lunes, 26 de marzo de 2012

El buen hacer y las malas mañas de Francisco Rico

“Lázaro de Tormes”
Lazarillo de Tormes
Edición, estudio y notas de Francisco Rico.
Real Academia Española / Galaxia Gutemberg. Barcelona, 2011


Los méritos de Francisco Rico como estudioso y editor de los clásicos no necesitan ser subrayados. Desde hace medio siglo ha aplicado su mucho saber, su no menor sentido común (y su instinto comercial, podríamos añadir) a un campo en que toda arbitrariedad tenía su asiento. El texto, para el habitual editor de los clásicos (y de los contemporáneos que alcanzan esa consideración), no era más que un pretexto que le permitía lucir, viniera o no a cuento, su erudición. Francisco Rico, en sus ediciones y en las que ha dirigido, ha tratado de poner coto a esa mala costumbre. Notas, solo las imprescindibles, y en dos niveles: a pie de página, y lo más sucintamente redactadas, las de tipo léxico, las que permiten entender un texto de otra época; al final del volumen –y solo para estudiosos–, las variantes textuales y otras informaciones complementarias.
            Los méritos de Francisco Rico, decía, no necesitan ser subrayados. No cabe decir lo mismo de sus arbitrariedades, genialidades y –por qué no darles el nombre preciso– malas mañas intelectuales, que solo se comentan en voz baja.
            Su nueva edición del Lazarillo de Tormes culmina una labor iniciada en 1967. Aprovecha Rico la ocasión para poner en su sitio a quienes, como Rosa Navarro Durán, han hecho en estos últimos años aportaciones que se pretenden renovadoras y que no siguen enteramente la senda trazada por él. A Rosa Navarro Durán la llama en nota “antigua alumna y siempre amiga”, pero la hace quedar como una alumna poco aventajada cuando no enteramente estulta: atribuye el Lazarillo a Alfonso de Valdés, que murió en 1532, y ni siquiera se ocupa de rebatir las razones que sitúan la redacción de la obra en 1530.
            Pero las razones que da Rico para suponer que la novela se escribió poco antes de su primera impresión (en 1552 o1553) no son ni más ni menos concluyentes que las de Rosa Navarro para situarla a finales de los años veinte.  Veamos uno de los argumentos de Rico. “Y como la antiquísima arca –leemos en el Lazarillo–, por ser de tantos años, la hallase sin fuerza y corazón, antes muy blanda y carcomida, luego se me rindió y consintió en su costado, por mi remedio, un buen agujero”. En esas líneas encuentra una “diáfana adaptación” de Garcilaso: “Se rindió la señora / y al siervo consintió que gobernase / y usase de la ley del vencimiento”. Es posible que a algunos lectores no les parezca tan “diáfana”, pero aunque lo pareciera resulta difícil de aceptar el razonamiento que sigue: “Una evocación de ese tipo no puede proceder del conocimiento casual de la Canción cuarta a través de un manuscrito: nace de una familiaridad con la poesía del toledano que solo se explica tras la princeps de 1543 y sus posteriores reimpresiones; y cuanto más años después de 1543, tanto más claramente”. ¿Quiere decir Rico que solo podía conocer bien, y aludir a ellos en su prosa, unos versos de Garcilaso si los había leído impresos y no en manuscrito? ¿Y que estaría más familiarizados con ellos si dispusiera de varias ediciones y no de una sola? De ser así, no podría haber habido admiradores ni imitadores de Góngora durante su vida, ya que sus grandes poemas se editaron póstumamente.
            A los datos ciertos, Rico les añade abundantes suposiciones, unas más verosímiles que otras, pero no es este el lugar para referirse a ellas. Me limitaré a señalar lo que me parece un perfecto ejemplo de las “malas mañas” intelectuales a las que aludía antes. Tiene que ver con su “antigua alumna y siempre amiga”. Al comienzo de la novela hay un pasaje problemático: “De manera que, continuando la posada y conversación, mi madre vino a darme un negrito muy bonito, el cual yo brincaba y ayudaba a calentar”. Ese “brincaba” y ese “calentar” han traído de cabeza a los sucesivos editores. Con dificultad pasaban el “brincar”, pero de todas todas se les atragantaba el “calentar” (ya José Caso, en los años sesenta, propuso “acallaba”). Pero Rico no encuentra nada raro en el texto y explica “calentaba” según Covarrubias: “Calentar en la cama… arroparse”. O sea que Lázaro hacía dar saltos a su hermanito y luego lo metía en la cama y lo arropaba bien; con pocos niños pequeños ha tratado quien no ve extraña esa secuencia.
Rosa Navarro ha propuesto una lectura del pasaje que parece bastante más atinada que la habitual. Llegó a ella gracias a un pasaje de la Tragicomedia de Lisandro y Rosalía, publicada en Salamanca en 1542. Dice así: “Cuando era niña yo la brizaba, y con el trebejo la acallaba, y con otras cosas de niñez con que los niños en aquella edad se suelen regocijar”. “Brincaba”, escrito “brincava” sería una errata por “briçava”, que significa, “mecía”, “acunaba” y eso es lo que hacía Lázaro con su hermanito para “acallarle” cuando lloraba.
            La interpretación puede ser discutible. Lo que no parece discutible es que, publicada por primera vez en la revista Edad de Oro (2009) y repetida en otros lugares, Francisco Rico ha de conocerla. Pero entre las muchas publicaciones de Rosa Navarro que incluye en su bibliografía no se encuentra ese artículo, y en el aparato crítico considera “inadmisible” una propuesta de A. Ruffinatto, pero ni menciona la bastante más admisible de su antigua alumna. Y trae en apoyo de su tesis una cita de un Tratado de patología que nos deja perplejos: al niño “debenlo calentar con trebejuelos y con bonos sones y cantares sabrosos que l’alegren”. Como los editores que tanto critica, Francisco Rico pretende explicar un pasaje confuso con una cita que necesita una todavía mayor explicación.
            Pero dejemos a un lado tiquis miquis eruditos (apasionantes, por otra parte) y vayamos a la más curiosa novedad de esta edición. Al contrario que en las más antiguas conocidas, de 1554, el texto no aparece como anónimo, sino que lleva nombre de autor: “Lázaro de Tormes”. Y es que –sensacional descubrimiento–  el Lazarillo no es una obra anónima, sino apócrifa, esto es, atribuida a un autor supuesto, como los Cantos de Ossian. Los primeros lectores del Lazarillo lo leían como una obra auténtica, como la carta de un pregonero, al menos al principio, aunque luego poco a poco pudieran ir entrando en sospechas de su carácter ficticio, y así quería que lo leyeran el desconocido autor, que calló su nombre, no por miedo a la Inquisición (que prohibió el texto, no se sabe por qué, ya que, según Rico, las críticas anticlericales de la obra las compartían “obispos y sacerdotes, franciscanos, dominicos y agustinos, conservadores y erasmistas y, desde luego, el pueblo menudo”), sino para dar mayor verosimilitud a una obra con la que inauguraba un nuevo género literario: la novela moderna.


