lunes, 7 de enero de 2019

Literatura digital y otras falacias



Del café al tuit
Literatura digital, una nueva vanguardia
Ana Cuquerella
Calambur. Madrid, 2018.


La tesis que expone y defiende Ana Cuquerella en su libro Del café al tuit es que “estamos asistiendo a los momentos fundacionales de una nueva literatura”, que se están sentando las bases de lo que la literatura será en el futuro.
            A su entender, ya hay obras valiosas que van en esa dirección: al final del volumen se enumera una decena de títulos a los que considera “jarchas digitales”, los primeros balbuceos de “la nueva manera de dar forma a la literariedad de los textos propiciada por las nuevas tecnologías”.
            Una tesis sugerente la suya, pero que muy pronto comienza a mostrar sus debilidades. Ana Cuquerella, a pesar del empaque académico de su investigación, no parece tener una idea muy clara ni de lo que es la literatura ni del funcionamiento de las tecnologías digitales.
            Para ella, el traslado de un libro impreso al medio electrónico implica necesariamente “transformaciones en el texto en sí”. ¿En un e-book el texto del Quijote, de los poemas de Antonio Machado o del último Premio planeta es diferente de la edición en papel? Resulta evidente que no.
            Ana Cuquerella confunde la edición digital de un texto con su adaptación: “Cuando el administrador del blog Canto de espumas, por ejemplo, toma un fragmento del poema de Machado, lo selecciona y recorta y lo inserta en su fotopoema acompañado de sus propias fotografías, está generando algo nuevo”. Pero lo mismo ocurre cuando esos versos de Machado son acompañados de fotografías en un volumen impreso.
            La literatura –entendamos lo que entendamos por literatura– no está ligada al medio por el que se transmite. Un poema de Catulo  (“Odi et amo. Quare id faciam, fortasse requiris. / Nescio, sed fieri sentio et excrucior”), impreso o manuscrito, en papel o en pergamino, sigue siendo el mismo poema de Catulo. Y lo continúa siendo en una edición digital o copiado en un tuit o en un muro de Facebook. Es el mismo poema cuando se lee en voz alta en una clase o por la radio o en un video de YouTube.
            Estas obviedades las ignoran muchos presuntos especialistas, no ya en las nuevas tecnologías, sino también en literatura. Conviene por tanto detenerse un poco en ellas. Ni todo lo que se publica en libro es literatura ni el libro es siempre el mejor modo de acceder a la literatura. Los textos breves –poemas, cuentos– han preferido siempre otros medios de difusión. Primero, la oralidad (que sigue siendo importante en los poemas), luego las publicaciones periódicas, revistas y diarios; hoy en día, Internet. Los poemas se encuentran más a gusto en las redes sociales que en los libros de poemas (a menudo solo una recopilación de textos que primero se han difundido de otra manera). No se trata de algo nuevo. ¿Qué son los libros de cuentos de Clarín o de Emilia Pardo Bazán sino recopilación y selección de relatos que previamente fueron apareciendo en diversas publicaciones, como La Ilustración Ibérica, Los Lunes de El Imparcial o Blanco y Negro??
            El volumen de Ana Cuquerella tiene todas las limitaciones de un trabajo académico, valido solo para el burocrático currículum profesional, no para el lector común: abundantes paráfrasis, no siempre inteligibles, de lo que ha dicho este o aquel estudioso y pocas, poquísimas ideas propias, y casi siempre equivocadas o de una ingenuidad sorprendente. Baste un ejemplo: la literatura digital global se diferenciaría de la literatura analógica global porque “sus integrantes: autores, lectores, seguidores, programadores, diseñadores, etc., se consideran parte de un grupo. Comentan en blogs especializados, organizan y acuden a congresos, seminarios y actividades que giran en torno a estas obras, participan en foros, comparten tuits, etc.”
            ¿Y eso no lo hacen también los autores de cualquier tipo de literatura y los médicos, los numismáticos y todos los que tengan una actividad o una afición en común?
            Ana Cuquerella confunde la literatura digital con los video-juegos,  con las adaptaciones de poemas o relatos, con los ejercicios escolares, con el arte digital, que puede utilizar o no palabras. Para ella un blog es un nuevo género literario, aunque sea un blog de cocina, por su inmediatez y porque admite los comentarios. Para ella, el paso de las bitácoras a Twiter ya supondría una gran innovación literaria: “Cuando todavía estábamos explorando las formas textuales y de comunicación de los blogs, surge un nuevo formato el ‘microblog’, que abre el camino a publicaciones de microrrelatos, haikus, creaciones colectivas, etc., en las que la velocidad, síntesis e interacción superan a las de los primeros”.
            Antes de escribir un libro sobre la literatura digital, Ana Cuquerella debería comenzar por distinguir entre un blog y una red social. Funcionan de diferente manera, pero en ambos se puede igualmente publicar literatura. Un ejemplo reciente, el libro La vida instantánea, de Sergio C. Fanjul, es una excelente recopilación de artículos costumbristas que aparecieron en Facebook, pero que igual podían haber ido apareciendo en un diario.
            “La literatura digital se dirige a un público sin restricciones”. escribe Ana Cuquerella. Y continúa: “Además de ser gratuita y poseer una serie de propiedades intrínsecas que la hacen diferente a la analógica, es universal en su concepción”.
            Error, error, error. La literatura digital, como cualquier literatura, selecciona su público: juvenil, infantil, de aficionados a la ciencia-ficción, etc. La literatura digital puede ser gratuita o no (solo lo es siempre si practicamos el pirateo), lo mismo que la analógica; existen las ediciones no venales. ¿La literatura digital es universal en su concepción al contrario que la literatura analógica? No merece la pena replicar a eso.
            Las confusiones conceptuales de Ana Cuquerella quedan ya patentes en el título que le ha dado a su investigación: Del café al tuit. La versión digital del café literario, del lugar habitual de tertulias, no sería propiamente el tuit, sino el chat, los grupos de WhatsApp o los blog que se llenan de comentarios en torno a un tema polémico.
            Conclusión: en cuestión de nuevas tecnologías, todos somos aprendices, hasta Mark Zuckerberg. A los especialistas, apocalípticos o no, hay que tomarlos con cautela. Salvo que sean especialistas en informática, pero a ellos solo se recurre cuando se nos estropea el ordenador o no funciona la Wifi, no cuando queremos comprender cómo influyen las nuevas tecnologías en la difusión y en la creación de literatura. 


