sábado, 8 de agosto de 2015

España levanta el puño


España levanta el puño
Pablo Suero
Edición de Alfonso López Alfonso
Espuela de Plata. Sevilla, 2015.

De Pablo Suero, autor de un libro mítico, España levanta el puño, se sabían muy pocas cosas. Que fue un periodista argentino amigo de García Lorca, que visitó España en vísperas de la guerra civil, y poco más. Ahora Alfonso López Alfonso, en un ejemplar trabajo de investigación (para el que ha contado con la ayuda de Mirtha Mansilla, albacea de Suero), lo rescata de las sombras. Nació en Gijón, en 1898, emigró de niño a Buenos Aires, muy joven se inició en el periodismo, publicó una novela y dos libros de poemas, cultivó con éxito el teatro comercial (Eva Perón fue actriz en una de sus compañías), entrevistó a las grandes figuras de su tiempo, murió en accidente de automóvil una madrugada alcohólica de 1943.
            España levanta el puño se publicó por primera vez en Buenos Aires el año 1937, con prólogo de Enrique González Tuñón, y llamativa cubierta de Julio Vanzo. Esa primera edición, muy saqueada por ciertos estudiosos (Ian Gibson la tomó como hilo conductor de su libro Cuatro poetas en guerra), era inaccesible para el lector común. La reedición del 2009 no aportaba ningún dato sobre su autor. Esta nueva edición añade además dos interesantes apéndices y un álbum de fotografías en su mayoría inéditas.
            En diciembre de 1935, Pablo Suero llega a España; en febrero del 36, tras las elecciones que dieron el triunfo al Frente Popular, regresa a Buenos Aires. Las crónicas que fue enviando a Noticias gráficas y a Caras y caretas las reúne en volumen, con algunos retoques, tras el estallido de la guerra civil, que les había dado nueva actualidad.
            No han perdido nada de su interés. Su nerviosa escritura, su desdén por la retórica, características del mejor periodismo, las ha impedido envejecer. Comienza el volumen con una serie de breves anotaciones tituladas “Estampas de España”. Pablo Suero, aunque nacido en Asturias, nos mira con ojos de extranjero, sin aludir para nada a su origen. Por las calles de Barcelona, suspendido el estatuto de autonomía, patrullan los guardias de asalto y los guardias civiles, pero a pesar de eso le parece la ciudad de más intensa vida nocturna; ni París, ni mucho menos Madrid, pueden comparársele.
            En la capital le sorprenden las muchachas que estudian: “Prestan un encanto singular a Madrid, con sus boinas inclinadas, sus impermeables azules, blancos, rojos, violetas y sus brillantes botas de amazona”. Al verlas del brazo de sus amigos estudiantes, con libros en la mano, gorjeando alegremente por las calles, le parece que la igualdad de la mujer está a punto de conseguirse.
            A los cafés, como no podía ser de otra manera, dedica muchas páginas. Los hay “miliunanochescos” con “enormes columnas transparentes llenas de pájaros, inmensas peceras, por donde van y vienen peces vestidos de escamadas soirées, enloquecedoras combinaciones de espejos y de luces difusas de todos los tonos, planos superpuestos que marean, porque por instantes nos parecen sentir encima toda la multitud que llena el café. Sí, multitud, porque en estos cafés caben y están continuamente cerca de mil personas”.
            En la España que vio Suero a comienzos de 1936 no era inevitable la guerra civil. La crónica de la jornada electoral, que dio el triunfo a las izquierdas, termina con las siguientes palabras: “Quien, como yo, ha visto a este pueblo en esta hora, tan enérgico y digno, resolver su destino futuro con calma ejemplar, tiene que tener confianza en el mañana de España”.
            No, el futuro no estaba escrito ni antes ni después de las elecciones. Gil Robles se veía como ganador: “Me afirma el triunfo rotundo de las derechas unidas. Se solaza después describiendo la organización electoral poderosísima de Acción Popular, que ha lanzado al país cuarenta millones de pasquines, y organiza actos como el que esa noche tendrá lugar, en que su discuroso será transmitido a doscientos teatros de España, fusionando para tal efecto todas las líneas telefónicas del país. Me dice que solamente Hitler ha podido movilizar un tren de propaganda de esta magnitud”. Duda Suero del republicanismo de Gil Robles, considera que tras su partido “el belfo del Borbón expulsado acecha ansioso”. Pero lo más probable es que, de haber triunfado, hubiéramos tenido en España un régimen como el de Salazar.
            No menor interés que las entrevistas con los políticos –que nos hablan de las muchas Españas posibles en aquel momento, cuando todos los caminos parecían abiertos– presentan las dedicadas a escritores, llenas de novelería y de pequeños detalles exactos. Suero concede un gran protagonismo a la nueva generación, que es también la suya, capitaneada por su admirado García Lorca, sin olvidar a Alejandro Casona “flamante esperanza de la escena hispana”.
            España levanta el puño es un libro esperanzado e ilusionado. Todo era posible todavía en febrero de 1936, aunque ahora nosotros no veamos en los acontecimientos de entonces más que presagios de lo que habría de venir.
            Una obra maestra del periodismo que nos habla de la España que fue y de la que pudo haber sido.

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