martes, 29 de septiembre de 2026

Iluminaciones en la sombra

 

Charles Cros
Cajita de sándalo. Antología poética
Traducción, prólogo y notas de Pedro José Vizoso
Grand Island, Nebraska, 2026.

Hay escritores que son también personajes. Nos interesa su vida tanto como su obra. Charles Cros, una figura tenida por menor en el ámbito de la poesía francesa simbolista de la segunda mitad del siglo XIX francés, es uno de ellos. Además de poeta, fue inventor. Una carta de su viuda enumera sus principales logros. “Desde la muerte de mi pobre marido, no he dejado de buscar la oportunidad de hacerle justicia y de probar al mundo, con documentos y fechas incontestables, el caudal científico que dejó tras de sí”, comienza.  Y luego habla de la fotografía en colores, del fonógrafo y del fotófono. Pero no llegó a patentar ninguno de esos hallazgos y el mérito y el rendimiento económico quedaron para otros.

            Murió joven, en 1888, a los cuarenta y cinco años. Era amigo de Verlaine y no solo le acompañó a recibir a un poeta precozmente genial que respondía al nombre de Rimbaud, sino que alojó en su casa al maleducado adolescente cuando el recién casado Verlaine no tuvo más remedio que decirle que dejara la suya. No se portó allí mejor, Un día uso las páginas de una de las revistas literarias que Cros coleccionaba porque aparecían en ella sus poemas “para limpiarse el culo con ellas”. Así se refiere a la anécdota, sin los eufemismos habituales, Pedro José Vizoso. Y continúa: “El gesto es brutal no solo por su grosería, sino por su precisión simbólica: es un desprecio dirigido al archivo íntimo de otro poeta, a sus pruebas de existencia literaria, a aquello que Cros guardaba con una mezcla de orgullo y pudor”.

            Pedro José Vizoso, profesor de español en el norteamericano Hastings College, dirige una colección sugerentemente llamada “Biblioteca de sombras” y en ella ha traducido y editado a poetas olvidados y a menudo tenidos, no siempre sin razón, como menores. Tiene la virtud, gracias a las gracias de su prosa y a su bien asimilada erudición, de rescatarlos de la sombra, de despertar nuestro interés por ellos.

            Tras ocuparse de Maurice Rollinat, músico y poeta, le llega ahora el turno a un inventor y poeta, Charles Cros, que tuvo la mala suerte de enemistarse con Verlaine –se puso de parte de su mujer en el conflicto matrimonial ocasionado por Rimbaud--  y por eso este no le incluyó en su obra Los poetas malditos, que tanto contribuyó a la mitificación de determinados autores (esa ausencia hizo que tampoco apareciera en Los raros, de Rubén Darío, y que estuviera ausente de las influencias del modernismo español). Verlaine, sin embargo, en 1888, a los pocos meses de su muerte, le dedicó una semblanza, que se incluye en esta edición, en la que trata de hacerle justicia. Luego André Bretón, en su Antología del humor negro, rescataría alguno de sus caprichos verbales como “Arenque ahumado”. Charles Cros tuvo cierto éxito en su momento como poeta cómico: se le considera inventor del “monólogo dramático”, el poema puesto en boca de un personaje y dedicado a la recitación pública.

            Las traducciones de Pedro José Vizoso no tienen siempre muy en cuenta la literalidad, pretenden que el texto resultante sea también un poema, que suene en español como tal. Y a menudo lo consigue. Pero a veces sus opciones resultan caprichosas o poco afortunadas. La cajita de sándalo, que es como él traduce el título del único libro que Cros publicó en vida, Le coffret de santal, no suena mejor que El cofre de sándalo o El cofrecillo de sándalo, que sería la traducción literal. Y llamar Cajita de sándalo a su antología poética de Cros no parece que sea un acierto. Inexplicable resulta que al libro póstumo Le collier de griffes lo titule El collar de colmillos, cuando él mismo aclara en nota que “griffes” significa “garras”, “uñas” o “zarpas”. Y continúa: “Me parecían opciones muy forzosas para describir un collar. La imagen estaba clara, sin embargo, un collar de uñas de tigre, de león o de oso. Pero me resultaba algo anómala o, cuando menos, desusada en español”. No más que en francés, por cierto.

