Marina Patrón Sánchez
Josefina de la Torre. Una biografía
Renacimiento. Sevilla, 2005.
Muchas vidas caben en una
vida. Josefina de la Torre, nacida en 1907 en el seno de una familia burguesa
que había dado, y seguiría dando, nombres destacados en la vida artística y
cultural española, parecía predestinada a convertirse en una de las principales
figuras de la literatura española.
En
1917, Margarita Nelken le dedicó un artículo en un diario madrileño con el
título de “Una poetisa de ocho años” (le quitaba dos, como si fuera necesario
acentuar la precocidad). Su hermano Claudio de la Torre, una de las figuras
destacadas de la nueva literatura, la ayudó a relacionarse y a promocionar su
obra. En 1924 viaja por primera vez a Madrid y en una exposición de su primo
Néstor, el gran pintor modernista, queda fascinada por el retrato de un joven.
Su hermano Claudio se acercó entonces para presentarle a un amigo escritor,
Juan Chabás, que era precisamente el modelo del retrato. Fue su primer amor, al
que siguió un enamoramiento con Luis Buñuel, que tampoco acabó bien, aunque en
este caso parece que afortunadamente, a juzgar por lo que su rival, Jeanne
Rucar, quien se casaría con el cineasta, cuenta en sus memorias: “No tuvimos ni
ideas ni responsabilidades compartidas. Él decidía todo: dónde vivir, las horas
de comer, nuestras salidas, la educación de los hijos, mis aficiones, mis
amistades”.
En
1927 –de tanto simbolismo para la literatura española-- la poeta casi
adolescente publica su primer libro, Versos y estampas, y en el mismo
privilegiado lugar, los suplementos de la revista Litoral, en que
aparecieron los primeros libros de Cernuda o Aleixandre. Su mentor fue Pedro
Salinas.
De
la gestión editorial del segundo libro, Poemas de la isla, de 1930, se
ocuparía Juan Chabás. Pero el fin de aquel amor, boicoteado por la familia de
la poeta y por la indecisión de Chabás, debida a su precariedad económica,
dificultó su difusión. Culminación del prestigio como poeta de Josefina de la
Torre fue su inclusión, junto a Ernestina de Champourcin, en la segunda edición,
aparecida en 1934, de la mítica antología de Gerardo Diego. Luego, aunque
seguiría editando acá y allá algún texto (e incluso tuvo su etapa de novelista
rosa y policíaca con el pseudónimo de Laura de Cominges), desapareció como escritora
hasta su tardía resurrección en los años ochenta. Ni siquiera la menciona el
antiguo gran admirador Juan Chabás en su Literatura española contemporánea, publicada
en La Habana en 1953, ni la incluye en su antología Poetas de todos los
tiempos que, en la parte española, concluye precisamente con Ernestina de
Champourcín.
Pero la literatura era solo uno de los intereses de
Josefina de la Torre: la música y el teatro le atraían igualmente, y en ambos
destacó desde niña. Con su hermano Claudio colaboraría desde los años veinte en
actividades teatrales y cinematográficas. Durante la posguerra, su actividad
principal sería la de actriz, en algún caso con compañía propia, en la mayor
parte de las ocasiones desempeñando pequeños papeles.
Josefina de la Torre parece que quiso facilitarle el
trabajo a un futuro biógrafo. Escribió diarios, minuciosas agendas, guardó
cartas, recortes periodísticos, cualquier documento que pudiera dejar
constancia de su trayectoria vital. Marina Patrón Sánchez ha tenido en cuenta
todo ese material y también el diario de la madre de la escritora, Francisca
Millares, una figura fundamental en su vida. El resultado es un volumen que
interesa más por la figura de la protagonista que por las referencias a la obra
literaria, quizá un tanto menor.
No llegó a ser lo que estaba predestinado a ser aquella
niña prodigio que deslumbró a la buena sociedad de Las Palmas a comienzos del
siglo XX. Se interpuso una guerra civil, en la que se vio forzada a tomar
partido alistándose a la Falange, y también su condición de mujer que tenía que
estar bajo la protección continua de la madre y el hermano mayor. Quizá para
escapar de esa sujeción se casó por primera vez en enero de 1954. La
convivencia no llegó a durar tres meses, pero el matrimonio duró hasta que murió
el marido en 1977. Solo entonces se pudo casar, a los setenta años, con quien
llevaba décadas de convivencia semiclandestina, su gran amor, el actor Ramón
Corroto, veintitrés años más joven, pero que sin embargo moriría veintidós años
antes.
Mucho de melodrama hubo en la larga vida de Josefina de
la Torre, que tuvo tiempo para trabajar en una tienda de modas y para poner un
puesto en el Rastro junto a su cuñada, la escritora Mercedes Ballesteros, viuda
de Claudio de la Torre.
Del
olvido, desvanecida su fama como actriz, no solo en el teatro, también en el
cine, la radio y la televisión, la rescataría la juvenil relación con la
generación más famosa de la literatura española, con aquellos años veinte que
tras la guerra civil se mitificarían y que mientras transcurrían no parecían
tener mayor importancia. “Noticias de Madrid, ninguna”, le escribe Chabás en
una carta de 1927. “No pasa nunca cada. Va y viene Lorca por los cafés. Y, no
se sabe cuándo ni dónde, se esconde y hace cosas magníficas. Cada vez mejor.
Fernández Almagro publicará pronto un libro. Azorín fracasa otra vez en el
teatro Se casa Moreno Villa. Da un banquete Ramón Gómez de la Serna. Alberti no
sale de casa si no viene a Madrid Sánchez Mejías. Y escribe versos como los de Litoral
y Revista de Occidente que son ya casi poesía pura. Todo eso es la
actualidad. Y hace frío. Y se estrenan unos filmes magníficos. Y se cantan en
la calle tres o cuatro charlestones más”.
Un profesor norteamericano, Carlos Reyes, traduciendo la
antología de Gerardo Diego, encontró los versos de Josefina de la Torre. No
sabía si estaba viva o muerta. Se pasó una década investigando sobre ella y en
1999 consiguió que le recibiera en su casa. Josefina de la Torre moriría tres
años después, a punto de cumplir los noventa y cinco. Tuvo tiempo de conocer el
nuevo interés por su obra y por su figura, convertida en una de las heroínas de
un tiempo sombrío.
Puede que su poesía, a pesar de no ser valiosísima,
ResponderEliminarmerezca un comentario más detenido. Supongo que no conoces sus novelas, al estilo de las de Corín Tellado.
Las conozco, pero no las he leído, Jesús. Un modo de ganarse la vida en tiempos difíciles,
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