            ¡Curioso concepto de verosimilitud el de Francisco Rico! Un pregonero analfabeto –Rico no está seguro de que sea analfabeto–, al que han pedido información sobre un “caso” que le atañe dicta una carta a un escribano y la comienza de la siguiente manera: “Yo por bien tengo que cosas tan señaladas y por ventura nunca vistas y oídas vengan a noticia de muchos y no se entierren en la sepultura del olvido, pues podría ser que alguno que las lea halle algo que le agrade, y a los que no ahondaren tanto les deleite. Y a este propósito dice Plinio que ‘no hay libro por malo que sea que no contenga algo bueno’”. Esas líneas no forman parte de una carta, sino que son el prólogo de un libro (por mucho que Rico, al quitar los epígrafes de las primeras ediciones, pretenda ignorarlo). Lázaro de Tormes no es el autor apócrifo de La vida de Lazarillo de Tormes; y de sus fortunas y adversidades, sino solo el narrador y protagonista, como Pascual Duarte no es el autor apócrifo de La familia de Pascual Duarte.
            Critica Rico las atribuciones modernas del Lazarillo basadas en “semejanzas tomadas a ojo de buen cubero” o en “corazonadas”. ¿Qué habría que decir de la suya, que parece una ingeniosa ocurrencia de café que se viene abajo en cuanto se vuelve a leer la obra? Mejor no decir nada y limitarse a citar la sabia reflexión del niño Lázaro cuando ve a su hermanito asustarse de su padre, tan negro como él: “¡Cuántos debe de haber en el mundo que huyen de otros porque no se ven a sí mismos!”.

