miércoles, 5 de mayo de 2010

Umberto Eco y Jean-Claude Carrière: Castos españoles


A Umberto Eco y a Jean-Claude Carrière les fascinan el error y la estupidez. El primero colecciona libros donde la superchería, la falsificación y la extravagancia son protagonistas; el segundo, en la estela de Flaubert, es coautor de un inagotable Dictionnaire de la bêtise. ¿Quién les iba a decir al sabio semiólogo y al guionista de Buñuel que Nadie acabará con los libros (Lumen), una conversación entre ambos, podría incluirse en la colección del uno y el diccionario del otro?
Eco y Carrière hablan de libros con pasión, erudición y humor. Dicen cosas muy sensatas sobre la presunta desaparición del libro tal como hoy lo conocemos, que tanto parece asustar a algunos; sobre las buenas librerías, más abundantes y mejores que hace medio siglo (al contrario de lo que afirma el tópico), y sobre las tonterías que gente muy docta ha dicho en libros muy serios.
Pocas tan grandes como el “descubrimiento” de Carrière: “He descubierto, no sin estupor, que en toda la literatura española no existe un solo texto erótico hasta la segunda mitad del siglo XX” (pagina 248). Y Umberto Eco lo ratifica: “Ya, pero tienen la blasfemia más terrible del mundo, que no oso citar aquí”. No hemos leído mal, Carrière insiste. En el Quijote se menciona la palabra “tetas”, pero aparte de eso “no se conoce nada más. Ni siquiera las canciones del ejército”. La culpa, claro, es de la Inquisición, que “consiguió purgar de verdad el vocabulario, sofocar las palabras y quizá incluso la cosa”. Nos frotamos los ojos. Pero eso es exactamente lo que dice ante la sonriente aquiescencia de Umberto Eco: hasta más o menos 1950, la Inquisición logró, no ya eliminar por completo las palabras obscenas de la lengua española, sino quizá incluso “la cosa”, esto es, cualquier relación sexual fuera de lo permitido por la Santa Madre Iglesia.
Parece raro que quien trató a Buñuel durante veinte años no haya oído hablar siquiera de la literatura sicalíptica de los años veinte, pero más raro resulta que a Eco no le hayan llegado noticias de La Celestina o de La lozana andaluza.
“Los autores franceses, desde Rabelais a Apollinaire, han escrito textos más o menos pornográficos, pero no los autores españoles”, afirma Carrière. “Resulta más extraño aún si pensamos que algunos autores latinos que se dedicaron a escribir este tipo de literatura eran de origen español, como Marcial, que era de Calatayud”.
Un buen regalo, en el próximo día del libro, para estos dos sabios bibliófilos, podría ser El arte de las putas, de Nicolás Fernández de Moratín.

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