miércoles, 26 de agosto de 2026

Decirlo todo

 

José Manuel Benítez Ariza
Biografía imperfecta (Poesía 1986-2026)
Renacimiento. Sevilla, 2026.

A la hora de reunir sus poesías completas, un poeta tiene dos opciones: una consiste en revisar y seleccionar, dejar fuera aquel libro (por lo general, el primero) o aquellos poemas que considera menos afortunados o más ocasionales; la otra, en añadir todos aquellos textos que por diversas circunstancias quedaron fuera de la obra publicada. José María Valverde es un ejemplo extremo de la primera opción; José Manuel Benítez Ariza ejemplifica, sin extremismos, la segunda.

            Su Biografía imperfecta (Félix Grande tituló Biografía sus poesías completas) añade un libro inédito. C. V., y una nutrida sección de “poesía dispersa”, además de no dejar fuera “un retablillo de poemas enviados por Navidad”. Benítez Ariza tiene algo de laborioso artesano, su poesía no es solo inspiración, sino también minucioso trabajo de cada día y todo, desde un ocasional “Epitalamio”, hasta la reiterativa, deliberadamente ripiosa y no exenta de encanto letra de rap, “Nosotros, los de entonces”, merece ser salvado.

            Comenzó a publicar en los años ochenta dentro de una estética muy generacional (a sus compañeros de entonces se dirige en uno de sus últimos poemas, “Quinta del 83”). Los modelos eran Jaime Gil de Biedma, Gabriel Ferrater (el que afirmó que un poema debe tener tanto sentido como una carta comercial), Philip Larkin. En especial , Gil de Biedma. “Intento formular mi experiencia de la guerra” tituló este uno de sus poemas; “Intento formular mi experiencia (o mi inexperiencia) de la vida” podría titularse la primera etapa de la poesía de Benítez Ariza, o la de tantos otros poetas de su generación, de José Luis Piquero a Álvaro García, excelente traductor de Larkin, por cierto. El poema característico de este momento abunda en subordinadas, digresiones, intentos de seguir los meandros del pensar y el sentir y de dejar constancia –hasta donde eso fuera posible-- de sus mínimos matices.

            José Manuel Benítez Ariza será siempre fiel a esos poemas extensos, algo divagatorios, razonadoramente analíticos, cada vez más explícitos de la anécdota biográfica que les sirve de punto de partida, pero no se limita a ellos. Aunque en algún momento pudo dar la impresión, sobre todo al lector desatento, de ser un poeta prosaicamente monocorde (nada que ver con el versátil ingenio y el brillo metafórico de su casi homónimo Benítez Reyes), es todo lo contrario. Nadie pensaría en él a la hora de aplicar el calificativo de “il miglor fabbro”  con que Dante se refirió a Arnaut Daniel y Eliot a Pound, pero lo merece tanto como Antonio Carvajal, aunque de otra manera. Benítez Ariza domina como nadie los artificios de la métrica tradicional (escribe siempre “a silabas cuntadas, ca es gran maestría”), pero lo hace de tan personal modo que acierta siempre “a torcerle el cuello al cisne de engañoso plumaje” de la retórica consabida, como aconsejaba Enrique González Martínez a los herederos del modernismo y los poetas de los ochenta a los epígonos del culturalismo novísimo.

            La poesía de Benítez Ariza crece en espiral, vuelve una y otra vez, desde la distinta perspectiva que da el paso de los años, a los mismos temas. De ahí el “Segundo Cuaderno de Zahara”, el “Tercer Cuaderno Irlandés”, los varios “Poemas de un día”  o los abundantes títulos (“La niebla”, “Marina”, “Los álamos”) seguidos de un número. “Autobiografía” se titula una de las secciones de Panorama y perfil (2014); C. V., currículum vitae, el libro inédito que ahora incorpora a estas poesías completas. Vuelven la novela familiar –la figura del padre especialmente presente-- y los desvaríos de la primera juventud; se les añaden otros capítulos: los abuelos, su experiencia como bibliotecario, el descubrimiento de Barcelona.

            Confieso que este Benítez Ariza que nos cuenta su vida (sin excluir triviales o entrañables anécdotas que no aciertan del todo a ser trascendidas) no es el que a mí más me interesa. El que prefiero es el poeta menos centrado en su sin duda meritoria “bildungsroman”, el observador atento de la realidad cotidiana –Realidad se titula uno de sus libros-- que acierta a llevarla al verso con una precisión y una sabiduría ejemplares. Los poemas suyos a mi entender más memorables nos hablan de perros y de gatos, de unos tomates o de una rama de perejil, de un cobertizo o de ”unas palomas grises sobre el adoquinado gris”, y también por supuesto de garzas y de mirlos y de la belleza –cuatro trazos le bastan para llevarla al papel--, no de exóticos paisajes, cordilleras remotas o islas paradisíacas, sino de su entorno cercano, Zahara o Benaocaz..

            Benítez Ariza ha descubierto en su madurez una afición al dibujo y a la acuarela que completa y enriquece su escritura. En muchos de sus poemas, su mirada es la de un pintor, como en Ramón Gaya, y eso los vuelve inconfundibles. “Diez acuarelas” titula una de sus series poéticas, y su “Cuaderno de campo” recoge apuntes en prosa que podrían acompañar a sus dibujos. Pero no se trata, o no se trata en el mejor de los casos, de la tradicional figura retórica conocida como “écfrasis”, sino de una idéntica manera de ver que se expresa de dos modos diferentes.

            En todos los poetas de una misma generación, hay poemas que pueden considerarse intercambiables (algún soneto de Góngora podría haberlo firmado Quevedo), pero abundan los poemas de Benítez Ariza que solo él podría haber escrito, como el titulado “Un amigo me ha dado unas verduras”, tan deliberadamente ajeno a lo que tópicamente suele considerarse como poético. Y qué impactante su “Abecedario” convertido en una sucesión de sintéticos –a veces dos o tres palabras-- “obituarios”.

            No es el grueso tomo –o los varios tomos-- de su poesía completa la mejor manera de acercarse a un autor. Los poemas gustan de volar libres --las denostadas redes sociales se han convertido en su hábitat natural--, con amplios silencios y espacios en blanco que los separen unos de otros. Afortunadamente, un libro de poemas se puede abrir por cualquier parte y un poema abandonarse a los pocos versos si no nos atrapa con ellos. Muy diferentes tipos de lectores, incluidos los que no suelen ser lectores de poesía, encontrarán en esta inagotable Biografía imperfecta hallazgos enriquecedores que les harán volver a buscar entre sus páginas una y otra vez.

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