José Manuel Benítez Ariza
Biografía imperfecta (Poesía
1986-2026)
Renacimiento. Sevilla, 2026.
A la
hora de reunir sus poesías completas, un poeta tiene dos opciones: una consiste
en revisar y seleccionar, dejar fuera aquel libro (por lo general, el primero)
o aquellos poemas que considera menos afortunados o más ocasionales; la otra,
en añadir todos aquellos textos que por diversas circunstancias quedaron fuera
de la obra publicada. José María Valverde es un ejemplo extremo de la primera
opción; José Manuel Benítez Ariza ejemplifica, sin extremismos, la segunda.
Su Biografía imperfecta (Félix
Grande tituló Biografía sus poesías completas) añade un libro inédito. C.
V., y una nutrida sección de “poesía dispersa”, además de no dejar fuera
“un retablillo de poemas enviados por Navidad”. Benítez Ariza tiene algo de
laborioso artesano, su poesía no es solo inspiración, sino también minucioso
trabajo de cada día y todo, desde un ocasional “Epitalamio”, hasta la
reiterativa, deliberadamente ripiosa y no exenta de encanto letra de rap, “Nosotros,
los de entonces”, merece ser salvado.
Comenzó a publicar en los años
ochenta dentro de una estética muy generacional (a sus compañeros de entonces
se dirige en uno de sus últimos poemas, “Quinta del 83”). Los modelos eran
Jaime Gil de Biedma, Gabriel Ferrater (el que afirmó que un poema debe tener
tanto sentido como una carta comercial), Philip Larkin. En especial , Gil de
Biedma. “Intento formular mi experiencia de la guerra” tituló este uno de sus
poemas; “Intento formular mi experiencia (o mi inexperiencia) de la vida”
podría titularse la primera etapa de la poesía de Benítez Ariza, o la de tantos
otros poetas de su generación, de José Luis Piquero a Álvaro García, excelente
traductor de Larkin, por cierto. El poema característico de este momento abunda
en subordinadas, digresiones, intentos de seguir los meandros del pensar y el
sentir y de dejar constancia –hasta donde eso fuera posible-- de sus mínimos matices.
José Manuel Benítez Ariza será
siempre fiel a esos poemas extensos, algo divagatorios, razonadoramente
analíticos, cada vez más explícitos de la anécdota biográfica que les sirve de
punto de partida, pero no se limita a ellos. Aunque en algún momento pudo dar
la impresión, sobre todo al lector desatento, de ser un poeta prosaicamente
monocorde (nada que ver con el versátil ingenio y el brillo metafórico de su
casi homónimo Benítez Reyes), es todo lo contrario. Nadie pensaría en él a la
hora de aplicar el calificativo de “il miglor fabbro” con que Dante se refirió a Arnaut Daniel y
Eliot a Pound, pero lo merece tanto como Antonio Carvajal, aunque de otra manera.
Benítez Ariza domina como nadie los artificios de la métrica tradicional
(escribe siempre “a silabas cuntadas, ca es gran maestría”), pero lo hace de
tan personal modo que acierta siempre “a torcerle el cuello al cisne de
engañoso plumaje” de la retórica consabida, como aconsejaba Enrique González
Martínez a los herederos del modernismo y los poetas de los ochenta a los
epígonos del culturalismo novísimo.
La poesía de Benítez Ariza crece en
espiral, vuelve una y otra vez, desde la distinta perspectiva que da el paso de
los años, a los mismos temas. De ahí el “Segundo Cuaderno de Zahara”, el
“Tercer Cuaderno Irlandés”, los varios “Poemas de un día” o los abundantes títulos (“La niebla”,
“Marina”, “Los álamos”) seguidos de un número. “Autobiografía” se titula una de
las secciones de Panorama y perfil (2014); C. V., currículum
vitae, el libro inédito que ahora incorpora a estas poesías completas. Vuelven la
novela familiar –la figura del padre especialmente presente-- y los desvaríos
de la primera juventud; se les añaden otros capítulos: los abuelos, su
experiencia como bibliotecario, el descubrimiento de Barcelona.
Confieso que este Benítez Ariza que
nos cuenta su vida (sin excluir triviales o entrañables anécdotas que no
aciertan del todo a ser trascendidas) no es el que a mí más me interesa. El que
prefiero es el poeta menos centrado en su sin duda meritoria “bildungsroman”,
el observador atento de la realidad cotidiana –Realidad se titula uno de
sus libros-- que acierta a llevarla al verso con una precisión y una sabiduría
ejemplares. Los poemas suyos a mi entender más memorables nos hablan de perros
y de gatos, de unos tomates o de una rama de perejil, de un cobertizo o de
”unas palomas grises sobre el adoquinado gris”, y también por supuesto de
garzas y de mirlos y de la belleza –cuatro trazos le bastan para llevarla al
papel--, no de exóticos paisajes, cordilleras remotas o islas paradisíacas,
sino de su entorno cercano, Zahara o Benaocaz..
Benítez Ariza ha descubierto en su
madurez una afición al dibujo y a la acuarela que completa y enriquece su
escritura. En muchos de sus poemas, su mirada es la de un pintor, como en Ramón
Gaya, y eso los vuelve inconfundibles. “Diez acuarelas” titula una de sus
series poéticas, y su “Cuaderno de campo” recoge apuntes en prosa que podrían
acompañar a sus dibujos. Pero no se trata, o no se trata en el mejor de los
casos, de la tradicional figura retórica conocida como “écfrasis”, sino de una idéntica
manera de ver que se expresa de dos modos diferentes.
En todos los poetas de una misma
generación, hay poemas que pueden considerarse intercambiables (algún soneto de
Góngora podría haberlo firmado Quevedo), pero abundan los poemas de Benítez
Ariza que solo él podría haber escrito, como el titulado “Un amigo me ha dado
unas verduras”, tan deliberadamente ajeno a lo que tópicamente suele
considerarse como poético. Y qué impactante su “Abecedario” convertido en una
sucesión de sintéticos –a veces dos o tres palabras-- “obituarios”.
No es el grueso tomo –o los varios
tomos-- de su poesía completa la mejor manera de acercarse a un autor. Los
poemas gustan de volar libres --las denostadas redes sociales se han convertido
en su hábitat natural--, con amplios silencios y espacios en blanco que los
separen unos de otros. Afortunadamente, un libro de poemas se puede abrir por
cualquier parte y un poema abandonarse a los pocos versos si no nos atrapa con
ellos. Muy diferentes tipos de lectores, incluidos los que no suelen ser
lectores de poesía, encontrarán en esta inagotable Biografía imperfecta hallazgos
enriquecedores que les harán volver a buscar entre sus páginas una y otra vez.
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