Manuel Chaves Nogales
Guerra total. Episodios de la
guerra civil española
Prólogo de Ignacio Martínez de
Pisón
Edición de Abelardo Linares
Sevilla. Renacimiento, 2026.
Fue el
editor y poeta Abelardo Linares quien descubrió, en los años noventa del pasado
siglo, un libro de Manuel Chaves Nogales del que no se tenía noticia, A
sangre y fuego, impactantes relatos de los primeros meses de la guerra
civil, en la zona de los sublevados y en el caótico Madrid en el que había
triunfado la revolución y el poder estaba en manos de las distintas
organizaciones políticas que se habían opuesto al golpe militar. A ese libro se
debe en buena parte, o más bien a su prólogo, glosado con poco matizada
vehemencia por Andrés Trapiello, la ola de chavesmanía, llamémosla así, que
tras varias décadas no lleva trazas de amenguar.
Parece un acto de justicia histórica
que sea Abelardo Linares, avezado y obsesivo investigador de la prensa
histórica, el feliz descubridor de una nueva obra inédita de Chaves Nogales,
nada menos que la continuación de A sangre y fuego. No resulta por ello
extraño que Guerra total haya sido celebrado por las páginas culturales
de los periódicos como un acontecimiento incluso antes siquiera de que llegue a
las librerías.
¿Pero es Guerra total una
obra de Chaves Nogales? El minucioso epilogo y los apéndices que acompañan a la
edición, casi tan extensos como el conjunto de relatos, nos ofrecen toda clase
de pruebas para demostrarlo, incluso el recurso a la Inteligencia Artificial y
a un experto en lingüística forense.
Y sin embargo… Pero no adelantemos
acontecimientos. A Abelardo Linares, tan sagaz investigador como discutible
historiador, se debe el hallazgo del semanario Madrid, publicado en
París entre 1937 y 1938, del que no se tenía noticia, y en cada uno de cuyos
once números se publica un relato. Tres son de la autoría de Chaves Nogales,
uno de los cuales firma con su propio nombre y los otros dos con el pseudónimo
de Juan Martín. Ninguno de esos relatos es inédito: dos había aparecido en A
sangre y fuego y el tercero en la revista Bohemia. Los otros ocho
relatos están firmados por diversos autores, con su propio nombre o con
pseudónimo. Todos –salvo, curiosamente, el que firma Chaves Nogales-- llevan
como subtítulo la frase “episodios de la guerra civil española”, o una variante
de la misma. El antetítulo “Guerra total”, que Linares aplica al conjunto, no
figura en ninguno de ellos, salvo en el de Chaves Nogales.
La atribución del conjunto al
periodista sevillano carece de cualquier sostén documental, se basan únicamente
en el olfato del descubridor, capaz –si hemos de creer lo que afirma
reiteradamente-- de detectar el estilo de Chaves Nogales en el más breve suelto
periodístico, en un anuncio publicitario o incluso en un texto firmado por otro
autor.
Veamos cómo funciona la intuición
del editor. En Madrid se publica una sección “La sexta columna”,
dedicada a combatir oportunistas disfrazados de republicanos. Uno de sus
artículos, firmado por Zoilo, ataca a Baroja por haber decidido volver a la
zona nacional. Abelardo Linares lo atribuye a Chaves Nogales porque utiliza la
palabra “fusilable”, que “nadie sino él utilizó en toda la Guerra Civil para
referirse a alguien fácilmente susceptible de ser fusilado”. Como en otras
partes del epílogo afirma que la mayor parte de la prensa de la época no está digitalizada
y queda mucho por descubrir, nos vemos obligados a tomar esa afirmación como
mera retórica carente del más mínimo rigor.
Aunque haya buscado autorizado apoyo
en firmas como la del prologuista, Ignacio Martínez de Pisón, o en la veintena
larga de nombres que cita en la nota previa, no parece probable que Guerra total
hubiera pasado una revisión inter pares en una edición académica. Todo
lo que en principio se plantea como una hipótesis, más o menos plausible, unas
líneas más adelante ya se trata como una incuestionable certeza.
No son los colaboradores de Madrid
los únicos cuyos nombres reales utilizaría Chaves Nogales para firmar sus
escritos. También utilizó, entre otros, el de su secretaría, Frances L. Kaye, y
Abelardo Linares lo sabe “por razones que ahora sería en extremo prolijo
detallar”. Será prolijo detallar las razones que llevan a cambiar la autoría de
un testo, pero resulta imprescindible.
Guerra total es el título
dado por el editor a la totalidad de los relatos publicados en la revista Madrid,
con la exclusión de dos de Chaves Nogales, que ya habían aparecido en A
sangre y fuego, y el añadido de uno, “Hospital de sangre”, publicado en
otra revista, Bohemia, poco antes. Los restantes relatos son de cinco
autores, que a veces firman con pseudónimo: Eduardo Borrás, Fernando de la
Milla, Ruiz Vilaplana, Rafael Delgado y Rafael D. Almagro.
Para quitarles su autoría hace falta
algo más que la interesada cabezonería del editor. Un párrafo ejemplifica su
poco ejemplar manera de razonar. Tras afirmar que Eduardo Borrás publica en Madrid
tres relatos que “nunca pudo haber escrito” continúa: “Y si nos atrevemos a
preguntarnos ¿por qué?, nos encontraremos en la tesitura de tener que
contestarnos: porque, con toda seguridad, los escribió el propio Chaves
Nogales, porque tuvo que ser él, necesariamente, quien los escribiera”.
Pero, los escribiera quien los
escribiera, ¿son obras maestras los diez relatos reunidos en Guerra total? Curiosamente,
lo que más han envejecido son los de Chaves Nogales, el melodramático “El
refugio” (la emoción está en el tema, más que en cómo se nos cuenta) y el efectista
(todo lo fía a la sorpresa final) “Hospital de sangre”. El último, “Lo de
Badajoz”, en un algo panfletario reportaje por el estilo de los que, en uno y
otro lado, se escribieron contando las barbaridades del contrario. Varios de
los relatos son ciertamente excelentes y justifican el rescate.
No es la primera vez que a Chaves
Nogales se le atribuyen escritos que no son suyos. En algunas ediciones de su Obra
periodística figuran las crónicas a la sublevación de Sanjurjo en 1932
debidas a su pariente Manuel G. Nogales. También se dijo entonces que, dada su
maestría, solo podía haberlas escrito Chaves Nogales. Muy certeramente apunta
Juan Carlos Mateos: “Lo que consiguen esos desmanes es hacernos dudar de la
excepcionalidad de Chaves, cuando puede ser confundido con cualquier otro
periodista que no ha sido elevado a los altares”.
No resta peregrinos al camino de
Santiago el saber a ciencia cierta que allí no está enterrado el apóstol.
También la literatura puede ser cuestión de fe. Y la fe es ciega Beatificado
Chaves Nogales, cualquier reliquia suya es digna de veneración. Y como en la
Edad Media pueden inventarse falsas reliquias. O tomarse por tales, con la
mejor voluntad, las que no lo son.
“Quien quiera negar que Chaves
Nogales es el autor de estos relatos deberá aportar datos concretos y
argumentos”, afirma Abelardo Linares en su entretenido y algo prolijo epílogo,
invirtiendo la carga de la prueba. Es a él a quien le corresponde aportar datos
concretos de que Chaves Nogales es autor de más de dos cuentos de esta Guerra
total. Pone todo su esfuerzo en ello, pero no lo consigue.

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