           

53 comentarios:

  1. Lo que yo noto es que ahora publica mucha gente que por pudor o cohibición no se atreverían a ir a una editorial a pedir que publiquen sus textos, o no tendrían dinero para autoeditarse en libro de papel, pero que ahora, en Internet, sí se atreven a abrir un blog, por su espontaneidad y gratuidad. Y a veces encuentra uno, entre esas páginas literarias de la Red (modestas y a menudo anónimas), pequeñas maravillas.

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  2. Es un tema muy interesante. No cabe duda de que Internet ha cambiado considerablemente el panorama literario. Antes de la expansión de la Red, parecía que se podía vivir de la literatura, al menos algunos autores, como los representados por Carmen Balcells. Hoy sin embargo vivir sólo de la literatura se revela imposible. Las tiradas han bajado mucho porque se lee menos (menos libros, menos obras literarias). Basta ir en Metro para comprobar que mucha gente que antes leía libros (o periódicos) en papel ahora, en su mayoría, va mirando el i-phone. El cierre de librerías es creciente, de modo que por desgracia van quedando pocas. Por otro lado, la manera de escribir también está influida por Internet, donde prevalece el estilo muy rápido y directo, el deseo de sintetizar e "ir al grano" (frente a la literatura más lenta y descriptiva que se cultivaba tradicionalmente). Está claro que la literatura y todos sus géneros van a seguir existiendo, pero negar el influjo y los cambios provocados por Internet sería engañarnos.

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  3. Las nuevas tecnologías están dando una literatura singular. Incluimos mails, wasaps como diálogos y un largo etcétera de posibilidades. Estoy segura que de twits a novela hay un alargo camino, pero que hemos de recorrer

    Un abrazo y feliz año nuevo

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  4. Había antes una labor de criba o selección editorial, de modo que los responsables de las editoriales decidían qué se publicaba y qué no. Y no siempre acertaban. Algunos se lucieron negándose a editar "Cien años de soledad" o "La conjura de los necios". ¿Cuántos buenos libros habrán dejado de publicarse por decisiones arbitrarias similares? Al menos hoy los autores, en casos como ésos que seguro siguen produciéndose, pueden publicar gratuitamente su obra en un blog.

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  5. Ana Cuquerella afirma que “estamos asistiendo a los momentos fundacionales de una nueva literatura”. Y luego demuestra que no es más que la literatura de siempre distribuida de otra manera, puesto que habla de formas tradicionales: jarchas, textos ilustrados con fotos, poemas, aforismos, cuentos, microrrelatos, haikus, creaciones colectivas (véanse los textos colectivos de dadaístas y surrealistas), etc.

