martes, 3 de noviembre de 2020

Pongamos que hablo de Madrid

 


 

Madrid
Andrés Trapiello
Destino. Barcelona, 2020.
 

Sería un error simplificar diciendo que en el libro sobre Madrid que ha escrito Andrés Trapiello resulta imprescindible todo lo que solo podría haber escrito Andrés Trapiello y sobra todo lo que podría haber escrito cualquier aplicado cronista de Madrid, como Federico Carlos Sainz de Robles, o cualquier anónimo redactor de la Wikipedia.
            No todo lo que solo podría haber escrito él resulta imprescindible. Disuenan unas opiniones políticas ya bien conocidas por formar parte del argumentario de cierta derecha más o menos extrema:  hubo tres golpes de Estado contra la Republica, uno de ellos encabezado por Indalecio Prieto; el gobierno “alentó manifestaciones multitudinarias de neto carácter ideológico que lanzaron la epidemia a proporciones exponenciales”; un poeta novísimo y catalán habló del “cielo fascista de Madrid”, pero “no se le leyó jamás nada, negro sobre blanco, de los lazos amarillos, lo cual a estas alturas, no pasa ya ni del castaño oscuro”.
            No se trata de que discordemos o no de tales consideraciones, sino de que distraen, nos sacan del libro y nos llevan a una chillona tertulia. Una rigurosa labor de edición las habría eliminado, lo mismo que las no escasas jeremiadas sobre el maltrato a que sometió cierta prensa cultural a su obra literaria: que si un reseñista echó de menos a Koldo Michelena en Las armas y las letras, que si un tal Juan Palomo (un humorístico pseudónimo colectivo) dijo no esperar mucho de una de sus novelas a punto de aparecer, que si le ningunearon en la prensa por editar en Trieste a escritores que no estaban de moda.
            Sobran muchas cosas menores en este Madrid, pero los lectores de Andrés Trapiello saben que no sería Andrés Trapiello si no pusiera tanto o más empeño en sus perecederas opiniones políticas y en sus caprichos tipográficos (ha pasado de sustituir “a” y “o” como marca de género por una estrellita a escribir las palabras de otro idioma tal como suenan: estrimin, gosdivín) que en lo que sabe hacer mejor que nadie.
            “El día en que decidí venir a Madrid fue el más importante de mi vida”, comienza el volumen, dando inicio a un conmovedor relato autobiográfico, con mucho de novela picaresca, que figurará sin duda entre las obras más conmovedoras de Andrés Trapiello cuando se decida a publicarlo adecuadamente. Ahora aparece troceado sin que se entiendan muy bien los motivos para ello. O se entienden demasiado bien: se trata de una argucia para ir dando los datos eruditos que resultan imprescindibles en un libro de encargo sobre Madrid. La primera interrupción está hecha con cierta gracia y copia el modelo cervantino de dejar a los combatientes con las espadas en alto. Tras una discusión familiar, abandona Trapiello a los diecisiete años su casa en León para dirigirse a Madrid. Cuando interrumpe de pronto la narración para un largo pegote erudito sobre el origen del nombre de Madrid, escribe: “El expreso de La Coruña puede esperar. Tenemos tiempo”.
            Si la primera interrupción tiene cierta gracia y parece un recurso literario, las siguientes ya se ven como un truco para mezclar cosas que no casan demasiado bien. Sobran todas esas interrupciones de cronista municipal o habrían encontrado su sitio en la parte final, entre los “Retales madrileños” –“Madrid y la historia”, “Madrid y sus reyes”, “Madrid y la arquitectura”--, algunos de los cuales, por cierto, repiten lo que ya se ha dicho antes, y en ocasiones más de una vez, como que Mesonero Romanos se dedicaba a especular con solares del centro de Madrid.