32 comentarios:

  1. ¿Realmente don Francisco Rico Manrique necesita rebajarse de este modo mediante el "quítate tú pa ponerme yo" con tan falaces argumentos? Ay, qué lástima de ego hipertrofiado. Cuánto y cuán bueno ganaría con una buena dosis de humildad que le rebajase los humos, tantos humos. Cuánta estética sin ética, sin ética ninguna, válganos los cielos...

    ResponderEliminar
  2. Querida Rosa: Hija, podías haber buscado algo nuevo, en vez de volver a dar la pimporrada con lo mismo. Tu reseña apócrifa, aun así, me viene como anillo al dedo. Besos,
    Paco

    ResponderEliminar
  3. Este presunto Paco que me confunde con su querida Rosa, ¿será verdaderamente el ilustre filólogo Francisco Rico o el bromista que en el diario El País afirmada, con un cigarrillo en la mano, que nunca había tenido en la mano un cigarrillo? ¡A saber! Las autorías en Internet pueden ser más misteriosas que las del mundo de la literatura, incluido por supuesto el Lazarillo.

    JLGM

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues sí es, apócrifo, sí es, y me fumo un puro. FR ilfhf@telefonica.net

      Eliminar
  4. Pues un saludo de su admirador apócrifo, señor FR. Y a seguir con esas ingeniosas displicencias y eutrapelias en las que es indiscutido maestro. En tal campo, al contrario que en sus hipótesis sobre el Lazarillo, no se le pueden poner peros y cuenta con mi completa (y esta vez sincera) admiración.

    JLGM

    ResponderEliminar
  5. Aunque estoy bastante de acuerdo con lo que dice JLGM, creo de veras que los méritos del genuino FR no se limitan a sus "ingeniosas displicencias y eutrapelias", sino que posee méritos filológicos tan reales como admirables. El límite de su alcance (del de esos conocimientos,digo), quizá lo marque él mismo cuando, en una reciente entrevista en La Vanguardia, dice que "La literatura me interesa como objeto de observación. Me divierte más estudiarla, que leerla" (la cita es literal).

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno, es que, si juzgamos el límite del alcance de los conocimientos de Rico por esta o aquella entrevista en un periódico y no por el conocimiento directo de sus trabajos (ya que no es una cuestión de fe), se pueden decir muchas cosas sobre el genuino Francisco Rico. Porque, leyéndole, se encuentra uno con que también dice esto otro sobre la literatura:

      "Nos hemos acostumbrado con demasiada mansedumbre a admitir que la poesía, o la literatura, o la pintura son valiosas de suyo, por el mero hecho de ser tales (cuestión puramente formal), no porque nos diviertan, o nos muestren cosas interesantes, o nos hagan mella..."

      "Canela pura", en Los discursos del gusto.

      Eliminar
  6. No me he explicado bien si de mis réplicas a un Francisco Rico no en su mejor momento se deduce, como ha entendido Gatoflauta, que no valoro sus méritos filológicos. Los valoro, los admiro y he aprendido y sigo aprendiendo mucho de él. Pero, como en la novela de Stevenson, hay otro Francisco Rico menos admirable, y ese otro no solo aparece en su vida privada o en sus artículos de opinión (como el famoso sobre los fumadores), sino también en trabajos serios, tal su edición del Lazarillo, donde incurre en hipótesis aventuradas y en burla de otros investigadores (y en oculpación de su labor). A ese otro Rico es al que le pongo reparos.

    JLGM

    ResponderEliminar
  7. Aprovechando yo el anonimato de internet para provocar la duda sobre la posible apocrifidad de este comentario dejo bien claro quién no es su autor. Del mismo modo debería poder deducirse la no apócrifa autoría del texto que encabeza el tema.

    Alonso Fernández de Avellaneda

    ResponderEliminar
  8. Sigo desde hace tiempo el polémico tema de la autoría de El Lazarillo. De todas las hipótesis, la mejor es la de Rosa Navarro y, hasta la fecha, creo que ningún especialista ha podido rebatirla con argumentos estrictamente filológicos. ¿Será porque Navarro tiene razón?
    Estoy totalmente de acuerdo con JLGM. Hay dos Francisco Rico, hasta ahora bien diferenciados. Creo que la prepotencia y mala educación que Rico siempre ha mostrado en lo personal está invadiendo sus trabajos. Una verdadera lástima y una muestra más de que Rico no es tan inteligente como pensaba.