    Es grave confundir una nueva manera de distribuir textos que utilizan las formas literarias de siempre con una nueva literatura. Internet, que yo sepa, no ha creado ni una sola forma literaria nueva.

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    1. No es del todo cierto, cualquiera que publique en prensa digital sabe, o debería saber, que la mayor parte de lectores leen en dispositivos móviles y que existen unas normas de edición muy estrictas dictadas por esta preferencia: resaltados frecuentes, número de líneas por párrafo, formas sintácticas muy simples, diferente uso de elementos ortotipográficos. Nada nuevo, pero puesto en función de las nuevas formas de lectura. Algo de razón había en aquello del medio es el mensaje. Los medios de difusión literaria han marcado las formas literarias, siempre, la forma está en función del soporte. Es absurdo negar que la aparición del pergamino, del códice o de la imprenta la rotativa hayan influido en las formas literarias. Otra cosa es que podamos seguir leyendo adaptaciones del Poema de Gilgamés o de un Haiku japonés del s. VIII en un libro de bolsillo.

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  6. Ana Cuquerella confunde también la vanguardia literaria con la existencia de internet. Por el mero hecho de ser publicado en la Red, ¿un texto se convertiría en vanguardista? ¿Por qué arte de magia? Un soneto de Quevedo ¿es más "moderno" publicado en internet que en un libro de papel?

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  7. Muy sensatos comentarios los de Baltasar. Resume bien lo que yo pienso.

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  8. La vida sin internet no era vida. Internet es la alegría de vivir.

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  9. Respuesta al Anónimo "No es del todo cierto".
    1/ Se habla aquí de literatura. No todo lo que se publica en libro, en periódicos en papel, en presa digital es literatura. Dejemos por lo tanto para otro momento la cuestión del periodismo digital.
    2/ Las obras literarias, sean del siglo que sean, se publican con la ortografía actual: lo mismo da que sea el Quijote que una novela de Baroja. Eso no cambia la obra literaria, la ortografía es una convención para facilitar la lectura.
    3/ Una obra literaria no cambia en función del soporte. Otra cosa es que determinados soportes (el teléfono móvil) sea más adecuado para unas obras literarias que para otras: mejor para el poema breve o el aforismo que para un novelón de seiscientas páginas.
    4/ En un libro de bolsillo no leemos una adaptación del Poema de Gilgamés o de un haiku japonés: leemos una traducción si no conocemos la lengua original. La Eneida de Virgilio no se publicó por primera vez en papel, pero no cambia cuando se publica ahora su texto latino en papel.
    En resumen, demasiadas confusiones anónimo. Una obra literaria no cambia porque se publique en libro de bolsillo o en edición de lujo, con letra pequeña o grande, con ilustraciones o no. Otra cosa es quien escriba para un determinado medio procure adaptarse a él. Pero ni siquiera quien escribe solo textos breves y los publica en Twiter prescinde, si hay lectores interesados, de reunirlos en libro. Y a quien los lea en libro le interesan los textos en sí y no le importa cómo hayan sido publicados primero, como a quien lee "Los tres mosqueteros" no le importa que primero apareciera por entregas en un diario.

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  10. Por cierto, ¿nadie se ha dado cuenta de que las reseñas que se leen en este blog son las mismas que aparecen semanalmente en varios diarios impresos? Creo que es la mejor confirmación de que un mismo texto se puede difundir por diversos medios, cada uno con sus ventajas e inconvenientes respecto de la difusión. Pero la reseña no cambia en nada.

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  11. Internet no ha dado lugar a ningún género literario, pero sí afecta mucho a la literatura, como a la música y al cine, porque ha hecho muy difícil que haya creadores profesionales dedicados exclusivamente a la creación artística, provocando que el creador o artista lo sea sólo en sus horas libres, compatibilizándolo con otra profesión de la que realmente vive. Es cierto que Kafka o Pessoa no eran escritores "profesionales" (vivían de otro trabajo), pero otros autores sí, y este "amateurismo" (en contraposición al creador profesional) es un cambio de importante calado, como creo que el tiempo demostrará.

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  12. Pues en lo que se refiere a la literatura, me parece que no tienes mucha razón Aitor. No hay ahora menos poetas "profesionales" que en otras épocas. Vivir de la literatura siempre ha sido difícil, casi todos los escritores tenían que compaginarlo con otras actividades: periodismo, enseñanza, diplomacia (recuerda a Rubén Darío o a Neruda), exactamente como ahora. Recuerda que, para leer una obra literaria gratis, no hizo falta que se inventara Internet: ahí están las bibliotecas públicas y su sección de préstamo.

