jueves, 9 de enero de 2020

Teoría y práctica del jardín



Jardín Gulbenkian
J. A. González Iglesias.
Visor. Madrid, 2019.

En la poesía de Juan Antonio González Iglesias, desde su primer libro importante, Esto es mi cuerpo, se entremezclan referencias al mundo clásico y al mundo contemporáneo, estoicismo y edonismo, reflexión y cántico.
            Jardín Gulbenkian tiene como núcleo central el jardín de la fundación Calouste Gulbenkian, en Lisboa, un jardín que el mecenas armenio imaginó ya en su correspondencia con el poeta Saint-John Perse, de la que se citan algunos pasajes.
            El comienzo del libro es sentencioso, de lenguaje casi ensayístico: “Hay una relación fuerte entre el jardín y la liturgia. / Es una forma estructurada de la esperanza. / Presupone la idea de la divinidad, la teoría de juegos y la sintaxis”.
            No acaban de encajar las piezas en este primer poema, los elementos conceptuales, a menudo un tanto gratuitos (“Cumple los ideales de igualdad sin violencia”), con la descripción de un paseo por el jardín en el que “un joven semibárbaro con el torso desnudo / practica malabares entre sus camaradas”.
            El libro, en lo que interesa al lector de poesía, no empieza hasta el poema siguiente. “Primera noche de verano”, en el que todo encaja, en el que nada falta ni sobra: un vaso de agua le basta para sintetizar teología y clasicismo, simplicidad y misterio.
            Hay otros poemas espléndidos. Cito algunos: “Bosque de pinos en Atenas castellana”, sobre un pequeño parque salmantino, “Academia”, que nos cuenta la visita de Horacio al bosque de Academo, donde Platón dialogaba con sus discípulos, o la tan personal utilización de la écfrasis que supone “Frick Colecction. Retrato de Tomás Moro”, donde el autor de Utopía –y también muchas otras cosas, como el poema se ocupa de subrayar– se convierte en un modelo de vida.
            Gana la poesía de González Iglesias cuando tiene un referente, culturalista o vital; se queda con frecuencia en nada cuando se limita a ser un mero apunte, una vaga reflexión (“He aquí el movimiento”, “He oído”). El poeta llega más lejos que el moralista o el pensador.
            Las referencias al mundo contemporáneo son marca de su estilo. Un poema se titula “Un podcast sobre Dante a medianoche”, en otro alude a una aplicación –Google Lens– y a una entrada de la Wikipedia que podrían explicar una línea de Pessoa.
            Tampoco podría faltar el mundo de los gimnasios, la exaltación de la belleza masculina. El homoerotismo de González Iglesias aparece exento de sexualidad, como una especia de idealizada camaradería viril.  “Nos pesamos desnudos en la báscula” es un poema de estética publicitaria, como un anuncio de Dolce & Gabbana o de Jean Paul Gaultier para una nueva fragancia masculina: “Nos pesamos desnudos en la báscula / del vestuario. Anda cada uno / a su aire después del ejercicio. / Cada uno en su edad. Cuerpos morenos / y blanco curvo mármol duplicado. / Una veintena de desconocidos, / unos locuaces, otros silenciosos / en la rutina. Jóvenes altivos, / y maduros serenos, y admirables / ancianos, compartiendo casi nada. / Adánicos, estáticas las líneas / que hacen que estemos bien constituidos”.
            En otro poema un grupo de jóvenes “corren sobre la arena y sobre el mes de marzo”. En los versos finales, cuando van a las duchas, “su sobriedad atlética / nos devuelve a la copas de cerámica ática”.
            El libro lleva un prólogo con aclaraciones y agradecimientos. Jardín y poema tienen mucho en común: “El jardín recorta sobre la superficie un fragmento de mundo bien hecho, que acaba equivaliendo al mundo. Es exactamente lo mismo que el poema hace en el lenguaje”.
            La poética clásica –la poética a la que aspira– “está llamada a decir lo esencial, aunque casi sin decirlo”.
            No siempre se atiene González Iglesias a ese ideal. En Jardin Gulbenkian sobran buena parte de las vueltas y revueltas sobre ese jardín. Mejor que lo que el libro tiene de deliberada teoría, lo que tiene de sabia práctica de una manera de entender la poesía en la que los ideales clásicos se vuelven contemporáneos y la música rigurosa del endecasílabo sustituye al divagador verso libre.



6 comentarios:

  1. LECTORA RASA

    Siempre me supo a poco ser el mero lector
    al que se alude en contraportadas y revistas.
    Ahora, sin ambiciones, distracción ni amigos
    soy auténtica desocupada lectora.

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    Respuestas
    1. A UN SANTO VARÓN

      Es el cielo saber
      que no vas a morir,
      y que no todo es polvo.
      Podría explicártelo
      con mucho más detalle,
      mas necesitaría
      la eternidad completa.

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    2. A LOS POETAS FÚNEBRES DE HOLANDA

      No os preocupéis mundanos
      de los que moriremos sin festejo:
      ya hubo Alguien que se hizo
      pequeño como nosotros.

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  2. “Hay una relación fuerte entre el jardín y la liturgia. Es una forma estructurada de la esperanza. Presupone la idea de la divinidad, la
    teoría de juegos y la sintaxis”.

    “Nos pesamos desnudos en la báscula del vestuario. Anda cada uno a su aire después del ejercicio. Cada uno en su edad. Cuerpos morenos y blanco curvo mármol duplicado. Una veintena de desconocidos, unos locuaces, otros silenciosos en la rutina. Jóvenes altivos, y maduros serenos, y admirables ancianos, compartiendo casi nada. Adánicos, estáticas las líneas que hacen que estemos bien constituidos”.

    No entiendo esa manía que tiene la gente que no es poeta de cortar sus prosas para que parezcan versos. Creen que por el mero hecho de colocar frases verticalmente y hacer un prólogo donde se dice que la poesía “está llamada a decir lo esencial”, los lectores se van a tragar
    que su autor es poeta.

    ¡Qué ingenuidad!

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  3. Y encima, ni siquiera hay algo parecido a un ritmo poético pues sucede incluso que los renglones están mal (arbitrariamente) cortados.

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  4. Qué cosas dices, Rodrigo. Confundes al poeta con el versificador y además ignoras los encabalgamientos. Si se ponen seguidos varios versos encabalgados y desaparece la pausa versal desaparece el verso. En fin, que un texto escrito en prosa (cortada o no) puede ser poesía y un texto escrito en verso puede no ser poesía ("contra las olas del mar /lucho con brazos viriles, / contra miasmas sutiles / no hay manera de luchar", escribió Echegaray)
    Juan Antonio González Iglesias es poeta y uno de los más destacados poetas actuales.

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