lunes, 16 de agosto de 2021

La poesía que se vende

 

Una mujer en la garganta
Marwán
Planeta. Barcelona, 2021.

La redes sociales han propiciado un auge de la poesía –de cierta poesía-- que no ha contentado a todos. Ha creado una nueva clase de poetas, al margen de los escalafones habituales, que tras conquistar miles o cientos de miles de seguidores en Internet imprimen sus versos en libros que se convierten en insólitos best-seller.

            Los poetas tradicionales, llamémosles así, los miran por encima del hombro y los descalifican en conjunto tratándoles de “poetas de Twiter”, “okupas de la casa de la poesía” (Abelardo Linares) o indicando que lo que escriben no es poesía, sino parapoesía (Luis Alberto de Cuenca, Álvaro Valverde).

            Pero los juicios de valor no pueden ser colectivos. Y vender mucho o vender poco no tiene que ver con la calidad del poema, sino con otras razones, como el renombre del poeta, que en muchos casos obedece a razones extraliterarias.

            Un poeta que vende mucho –es el caso de Marwán-- no debería ser descalificado por la crítica, o los lectores exquisitos, solo por ese hecho. Merece ser leído con la misma atención y el mismo respeto que cualquier otro autor. En su más reciente libro, Una mujer en la garganta, decide presentar batalla a sus detractores y les lanza varias vibrantes andanadas. La más extensa de ellas, “Veo saltar poetas por los aires”, no deja de tener su gracia y demuestra que la indignación –o la vanidad herida-- es una buena musa. A ratos nos recuerda a ciertos pasajes del Canto general donde Neruda arremetía contra “los Dámasos, los Gerardos, los hijos / de perra, silenciosos cómplices del verdugo”.

“¿Qué sois?. ¿los fascistas de la palabra?, / ¿los ayatolás de la poesía? / ¿Qué sois?, ¿las patrullas de extranjería? / ¿Qué hacéis tratando de imponer / tasas aéreas a los aviones de los niños?”, les pregunta retóricamente Marwán a sus detractores. Y continúa: “Yo os conozco, poetas burocracia, / con vuestra cara de premio internacional / y de Certamen de Astorga”.

            Quizá tenga razón Marwan al quejarse de maltrato o menosprecio por parte de algunos poetas que no se han tomado la molestia de leerle; no la tiene al defender la “nueva poesía” que él representa frente a la oficial, “Mis versos son pan para la gente”, “Yo quiero mancharle la cara a la poesía”, “Es irrelevante si no os gustan / los vaqueros con que visto mis poemas” afirma, coincidiendo en esas intenciones –no en los resultados-- con poetas como Gabriel Celaya, Ángel González o el Luis García Montero de la musa vestida con vaqueros.

            Formalmente, tres tipos de poemas encontramos en Una mujer en la garganta. Abundan los poemas rimados, que no desdeñan el ripio, en la estela de Joaquín Sabina, “el fiel notario de la madrugada”, a quien se homenajea en uno de ellos. Varios son sonetos y los demás pueden considerarse como peculiares sonetos alargados: una serie de serventesios que concluyen con dos tercetos.

            Hay también poemas en un verso libre próximo a la prosa (también algún poema en prosa), los más directamente confesionales: “Cuando en aquel famoso periódico nacional  / me preguntaron si me sentía más orgulloso / de mi gran número de seguidores,  / de los likes que suelo recibir / o de mis éxitos de ventas, / todas esas cosas que valoran / los Templarios de la Victoria / que miden los triunfos con guarismos, / solo puedo pensar en una cifra / que me resultara verdaderamente emocionante: / el número de escalones que construí desde mis quince, / para acabar saliendo por mí mismo / del agujero en el que había tenido lugar / todo mi pasado”.

            La tercera línea –la de los poemas eróticos-- incurre en la reiteración metafórica, la hipérbole y el énfasis. Un ejemplo: “Yo no me acerqué a ella para salir ileso, sino por su carga explosiva. Me acerqué ella por su amplio desnivel, por su lija y su avistamiento de pájaros, por su afán de precipicio, para vivirla, como un monoteísta. Fui hasta allí por su exceso de peralte, por el Vesubio de su bolso, para sacar mi pasado de sus hangares, por su Ícaro y su bazoka”. ¿Por el Vesubio de su bolso?, nos preguntamos. Pero mejor no preguntarse nada y dejarse llevar –con música entra mejor-- por la catarata verbal.

            Los poemas aparecen entremezclados con aforismos, que unas veces aciertan (“Ser fiel a uno mismo conlleva traicionar a todos los que te querían cuando no eras del todo tú”) y otras incurren en el banal retrueque: “Tanta gente con talento sin contactos. / Tanta gente con contactos sin talento”. Pero eso parece consustancial al género.

            Abundan en el libro las citas de otros autores –Emily Dickinson, Baudelaire, D’Annunzio, Louise Madeira y así hasta medio centenar-- que nos llevarían a considerar a Marwán como un gran lector si no fuera porque todas ellas, o la mayoría (quizá no la de Duende Josele) están tomadas de los repertorios de citas de Internet y han sido muy reiteradas en Twiter o Facebook. Como nunca se indica el traductor ni la procedencia, es posible que entre ellas se haya colado alguna apócrifa.

