bla bla bla, querido Abelardo. Se nota que en las hemerotecas de Buenos Aires ya no te quedan artículos de Chaves Nogales que rastrear. Yo del libro de Salvago ya he dicho bastante (podría decir más, pero ya sabes que no me gusta insistir en lo negativo). Ahora me dedicó a leer y anotar el libro de la próxima semana (que no será ni de Bértolo ni de Uclés ni de Zurita, como a ti te gustaría).
ResponderEliminarTe sientes con fuerzas, por lo que dices, para ser el editor literario de Javier Salvago y para corregirle versos. Incluso pareces decir en serio que un poema suyo "mejoraría"con el siguiente mamarracho de tu personalísimo caletre: “Escucharte a ti mismo, / mucho más que a las prisas”.
ResponderEliminarSi se te avisa de que estás haciendo el ridículo con cosas como esa, si se te afea que quieras rebajar a los demás, a los que más valen, cuando eso no te va a hacer a ti más grande, o escurres el bulto o cambias de tema o te afirmas en que todo lo que pueda yo decirte no es sino bla, bla, blá.
Y sí, del libro de Salvago, has dicho bastante. Te habrás quedado a gusto, como después de ir al baño.
He dicho lo suficiente sobre el libro de Salvago, que añade a su obra media docena de excelentes poemas. Pero podría decir mucho más sobre poemas concretos y sobre el incoherente conjunto. Es lo malo de no hablar de oídas y de recuerdos de otros tiempos mejores para el poeta (los años ochenta), sino tras atenta lectura de lo que un autor, quizá mal aconsejado, se ha decidido a reunir en volumen. Pero puedo estar equivocado, por supuesto. Lo que no se puede negar es que sé de lo que hablo.
ResponderEliminarEn tu reseña no queda claro que haya "media docena de excelentes poemas". Eso lo añades ahora. Cualquier crítico razonable salvaría un libro que cuenta con "media docena de excelentes poemas", cosa que tú no haces.
ResponderEliminarEn poesía, la unidad de medida valorativa es el poema, no el libro. Eso del "incoherente conjunto" al que aludes es una tontería tuya, sin respaldo real. A un poeta tan coherente y personal, como Salvago, tan felizmente insistente en su temas y en su particular mundo no se le puede acusar de incoherente a humo de pajas y de buenas a primeras y con un aquí te pillo y aquí te mato propio de Jack el destripador.
Pero... al menos, aceptas -con resignado talante, pero aceptas- que yo pueda tomarme contigo las mismas "libertades" que tú te tomas con Javier salvago y demás damnificados. Lo que tú le propinas a los poetas que más debieras admirar no son reseñas. Son coces.. y "besos" de llama del Altiplano".
Relee el libro y la reseña (si es que ya los has leído) y comprobarás lo bien que se le ajusta mi comentario: un traje hecho a medida por un sastre con amplia experiencia.
ResponderEliminar¡Qué vas a ser un sastre si eres un desastre!
ResponderEliminarPuedo ser un desastre de sastre.
ResponderEliminar¡Eso sí! Es muy hermoso que al final lo reconzcas.
ResponderEliminar
ResponderEliminarJAVIER SALVAGO CAMBIA DE MÉDICO
Si estás harto de la vida
--me aconseja el buen doctor--,
cuéntalo en una novela
y al suicidio dile adiós.
Si una mujer te abandona,
imita a Goethe y no Larra,
dispárale algunos versos
y luego vete de farra.
Bien o mal, escribe, escribe,
que es medicina barata,
y a no ser que lo publiques
sin efectos secundarios.
Escucha lo que no quiere
quien publica lo que quiere
sin pensar ni corregir,
porque allá en su Vetusta
con la escopeta cargada
aguarda García Martín.
No respeta a sus amigos
ni siquiera a su editor,
pregúntaselo a Abelardo,
consulta con Miguel d’Ors.
Solo la verdad respeta
y la tiene que decir,
sin que le preocupe nunca
aquel a quien pueda herir.
Sigue imitando al Machado
más terne y más jaranero,
olvídate de ese Zoilo,
ponte al mundo por sombrero.
Desahogarse en unas coplas
es la mejor medicina,
que las penas que se cantan
más fácilmente se olvidan.
Si estás harto de la vida
ResponderEliminarvete a ver al doctor
que nos da la medicina
que a lo malo dice adiós.
El que más mal escribe
es escribano menor,
a ese el señor Martín
no sube a su panteón.
Solo la verdad respeta
José Luis el criticón,
lo dice don Abelardo
y también lo dice D´Ors..
Por imitar a Machado
es un poeta de estelas,
no hay caminos en la mar
sino vientos en las velas.
Se declara buen ateo
y no se olvida de Dios,
ay el poeta Salvago
al que Martín no enmendó.
Me temo, Jesús Castellano, que lo tuyo no es el verso menor de aire tradicional, sino el vagaroso versiprosa.
ResponderEliminarTiene usted toda razón
Eliminary ni un punto se la quito,
lo mío es el versipreso
todo llenito de ripios.
Un mérito solo tengo
que es el ser su lector,
no seré su preferido
pero lo soy del montón.
Le felicito el escrito
porque es usted un farol
que ilumina los caminos
del poeta poetón.
Con usted no entro en lid
y entierro el hacha de guerra
en su noble corazón
y su despierta cabeza.
Pues muchas gracias, Jesús,
Eliminarpor esa buena opinión
y también porque tú fuiste
el esforzado editor
primero de este diario
en la ciudad de Gijón
y en esa hermosa aventura
que “Lúnula” se llamó.
José Luis, el "romancitismo" puede hacer mucho daño. Casi tanto como el romanticismo. En tu blog es ya una plaga. Ojalá no sea contagioso.
ResponderEliminarJosé Luis, en tu desventurado romance a Javier Salvago escribes:
ResponderEliminar"porque allá en su Vetusta
con la escopeta cargada
aguarda García Martín".
Los pobres, no tienen sentido común, ni rima, ni medida, ni perrito que les ladre (a no ser un servidor).
¿Pero no viste que uno tiene 7 silabas, 8 el otro y 9 el de más acá?
Tú no andas haciendo romances, tú gateas haciendo romances. Aunque te reconozco, que son tan malos que hasta tienen gracia.
Sabes contar, al menos hasta diez, de eso no hay duda, amigo Abelardo, pero me temo que has olvidado lo que es un romance porque esa improvisada estrofilla no lo es. Repasa el manual.
ResponderEliminarY esa plaga de que hablas
ResponderEliminarnunca hizo daño a nadie,
blablabear comentarios
sin pensar un poco antes
tampoco es cosa que pueda
considerarse un mal grave,
Sigue, sigue, buen amigo,
tratando de refutarme.
Hasta puede que me deje,
para no desanimarte,
ganar alguna partida.
Está la doy por perdida,
aunque no lo crea nadie.