jueves, 16 de diciembre de 2021

Qué hay de nuevo en poesía

 


 

Es capital todo lo que fluye
María García Díaz
Traducción de Xaime Martínez
Ultramarinos. Barcelona, 2021.

¿Qué hay de nuevo en poesía?, se preguntan cada cierto tiempo los lectores y los críticos. Han pasado ya más de dos décadas desde que comenzó el siglo XXI, ¿dónde están los poetas que han sucedido a los que se dieron a conocer a finales del siglo anterior, los últimos que parecen haber entrado a formar parte de la historia de la poesía española? ¿Quiénes son los sucesores, en prestigio e influencia, de un Luis Alberto de Cuenca, un Luis García Montero, un Felipe Benítez Reyes?. Hay, sí, epígonos, abundantes epígonos, algunos de indudable talento, pero no se ha vuelto a dar el caso de poetas que aúnen amplia difusión y aceptación crítica.

En el siglo XXI, hemos asistido a un fenómeno en cierto modo semejante al que se da entre la música pop y la música culta: hay por un lado una poesía que se difunde primero en las redes sociales y en lecturas públicas y que, cuando se recopila en libro, alcanza tiradas hasta ahora desconocida en la edición poética; hay, por otro, una poesía que gana premios, algunos de cierta resonancia mediática, pero por lo general cada vez más ignorados y desprestigiados, y que es alabada por críticos afines, por poetas amigos, por estudiosos académicos, e ignoraba por los lectores. Elvira Sastre, que ya ha dado el salto a las editoriales de prestigio, o el cantautor Marwan pueden ser ejemplo de lo primero. María García Díaz, que acaba de publicar su cuarto libro, en versión bilingüe, asturiano y castellano, de lo segundo.

            Es capital todo lo que fluye lleva un prólogo, de cierta ambición teórica,firmado por Unai Velasco, quien aspira a caracterizar a caracterizar a la autora como representativa de una segunda hornada generacional que sucedería a los poetas “que publicaron sus primeros libros durante la década de 2010 (nacidos en los años 80 y principios de los 90). Antes abría otra generación, la del 2000 (nacidos en los 70), Cita muchos nombres de esas dos o tres generaciones Unai Velasco, pero ninguno que destaque sobre el conjunto y las características comunes que los encuentra (unos respiraron “el aire de la Posmodernidad”, otros han crecido advertidos “por la resaca del Posestructuralismo”) son de una gran vaguedad conceptual, lo que las convierte en inoperantes. Se han publicado innumerables antologías de la poesía joven en estas últimas décadas, pero ninguna ha servido para cribar nombres, establecer un canon.

            María García Díaz, nacida en 1992, violinista y estudiosa de la física cuántica, vale quizá más por lo que representa que por sus logros poéticos, al menos hasta el momento. Su cuarto libro de poemas está escrito en asturiano y se publica en Barcelona acompañado de la versión castellana de otro poeta, Xaime Martínez. Está escrito en asturiano, pero no hay ninguna referencia a la tradición poética en esa lengua, tampoco a la tradición española. Abundan las citas, casi todas en inglés, pero en español solo se cita al poco conocido y coetáneo Miguel Rual. Los dos rasgos más evidentes de un sector importante de los nuevos poetas parecen ser el volver la espalda a la tradición literaria española (su lengua de cultura es, en buena medida, el inglés) y un cierto carácter gremial que los lleva a leerse y citarse unos a otros, ajenos al común de los lectores.

            Unai Velasco relaciona ciertas características de la poesía de María García Díaz, como su escritura “narrativamente expoliada”, su estar “a medio camino entre la segmentación cinematográfica y la jugosidad de una observación cuasi microscópica” ,con su dedicación al campo de la física cuántica. Pero ya sabemos que la física cuántica –la física que estudia las partículas elementales: electrones, protones, neutrones, quarks, fotones-- se ha utilizado para justificar muchos disparates: los viajes en el tiempo, los universos paralelos, el poder estar en dos lugares a la vez, los gatos simultáneamente vivos y muertos, y también una presunta literatura cuántica que tiene tanto que ver con ella como cualquiera de esos populares disparates.

            La estética de María García Díaz es la del fragmento, la ruptura sintáctica, la elusión del referente. No siempre consigue escamotear del todo al lector aquello a lo que se refiere. Uno de los poemas vuelve al tópico del menosprecio de corte y alabanza de aldea: “Raspa el alba / los colores del gallo / envuelven el cuarto fuera / y un cerebro inflamado / tiene que ir a cosechar el grano / tiene que ir / a guardar la leche / dónde la impostura / entre el pasto, entre las lilas / entre el abono tierno / dónde la impostura / bajo la luz incisiva / dime dónde el simulacro”. En otro (“Homo faber”), encontramos una descripción del arte del lutier. Hay también una enumeración de las restricciones tradicionalmente femeninas  (“No subas / a la mimosa, no manches / los náuticos, / no huelas a regla...”) y algún eco de Safo entremezclado con la poesía oriental: “Si las dos / tenemos sed / vamos a acercarnos al río / vamos a chapotear junto a los lotos / vamos a dialogar / bajo las ramas del sauce”

            Pero lo más frecuente es que unas veces no entendamos muy bien de qué está hablando (toda la serie que da título al libro) y otras nos lo aclara el título (Palermo, una fotografía de Richard Learoyd), pero no nos interesa demasiado lo que nos dice. La mejor María García Díaz es la menos crípticamente pretenciosa: “Tantas veces se dijo / una habitación propia; / yo diría también el glacial viento / de la mar Cantábrica: despeja la cabeza, / esparce las algas, / crea un hogar apropiado / en el cuerpo propio”.