Extraña, por otra parte, que no se mencionen, al hablar de la escasa presencia de Cros en español, las dos antologías que se le han dedicado: 40 poemas, en traducción del poeta español Luis Martínez de Merlo, y La hora verde y otros poemas, traducida por el poeta argentino Daniel Fara.

            Un escritor es también una época. Y Charles Cros está ligado a uno de los períodos más fascinantes de la historia de París, que entonces era casi la capital del mundo, el del final del Segundo Imperio y la Comuna. A partir de 1868, Cros asiste regularmente al salón de Nina de Villard, que fue su amante (y antes o después, o la vez, de muchos otros prometedores músicos y poetas) durante los años más productivos de su obra literaria. Nina de Villard es todo un personaje que merece un libro aparte. Pedro José Vizoso traza de ella esta estampa final: “Muere el 22 de julio de 1884, muy envejecida con apenas cuarenta y un años, y loca, quizá a causa de una sífilis contraída a lo largo de una vida sexual promiscua. Su belleza juvenil ha desaparecido tras las capas de grasa, y la llama de su brillante inteligencia chisporrotea como una vela que se consume, extraviada en los vericuetos de los delirios neuróticos”.

            Nabokov escribió una novela, Pálido fuego, que consistía en un extenso poema anotado. La novela de verdad estaba en los comentarios, más que en los versos. El prólogo y las notas de Pedro José Vizoso pueden leerse independientemente de los poemas a los que acompañan y algo tienen de novela fragmentaria y dispersa a la manera barojiana. A Baroja se alude a propósito del reino de la Araucanía, una mixtificación histórica semejante al reino de Redonda, del que fuera monarca Javier Marías con el nombre de Xavier I. Un hermano de Charles Cros fue rey de la Araucanía y en Las tragedias grotescas, una de las más de conocidas y fascinantes novelas de Baroja, aparece un rey de la Araucanía y la Patagonia que es todo un hombre de negocios: “Al que compra terreno por mil pesetas le doy la cruz de la Corona de Acero, y al que compra por dos mil le concedo la Estrella del Sur, que es la más alta recompensa de mi país”.

            Muchos de los poemas de Charles Cros son solo reliquias de la época, pero hay otros que conservan su frescor poético. Varios están escritos en prosa, en la estela de Baudelaire y anticipando quizá las Iluminaciones de Rimbaud. Entre ellos destaca “El mueble”, inspirado en “un escritorio antiguo de madera de rosa y marquetería de marfil” que Cros conoció en casa de Verlaine. Gaston Bachelard se refiere a él en una de sus obras más sugerentes, La poética del espacio. Otros textos memorables son los sonetos “Deterioro” donde el poema describe su alma “como un piso vacío de sucios cielos rasos”, o “Porvenir” en el que se dirige a sus “lectores de mañana” que han de reanimar sus “devastados huesos”. Los versos no desmerecen la sugerida y sugerente novela, basada en hechos reales, que Pedro José Vizoso teje en torno a ellos.

2 comentarios:

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  2. ¿'Cajita de sándalo'? ¿'Collar de COLMILLOS'? ¡Ay, si vamos a respingar ante cualquier cosa que nos suene 'raro', quizá mejor no traducir poesía! Esto es justo a lo que me refería en mi reciente comentario: 'Delito de allanamiento...'. Pero, al fin, es lo que apetece, se publica y se reseña... Estamos ante un poeta simbolista y miembro de 'Les Zutistes'... si acaso ha de sufrir en traducción mejor que sea de una rumbosa 'elación', que de una ñoña 'deflación'.

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