            “La novela de un joven pobre”, llamémosla así, las andanzas de un joven ambicioso servidor de muchos amos, los azares que le llevan al triunfo literario (el encargo de una biografía sobre Cervantes o la promesa de un premio para un libro sobre los escritores y la guerra civil), es una de las piezas maestras que contiene ese libro, aunque incomprensiblemente desmembrada.
            Hay otras, por supuesto, y tienen que ver con Madrid, pero no con el remoto Madrid de moros y cristianos o de los milagros de San Isidro (erudiciones al alcance de cualquier aplicado jornalero de la pluma), sino con el Madrid vivido, el que ya es para Trapiello carne de su carne y sangre de su sangre: espléndida la descripción de la calle conde de Xiquena, en la que vive desde hace cuarenta años, de la cercana plaza de París, de los rincones galdosianos, del Museo Romántico… No defraudará este volumen a los muchos admiradores de Andrés Trapiello, a quienes le consideran uno de los escritores fundamentales de nuestro tiempo –soy uno de ellos--, pero sin duda pondrá a prueba su paciencia, como ha puesto la mía.
            Cuando Trapiello parece que lo ha dicho todo sobre Madrid --entremezclando recreación autobiográfica, acarreo erudito y, hacia el final, desahogos personales quizá no demasiado pertinentes--, se da cuenta de que le ha quedado fuera mucho material y añade una serie de capitulillos de muy desigual interés. Lo mejor son las selecciones personales que añade al final de algunos de ellos: sus diez edificios preferidos, los mejores libros sobre Madrid, los museos, los parques y jardines… Quizá en estos apéndices debería haberse limitado a los recuentos personales, siempre con alguna ocurrencia original, con algún punto de vista inédito, y haber hecho más caso de lo que él mismo afirma en “Madrid y la arquitectura”: “La Wikipedia da cuenta de su historia y de sus arquitectos, así como de todo lo que he citado aquí, por lo que le ahorro al lector más pormenor”.
            No siempre nos lo ahorra, aunque también le gustan las elipsis. Divagando sobre restaurantes se refiere a “la memorable noche en que Cayetana concertó una cena con Savater, Isabel Preysler, Mirian, nosotros dos y Vargas Llosa, con el que el había contraído una de esas deudas que no se saldan con nada”.
            No nos dice cuál es esa deuda, pero si se trata de la que se menciona en el epílogo (donde se añaden más apuntes “que no cabían en otra parte”), el prólogo a su traducción del Quijote, pues tampoco parece que fuera para tanto.
            Para Trapiello, al contrario que para Mies Van der Rohe, menos no es más, sino que más es más, mucho más. Entre esos “retales” de la segunda parte incluye un “breve repertorio madrileño”, una especie de glosario que podría haber dado para un libro al estilo de otro de los suyos, El arca de las palabras. Y por si no fuera suficiente, como si quisiera caricaturizarse a sí mismo, al final copia todos los nombres de personas que viven o han pasado por Madrid y que figuran en sus agendas telefónicas: unos cuantos cientos.
            Pero quizá todos estos reparos se deban a un error de lectura por mi parte: Madrid es un libro de regalo, un espléndido regalo para estas fechas, y los libros de regalo no se leen de la primera a la última página, como he hecho yo, basta con picotear acá y allá y admirar las ilustraciones, variadas y bien seleccionadas, y que cuentan con precisos y a menudo muy literarios pies de foto del autor del volumen.



