viernes, 4 de mayo de 2018

Raíces y alas



Aforismos e ideas líricas
Juan Ramón Jiménez
Edición de José Luis Morante
La Isla de Siltolá. Sevilla, 2018.

“Es muy frecuente –casi la regla– que el poeta eche a perder su obra al corregirla”, escribió Antonio Machado en el prólogo a sus Páginas escogidas. En contra de lo que suele pensarse, Juan Ramón Jiménez no fue una excepción a esa regla, especialmente en sus últimos años.
            Llegó incluso a tomar la decisión de publicar todos sus versos como si fueran prosa (Antonio Sánchez Romeralo, en el volumen Leyenda, llevó a cabo ese disparate), argumentando que el poema se dirige a los oídos, no a los ojos, y que por eso resultaba artificiosa la disposición gráfica habitual. Ignoraba –como los malos recitadores– la importancia de la pausa versal para la música del texto, para que el verso sea verso. Afortunadamente, los editores modernos no tuvieron en cuenta esa última decisión del autor.
            La obra en prosa de Juan Ramón Jiménez es tan variada y extensa como su obra en verso, pero menos conocida –salvo el caso de Platero y yo– porque aunque la publicó abundantemente en revistas y diarios, apenas la reunió en volumen. Al título que le hizo popular, Platero y yo,solo se le añaden las caricaturas líricas de Españoles de tres mundos.
            Mucha de la obra en prosa de Juan Ramón Jiménez está formada por aforismos, un género que comenzó a cultivar muy joven y al que siguió fiel durante toda su vida. ¿Cuántos llegó a escribir? Alguna vez se refirió a veinte mil; uno de sus editores, Juan Varo Zafra, habla de doce mil; los que se conocen, y no parece que queden muchos por descubrir, no pasan de cinco mil. No todos tienen la misma calidad, los hay que no pasan de notas inanes, apuntes circunstanciales, simples desahogos.
            Se impone por eso, tras la reconstrucción que Antonio Sánchez Romeralo hizo de Ideología, el volumen en que Juan Ramón Jiménez pensaba reunir sus aforismos, publicar una selección que separe el grano de la paja, lo que interesa solo a los estudiosos de lo que sigue siendo válido para cualquier lector.
            Contamos ya con dos excelentes antologías: Aforismos, preparada por Andrés Trapiello, y Río arriba, a cargo de Juan Varo Zafra. Ambos deciden no tener en cuenta las divisiones y subdivisiones que, siguiendo las indicaciones del poeta, aparecen en Ideología. Andrés Trapiello tiene la honestidad de confesar en su prólogo la razón: “Pese a la utilidad del trabajo de Sánchez Romeralo y su esfuerzo por respetar el propósito del poeta, no siempre he comprendido la babélica arquitectura filológica o crítica en que están compartimentados”.
            José Luis Morante tampoco la ha comprendido, pero no se atreve a prescindir de ella y el resultado es un volumen, Aforismos e ideas líricas, no precisamente ejemplar: el editor emborrona y añade confusión.
            Excelente poeta, infatigable estudioso y divulgador de la poesía actual, José Luis Morante no parece especialista en la obra de Juan Ramón Jiménez. Solo así se explica su indicación de que “en vida” escribió únicamente tres libros en prosa: Platero y yo, Españoles de tres mundos y Espacio. ¿Quiere eso decir que sus otros libros en prosa los escribió después de muerto? Y Espacio no es un libro en prosa, sino un largo poema, que primero se publicó en verso (revista Poesía española, 28, abril de 1954, pp. 1-11) y que luego el poeta decidió poner en prosa, pero que naturalmente siempre incluyó entre su poesía –vease la Tercera antología poética–, no entre su prosa.
            El lenguaje rebuscado de la “Nota a la edición” parece reflejo de la confusión conceptual del editor: “Juan Ramón Jiménez, en sus aforismos publicados e inéditos, empleó asertos concretos que daban autonomía y singularidad a cada escrito, aunque esta norma no se cumple siempre y hay aforismos que no llevan título”. En román paladino: unos aforismos llevan título y otros no.
            Lo incompleto del índice se justifica de esta manera: “Recordando que ‘Arte es quitar lo que sobra’ en el índice de este libro solo figuran los seis libros integrados y la relación paginada de los apartados seleccionados”.
            José Luis Morante no ha leído bien el prólogo de la edición que toma como referencia. Cada uno de los libros que componen Ideología consta de dos partes: una con lo publicado por el poeta y otra con el material inédito, y cada una de esas partes a su vez se subdivide en diversas secciones. Morante las señala en el índice en el primer caso, pero no cuando se trata del material inédito.
            No hay así manera de que el lector se aclare del galimatías que constituye su edición, en la que se entremezclan diversas numeraciones que no sabemos muy bien a qué corresponden. Contribuye al caos el que se emplee el mismo tipo y tamaño de letra para indicar los títulos de los diferentes “libros”, de las diversas secciones, de las subsecciones e incluso de los aforismos.
            No se aclara el lector y no se aclara tampoco el editor. Por eso señala en el índice “Muy lento” como título de la parte quinta del libro tercero, pero es solo un aforismo de la parte anterior que lleva el número 5 (la sección 5 se titula “El color del mundo” y de ella no se selecciona ningún texto).
            A cualquiera que haya hojeado este volumen, le parece una burla lo que indica la “Nota a la edición”: “Se han suprimido los números cardinales que a mi entender fragmentaban el diálogo lector. Creo que el conjunto aforístico es un todo unitario ya que participa de un trasvase incesante de asuntos y vivencias”.
            Pero esos números cardinales, escritos en caracteres diminutos en el margen izquierdo de la página, no son del autor de los aforismos, sino del editor, Sánchez Romeralo: no hace falta justificar que no se empleen.
            Y si el conjunto aforístico “es un todo unitario”, ¿a qué ese llenar de números que no se sabe muy bien a qué vienen cada página? Abrimos una al azar, la 80, y nos encontramos con los siguientes cifras separando los textos (y en este orden): 15, 4, 5, 8, 16, 4.
            El índice –que debe ser como el mapa que guía al lector– no nos aclara nada: esos aforismos –de ahí el caos de la numeración– forman parte de diversas secciones o subsecciones que no figuran en él.
            En resumen: el estudioso de la obra juanramoniana, que vaya a la edición de Sánchez Romeralo; el curioso lector, el interesado en los aforismos, que busque Río arriba o la antología preparada por Andrés Trapiello, a la espera de una edición revisada, muy cuidadosamente revisada, de Aforismos e ideas líricas. Editar es ciencia y arte, requiere ideas claras, gusto e inteligencia. Raíces y alas.