            No limita sus temas Marwán a la exaltación del “loco amor”, el amor fuera de la rutina, y a la defensa de su manera de entender la poesía. También trata tema de interés social. En “Árboles y hombres” distingue entre los patriotas, que “no suelen causar mayor daño”, y los nacionalistas, “que, por desgracia, acaban estrangulando al prójimo con sus raíces”. ¿De verdad cree que el Partido Nacionalista Vasco se dedica a estrangular al prójimo mientras que la izquierda abertzale, esto es, “patriótica” no causa mayor daño? Se enreda Marwán con las palabras y no afina mucho en los conceptos.

En “Covid-19” considera que esa pandemia ha sido la guerra que han tenido que pasar los jóvenes a los que, a partir de ahora, ya no se les podrá acusar de haber sido una generación “nacida sobre sábanas de seda”, que “no ha tenido que luchar por nada”, etc. Dejemos de lado que, si esa pandemia (o su descerebrada gestión) fue una guerra, afectó a toda la población y no especialmente a los jóvenes. Olvida Marwán que fue la crisis de una década antes la que frustró el futuro de los jóvenes, la que les obligó a depender económicamente más tiempo de sus progenitores. Pero no le pidamos sutilezas conceptuales a este poeta. “Mujer blanca, mujer negra” quiere ser una sutil denuncia del racismo. Una mujer negra, su cuidadora,. abanica a una anciana mujer blanca en una sala de hospital. “No sé si está bien o mal. Creo que está bien”, anota el poeta. Y añade: “Pero una es blanca y es abanicada y la otra es negra y abanica, y no puedo evitar ver esto mismo que tú estás viendo en esa imagen, no puedo impedir que se agolpen esas preguntas en mi boca, esas mismas preguntas que, sin necesidad de transcribirlas aquí, tú también estás leyendo”. Pero habitualmente, en España al menos, las cuidadoras de las mujeres blancas son mujeres blancas, que alguna vez desempeñe ese trabajo alguna que es negra, ¿supone un caso de racismo?

            No es precisamente sutil Marwán en su crítica social o costumbrista. “Tinder” titula un soneto y el primer cuarteto dice así: “En Tinder veo carne a muy buen precio. / lo lógico, encontrarla en mal estado. / ¿Poner reclamación? No seas necio. / ¿Quién coño encuentra amor en un mercado?”. Pero Tinder, por lo que yo sé, es una App de citas, no un club de carretera; quien solo busca sexo a cambio de dinero conoce otros lugares donde encontrarlo. “Ya sabes, no te acabarás casando, / pero hallarás alivio a tus tensiones”, concluye su soneto. ¿No te acabarás casando? ¿Seguro? Hay ejemplos de lo contrario.

            Ciertas letras solo con música entran. Sin música, es difícil leer los textos de Marwán y no tropezar a cada paso. “Las fases del duelo” comienza enumerando las cinco fases del duelo que señalan los psicólogos. Y continúa: “Así es para todas las personas, /excepto para los poetas. / Pregúntale a cualquiera de ellos. / Para ellos el duelo no es una fase, / es una manera de estar vivos”. Pero para nadie el duelo es una fase, sino cinco, que él mismo acaba de enumerar.

            Apenas hay poema sin ejemplo de descosidos. “A mí que solo quería el Nesquik de la victoria”, leemos en “El hocico de la poesía”. ¿Y que victoria es esa que se premia con un Nesquik o quizá un Colacao? Joaquín Sabina en cada verso “le hace un selfie a España”. Se hará un selfie “con”, pero no “a”.

            “Discípulo de Ícaro”, uno de los textos de los que el autor se siente más orgulloso –lo repite en la solapa--, comienza con estos versos: “El día que hayan de enterrarme / sean bondadosos / y al esculpir mi lápida / no me encierren en una sola frase”. Pide que hagamos un esfuerzo, que inscribamos la larga retahíla que vine a continuación y que no cabe en ninguna lápida. A Ícaro, por cierto, en otro poema parece confundirlo con Edipo: “Yo soy Ícaro y he venido a matar al padre”.

            Incluso en los mejores poemas del libro –sonetos como “Mi problema”, “Confesiones a mi pasado”, “El artista”-- encontramos la habitual complacencia y ausencia de autocrítica: “Mi vida es solo un coche estropeado / parado en el arcén de una autopista, / un ojo que se atasca en el pasado, / un libro que no encuentra novelista”. Quiere decir que no encuentra autor --¿qué novelista necesita un libro de poemas?--, pero entonces no rimaría con “autopista”.