43 comentarios:

  1. Hace un tiempo leí unas palabras que más o menos venían a decir lo siguiente: Tiene tal ego que necesita dos sillas para sentarse. Habiendo leído ya bastante de lo suyo, en la primera persona que pensé fue en Andrés Trapiello y ahí sigo. Sobre el libro, pues comprado, leído y observando sus paranoias con lo catalán, vengan o no a cuento. El señor Trapiello debería hacérselo mirar, lo suyo empieza a ser preocupante con ese rumbo seriamente perdido, aunque bien protegido por la sombra, y el dinero, de sus nuevos señoritos derechones. Ya se sabe, poner el plato de caliente en la mesa tiene sus cosas.

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  2. Cuando a Trapiello le han reprochado las "X" de sus diarios que encubren nombres conocidos, él siempre contesta que esos nombres dentro de unos años nadie los recordará. Asi que él escribe para la posteridad. Del mismo modo podría decirse que dentro de unos años las anécdotas políticas que cita JLGM nadie las entenderá; desde luego nadie sabrá quién era esa Cayetana.

    A pesar de ésto leeré "Madrid", como he leído casi todos los libros de su autor, porque estoy de acuerdo en queTrapiello es "uno de los autores fundamentales de nuestro tiempo

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    1. Estas seguro? Que Trapiello sea bueno no implica que sea omnipotente. No. Y lo llevamos observado últimamente, sobre todo esa desdichada tendencia a la derecha. Tal vez por hacerles la gracia a sus nuevos señoritos?

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  3. "uno de los escritores fundamentales de nuestro tiempo".

    Falta "españoles" en la frase, ¿no?

    Esperemos que Trapiello le haga caso y saque una segunda edición "corregida y aumentada", que será la que yo compraré.

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  4. He escuchado las críticas, y con tu reseña, fácil que lo busque.

    Un abrazo

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  5. Quien aspire a rebatir los contenidos de "Madrid" debería hacerlo desde unos conocimientos que estén a la altura de los que el autor tiene sobre la ciudad, y no con ocurrencias.
    Los desacuerdos requieren unas cuantas visitas a los cientos de libros que Andrés Trapiello ha leído para documentarse. Al menos, si el rebatidor quiere estar a la altura de lo rebatido.

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  6. Sobre Indalecio Prieto tiene toda la razón
    La "memoria historica" es una desmemoria.
    Pongo un ejemplo asturiano, Aida la Fuente, "neña libertaria".
    Borrachos, en un bar de la Argañosa, la "checa" la envió a defender un nido de ametralladoras en San Pedro de Los Arcos.
    Los soldados contrarios atacaron con granadas, descubriendo al fin el cadáver de una niña.
    Hay que ser cobarde y mixtificar la historia.

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  7. No das pie con bola, Víctor. Deberías pensar un poco antes de hablar, sobre todo en temas delicados.

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  8. Ya lo he pensado bastante, Martin. Fue así.
    Como lo fue también el asalto al cuartel de Simancas, en Gijon. Grupos de pistoleros, anarquistas o lo que fuera, enardecidos y borrachos.
    Algunos morían como conejos.

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  9. Pensar e informarse, por supuesto. Lo de Aida la Fuente, clama al cielo. ¿Sabes que el periodista Luis de Sirval fue asesinado por unos legionarios porque iba a contar en un artículo cómo había muerto Aida la Fuente? El teniente Dimitri Iván Ivanoff asesinó a Sirval en el patio de la comisaria de Oviedo (luego solo le condenaron a unos meses de cárcel) porque iba a contar lo que había ocurrido en San Pedro de los Arcos. En fin, dejémoslo.

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  10. Unos legionarios al servicio de la sublevación, como lo era el teniente Dimitri Ivan Ivanoff.
    Se trataba de consolidar un estado soviético, esa era la idea de Indalecio Prieto, y luego, de Largo Caballero.
    Toda la mitología izquierdista de entonces se cae por su propio peso.
    Con toda razón, en Aviles han solicitado que se le quite la calle a Dolores Ibarruri.
    Tampoco, en mi opinión, tiene sentido una calle (o avenida) llamada Carlos Marx.
    Hombre que se la dediquen a Hegel.

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  11. No abuses de nuestra paciencia, Víctor, que bastante tenemos con Don Baltasar G. M. ¿De dónde sacas que los legionarios estaban al servicio de la sublevación? Los disparates tienen un límite. No doy de paso ninguna tontería más, advertido quedas.

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    1. Señor García Martín:creo que para lo que dice la reseña le ha quedado un poco larga y farragosa. Le propongo resumirla en algo así como "Trapiello no escribe los libros como yo le digo que los tiene que escribir.Además opina cosas que no me gustan y va a ir al purgatorio"
      A mí,el "Madrid" de AT me ha encantado, y lo recomendaría a cualquiera, para leer, para regalo, para tener algo bello y bueno en casa...

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  12. Señora Nieves, le agradezco que leyera mi reseña a pesar de ser "un poco larga y farragosa". Y me alegra que el libro que comento le haya encantado.