    Osvaldo de Felsan

    ResponderEliminar
  9. Creo que estas discusiones llevan a sitios poco recomendables, incluida la mía aquí, pero...El nivel de investigación filológica de Rico saca varias cabezas a los demás. Navarro no ha conseguido aceptación entre los expertos, va sola y con ridículo va imponiendo a bibliotecas la inclusión de Valdés como autor del "Lazarillo". Me quedo con la ironía de Rico mil veces. Y les recuerdo que si hablan de asuntos personales, tienen todas las de perder si salen anécdotas de personas citadas aquí. Lejos de mí exponerlas, solo que debemos ceñirnos a la filología y a la crítica textual. Feo asunto el ataque ad hominem (en latín los dos sexos, no se sulfuren).

    ResponderEliminar
  10. Curioso anónimo vagamente amenazantes: "y les recuerdo que si hablan de asuntos personales tienen todas las de perder..."
    En fin, que soy el primero en reconocer la altura filológica de Francisco Rico, sin que eso suponga que se haya de hacer la vista gorda ante sus errores y arbitrariedades.

    JLGM

    ResponderEliminar
  11. No hay amenazas, sí respuesta a 'vida privada': es usted el primero en meterse en jardines nada filológicos. A mí no me va esto de mezclar intimidad y estudio o razones filológicas. Las reseñas luego ponen a cada uno en su sitio.

    ResponderEliminar
  12. Dejemos de lado los personalismos. La argumentación de Rosa Navarro en favor de Alonso de Valdés como autor del Lazarillo es muy endeble y ya ha sido refutada: véase, sin ir más lejos, Valentín Pérez Veanzalá en Espéculo (http://www.ucm.es/info/ especulo/numero27/lazaril.html). Rico no es el único que la considera poco relevante.

    ResponderEliminar
  13. Pero en mi reseña, y yo no soy Rosa Navarro Durán (aunque Rico, tan perspicaz, piense otra cosa), no se habla de esa hipótesis, sino de la todavía más disparatada de Rico: el libro no es anónimo sino apócrifo. El autor pretendía que los lectores lo creyeran obra de un auténtico pregonero. Por eso coloca el nombre de un autor, "Lázaro de Tormes", al frente de su nueva edición. De ese disparate cualquier estudioso se burlaría, pero solo lo he hecho yo porque Rico es Rico y en estas lides todavía rige el arcaico principio de la autoridad. Menciono también una hipótesis textual de Rosa Navarro que Rico conoce, pero no tiene en cuenta (y debería hacerlo, aunque fuera para refutarla).
    O sea que la cuestión es otra, no si Alfonso de Valdés es o no el autor del Lazarillo.

    JLGM

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La dificultad del "trebejar" y "ayudar a calentar" solo parece existir si se interpretan como acciones inmediatas. Lázaro parece querer decir que se ocupaba de cuidar al hermanito: unas veces, entreteniéndolo; otras, arropándolo. Entiendo que la nota de Rico (y yo no soy Rico) va en ese sentido: si no aprecia dificultad de interpretación, no necesita recurrir a explicaciones alternativas. ¿Se equivoca? No lo sé, pero ese tipo de decisiones son las que toma un editor de textos clásicos. ¿Hay que citar todo lo que se ha especulado sobre el Lazarillo, o es legítimo que el editor seleccione lo que le parece imprescindible?
      Por otra parte, la hipótesis sobre el (falso) apócrifo presenta, desde luego, dificultades, algunas de las cuales se apuntan en la reseña. Pero de eso se trata: de que cada cual sopese los argumentos a favor y en contra. Nadie pide que las opiniones de Rico queden fuera de ese examen. Pero mejor que sea desapasionado.
      Un saludo (y enhorabuena por el blog).

      Eliminar
  14. Pues yo creo que esa explicación alternativa (y que a muchos nos parece más verosímil) debería haberse tenido en cuenta, como se tienen en cuenta otras más disparatadas, aunque sea para rechazarla en los comentarioso finales.
    En cualquier caso, gracias por su lectura y por su discrepancia.