            A los poetas que no están anclados en la tradición se los suele llevar el viento. Bien es cierto que cada poeta verdadero crea su propia tradición y a veces tardamos en reconocerla.

9 comentarios:

  1. "A los poetas que no están anclados en la tradición se los suele llevar el viento."

    Imagina uno entonces lo que les sucederá a los pseudopoetas no anclados en la tradición que se dedican a "escamotear [...] al lector aquello a lo que se refieren" y que prefieren escribir en un dialecto que sólo leen algunos miles de personas a escribir en una de las principales lenguas del planeta.

    "Bien es cierto que cada poeta verdadero crea su propia tradición y a veces tardamos en reconocerla."

    Vistos los ejemplos citados en este artículo y otros "poemas" leídos en internet, creo que el riesgo de que María García Díaz cree su propia tradición es tan inexistente como el de que usted cambie de opinión sobre las vacunas contra el covid.

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    2. Amigo Floriano, modera las formas que esto no es el congreso de los diputados. Retira la última fase por favor.

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    3. "Que prefieren escribir en un dialecto", critica Agustín Robles. Lamentable desconocer a estas alturas que el asturiano es una lengua.

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    4. Y que el español o castellano no es más que un dialecto del latín.

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  2. Ayer respondí a la respuesta de Floriano (cuya virulencia a mí me divirtió), pero no sé si mi texto pasó (Blogger me indicó que había un error, pero a veces esa indicación no impide que el texto pase) o si el proprietario del blog lo ha censurado. En cualquier caso, lo envío de nuevo:


    Decía Courteline: "Pasar por idiota a los ojos de un imbécil es un deleite exquisito de fino gourmet."

    Me ha bastado mirar en internet quién es Miguel Floriano y leer "poemas" y aforismos suyos para que sus insultos me sepan a gloria.

    Me lo he pasado en grande viendo ejemplos de lo que es la "Nueva Poesía Española que ocupa el escenario" (la verdadera, la que quedará, se conocerá dentro de 3 o 4 décadas), como me lo pasé en grande ayer leyendo "versos" de María García Díaz como éstos: "no me tocarás nunca / si continúo quitándote / pelos de la camisa vaquera / si continúo llamándote mercenaria / de la reificación silente...". O éste: "La isotropía preserva el pecho fértil aunque los ojos roten".

    Floriano es, para empezar, alguien que tiene una gran idea de sí mismo, lo cual ya es una buena indicación de su personalidad. Un ejemplo: en su "cuaderno de bitácora" humildemente titulado "Lujuria crítica" publica bajo el título "Mis aforismos favoritos" doce aforismos: 1 de Proust, 1 de Paz, 1 de Bacon, 1 de Diderot, 1 de Coleridge, 2 de Wilde y...oh, sorpresa... ¡ 5 de un tal Floriano, Miguel ! Uno de ellos dice: "Hay algo que distingue al temperamento genial: en él la vanidad se transforma en sutil cortesía." Excelente explicación de por qué nuestro amigo llama con tanta descortesía "tonto" a alguien del que lo desconoce todo por el simple hecho de dar su opinión sobre la "poesía" de una amiga suya.

    Otra prueba de la ingenua petulancia de Floriano es lo que nos dice de su libro "La materia y la envidia": “Es un libro complejo. Descansa sobre una serie de experiencias sentimentales bastante intrincadas y súper psicoanalíticas."

    Veamos algunos ejemplos de semejante intrincamiento superpsicoanalítico:

    "Ahora estos signos indudablemente están excedidos, sobrecargados de sentido. Se tienen muchas cosas que decir, y con franqueza, no siendo posible al necesitar para ello todo lo que no existe."

    *
    "Escribo mejor de lo que sé
    para sabernos un poco mejor.
    [...]
    Escribo porque respiras un aire lujoso,
    pour voir les diamants élus,
    porque tiemblas como un cielo estrellado"

    (Extraña, por cierto, la cita, que corta la frase de Mallarmé, haciéndola absurda: "para ver los diamantes elegidos / de una estrella agonizante, que ya no brilla". En el "poema" se piensa que el "poeta" escribe para ver los diamantes elegidos - ¿por quién? - en una joyería - de ahí el "aire lujoso").

    *
    "El fantasma que fui pierde su nombre
    cuando las yemas de tus dedos
    emulan en mi espalda la implacable marcha
    de los jinetes de Escipión sobre Cartago."

    *
    Pero la prueba definitiva de que estamos ante un pipiolo torpe en cuestiones de lírica puede leerse en el "poema" titulado "Debilidad del método" (sic):

    "pongo obstinadamente
    rumbo al pensamiento,
    único no-lugar
    [...]
    No amanece aún ni lo hará nunca
    en este no-lugar"

    ¡ Dos veces en un poema una expresión tan primitiva, tan de vago, tan antiliteraria, tan contraria a todo lo que es la poesía como "no-lugar" !

    Dios te pille confesado, Floriano. Y continúa insultándome... ¡Qué placer!

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    1. No había yo visto esto tampoco. El comentario lo borré porque me lo pidió amablemente Martín. Pero desde luego, sí que eres, visto lo escrito, en efecto, más tonto que un haz de manzanillones. Eso y que tienes muchas ganas de cumplir tus sueños. Ánimo, fenómeno.

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