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  13. "Y lo llevamos observado últimamente, sobre todo esa desdichada tendencia a la derecha"
    Señor Montell, si Trapiello fuera nacionalista catalán, de la extrema izquierda (Podemos) o benevolente con los herederos del terrorismo (Bildu), seguramente no aparecería esa apreciación en los comentarios sobre su libro.
    ¿ Por qué una persona, incluso un escritor, no puede, no debe ser de derechas ?

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    1. Señor Gusanogordo, ni me gustan los nacionalistas catalanes ni los nacionalistas españoles, ni alguno más de los que usted cita. Hace bastantes años que vivo en Cataluña y en ningún momento me he mordido la lengua, simplemente porque no me ha hecho falta, porque nadie me ha corregido, y eso que, por razones laborales, he convivido con independentistas, y bastante acérrimos, pero cada ha estado en lo suyo. Eso sí, han lamentado mis opiniones. Sobre que el señor Trapiello sea esto o la otro, es algo respetable, siempre que él respete a quienes no opinan como él, pero no es eso lo que uno puede pensar cuando continuamente se le leen esas opiniones que rezuman catalanofobia por todas partes. Ha opinado y escrito mucho al respecto y en muchas ocasiones sin venir a cuenta. Solo hay que darse un atento paseo por sus Salones, de los que he leído todos menos uno, para encontrar comentarios sobre Cataluña sin venir a cuento. El señor Trapiello es ejemplo de buen escritor, es mi opinión, pero no es ningún ejemplo de persona que respete la opinión de los demás, al menos aquella que cuestiona ciertas cosa de las que dice y escribe, y lo digo por experiencia, la cual describir ahora no viene a cuento.
      Un saludo y perdón por la tardanza en la respuesta

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  14. De todas formas, unas acotaciones.
    Valientemente, Aida la Fuente defendió un nido de ametralladoras en el Oviedo situado de 1934 (situado por sus compañeros comunistas)
    Disfruta de una escultura en el lugar de los hechos, se presume que antes de morir mató, con la ametralladora, a varios "perros fascistas", defensores de la Republica.
    Sobre el asesinato del periodista valenciano. JLGM nos dice que iba a contar la verdad, porque se la habían dicho "unos legionarios".
    ¿Es qué unos legionarios tienen más crédito que otros? El propio JLGM nos da la respuesta, a Luis de Serval lo mataron preguntándole qué legionarios habían dicho la "supuesta verdad".

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  15. Una investigación
    Parece difícil rebuscar el pasado del teniente Dimitri Ivan Ivanoff.
    De los demás personajes sabemos bastante. Y ya no me refiero a Aida la Fuente, sino a Luis de Serval, el "hombre que sabía demasiado" y no se enteraba de nada.
    Efectivamente, a su llegada a Asturias, a Oviedo, se aloja en la fonda que tu cita, donde se realojaban las victimas de la fonda Campoamor, donde hubo decenas de muertos por los cañonazos revolucionarios.
    No parece muy prudente nombrar la soga en casa del ahorcado.

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  16. No hace falta ir muy lejos para encontrar mi versión, David Ruiz

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  17. Cuántas tonterías, Víctor Menéndez, cuántas tonterías. Déjalo estar y no enredes más. Son temas muy serios para despacharlos aquí en cuatro comentarios. Hay otros entretenimientos, incluso en estos días de general desquicie.

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  18. No es por nada, pero muchos comentarios van sobre un tema que no tiene nada que ver con el libro. Más que encontrar aportaciones o críticas sobre la reseña del libro, todas respetables y cuestionables, me encuentro con un rollo de la Guerra Civil o la revolución del 34. No encuentro interesantes esos comentarios, no tienen nada que ver con el tema. Por lo demás, Trapiello no me disgusta como escritor, aunque no es el no va más,y personalmente, me fio bastante del autor del blog. Saludos.

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  19. Tomalo con humor, Martin. Obuses se llamaban, como los pimientos del Padrón, unos explotaban y otros no.