    JLGM

    ResponderEliminar
  15. ¡Cuánto bizantinismo estéril! El texto de la "Tragicomedia" espigado por la profesora Navarro Durán, como la golondrina de la paremia, no hace verano. Su tesis, sencillamente, no se sostiene. Rebatirla, tras los trabajos del maestro Rico, es repetir lo olvidado de puro sabido. Rico, como el águila, no caza moscas. "Esta nuestra porción sacra y divina /a mayores acciones es llamada / y en más nobles objetos se culmina" (cito de memoria). Y lean bien las palabras del maestro: "En mi vida he fumado un solo cigarrillo", es decir, que han sido muchos; o uno solo, un "continuum". Javier Marías así lo vio. Miren ustedes, de peor calaña fue Cervantes. Por no hablar de Lope. Si malas son las otras mañas del maestro, "o felix culpa!". Por lo demás, admiro, y mucho, los trabajos, el buen hacer y las malas mañas del profesor García Martín, del que he aprendido y sigo aprendiendo.
    JP

    ResponderEliminar
  16. Gracias por la última parte del comentario. El resto se sostiene poco. ¿El águila no caza moscas? Qué cosas. Un águila muy avispada para lo que le conviene y cegarata para lo que pone en cuestión sus tesis.
    Lo de "en mi vida he fumado un solo cigarrillo" aparecía al final de un texto feroz, en que se arremetía contra los diputados que habían aprobado una ley que beneficiaba a la salud de los españoles y que hoy nadie discute. Con muy malos modos, y con pésimas razones, se insultaba a los diputados y a todos los que apoyábamos esa ley (que no iba contra los fumadores ni defendía la salud de los fumadores, sino la de todos los demás). El humor final de la apostilla era un dudoso humor y, en el lugar donde estaba, se entendía como un apoyo a las razones dadas en un artículo de opinión y en un momento de debate de una ley: la ley era tan injusta, venía a sugerirse, que incluso los que no han fumado nunca la encuentran detestable.
    Lea JP el artículo de El País y luego verá de qué poco valen aquí los sofismas, dígalos Javier Marías (buen maestro en el arte de las opiniones desaforadas y desenfocadas) o los diga el tendero de la esquina.

    JLGM

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. "El pensamiento navarro". No hay más que añadir para quien sabe la historia. Poco importa, profesor García Martín, que la profesora Navarro Durán haya logrado agavillar unos retazos textuales que solo dan la pimporrada (magister dixit). Y ni eso. Alguien debería recordarle -con Dostoievski- que cien conejos no formarán nunca un caballo. Mercedes Agulló y José Luis Madrigal no se libran de tal pecado. En rigor, nada contradice las tesis de Francisco Rico. Evidentemente, se puede discrepar de algunos aspectos y aun de algunas notas, como hacen los citados investigadores, pero la autoría del "Lazarillo" solo corresponde -y no puede ser de otra manera- a Lázaro González Pérez.
      Insisto: lean los trabajos del profesor Rico. Puede "i más añedir e emendar si quisiere".
      Y si "malos" son los modos del artículo en "El País", "pésimas" las razones y "dudoso" el humor, no sé qué diría de la "Anatomía del tabaco" de Arthur Machen, que le recomiendo para su "gabinete de lectura". Por no hablar de Svevo. El artículo apuntaba a la bibliografía científica sobre el tema. Y nada nuevo se ha añadido desde el 11.11.2011. Hace bien el maestro en fumarse un puro, a la salud de quienes se empeñan en confundir torpemente vida y literatura. Por lo demás, benditas sean las trapacerías que remueven los amenes académicos. Releer las tesis de Navarro Durán sobre el Lazarillo siempre me ha evocado "El otoño en Pekín" de Boris Vian, maestro indiscutido del buen hacer y las malas mañas.
      José Palomares

