¿Qué
queda de aquel Tzvetan Todorov que en torno a mayo del 68 abominaba de la
historia de la literatura y se desinteresaba de la obras concretas para
considerarlas solo como manifestación de una estructura abstracta, la única
susceptible de estudio científico? Títulos como Elogio del individuo. Ensayo sobre la pintura flamenca del Renacimiento
o Los aventureros del absoluto (Galaxia
Gutenberg) nos muestran que sus intereses han variado hacia todo lo que antes
abominaba, pero que sigue conservando lo principal: una deslumbrante
inteligencia.
La pregunta que da origen a Los aventureros del absoluto es la misma
que encontramos en tantos manuales de autoayuda: ¿Cómo vivir? ¿Cómo conseguir
una vida satisfactoria y plena? La respuesta está lejos de ofrecer fáciles
recetas.
El relato de otras vidas sirve a
Todorov como motivo de reflexión. No se trata de vidas ejemplares en el sentido
más común de la palabra. Ni Oscar Wilde, ni Rilke ni Marina Tsvietáieva pueden
servir como modelo de felicidad. Son héroes imperfectos, pero por eso mismo “no
incitan a la imitación o a la sumisión, sino al examen o a la interrogación”.
Las vidas de los tres escritores
resultan desoladoramente ejemplares. Los tres fueron “aventureros del absoluto”
–de ahí el título del ensayo--, aspiraron a la perfección sin seguir caminos
trillados y lo hicieron sin concesión alguna. Exploradores de lo extremo, “su
experiencia, sin parecerse a la del común de los mortales, resulta
esclarecedora para todos”.
Aunque hable de escritores, Todorov
no pretende hacer crítica literaria. Pero acaba haciéndola y formulando
paradójicos juicios de valor.
Oscar Wilde quiso poner su genio en
la vida y su talento en la obra, pretendió hacer de su vida una obra de arte. Y
lo consiguió: “Su existencia se va transformando poco a poco en una novela, y
esta novela ha terminado por llegar a un círculo de lectores al menos tan
extenso como el de sus escritos literarios”. No nos interesamos por Wilde
porque sea el autor de Un marido ideal;
nos interesamos por esa y otras obras porque son de Wilde. Su mejor obra es su
propia vida y por eso valoramos más lo menos literario: “Sus cartas son
fragmentos que permiten reconstruir el todo, réplicas de un inmenso diálogo
novelesco. El enigma de su biografía resulta más fascinante que el que suele
poner en escena con sus obras”.
Rilke creía –también Cernuda-- que
todo lo que beneficia al hombre perjudica al poeta, y al revés. Por eso cultivó
sus desdichas, rechazó el amor que continuamente buscaba y conseguía, pagó por
sus versos el precio de su vida y no le parecieron caros. Pero para Todorov hay
algo de mayor valor: “La novela de Rilke, narrada cotidianamente en su
correspondencia, no solo debe considerarse a la altura de sus poemas y sus
prosas, sino que, incluso, alcanza un grado de emoción y de sensibilidad que no
se encuentra en ningún otro lugar”. La paradoja de Rilke es la misma que la de
Flaubert y otros escritores que desesperaron por conseguir una obra maestra y
acabaron hallándola paradójicamente en las cartas que hablan de su incapacidad
para crear. En el caso de Rilke, “constituyen una obra plenamente lograda, a
través de la cual vida y creación dejan de oponerse para, al fin, alimentarse y
protegerse mutuamente”.
Lo mismo ocurre con Marina
Tsvietáieva: “Se puede pensar que, como en el caso de Wilde y de Rilke, la
parte más lograda de su obra es la que, en principio, no estaba destinada a
formar parte de ella: sus cartas”.
Del primer estructuralismo, que
buscaba el análisis de la obra en sí, prescidiendo del autor, Todorov ha pasado
a valorar en la literatura sobre todo lo que tiene de documento biográfico.
Los
aventureros de lo absoluto no responde a la pregunta de cómo vivir, pero
nos cuenta de iluminadora y fascinante manera tres vidas ejemplares, tres
grandes fracasos que finalmente se convierten en victorias. No responde a la
pregunta fundamental, que quizá no tiene respuesta, pero casi a cada párrafo
nos ofrece una reflexión incitadora, una intuición feliz.
José Luis, ya que hablas de vidas ejemplares, di por favor algo de Zapatero. En estos momentos difíciles te necesita. Hace unas semanas nos confiaste que esperabas que no pudiera demostrarse nada de todo aquello en lo que se le imputaba. Piensa que si le das un buen consejo, lo mismo te hace caso.
ResponderEliminar“Para ti la blanca flor
ResponderEliminarque antaño fue de Amadís
con el aroma mejor
del huerto de fray Luis”.
No, para ti, es lo mejor,
ResponderEliminarla blanca flor de Amadís
puesto que en blanco me dejas
con tus versos, José Luis.
Yo mejoro a don Antonio,
ResponderEliminartú me estropeas a mí,
en este asunto, Abelardo,
no tengo más que decir.
Y sin embargo te aclaro.
lo de la flor de Amadís
y la alusión a fray Luis,
que nada tiene de raro.
Fue el mejor caballero
Amadís, y perseguido
por siniestra inquisición
el gran fray Luis de León.
Y por eso te he traído
sus nombres a colación
cuando defenderle quiero
del tormento a Zapatero.