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  20. Tienes toda la razón, José Santandreu, Víctor Menéndez ha colocado aquí comentario que se refieren a un asunto mencionado en "Café Arcadia", mi diario semanal.

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  21. Dons entrevistas interesantes a Trapiello sobre su libro "Madrid":

    http://hemeroflexia.blogspot.com/2020/11/una-entrevista.html

    https://madrid365.es/madrid-qya/andres-trapiello-el-manzanares-es-al-agua-lo-que-un-nino-pobre-a-la-lucha-por-la-vida-20201105-0052/

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  22. Bueno, Santandreu, mil disculpas. Sin embargo, el tema surgió (y se desvió) porque Trapiello cita en su libro a Indalecio Prieto.
    Salud

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  23. A mí Trapiello me deja frío, y nunca voy a leer su "Madrid", como no leo sus pasos perdidos. No voy a decir que escriba mal, aunque bastantes de sus construcciones sintácticas revelan un oído pobre para el castellano. No todo radica en meter "mechinal" cada tres páginas. Pero sobre todo, esa escritura suya siempre resentida y enconada me desentona y me hastía. Da la impresión de un sujeto sin ideales, desengañado desde joven, vengativo y enfadado con gran parte del mundo.
    Le di mucho crédito cuando volvió de su viaje a Cuba con Marsé y otros escritores (a cargo de un ministerio) y contó su gran desagrado y desacuerdo con lo que vio. Mucho más tarde, con motivo del Madrid-Central de Carmena, se mostró muy enfadado porque las nuevas regulaciones (en pro de la salud respiratoria pública) dificultaban la visita de sus hijos!! De pronto se me hizo la luz sobre su impresión del viaje a Cuba. Un sujeto tan centrado en sí mismo nunca podría haber estado a gusto en un país de pobreza tan repartida. Lo peor es que se trata de una insolidaridad espontánea, ingenua, que se revela sin aparente vergüenza. Tremendo.

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    1. Para no leer a Trapiello le veo muy al tanto... El viaje a Cuba es un relato que no se ha publicado más que en el Spp y nunca dice que uno de los acompañantes fuese Marsé. Si ha llegado a esa conclusión es porque ha dedicado muchas horas a la lectura de esos libros. Y en vista de lo poco que los ha entendido quizá debería pensar en pastar en otros prados...

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    2. Para no leer a Trapiello se le ve muy enterado... Para saber que era Marsé uno de los que viajaron a Cuba hay que haber leído mucho el Spp...
      Igual es que en vez de leerlo lo espía y por eso le aprovecha tan poco y lo entiende tan mal

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  24. Pero Nieves... ¿eres anterior a los tiempos de Google? El viaje citado está documentadísimo, y se ha opinado y discutido sobre él hasta aburrir.
    En cuanto a "espiar" al señor von Trapp, francamente, no veo que tenga mucho que espiar, pero mira que "comprender"... Qué diablos puede necesitar de comprensión en un escritor tan transparente, en especial en cuanto a sus rencores y envidias. Perdóname, pero se capta todo a la primera. Eso es lo malo.
    Y sí, algo suyo he leído, lo suficiente para saber que no tengo que leerlo más. Y punto, Nieves. Si a ti te gusta, pues que lo disfrutes, que de eso se trata, no de vivir amargado como tu referente literario. Y si quieres aprender cómo suena el castellano terso, echa una ojeada a Las Máscaras del Héroe.

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  25. Nieves en realidad se llama Miriam.

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  26. Acojonante lo del "oído pobre" y "el castellano terso". Suena como de D. Francisco Rodríguez Marín.Y descubre un espíritu de dómine.

    Todo el mundo tiene derecho, faltaría más, a disfrutar con el estilo de, no sé, Ana Rosa Quintana más que con el de Shakespeare; pero esa preferencia pone en evidencia a un pobre hombre.

    Como lo es quien no reconozca la calidad literaria de los diarios de Andrés Trapiello.

    Y tiene su guasita que venga a hablar de escritores resentidos y centrados en sí mismos precisamente en este blog, oiga.