      Eliminar
  17. Me divierte mucho la incapacidad de nuestra especie para el diálogo con un poco de rigor. Aunque trate de evitarlo (creo qeu con más éxito que José Palomares), también me incluyo en esa incapacidad. El origen de todo este diálogo es una reseña sobre una nueva edición del Lazarillo, hecha por el considerado máximo experto en el tema (lleva medio siglo ocupándose de la novela), no una comparación entre los saberes filológicos de Francisco Rico y Rosa Navarro Durán. Yo en eso ni entro ni salgo. Comenté puntos concretos de la edición, y esos son los que deben rebatírseme, no si Alfonso de Valdés es o no autor del Lazarillo (mi opinión al respecto me la callo). Lo que es una solemne tontería es decir que el Lazarillo no debe considerarse obra anónima sino apócrifa y que el ficticio autor sería el pregonero. Aunque Cela, para burlar la censura, publicara su "La familia de Pascual Duarte" como anónima nadie pensaría que su autor es Pascual Duarte (ni él lo pretende: no finge el lenguaje de un analfabeto extemeño). Y el prólogo del Lazarillo ya desmiente que lo que sigue pretenda pasar por la declaración de un pregonero analfabeto.
    En fin, que los grandes hombres (suponiendo que Rico lo sea) también puede hacer y decir tonterías (lea el artículo de Marías en El País este domingo), por mucho que según mi comentarista valgan más que las pequeñas mujeres. Y lo de comparar un libro de Arthur Manchen sobre el tabaco con un artículo de opiniòn contra una iniciativa legislativa concreta, ni a favor ni en contra del tabaco, sino en defensa de la salud de los no fumadores se comenta por sí solo. Qué falta de rigor.
    Y la bibliografía "científica" de Rico sobre el tema (bastante risible, por cierto: podemos hablar de ella en cualquier momento), aparecía en una respuesta a los reproches a ese artículo de opinión, ahí decía que prohibir fumar en los locales públicos, según no sé qué investigación, perjudicaba la salud de los niños porque los padres aprovechaban para fumar en sus casas. ¿Qué padres serían esos? Al profesor Rico quizá habría que aconsejarle que no saque los píes de sus filologías y que en estas, a la hora de tener en cuenta aportaciones ajenas, sea algo más honesto.

    JLGM

    ResponderEliminar
  18. Vaya por delante, admirado profesor, que rigor, lo que se dice rigor, no hallo en sus pespuntes y despuntes textuales. Se limita a repetir de coro lo que dice la profesora Navarro Durán y a tergiversar pro domo sua mis palabras. ¿Pequeñas mujeres? Ignoro a qué se refiere. Prosopografías a un lado, si de talla intelectual hablamos, la de D.ª Rosa Navarro Durán es insoslayable. Su mirada a los textos es magistral, por más que, en ocasiones, tenga algo averiada la mira. "Brizar" y "acallar", en el contexto del "Lazarillo", es "lectio difficilior". En buena lógica textual, habría que partir de "acallentar", documentado ya en Berceo. La lectura "a calentar" de B no disuena e incluso es más coherente. Creo que JLGM se ha quedado en el retazo de marras y no ha recordado lo anterior: "mas de que vi que su venida mejoraraba el comer, fuile queriendo bien, porque siempre traía pan, pedazos de carne y en el invierno leños, a que nos calentábamos". Brizar al negrito para callarlo es muy tierno, pero un solemne disparate ecdótico. Lázaro lo brinca y calienta; hemos de suponer que con los leños arrimados al fuego, tarea para que sí es necesaria su "ayuda". El niño, empero, puede callarse él solito. No descarte mi admirado bloguero el vino, que también calienta, como bien sabía Lázaro y toda la tradición al respecto, que puedo citarle cuando quiera y en el idioma que le plazca. Por ahí tengo espigados textos en sánscrito, árabe, hebreo y griego para abrir boca. Pero tampoco hay que abusar de rigor. Ríos de tinta ha corrido el "Minerva con el can" de "La Celestina". Otis H. Green leyó "Minerva con Vulcán". Alberto Blecua se empeña en leer "Semíramis con el caballo". En un artículo que espero publicar pronto trato estas y otras cuestiones. No había pensado en el brizo y el acallamiento, pero todo se andará. "El otoño en Pekín", insisto. No creo que el asunto dé para más. Si ando escaso de rigor y argumentos, releeré hoy mismo el "Methodus inveniendi argumenta", del genial Arnold Geulincx. Por lo demás, esta "quaestio disputata" puede resolverse con su displicente y eutrapélica sentencia: "Ubi nihil vales, ibi nihil velis".
    José Palomares