            “Todo necio / confunde valor y precio”, afirmaba Machado. Tampoco conviene confundir fama con prestigio. Si Lionel Messi publicara un libro de poemas, aunque fuera peor que el de Marwán (que no es en absoluto desdeñable, solo manifiestamente mejorable), acapararía portadas, telediarios y suplementos culturales y se formarían colas kilométricas para conseguir su firma. Pero no por eso tendría prestigio literario alguno, un prestigio que sí tienen poetas como Miguel d’Ors o Eloy Sánchez Rosillo, sin ninguna fama mediática ni predicamento (que yo sepa) entre las quinceañeras.

           

           

           

15 comentarios:

  1. No he leído nada del tal Marwan pero, por los versos que traes aquí, parece un mal discípulo de Sabina. Y además no sabe medir: hay algún presunto endecasílabo mellado

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  2. No he leído a este autor, pero he oído críticas de poetas que van de sublimes y no sé yo si llegan a eso.
    Lo de "poetas okupas" no está mal. Acorde con los tiempos.
    Tal vez Marwan no sea sino un hacedor de estiércol, pero el estiércol hace falta para fortalecer nuevas plantas, sobre todo cuando muchas de las que están ya están marchitas. Ah, que sea novelista no quita que no sea poeta. Hay novelas en verso. E Ícaro también tuvo padre. Lo de matar al padre no está sólo en el drama de Edipo.

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  3. En todas las épocas y por todas partes hubo siempre una poesía popular que "vendía" más que la poesía seria y que acabó completamente olvidada. En Francia, por ejemplo, el poeta más popular de la primera mitad del siglo XIX no era V.Hugo sino Béranger, cuyos libros se vendían como churros. ¿Quién lo conoce hoy?

    Marwan es simplemente otro Béranger más (aunque por los versos que cita JLGM no sé si llegará a la altura de la mediocridad del galo).

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  4. Marwan parece un poeta muy progre (“Mis versos son pan para la gente”) que arremete contra los "poetas burocracia" con "cara de premio internacional", un poeta que quiere "mancharle la cara a la poesía” y vestirla con "vaqueros", pero todo ello bien anclado en el Sistema, bien arropado por él, puesto que publica, no en una de esas pequeñas editoriales dedicadas heroicamente a la poesía desde hace muchos años y dirigida por verdaderos apasionados (como el citado en el artículo Alberto Linares) sino en... ¡ Planeta !

    Primero la pasta y luego "la poesía".

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  5. Muy bueno todo esto. Ni idea tenía del tal Marwain ni de su poesía.
    Vaya. Otro descubridor de mediterráneos.
    La ignorancia es osada. A mi me da igual, prefiero a César Vallejo.
    Salud. Victor Menéndez

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  6. Lo de los "okupas" de Abelardo Linares tiene su guasa.
    Victor Menéndez

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  7. Mejor:
    Mi vida es sólo un coche estropeado
    parado en el arcén de una autopista,
    Un ojo que se atasca en el pasado,
    Un lienzo a la espera de un artista.

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    1. Mi verso es un coche estropeado
      en el arcén de una autopista,

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  8. Pseudopoesía, versos que no hacen pensar ni sentir, pura vacuidad.

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  9. Eso de que Miguel the Doors y Eloy Sanche, Rosillo no tienen predicamento entre las quinciañeras, lo dices tú
    Victor Menéndez

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  10. Karmelo C. Iribarren, con esa K de okupa... dijo de mí, hace más de veinte años, Migue d´Ors (un poeta que no dejo de leer, por cierto, estupendo). Y al final ocupé, un rinconcito, pero ocupé. Nunca se sabe con el tiempo.

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  11. Mencionar a Rosillo, hablando de Marwan, muestra la necesidad, imperiosa, de receñir.

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  12. En el sitio de Planeta ofrecen los cinco primeros poemas de "Una mujer en la garganta" en pdf.

    https://www.planetadelibros.com/libro-una-mujer-en-la-garganta/329176

    No deberían hacerlo, porque si alguien tiene dudas sobre la calidad poética de Marwan, basta con leerlos para abstenerse de comprar el libro. A no ser que se sea un adolescente sin cultura poética y que comienza a flirtear.

    "Dicen que el amor es una fortaleza.
    Y claro que lo es.
    Lo que sucede es que el desamor
    espera paciente su momento
    y encuentra la manera de penetrar
    llevándose todo por delante."

    "La diferencia entre nosotros
    es que yo veía un futuro
    y tú solo un pasado,
    que en cada puerta yo veía un pomo
    y tú una cerradura..."

    "No fue feliz quien eligió estar solo
    por miedo a perderlo todo,
    sino quien se arriesgó a perderlo
    por el hecho de estar juntos."

    "Yo no te he perdido
    porque me he ganado a mí
    y ha empezado a gustarme la persona
    que soy cuando ya no estoy contigo."

    Parecen frases de libro de autoayuda, o escritas por un joven cándido que ha leído demasiado a Paulo Coelho.

    Mi duda es si Marwan es un gran ingenuo, por no decir un gran inmaduro, o un cínico que conoce bien las redes sociales y sabiendo lo que se vende, escribe ñoñeces adrede.

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  13. Mi poesía no tiene calidad / pero sí cantidubi de realidad;/ como poeta de la masa,/ oh Pélida, no me des la brasa.

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