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  27. Lo que es increíble es que un escritor como Trapiello no tenga aún el Premio Cervantes

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    1. Tranquilo, Jose M. Un par de pataleos anticatalanes más, bien aderezados de "golpistas" y de "la soberanía recae en.." y el Cervantes será suyo. (Yo creía que ya lo era). Y adelante, a promover la idea de que es muy necesario y saludable el olvido de las fechorías franquistas. Pero ojo, el recuerdo de las fechorías de Alberti hay que mantenerlo bien encendido y vivo. En fin, todo tan patente...

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    2. Roberto Montell Rubio26 de noviembre de 2020, 11:06

      A mi entender Trapiello de momento solo merece que lo leamos y en algunas cosas lo respetemos, nada más. Y muy acertado el comentario de S.Silanos

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  28. Hay que ver cómo se ponen los enamorados si discrepas de sus adoraciones; ni que uno estuviese ofendiendo a la novia.
    Hay muchas cosas que "ponen en evidencia a un pobre hombre": por ejemplo, dar por sentado que los listados de Babelia son los grandes escritores del momento, o admitir sin más que aparecer en ElPaís garantiza algo parecido a calidad (cuando solo demuestra simpatías políticas o negocio editorial/electoral); suponer que una obra literaria (?) basada en el chismorreo maledicente pero medroso (despotrico, pero con XX y con ZZ, no se vayan a enterar) goza de un alto valor, ya que es gustosamente aprobada y saboreada por todos los amantes del libelismo chafardero, extendidísimo entre porteras y corrillos de envidiosos. Todo eso denota pobres hombres y pobres mujeres.
    Bienvenido Rodríguez Marín, que seguramente practicaba castellano terso (no lo sé, no lo he leído) como lo hacía excelsamente, por ejemplo, don Jorge Luis Borges.
    Lo que no se le puede negar a von Trapp es intuición comercial. Tomando "negros" es único. Ha tomado como "negro" a Miguel de Cervantes sin permiso y sin pagarle un duro. Qué valor. Donde deberían ficharlo es en Mercadona.

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  29. Hay que ver cómo confunden todo algunas personas. Ni un servidor de ustedes ha invocado para nada, porque no tiene fe en ellas, las listas de Babelia ni las páginas de El País, ni cree que el chismorreo por sí mismo es una categoría estética que mejore o empeore una obra, ni es tan incompetente como para asimilar el estilo de Borges con el casticista de Rodríguez Marín (al que uno sí ha leído bastante). Su comentario rezuma rencor hacia Trapiello por todas partes. Y se lo dice alguien que no aprueba sus indiscreciones ni sus caricaturas esperpénticas, pero sin que eso le impida reconocer la indiscutible excelencia literaria de su prosa.

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  30. Pues mire, oiga, pues no. Ni guardo rencor a von Trapp, ni tengo por qué guardárselo. Es sólo que no me interesa ni me agrada, y que no comparto sus criterios de excelencia literaria, los de usted, que de modo tan arrogante aspira a imponer como universales. Lea Los Confines. Se va a encontrar a una especie de Javier Marías recosido. Claro, que a lo mejor para usted este es otro Genio Mundial de las Letras Universales. No sé qué adjetivos guardará para Quevedo, para Valle-Inclán, para Borges, para Carpentier.
    Yo creo que usted atribuye rencor porque USTED SABE que existen motivos sólidos para la antipatía hacia von Trapp. Por sus injusticias reiteradas, por su arbitrariedad (Alberti, por ejemplo). Porque a fin de cuentas es un tipo que se congratula de que unos patriotas estén presos, y trabaja para que sigan estándolo. "Cositas" que definen quién es uno. Pero esto no tiene nada que ver con la escritura anodina o irrelevante, sea de chismorreo, sea de temas trascendentes.

