jueves, 24 de noviembre de 2022

Un personaje en busca de autor

 

 

Dos años entre los bolcheviques y otros textos sobre la URSS
Helios Gómez
Edición de Esther Lázaro Sanz
Renacimiento. Sevilla, 2022.

Quien comience a leer este libro por el primer capítulo, como suelen hacer la mayoría de los lectores, es difícil que se anime a seguir leyendo. Se trata de una larga entrevista al autor publicada en junio de 1934, tras pasar dos años en la URSS. Todo en ella es edulcorada propaganda. Los gulags se presentan casi como colonias vacacionales: “Los que sabotean el régimen son objeto de ‘deportación administrativa’. Son llevados a las colonias previamente fijadas y allí son puestos en libertad absoluta. Pero si no quieren morirse de hambre, si quieren vivir, tienen que trabajar, simplemente. Los campos de concentración están generalmente establecidos cerca de los sitios donde se construyen carreteras, canales, o se crean industrias. A los deportados se les dice: ‘Aquí abajo está el trabajo, la vida. Si no queréis morir de hambre, coged el pico y la pala’. Los que son llevados allí son gente que ha cometido robos, traficantes, etc. Muchos de ellos, una vez extinguida la condena, familiarizados con el trabajo, prefieren quedarse allí que no volver a la ciudad. Ya tienen asegurada su manera de vivir”.

            El autor, Helios Gómez, antiguo militante anarquista, sabía de qué hablaba, pero no tenía inconveniente en mentir a sabiendas. Era uno de los más destacados representantes del expresionismo proletario —impactantes estampas en blando y negro— y un hombre de tanto encanto personal como pocos escrúpulos. En La novela de un literato, el fascinante friso que Cansinos Assens dedicó al primer tercio del siglo XX, aparece entre sablista y provocador: “Aquí no hay más solución que matar a don Alfonso… Yo he venido a matar a don Alfonso, pero no tengo dinero para comprar una pistola… Si me lo dais ustedes, lo quito de en medio”. Ya proclamada la República, sigue siendo igual de expeditivo. En una conferencia en el Ateneo de abril del 32 —lo refiere Luis de Sirval , expone sus teorías “artístico-proletarias” y la solución que encuentra para que el arte español adquiera un sentido social es “fusilar a José Ortega y Gasset”.

            Helios Gómez había nacido en Sevilla, en 1905. Trabajó primero como ceramista, participó casi desde adolescente en las revueltas sociales, conoció muy pronto la cárcel. Con la dictadura de Primo de Rivera se exilió por primera vez. En París alcanzó cierta pintoresca notoriedad porque vendía sus dibujos vestido de torero. Presumía de su gitanismo, aunque no es seguro que lo fuera. Siempre tuvo mucho de pícaro con gracia. “Como no conocía ni una palabra de francés —cuenta el escritor belga Max Deauville, uno de sus primeros protectores—, para pedir lo que quería en los restaurantes, dibujaba en las cartas tortillas, tomates, patatas fritas y bistecs. Su primera exposición en París fue organizaba por un camarero que colgó en las paredes de su establecimiento estos dibujos.

            Visitó por primera vez la URSS en 1928 y le comentó en carta a Max Deauville sus impresiones, poco favorables. Este no tuvo inconveniente en publicarlas en 1930, el mismo año de la “conversión” fervorosa del autor al comunismo. Ramon J. Sender le conoció en Moscú y quedó tan fascinado con su personalidad que lo evocó en varias obras y acabó convirtiéndolo en protagonista de uno de sus relatos, “Germinal”, incluido en el libro de 1970 Relatos fronterizos. Nos lo presenta como un hombre “gallardo, atlético, muy calé en el estilo clásico, con un gracejo de pillo callejero”. Parece que se ocupaba de censurar los textos escritos en español.