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  13. Enteramente de acuerdo con JLGM en su respuesta a Anónimo, quien escribe también que "la forma está en función del soporte", lo cual no es cierto. ¿Qué formas literarias ha aportado la publicación en papel? Ninguna, que yo sepa. Poemas, novelas, tratados filosóficos, obras de teatro, confesiones (San Agustín), aforismos (Heráclito, Pitágoras), correspondencias, etc, etc existían antes de que el papel sustituyera al papiro o al pergamino. La historia de la literatura europea no cambia a partir del siglo XI, cuando los árabes introdujeron el papel en Europa a partir de España.

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  14. Murieron 912 y nacieron 226. Esas cifras marcan el declive del ciclo de vida de las librerías en España: cada día se cierran 2,5 de estos espacios, sobre todo pequeños. Y cuando son más los que mueren que los que nacen... el futuro se acorta. La lucha contra ese destino, a través de la reinvención de estos espacios culturales en los últimos años para atraer compradores, apenas le permite aguantar al sector, porque la caída en las ventas no se detiene: en concreto un 18% desde 2011, o lo que es lo mismo, un descenso de (seguir leyendo en

    https://elpais.com/cultura/2015/03/04/actualidad/1425453103_819705.html

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    1. El artículo que enlaza usted es del año 2015. En el documento del ministerio de la Cultura "El sector del libro en España" de abril del
      año pasado puede leerse:

      "España dispone de una de las redes de librerías más antiguas y extensas de Europa, con un total de 3.967 establecimientos, en su mayoría creados en el siglo XX. Con este dato, la media de librerías por cada 100.000 habitantes crece en el último año hasta los 8,5 establecimientos, manteniéndose muy por encima de la media europea (5,5). A diferencia de otros países europeos, en los que las grandes cadenas han devorado al pequeño comercio, la librería española, tras varios añosconsecutivos de caída, se mantiene como el principal canal de venta de libros en nuestro país, acaparando más del 35% de la facturación y mostrando una evolución ascendente en los dos últimos años. Junto a las cadenas de librerías, cuyos ingresos también han crecido en el último año, condensan cerca del 53% de la facturación. [...] 1 de cada 4 librerías vende por Internet, canal que representa el 11% de sus ventas, y 1 de cada 10 vende libros digitales. [...] ‘Patria’, de Fernando Aramburu, fue el libro más comprado y más leído por los españoles en 2017."

      En ese documento puede verse un gráfico que indica que el número de librerías aumenta en España. En 2016 había más librerías (3.967) que en 2014 (3.650). Según él en Alemania en 2014 había 3.990 librerías, en Francia 2.300, en Italia 3.240, en Inglaterra 1.041... y en Estonia 23.

      www.culturaydeporte.gob.es/dam/jcr:08c8edc0-2753-4306-9624-732c63843df0/sector-libro-2018.pdf

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    2. De hecho yo en mi ciudad (Sevilla) cada vez veo más librerías. Y no paran de abrir nuevos cines. Pero lo más impresionante es la gran cantidad de tiendas de discos y DVDs musicales que están poniendo por todas partes.

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    3. Pablo M, que Santa Lucía te conserve la vista y no te la disminuya.

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  15. José Luis García Martín7 de enero de 2019, 14:40

    Desaparecen librerías como desaparecen muchos pequeños comercios. Que cierren ciertas tiendas tradicionales no quiere decir que la gente compre ahora menos alimentos o menos productos de limpieza. Simplemente prefiere comprarlos en los grandes almacenes. A las librerías les hace la competencia Amazon. Pero ese es otro asunto distinto del que aquí se debate.

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  16. Amigo mío, ¿ qué estaría haciendo Vd ahora mismo si ni Internet ni este blog existieran?

    Pues yo se lo voy a decir: estaría leyendo ¡un libro!

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    1. Internet quita tiempo sobre todo a la televisión. Y ello hasta el punto de que muchas parejas jóvenes ya no compran televisiones cuando se instalan, les basta con tener ordenadores.

      Y la gente que lee reseñas de libros en internet es la que más libros lee, como es lógico.

      Y la gente que más libros compra en Amazon es la que más libros compra también en las librerías.

      Y para acabar, una última paradoja: la gente que más música, libros o películas piratea en internet es la que más discos y libros compra y la que más va al cine (varios estudios serios sobre el tema lo prueban).