    ResponderEliminar
  19. Cuánta erudición. Casi quedo axfisiado con ella. Pero sospecho que mi interlocutor no entiende de contextos. Yo no reseño el libro en una revista especializada, sino en un diario y me dirijo al público culto en general (que a veces entiende las cosas mejor que el pedante especialista). Y no repito los argumentos de nadie. Ni siquiera tomo partido. Digo solo que, en las abundantes notas finales, se ignora una hipótesis sobre un pasaje dudoso, expuesta en congresos y en revistas especializadas y que por tanto se debería haber tenido en cuenta (y no es tan fácil de dejar de lado como mi pedante comentarista pretende). Leeré con mucho gusto ese artículo que espera publicar pronto (quizá me equivoque, pero me imagino a mi interlocutor virtual como alguien joven, ambicioso y necesitado del apoyo de Rico en su acomodo académico: pero esto lo borro, es fantasear con argumentos ad hominen). Y lo del artículo contra la ley que regulaba el uso del tabaco en los espacios públicos, o lo del decir que el Lazarillo no es una obra anónima, sino apócrifa y atribuísela a Lázaro de Tormes... En fin, eso es un disparate y no hay citas en latín o en sanscrito que lo remedien.

    JLGM

    ResponderEliminar
  20. Se nota que le divierte la incapacidad de nuestra especie para el diálogo riguroso. Diríase que es un avezado cultor de las displicencias y eutrapelias del profesor Rico. Su mensaje postrero es toda una lección de rigor. Dejaré a un lado el argumento "ad hominem", que lo revela como "docto en pullas, cual mozo de camino". Me ha recordado usted a Góngora: "Este, pues, doctorandico / quiere en la octava del Corpus, / por autorizar el suyo, / hacer burla de nosotros"; aún más: "del huevo que ya empollastes, / con vuestra pluma me honro: / dejadme caer en esta / tentación de semidocto; / ya que lo soy de la haz, / hacedme del revés tordo, / dotor digo, y sea una borla / giralda del capitolio". En un alarde de imaginación poética, me imagina usted "joven". Y acierta. "Ambicioso". No, maestro, no. Recuerde conmigo a Cervantes: "Llaneza, muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala". Me figura "necesitado del apoyo de Rico". Yerra de nuevo, maestro. Hay un terceto de la "Epístola moral a Fabio" que hablará por mí: "Aquel entre los héroes es contado, / que el premio mereció, no quien le alcanza / por vanas consecuencias del estado". No olvide, maestro, el capricho 37 de Goya. Y rumie en aquello de Goethe en el "Werther": "Die Toren, die nicht sehen, daß es eigentlich auf den Platz gar nicht ankommt, und daß der, der den ersten hat, so selten die erste Rolle spielt!". En efecto, aquellos que no ven que no siempre desempeña el papel principal quien ocupa el primer puesto son tan cegatos o por presunción o por ignorancia (pecado mayor que la pedantería). Y sí, maestro, sí: "¡Cuántos debe de haber en el mundo que huyen de otros porque no se veen a sí mesmos!". Me tomaré como un halago su interés por ese trabajito aún en ciernes, pero no lo merece. Más provecho sacará el maestro con otras lecturas. Pessoa, Botas y Borges, pongo por caso, ya que son pasiones que compartimos. "Allí, contento, tus moradas sean; / allí te lograrás; y a cada uno / de aquellos, que de mí saber desean, / les di que no me viste en tiempo alguno". Así sea, maestro.
    Con admiración,
    José Palomares

    ResponderEliminar
  21. Divertido pugilato. Y mi contrincante acierta plenamente: yo peco más de presunción y de ignorancia (todos los días un poco, aunque casi siempre me arrepiento) que de pedantería.

    JLGM

    ResponderEliminar
  22. Creo que los personalismos no son buenos. Francisco Rico tendrá por supuesto sus defectos y sus equivocaciones y habrá hecho más o menos por el conocimiento del Lazarillo. No entraré ahí. Pero lo que está claro es que lo que realmente no se sostiene es la propuesta de Navarro. No porque no pudiera ser Valdés el autor del Lazarillo, sino porque la argumentación y las pruebas que ofrece Navarro no son tales (a poco que uno las examine friamente). Pero es que tampoco tiene tanta importancia, en realidad. La autoría del Lazarillo seguirá siendo un campo de especulación muy fecundo mientras no se encuentren pruebas irrefutables, pero es que precisamente por eso, porque no hay de momento pruebas irrefutables, cualquier especulación al respecto no deja de ser (como alguien ha dicho también por aquí) una discusión bizantina. Larga vida al Lazarillo y ojalá las próximas generaciones sigan disfrutando de él, y también haya filólogos capaces de descubrir nuevas claves y transmitirlas. ¿el autor? Como dice el cantor "cuando se abre una flor al olor de la flor se le olvida la flor".