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  31. 1. Ya el hecho de llamar "von Trapp" a Trapiello, con las connotaciones que tiene ese apodo, es una muestra de antipatía hacia él.
    2. Es que los criterios de excelencia literaria son, si no universales, sí bastante objetivos.
    3. No le discuto su "antipatía" por Trapiello, y hasta en cierto grado la comparto, pero sus injusticias, su arbitrariedad, sus opiniones políticas, etc. no afectan para nada a la calidad literaria de su obra. Pablo Neruda es un gran poeta comunista, Galdós un gran novelista liberal, su amigo José María de Pereda un gran novelista carlista, Céline, Malaparte, Papini, Borges, Sender, Manuel Machado... son todos grandes escritores, más allá de sus opiniones y sus conductas personales. Podemos entrar en la valoración de estas cosas, pero eso, que puede ser importantísimo, ya no entra en la categoría de las valoraciones literarias.

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  32. Usted disculpe, pero las connotaciones del "von" son las que corresponden a las actitudes totalitarias de don Andrés, actitudes que usted parece reconocer en buena medida. Y quizás corresponden también a algunas actitudes de usted mismo, pues ha sido usted quien ha dejado por escrito como Anónimo:

    "... un pobre hombre. Como lo es quien no reconozca la calidad literaria de los diarios de Andrés Trapiello."
    Ahí es nada. O tragas la calidad suprema de Trapiello, o eres "un pobre hombre".

    Se diría que los modales se heredan o contagian de admirado a admirador. Mientras von Trapp quiere imponer el españolismo totalitario a punta de porra policial y cárcel, su admirador Unknown quiere imponer el trapiellismo a golpe de bullying, descalificación personal y elevación totalitaria de sus gustos al nivel de Sistema Solar. Pésimo camino, fracasado camino para ambos.

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  33. Sigamos con Trapiello. Hoy, 20N, en El País, entrevistado por M Jabois nuestro admirado escritor se despacha así a propósito de dedicar calles a Edgar Neville y Mercedes Formica :
    "Esto va contra la ley [de Memoria Histórica] y estoy orgullosísimo de haber sugerido que se infringiera la ley y la ley se ha infringido en un pleno del Ayuntamiento dando una calle a Edgar Neville y otra a Mercedes Formica. Formidable. Ahora tienen calle contra la Ley de Memoria Histórica"
    ¡Ah!, pero ¿no había que cumplir la ley?Trapiello y compañeros mártires nos han destrozado los oídos con esa monserga cuando el "procès" catalán: ¡¡¡Hay que cumplir la ley!!!
    Consejos vendo... etc. Vaya por delante que me parece bien que Neville y Formica tengan una calle. Lo de incumplir la ley.. Ahora, esa baladronada de estar orgulloso de incumplirla es más de fachas y matasiestes que de alguien tan puntilloso como don Andrés

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    1. Copio textualmente lo que ayer, en el foro de la entrevista a Trapiello aquí citada, decía un tal "Domingo Sanabria":
      "Esto va contra la ley y estoy orgullosísimo de haber sugerido que se infringiera la ley y la ley se ha infringido en un pleno del Ayuntamiento dando una calle a Edgar Neville y otra a Mercedes Formica. Formidable. Ahora tienen calle contra la Ley de Memoria Histórica"
      ¡Ah!, pero ¿no había que cumplir la ley?Trapiello y compañeros mártires nos han destrozado los oídos con esa monserga cuando el "procès" catalán: ¡¡¡Hay que cumplir la ley!!!
      ¡Qué macus són aquest lliberals espanyols!".
      Como se ve, y salvo la introducción y el comentario final, la copia es textual. Asumo, por tanto, que o "Domingo Sanabria" y "benito de soto" son la misma persona, o uno ha copiado al otro.
      Y pongo aquí la misma respuesta que allí puse:
      "Le copio lo que, respecto al recurso contra la anulación del Pleno en que se pretendía declarar la independencia, dijo el Tribunal de Estrasburgo (por unanimidad, de paso).
      Según ellos, la suspensión era "necesaria en una sociedad democrática" para “el mantenimiento de la seguridad pública, la defensa del orden y la protección de los derechos y libertades".
      Que quienes amenazaron, según el tribunal de Estrasburgo y entre otras cosas, "los derechos y libertades" de los demás, pretendan dar lecciones de respeto a la ley, es un poco fuerte, ¿no?".
      Vaya por Dios.

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