      Y todo ello es muy lógico en el fondo. El denominador común que exiplica todos esos comportamientos, aparentemente paradójicos, es... la pasión.

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    2. Totalmente de acuerdo. Yo soy uno de esos. Tengo dos casas llenas de libros de papel pero me gusta tener esos mismos libros en versión digital

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    3. Hay en lo que dice Baltasar G. M. una curiosa mezcla de conceptos, y no sé si de ideas, que no le hace mucho bien a lo que expone.
      Su "paradoja" respecto al pirateo es exactamente como decir que la gente que más libros roba es también la que más libros lee; cosa que puede que sea cierta (no lo sé, ni me importa gran cosa), pero eso no justificaría el robo, que a mí me parece natural considerar un delito y perseguir como tal.
      Y creo importante precisar esto, porque hay gente que justifica el pirateo (otra forma de robo, a mi entender) diciendo que, aunque el autor del libro pirateado no vea por ello un euro, eso ayuda a difundirlo.
      Lo que me recuerda la historia que no hace mucho contaba un músico de rock en el foro de una noticia sobre este tema; cómo el propietario de un pub al que conocía le dijo que por qué no tocaban él y su banda allí, naturalmente gratis, "y así os hacéis publicidad", a lo que él le respondió que por qué él mismo no invitaba a sus amigos a que consumieran allí lo que les apeteciese, naturalmente gratis, y así se la hacían a él.
      Camoens es el mauor autor clásico de la literatura portuguesa; y su obra era conocida no sólo en Portugal, sino en el extranjero. Lo que no impidió que en sus últimos años hubiese de vivir de limosna (quiero decir literalmente, pidiendo por las calles para poder comer). La pobreza de Cervantes es hasta tópica ("halléme obligado a decir que era viejo, soldado, hidalgo y pobre", cuenta Márquez Torres en la "Aprobación" de la segunda parte del Quijote). Y repito que estamos hablando de los mayores autores clásicos de las respectivas literaturas.
      La "pasión" puede explicar muchas cosas, pero justifica pocas; en otro caso, ¿quién podría criticar a un ladrón, o un corrupto, su "pasión" por el dinero?

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    4. Metiéndome donde no me llaman, le diré a Jose que Baltasar G. M. ni justifica ni deja de justificar el pirateo o robo de obras literarias, dice simplemente que quien piratea literatura demuestra interés por la literatura. Eso es todo.

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    5. ¿Si yo me bajo de Internet gratis un libro cuya edición en papel ya he pagado religiosamente estoy robando? Me gusta tener los mismos libros en versión digital porque es más fácil la búsqueda de cualquier detalle que me interese

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    6. Hombre, Benito, esto no es un consultorio jurídico sobre la propiedad. Hay miles y miles de libros que se pueden descargar gratis en Internet (casi todos los clásicos). No se pueden descargar gratis los premios Planeta, las memorias de Belén Esteban y otros. Es muy fácil saber si hay que pagar, te indican el precio y has de abonarlo antes de poder descargarlo. Si buscas atajos para no pagar es como colarse en un cine.

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    7. Cierto que Baltasar G. M. no justifica el pirateo; pero me parecía importante dejar claras algunas cosas al respecto, porque existe demasiada confusión. El mismo comentario de Benito de Soto puede servir de ejemplo. El que él haya comprado la edición en papel de un libro no justifica que se apropie gratis de otra edición en papel, esto es, de otro ejemplar del mismo libro (para regalarlo, por ejemplo): cada uno tiene su propio precio, y es natural que así sea. Lo mismo ocurre con las descargas en internet; como JLGM recuerda, abundan las que se pueden hacer gratuitamente sin ilegalidad alguna (lo mismo que se pueden leer también gratis en bibliotecas públicas muchos libros en papel). Pero utilizar esto último para justificar el robo de un libro (total, ya está en bibliotecas) es igual de absurdo. Y estas cosas, que deberían ser claras, bien se ve que para demasiada gente no lo son.

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  17. No entiendo muy bien el razonamiento, Claudia Morales. ¿La gente que lee reseñas de libros no lee libros? ¡Pues vaya pérdida de tiempo! Debería entonces visitar otras páginas de Internet, no este blog.
    ¿Y la gente que visita otras páginas, noticias, juegos, deportes, pornografía, de no existir Internet estaría leyendo un libro? Lo que miran pornografía quizá, pero un libro muy ilustrado y con poca letra.
    En fin, que no conviene dejarse llevar por el tópico, Claudia Morales.

