jueves, 6 de octubre de 2022

Literatura, arte y vida

 

Vargas Llosa sube al escenario
Sergio Vila-Sanjuán
Ediciones La Vanguardia. Barcelona, 2022.

El destino final de un texto literario, se publique por primera vez donde se publique (en un diario, en un blog o en una red social), es el libro, la más funcional de las máquinas de leer que se han inventado. El libro es el arca de Noé de las publicaciones efímeras y a ella puede subir incluso muchos años después de yacer en las hemerotecas.

Pero no todo puede, ni merece, ser salvado. Hace falta una adecuada labor de selección.

            Desde 1977 en que publicó su primera entrevista, a Ricardo Bofill, hasta hoy, Sergio Vila-Sanjuán, director de suplemento cultural de La Vanguardia, ha publicado más de dos mil artículos sobre temas de literatura y arte. Junto a Juan Cruz es el más veterano de los periodistas culturales españoles. Ese material lo ha ido seleccionando y recopilando en diversos volúmenes: Crónicas culturales (2004), La cultura y la vida (2013). A ellos añade ahora Vargas Llosa sube al escenario y otros perfiles de escritores y artistas de los que he aprendido. Sorprende el largo título de la nueva recopilación. Sergio Vila-Sanjuán comenzó su trabajo como publicitario y de la relación entre publicidad y literatura se habla en algún de capítulo del libro. Poco sabe, sin embargo de publicidad, quien dio de paso a ese largo y poco atractivo, además de engañoso, título. De las 309 páginas de que consta, solo tres se dedican a Vargas Llosa y son además de las más prescindibles. Sorprende también la primera persona que se cuela en el largo subtítulo: “y otros perfiles de escritores y artistas de los que he aprendido”, que no resulta, por otra parte, enteramente cierto. Entre los personajes que estuvieron por un motivo u otro de actualidad, que son de los que se ocupa, solo a unos pocos considera sus maestros. Más adecuado habría sido titular Margaret Atwood y otros perfiles de literatura y arte.

            El orden alfabético en que se disponen los capítulos hace que Margaret Atwood, con quien se encuentra en al Festival Hay de Cartagena de Indias, inicie esta miscelánea en la que figuran nombres bien conocidos junto a otros de interés más local. Hay capítulos que podrían figurar en cualquier antología del mejor periodismo. Uno de ellos es el que dedica a Javier Cercas con motivo de la publicación de Las leyes de la frontera, en el que un paseo por los barrios marginales de Gerona, escenario de la novela, sirve de pretexto para entremezclar muy lúcidas reflexiones sobre el fenómeno quinqui la delincuencia juvenil que se puso de moda en los ochenta, la historia reciente de España, la estructura de la novela y el periodismo. Lo que dice Cercas sobre los medios de comunicación que mitificaron a esos delincuentes vale para los medios de comunicación de ahora: “Llama la atención que se critique tanto la telebasura y en cambio sobre medios más serios, con mayor capacidad de hacer daño, no se tenga sentido crítico”.

            Muy distinto, pero también excelente, es la semblanza “Arturo Pérez-Reverte en su museo imaginario”. No es necesario apreciar demasiado sus populares y bien documentadas novelas, para sentirse interesado por el personaje.

            Quizá, más los capítulos que dedica a los grandes autores bien conocidos, interesen los que se dedican a personajes menos mediáticos, sobre todo a aquellos con los que tuvo relación personal, como el poeta Enrique Badosa.

            Sergio Vila-Sanjuán es algo más que un periodista, con no ser eso poco: licenciado en Historia, ha cursado un Máster en la Universidad de Boston, ha escrito novelas, está muy ligado al mundo de la burguesía ilustrada barcelonesa. Acá y allá nos va dejando detalles de su biografía, aunque nunca quiera —y se agradece— ocupar el primer plano.

            Como una novela episódica puede considerarse este libro, que se puede comenzar a leer por cualquier parte. Hay entrañables personajes de folletín, como María Helena Feliu, la hija fuera del matrimonio de Joan Estelrich, uno de los prohombres de la literatura catalana. Vila-Sanjuán glosa su autobiografía, Pecat original, y nos trae a la memoria un tiempo sombrío de públicas virtudes y vicios privados. No es el único caso en que el encuentro personal es sustituido por el comentario de un libro. A la vida privada de Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo nos asomamos gracias a las confidencias de una de sus empleadas domésticas. Las fantasiosas peripecias eróticas de José Luis Villalonga se extraen del primer tomo de sus memorias, La cruda y tierna verdad.

            De vez en cuando, encontramos algún ilustrativo detalle sobre la historia del periodismo español, como su breve evocación de Gaceta Ilustrada (1956-1983), esa revista generalista, inspirada en Life o París Match, que contaba con colaboradores como Antonio Tovar, Fernando Lázaro Carreter o Julián Marías.

            Desde Larra sabemos lo que se publica en los periódicos, y no me refiero solo a la colaboración literaria,  es información perecedera. Vargas Llosa sube al escenario —conviene no dejarse engañar por el título— lo demuestra sobradamente, aunque quizá no todo lo que aparece en él merecería quizá ser rescatado. A Sergio Vila-Sanjuán —que ha editado y supervisado miles de páginas— le ha faltado un buen editor que redujera más menos a medio centenar los ochenta “perfiles” que reúne y que le aconsejara sobre el título. Pero eso no disminuye el atractivo de un volumen que nos presenta a figuras muy conocidas desde un inédito punto de vista y despierta el interés por otros nombres y obras menos habituales, algunos muy ligados al ámbito catalán.

           

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