            De la belleza física de Helios Gómez, de su encanto personal, hay abundantes testimonios. Teresa Rebull, cuya familia lo tuvo alojado en casa en tiempos de persecución política, lo recuerda “guapísimo y muy joven”, con algo de bailarín de flamenco. En los comienzos de la guerra civil, tuvo una actuación destacada (aparece fotografiado por Agustí Centelles en una de las barricadas barcelonesas). Henriette Nizan lo recuerda así: “Nosotros llegamos al fin al hotel Colón. Ante del hotel, barricadas hechas de pilas de sillas metálicas. Detrás de las pilas, milicianos armados. Pero, delante, vimos a un hombre soberbio vestido con un mono blanco de aviador, la cintura prieta en un gran cinturón de muaré rojo adornado con flecos de oro, evidentemente robado de una iglesia. El bello aviador era Helios Gómez, un amigo pintor que conocimos en la URSS”. El comienzo de la guerra fue un momento glorioso para muchos, que creyeron que había llegado el momento de hacer realidad la utopía revolucionaria. Helios Gómez actuó como comisario político y el 22 de diciembre de 1936, cuando la consigna era resistir a cualquier precio en una determinada posición, se enfrenta a un capitán de ametralladoras, José Arjona Sánchez, que manifiesta alguna discrepancia, y tras desarmarle “le mata de un tiro”, según leemos en el prólogo de este caótico y fascinante volumen.

            Todo un personaje Helios Gómez, que merecía protagonizar algo más que el relato de amor, celos y rebuscada venganza que le dedica Sender, una crónica como la que Chaves Nogales dedicó al maestro Juan Martínez o una novela barojiana.

            Como escritor vale menos que como personaje, aunque no resulta enteramente desdeñable. De su extenso reportaje “Dos años entre los bolcheviques”, publicado por primera vez en una revista barcelonesa —Helios Gómez tuvo mucha relación con el nacionalismo catalán—, se salvan los pasajes en que el autor se olvida de hacer propaganda y nos muestra cómo era entonces la vida en Rusia, Inolvidable resulta la “estampa goyesca” que descubre en el interior de una gigantesca estatua de Lenin, donde vagabundos de todas las edades y de todo tipo, cubiertos con estrafalarios harapos, ayudaban a descuartizar dos perros en trozos pequeños que después de pesar en una improvisada balanza envolvían en trozos de periódicos.

De notable interés es también el sorprendente poema “Erika”, lírico y narrativo, que cuenta una historia de amor —con mucho de autobiográfico— entre dos revolucionarios en la Europa de los años treinta, una historia que comienza en Odesa y termina en el Berlín nazi, pasando por Moscú, Londres y otras ciudades como Rotterdam o Amberes.

            Tras la guerra civil, Helios Gómez marchó al exilio, para regresaren 1942  a España, donde entró y salió de la cárcel y parece que actuó como confidente de la policía hasta su muerte en 1956. Era un personaje en busca de autor y este libro preparado por Esther Lázaro Sanz, con sus minuciosos apéndices, puede leerse como el borrador de una fascinante novela de no ficción aún por escribir.



4 comentarios:

  1. Me gustó pero demasiado largo Mil besoso

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  2. Martín, como curiosidad: Hay ahora en Cataluña un grupo independentista formado por andaluces que se hace llamar Brigada Helios Gómez. Su logo es uno de sus carteles más conocidos de la guerra, el de un miliciano que empuña una gran hoz, enmarcado entre una bandera de Andalucía y una estelada. Supongo que les decepcionaría saber que su ídolo acabó de soplón de la policía.

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  3. Antes de acabar así su ídolo ya pasó del anarquismo al comunismo y del comunismo al anarquismo por razones no demasiado confesables. Fue amigo de los independentistas catalanes y participó en la rebelión del 34. No me extraña que ese grupo lleve su nombre.

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  4. Cierto, estuvo preso con Companys después de esos hechos y cuando se exilió en Bélgica tuvo bastante relación con Francesc Maciá, el fundador de la organización paramilitar Estat Catalá. He visto que también asociaciones gitanas lo reinvindican como precursor en la lucha por sus derechos. Personaje en busca de unos cuantos autores y de novelas de todos los géneros como fue la de su vida. Como ilustrador y cartelista era espléndido, Dejó a la posteridad una última obra en la celda de la Modelo de Barcelona donde estuvo en sus últimos años; La Capilla Gitana, un oratorio con la Virgen de la Merced en el que la mayoría de los personajes son gitanos,

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