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  18. Y muchos de los que ahora van en el bus o el Metro mirando como posesos el móvil o el i-phone, ¿qué se traían antes entre manos?

    Pues eso mismo, amigo mío, eso mismo: ¡¡¡¡ UN LIBRO !!!!

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    1. Eso no significa que lean menos, sino que han cambiado de lugar de lectura. Yo estoy rodeado de gente que ha dejado de leer en el metro o en el bus a causa del móvil pero que sigue leyendo el mismo número de horas a la semana.

      Le recuerdo que cuando apareció el cine, se vaticinó que el teatro desaparecería. Cuando llegó la televisión, que el cine desaparecería. Cuando llegaron internet y el móvil, que la televisión y la lectura desaparecerían. Y sin embargo ahí siguen estando, y bien vivos, el teatro, el cine, la televisión y los libros.

      Le recuerdo también que el futuro es impredecible y que todos los futurólogos se confunden, como todos los expertos a proósito del futuro del tema que conocen bien. Bill Gates, por ejemplo, no creyó que internet sería un éxito, lo cual le ha costado muy caro a Microsoft. También le recuerdo que en los años 60, en las muy serias predicciones que se hacían sobre el mundo del siglo XXI, nadie vio la existencia de internet.

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  19. Nadie dice que la literatura vaya a desaparecer. La literatura existirá siempre, por supuesto, sea en uno u otro soporte material. Pero afirmar que la irrupción y generalización de Internet es algo irrelevante o inocuo para la literatura en general, como parece deducirse de algunas intervenciones, no creo que se ajuste a la realidad.

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  20. Nadie ha dicho eso. La irrupción de Internet es algo maravilloso que facilita la difusión de la literatura. Aquí nadie ha discutido tal cosa (convendría releer la reseña y leer el libro reseñado), sino que suponga la creación de un nuevo tipo de literatura, la creación de géneros radicalmente distintos. Hablando claro (yo siempre lo hago aunque algunos se molesten) ni los poemas de Catulo ni el Quijote cambian de "género" por leerse en un libro electrónico o en un teléfono móvil, solo su lectura se hace más cómoda o más incómoda. Eso es todo.
    Bueno, añado algo. Pensar que las personas que andan revisando su Facebook o mandando WhatsApp continuamente a los amigos, si no tuvieran teléfono, se dedicarían a leer a Cervantes o a Shakespeare, me parece mucho suponer.

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    1. las conversaciones que un escritor cazaba en las calles, ahora las aportan los "no escritores" que escriben en facebook, y claro que no leerían a Virgilio, pero están aportando el lenguaje de la calle.

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  21. Creo que JLGM ha respondido perfectamente tanto a Jose como a Claudia. Nada que añadir.

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  22. El propio blog se llama "crisis de papel". Crisis de papel. Con eso te lo digo todo.

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  23. José Luis García Martín9 de enero de 2019, 17:38

    Exacto. Crisis de papel (como “tigres de papel”) y no Crisis del papel.

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  24. A mí lo que me cuesta entender es por qué cada vez que se habla de pirateo en internet aparece un moralista como Jose para darnos a todos clases de moral cristiana, como si los demás no fuéramos capaces de juzgar moralmente los hechos. Cada vez que veo a uno de ellos intervenir en un debate me asalta la misma duda: ¿son gente que necesita mostrar a los demás que ellos son seres muy morales, muy demócraticos, ciudadanos perfectos, irreprochables profesores de ética con vocación de predicadores, o son simplemente personas a las que les revienta soberanamente que haya gente que tenga acceso gratuito a todos los libros, discos, programas informáticos y juegos que desse, y que vea el cine, las series de TV y el fútbol gratis, porque ellos son incapaces de hacerlo, a causa de su nulidad en informática? Entre estos predicadores por envidia, hay dos clases: la de la gente con poco dinero que no puede pagarse esos ocios y que no soporta que otros pobres los obtengan gratuitamente, y la de la gente con mucho dinero (en general madura) a la que le joroba que haya pobres hábiles, en general jóvenes, que disponga de todo lo que le dé la gana sin gastarse un duro.