    ResponderEliminar
  23. Interesantes reflexiones las de Valentin Pérez, pero sospecho que no ha leído con mucha atención la reseña. En ella no se contrapone la hipótesis de Rosa Navarro Durán sobre el autor del Lazarillo a la de Francisco Rico. Se habla solo de una propuesta suya sobre un pasaje concreto, propuesta textual que parece mejorar la lectura de ese pasaje, y de que Rico ni siquiera alude a ella. Y no se defiende la autoría de Alfonso de Valdés para el Lazarillo, simplemente se pone en cuestión la pintoresca hipótesis última de Rico según la cual no es una obra "anónima", sino "apócrifa".

    JLGM

    ResponderEliminar
  24. Perdona, Jose Luis, efectivamente en realidad más que sobre la reseña, comentaba con respecto a los comentarios que ha generado a continuación. En relación con la hipótesis de Rico, no sé si Rico prentende realmente o no sugerir que el autor quiso "engañar" a los lectores haciéndoles creer que el texto era obra de un auténtico pregonero. No creo que Rico quiera decir eso, pues efectivamente los contemporáneos del texto que tenían la posibilidad de leerlo, no podrían concebir esa idea con facilidad. Lo que creo que sugiere Rico es que el autor pretende como marco ficcional que es obra de un pregonero, y que eso es lo que propone de principio a fin como parte de la ficción que ofrece a los lectores. Insisto, como ficción. Al igual que muchas obras actuales que juegan con la idea del manuscrito encontrado, etc. etc. (y el propio Quijote, por otra parte) y que nadie supone que el autor quiera hacernos creer tal cosa, pero sí que forma parte del marco de la ficción llevado quizá a un extremo que no llevó Cervantes (¿que hubiera pasado si el Quijote no hubiera ido firmado por Cervantes porque él hubiera querido continuar la ficción del libro encontado hasta el final?). Creo que esa idea de que el autor juega de tal forma con ese marco ficcional hasta el punto de (por supuesto además por otro motivos) no incluir más nombre que el de Lázaro, me parece que ahora mismo es mucho más interesante que cualquier propuesta de autoría más o menos documentada. Por cierto, aprovecho para comentarte que hace unas semanas te envié un correo (para enviarte un ejemplar de un libro) pero debo tener mál tu dirección.

    ResponderEliminar
  25. Me temo que eso es lo que dice Rico, prefiere ser más ingenioso. Una obra anónima no es una obra apócrifa. No sabemos quién escribió el Lazarillo pero sabemos que no lo escribió Lázaro de Tormes (aunque esté escrito en primera persona) y que ningún contemporáneo nos ha dejado la más mínima señal de que pensara tal cosa. Y el novela tiene un prólogo en el que habla el autor, no Lázaro. En fin que, con los debidos respetos al ilustre filólogo y a sus admiradores que intentan salvarle la cara, ahí metió la pata. Y debería reconocerlo.
    Mi dirección es

    Josë Luis García Martín
    Depto. de Filogogía Española.
    Campus del Milán
    33011 Oviedo.

    Un saludo

    JLGM

    ResponderEliminar
  26. Gracias, José Luis, te envío a esa dirección un libro que hemos editado recientemente y cuyo autor me indicó que quería hacerte llegar un ejemplar. Por otra parte, en el tema de Lazarillo hay tanto que debatir... Precisamente lo que hace que un libro sea un clásico es la inmensidad de lecturas posible que presenta. Personalmente no soy especial admirador de Rico (ni tampoco lo contrario) pero sí que coincido con él en muchas de sus interpretaciones de la obra, por ejemplo creo que la concepción de Lazarillo como un todo sin solución de continuidad (incluso sin la separación del prólogo) es muy sugerente y nos permite entender algunos de los problemas del Lazarillo (entre otros, precisamente su extraño prólogo)... pero como digo es un largo debate, quizá tengamos ocasión de tenerlo en vivo en alguna ocasión.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  27. La división en capítulos no parece del autor, sino del impresor, según costumbre de la época,y por eso puede eluminarse. Pero el "prólogo" carece de sentido (creo yo) si lo entendemos formulado por el personaje y no por autor.
    Espero el libro. Quizá algún día hablemos de estas cosas.

    JLGM

    ResponderEliminar