jueves, 20 de mayo de 2021

Caras y caretas

 

Retratos a medida.
Entrevistas a personalidades de la cultura española (1907-1958)
Edición e introducción de Beatriz Ledesma Fernández de Castillejo
Fundación Banco Santander. Madrid, 2021.

Hay trabajos que son poco propicios al exhibicionismo. El de entrevistador es uno de ellos. Mala entrevista aquella en la que ocupa el primer plano. Hay trabajos que resultan tanto más perfectos cuanto más invisibles. El de traductor, por ejemplo, o el de actor de doblaje. Si lo hacen bien, deben darnos la ilusión de que no están ahí, de que leemos o escuchamos la obra original.

            En el editor de un texto literario, como en el corrector, solo nos fijamos cuando se equivocan. Beatriz Ledesma Fernández de Castillejo, que se ha ocupado de la edición de Retratos a medida, llama nuestra atención desde las primeras líneas del prólogo. Baste un ejemplo: se refiere a Galdós como “cronista y dramaturgo” y considera que tras “su característico estilo directo y coloquial” ocultaba un “apabullante academicismo”.

            Reúne el volumen más de medio centenar de entrevistas publicadas en la prensa argentina, fundamentalmente en el seminario Caras y caretas y en los diarios La Nación y La Prensa, durante la primera mitad del siglo XX. Vaya por delante que, a pesar de los reparos que se le pueden poner a la editora, vale la pena el rescate. Hay entrevistas que son auténticas autobiografías, en las que unas veces el entrevistador se oculta y deja solo las palabras del entrevistado (es el caso de Lola Membribes entrevistada en 1931) y otras dirige inteligentemente la rememoración. ¿Cuántas veces habrá contado Baroja lo que nos cuenta en la entrevista de 1950 firmada por Andrés Muñoz? Pero siempre lo hace con gracia y con matices nuevos y la leemos como si le escucháramos por primera vez. De gran originalidad es la entrevista de entrevistas que Vicente Sánchez-Ocaña le dicha en 1938.

            Como a Baroja, también creemos tener sabido y consabido a Azorín. A muchos, sin embargo, les sorprenderá su feminismo, su consideración de que “no supera ningún novelista, en su tiempo, a Emilia Pardo Bazán, ni sobrepuja ningún poeta a Rosalía de Castro, ni vence ningún pensador a Concepción Arenal”; su larga enumeración de mujeres notables y dejadas de lado en la historia de la literatura española; su afirmación de que, en el actual renacimiento literario (habla de 1951), sobresale la novela, “y en la novela quienes se distinguen son las mujeres”.

            La modernidad de Azorín –quien para esas fechas ya  era considerado por muchos un autor de otro tiempo-- contrasta con el pensamiento de quien era tenido como uno de los mayores sabios de su tiempo, el doctor Marañón. “El trabajo es la misión del hombre. La maternidad es la misión de la mujer”, afirma.“Su feminismo –aclara el entrevistador--, extraído de la propia biología, establece que la mujer debe ser madre y nada más. Pero madre con corona de diosa. Los hombres, hombres. Las mujeres, ángeles… El otro feminismo, el feminismo de oratoria, de barricada y de polémica con olor a pastillas de menta, que pretende equiparar en todo al varón y a la mujer, ese quedará relegado a las mujeres con bigote, que quieran hacer en la vida películas cómicas de cine”.

            Ese entrevistador que tan arcaicamente se explaya es Juan José de Souza Reilly, un peculiar personaje de la literatura argentina, a quien la editora concede un gran protagonismo: a él se deben la mayoría de las entrevistas y con una a él dedicada se cierra la recopilación.

            Souza Reilly, ciertamente, alcanzó notoriedad en fecha tan temprana como 1908 con Cien hombres célebres (Confesiones literarias), la recopilación de sus entrevistas en Caras y caretas. En ellas el entrevistador ocupa siempre el primer plano.  “Escrito en plena juventud –leemos en el prólogo--, con fragancia de pañales nuevos, flota sobre sus páginas la fragante melancolía de las almas muy viejas. Al escribirlo no he pensado en el público. He pensado en mí mismo. He extraído de mi propia carne sensaciones artísticas, y he sacado de mi propio cerebro ideas que serán malas, que serán crueles, que serán falsas, que serán inútiles, pero que, por encima de todo, son ideas…”

            De ese libro tan personal, y tan envejecido en su retórica modernista, proceden muchas de las entrevistas de estos Retratos a medida, aunque la editora, que conoce el volumen (lo cita varias veces por el subtítulo, no por el título) no nos lo indica. Como no indica tampoco que dos de las entrevistas que incluye --la de Zamacois y una de las de Benavent--, fueron recopiladas por su autor, Pablo Suero, en España levanta el puño (1937), reeditado más de una vez en años recientes.

            Retratos a media, aunque contiene algunas entrevistas magistrales, o precisamente por eso, no es más que un frustrado esbozo de lo que habría podido ser. Cuando se rescatan textos de las hemerotecas, lo primero que hay que hacer es comprobar si son inéditos o si están ya recopilado en volumen. Hay que tener en cuenta además –y eso debería ser lo principal-- si siguen conservando algún valor. ¿Qué interés tiene hoy una inane entrevista a María de Bueno y Núñez de Prado, al desconocido escultor Torcuato Tasso  --homónimo del poeta italiano-- o a Pilar Millán Astray? Esta última, por cierto, comienza diciendo: “Si quiere usted que sus lectores me conozcan, repita estas palabras: Es la hermana del Héroe. ¡Nada más!” Y el entrevistador –el inefable Souza Reilly—obediente cierra los ojos y evoca las hazañas del héroe: “Veo, allá lejos, en Tetuán, al fundador de la heroica Legión con la manga de su uniforme de general totalmente vacía. Perdió un brazo luchando con los moros. Observo la mirada soñadora y trágica del único ojo que las lanzas moriscas le dejaron con luz. Miro su cara varonil con los gloriosos agujeros de los proyectiles. Pienso en su cuerpo roto y descosido de personaje napoleónico”.

            ¡Qué gran libro podría haber sido Retratos a medida si hubiera tenido un editor adecuado! Sobran y faltan entrevistas. Sobran y faltan explicaciones. Sobran: en el prólogo, se enumera a los entrevistados que ganaron el premio Mariano de Cavia; se nos informa de si fueron “académicos de número de alguna o varias de las Reales Academias españolas” (“destaca el caso de Marañón –se indica en nota--, que lo fue de cinco de ellas”). Faltan: la entrevista a Juan Ramón Jiménez termina con unas esplendidas páginas autobiográficas, una de las dedicadas a Unamuno con un poema entonces inédito y no se nos indica si esos textos se han publicado posteriormente (con o sin variantes) o si siguen siendo inéditos.

            Otra labor intelectual que solo se nota cuando falta o no hace bien su trabajo es la del director literario o la del comité asesor de una colección. Retratos a medida constituye un buen ejemplo de ello.

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