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    1. No se preocupe Baltasar G. M. por la posibilidad de que uno "reviente": no hay tal. Yo no tendría dificultad alguna, si quisiera hacerlo, para piratear un libro, una grabación musical o una película. No lo he hecho nunca, pero es porque NO QUIERO. Y no quiero por la misma razón por la que nunca he robado un libro o un disco.
      Tomar medidas, por ejemplo en una librería, para que no se roben libros, o sea difícil hacerlo, no me parece a mí que tenga que ver con "dar clases de moral cristiana", sino con la protección legítima de un derecho.
      Me hace usted recordar una discusión que, sobre este mismo tema, tuve hace ya tiempo, en el foro de la noticia de un periódico, con alguien que, sin duda para hacerme ver que su postura contraria a la preservación de los derechos de propiedad intelectual en internet se basaba en un conocimiento de primera mano, terminó por explicarme que su trabajo era desarrollar juegos para ordenador. Yo le dije que me parecía muy bien, pero que suponía que, cuando desarrollasen uno, se apresurarían a patentarlo para proteger sus derechos legítimos a eso de lo que eran autores, de modo que la ley persiguiese a quien intentara apoderarse de ello, y no digamos explotarlo comercialmente, sin pagarles nada. Y que si eso era así, como yo suponía, por qué le costaba tanto comprender que el mismo (exactamente el mismo) derecho a intentar proteger su propiedad tiene el autor de un libro, por ejemplo. A eso ya no me contestó, imagino que porque no tendría argumentos para hacerlo.

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  25. La propiedad intelectual ha muerto. Puede seguir existiendo jurídicamente, formalmente, pero de hecho ha muerto en la realidad. Por muchos diques legales que se pongan a la libre difusión de contenidos, las posibilidades técnicas y los atajos informáticos que ofrece la Red terminan rompiendo todas las trabas.

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    1. Muy bueno lo de J. Espinosa, según el cual "la propiedad intelectual ha muerto".
      Y, ¿qué es eso que ha muerto, según él? La propiedad intelectual, copio, "recoge los derechos que corresponden a los autores respecto de las obras de su creación". "Es decir, se otorga al autor (por la nueva creación) la protección de los intereses morales y económicos que la obra representa para él".
      Puesto que eso, según J. Espinosa (y muchos como él) "ha muerto", se sigue que no hay, ni debe haber, "derechos que corresponden a los autores respecto de las obras de su creación". En otras palabras, que en el momento en que yo termino de escribir un libro, es tan mío como del primero que pase por la calle y acierte a hacerse con él.
      Pues vaya.

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    2. Eso es lo que me gustaría para mis libros, Jose. Que fueran del dominio público desde el mismo instante en que se publican. Pero esto no tiene nada que ver con lo que se debate.

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    3. Una cosa es que a JLGM, particularmente, eso le guste, y otra muy distinta que todos los autores, les guste o no, estén obligados a pasar por ese aro, simplemente porque, según J. Espinosa, "la propiedad intelectual ha muerto". Lo que no sé es si habrá muerto de risa, o quizá de cansancio.

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    4. Totalmente de acuerdo. Eso de que la propiedad intelectual ha muerto es una tontería. Otra cosa es que se deban hacer cambios en la legislación. Y conviene señalar que hay miles y miles de obras que son de dominio público, aunque no falte quien quiera apropiárselas. Esa es otra forma de pirateo.

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    5. Los autores ya tienen bastante compensación con que la gente lea sus creaciones. La creatividad literaria no debe ser crematística. Mucha gente pagaría por ser leídos. No necesitan más.

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    6. Los autores también comen, Carlos. Otra cosa es que algunos vivan de otro trabajo y la literatura sea para ellos solo una ocupación de fin de semana. Pero, en todo caso, si no viven de lo que escriben, al menos tienen derecho a que les ayude a pagar las facturas.

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    7. Los premios literarios institucionales, como el Cervantes o el Príncipe de Asturias, han servido últimamente para ayudar a autores, incluso consagrados y longevos, que en lo económico, y debido a la caída de ventas de sus obras, pasan dificultades. No es -por supuesto- decoroso dar nombres.