           

8 comentarios:

  1. Poemas de hoy: Grito al vacío5 de mayo de 2018, 0:44

    ¡Defiéndeme, oh mundo, de la hondura!
    No me dejes caer en el fango de la raíz.
    Haz las almas a mi medida.
    No permitas que sueñe, que imagine, que recuerde.
    Dame solo
    risas.


    © María Taibo

    ResponderEliminar
  2. Pues me parece muy interesante tu post. Habrá que buscar la obra de Trapiello, pues.

    Siempre de enorme calidad tus reseñas, siempre un placer leerlas. Un saludo

    ResponderEliminar
  3. ¿Morante excelente poeta? No seas falsete... a veces querer dar una de cal y otra de arena te deja en evidencia.
    Cayo Damnato

    ResponderEliminar
  4. Yo llevo varios años preparando ediciones (Azorín, Baroja, Unamuno, Rubén Darío, etc.) y sé que no es nada fácil, aunque haya gente que crea que lo puede hacer cualquiera. Que yo sepa, en la Universidad no se enseña a los filólogos (mucho menos a los historiadores) a saber editar un texto; es uno mismo quien, a fuerza de manejar muchas ediciones distintas (buenas y malas), aprende el oficio. He visto algunas ediciones y antologías preparadas por escritores o filólogos, cuyos criterios ecdóticos se me escapan, por decirlo de forma suave. Trabajar con la obra de otro autor es algo que, al menos a mí, me impone mucho respeto y me exige una enorme delicadeza.

    Francisco Fuster

    ResponderEliminar
  5. Cielo que miro, azul y oro, sobre el triste
    patio blanco y cerrado, pozo de mi torpeza;
    en tu breve alegría total, cuanto es existe;
    eres cuadrado círculo de toda la belleza.
    Sí, lo eres todo, gloria y mundo (duda y fe);
    y me dices (y a un tiempo me alzas y me supultas)
    que en ti tendré yo siempre, y que nunca tendré;
    todo lo que me muestras, todo lo que me ocultas.

    (JRJ)

    ResponderEliminar
  6. Tiene una pinta estupenda este libro, lo leeré. Karmelo C. Iribarren.

    ResponderEliminar
  7. Siempre es bueno leer a Juan Ramón Jiménez, exitoso Karmelo. No todo han de ser Roger Wolfe o García Montero.

    ResponderEliminar
  8. Pellizcos de monja, señor reseñista. Recuerda aquello: Madure, señor Bond.
    KCI

    ResponderEliminar