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    8. Un comebntario como el de "Carlos" deja perfectamente claro lo que yo decía. Cualquiera que tenga verdadera vocación por algo, pagaría (llegado el caso) por hacerlo. Pero supongo que eso no significa, ni siquiera para "Carlos", que un médico que tenga verdadera vocación no deba cobrar nada por su trabajo. Porque eso supondría que tuviera que ganarse la vida haciendo además (haciendo en primer lugar, ya que de ello depende su supervivencia) otra cosa. Y no imagino que él deseara que, digamos, un cirujano que hubiese de operarle (a él mismo, o a alguien a quien quisiera) a vida o muerte, lo hiciese después de su jornada en el andamio, o tras el mostrador de un bar, o donde fuese.
      Es lo natural que la gente aspire a vivir de lo que hace. en el arte y fuera de él. El cine, por ejemplo, es caro de hacer. Si a quienes lo hacen no les pagan nada, sencillamente no se hará más cine, o sólo películas de aficionados.
      Lo que hay en el fondo de todo esto, mucho me lo temo, es que la gente como "Carlos", o como Benito de Soto, o como Baltasar G. M., se encuentran la mar de cómodos obteniendo gratis lo que de otro modo tendrían que pagar para obtener. Y, en defensa de esa comodidad, están dispuestos a pasar por encima del derecho de los autores a la propiedad de su misma creación, aunque ese derecho, si uno ve la cuestión sin anteojeras, es o debiera ser obvio. La pregunta que realmente se hacen, acaso inconscientemente, no es, como debería, ¿qué hay de la justicia en este asunto?, sino ¿qué hay de lo mío? Mal camino es ése.

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    9. La propiedad intelectual es un trasunto del viejo capitalismo burgués. El siglo XXI terminará aboliéndola, instaurando un "copy left" frente al obsoleto y decimonónico "copy right" de los códigos civiles napoleónicos. El verdadero arte debe ser popular, de libre acceso y gratuito.

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    10. Qué cosas.Yo creo que este "Carlos" es un trol bolsonaro que dice esas cosas para desprestigiar a la izquierda.
      Está en su derecho de producir una película, invirtiendo en ella una fortuna, y luego permitir que se exhiba gratis en las pantallas grandes y en las pequeñas, en los ordenadores y en los móviles. Pero no creo que pueda repetir el experimento, aunque sea un Rockefeller, y desde luego me imagino que no pretenderá obligar al resto del mundo a hacer lo mismo. Nos quedaríamos sin cine, sin teatro, sin música (salvo los engendros de los aficionados) o los financiados por el Estado a cargo de los impuestos.

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    11. La paradoja es que los pintores, escultores o arquitectos pueden seguir siendo profesionales remunerados de su arte, pues sus obras creativas tienen fisicidad (materialidad) y no pueden piratearse sin más, pero en cambio los escritores no tendrán ingresos para vivir porque sus obras literarias, al no ser físicas o materiales como un cuadro original de Picasso, podrán ser objeto de pirateo y copio/pega inform@tico.

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    12. Una aclaración, Laura. Las obras de los pintores también tienen derechos y no se pueden reproducir sin permiso y pago previo. Lo mismo pasa con los escultores. Y el autor de una obra literaria (una novela, un libro de poemas) cobra un anticipo y luego un porcentaje sobre la venta de ejemplares.
      Lo cierto es que la mayoría de los escritores y de los pintores y de los escultores no pueden vivir de sus obras, necesitan ingresos complementarios. Eso no es solo de ahora.
      Y que buena parte de la obras literarias (la mejor parte: todos los clásicos) se pueden reproducir gratuitamente.
      En los casos en que no, hay que pagar o leer otro libro o ver otra película. Tampoco es tan grave. Queda mucho donde escoger.

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  26. El simplismo de costumbre, J. Espinosa. El pirateo no es un invento de Internet. Las ediciones piratas son tan antiguas como la imprenta. De cualquier libro de éxito, se hacían ediciones piratas (y se hacen). Y luego estaba (y está) la fotocopia. ¿Para qué comprar un libro si se podía fotocopiar? Y a pesar de eso siguió existiendo la propiedad intelectual y los autores (de éxito, los únicos que se piratean) siguieron cobrando y etc, etc. Internet solo facilita otra manera de hacer lo mismo que se trató de hacer siempre (aprovecharse del trabajo ajeno), lo que obliga a establecer nuevos controles.
    No se preocupe, J. Espinosa: por mucho que se piratee, Pérez-Reverte seguirá cobrando sustanciosos derechos de autor; este o aquel notable poeta seguirá cobrando, en cambio, cantidades casi meramente simbólicas. Siempre ha sido así: de Blasco Ibáñez se hicieron muchas ediciones piratas (y se hizo millonario); de Antonio Machado, ninguna (y malvivió dando clases de francés).
    ¡Y hay millares y millares de obras (de obras maestras, en muchos casos) que son completamente gratis en Internet sin necesidad de pirateo!

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  27. Serìa estupendo que la gente del mundo editorial (editores, distribuidores, libreros, comercializadores de e-books y libros digitales...) nos dijeran la verdad, en cifras, de lo que está ocurriendo en este ámbito. Ellos sì que han de saber (y vivir) de primera mano los cambios.

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