Por mucho que le des la coba
ResponderEliminaral "presunto", Zapatero
no es un "fray Luis de León"
sino, acaso, un "fray Escoba"
al que ha agarrado la UCO
de la manera más boba
con la mano en el cajón.
No tienes más que decir
ResponderEliminary, sin embargo, "me aclaras..."
Hay que ver qué cosas raras
dices después de Fray Luis,
de Amadís... de Zapatero.
Muy bien, defiéndele, pero...
esfuérzate, José Luis,
¡se te está viendo el plumero!
Porque amo la verdad
ResponderEliminarmás que a Platón y al demonio,
os tengo que confesar:
"Yo mejoro a don Antonio".
Si oye al extremeño vate
en su cielo el gran Machado,
seguro que se dice: ¡Tate,
me ha dejado acojonado!
Copio el poema de Antonio Machado:
ResponderEliminarA FEDERICO DE ONÍS
Para ti la roja flor
que antaño fue flor de lis
con el aroma mejor
del huerto de fray Luis.
Copio mi versión en respuesta a mi pertinaz comentarista que me pedía unas palabras de ánimo para un expresidente que no pasa por su mejor momento.
A RODRÍGUEZ ZAPATERO
Para ti la blanca flor
que antaño fue de Amadís
con el aroma mejor
del huerto de fray Luis.
En Machado no se entiende muy bien eso de que la roja flor (símbolo de la República del Frente Popular) antes fue la "flor de lis" símbolo de los borbones, y lo de fray Luis solo viene a cuento porque Federico de Onís, catedrático en Nueva York, había nacido en Salamanca.
En mi versión, al vilipendiado expresidente, yo le considero un caballero ejemplar como Amadís con la blanca flor de la inocencia. Y la alusión a fray Luis tiene que ver con el juicio inquisitorial a que fue sometido el poeta (entonces se torturaba para conseguir declaraciones en contra suya, ahora, más civilizados, solo se recurre a la prisión provisional indefinida).
Creo que te apresuras en considerar que nuestro expresidente "no pasa por su mejor momento". ¿En qué sentido? Desde el punto de vista bancario y patrimonial nunca ha pasado por un momento mejor. Contamos con información contrastada y fehaciente. Lo que pasa es que tú (que en muchos asuntos, además de inocente, eres un inocente) no le das demasiada importancia a lo que podríamos llamar la "economía personal".
ResponderEliminar¡Pues vaya con tu Amadís,
que en lo de entrar al talego,
más que cerca está en un tris.
Qué precioso y preciso oxímoron ese de "prisión provisional indefinida". Has tenido un acierto. Pero no adelantes previsiones. Estoy al tanto de que tienes mucho predicamento en la judicatura. Lo mismo Calama te está escuchando y le das la idea.
ResponderEliminarJosé Luis, los grandes hombres son a menudo unos incomprendidos. Fíjate en Al Capone, al que la Justicia norteamericana no teniendo pruebas de peso para condenarle por mafioso y asesino, tuvo que recurrir, para meterle en la cárcel, como al final va a pasar con Zapatero, a no sé qué deudas con el fisco o errores en la declaración de impuestos (también eso mismo le está pasando a Zapatero, vaya casualidad. ¡Y luego habrá gente que diga que no cree que haya lawfare en la España de hoy! Como tú bien has dicho, estamos hoy peor que en los tiempos de Fray Luis de León ¡Vamos a terminar añorando a la Santa Inquisición!
ResponderEliminarQuerido Abelardo, no confundas tus deseos con la realidad. Ya sé que a ti te gustaría ver a Zapatero arder en las penas del infierno (tiene tratos con Venezuela: ¡vade retro!), pero a quien, émulo de Al Capone, estuvieron a punto de pillarle por no pagar impuesto fue a un tal Juan Carlos del Borbón,. Sus abogados con la complicidad de la justicia española se apressuraron a sacarle del apuro y por ahí anda disfrutando de sus comisiones varias y regalitos de un millón de dólares (como mínimo).
ResponderEliminarNada, un inciso: hoy en ochoislas.tumblr.com un extenso y célebre fragmento del poema Epipsychidion de Shelley... en endecasílabos pareados. Muchos lo anhelaron (Manent, Rupérez, Silva-Santisteban, Baeza, Lobarte...), pocos lo lograron (Manent, pero esta vez en catalán). Y ahora: ¡sigan ustedes animando el ruedo ibérico con su numerito del bombero torero!
ResponderEliminarJosé Luis, yo no tengo "deseos" relacionados con Zapatero. En el caso Zapatero (que es "un caso"), espero a los jueces. En lo de Juan Carlos estoy al 100% contigo. Por ahí no me vas a pillar. Por lo demás, tienes una forma muy rara de defender a un inocente, Zapatero, si lo que haces es compararle con un corrupto, Juan Carlos, que ha decepcionado a toda la sociedad española. Será que el diablo los cría y tú los juntas.
ResponderEliminar1Qué horror, Abelardo, lo que hace la edad! Qué razón tienen todos los que me escriben en privado cuando me dicen que te comportas como el típico "trol" al que conviene bloquear.
EliminarEnrique Oliveros, ya he leído tu traducción. Me parece toda una hazaña, pero no sé yo si el esfuerzo vale la pena. Los pareados con rima consonante difícilmente suenan bien en español (en algún autorretrado de Manuel Machado en alguna epístola de Darío, siempre en alejandrinos, nunca en endecasílabos). Yo creo que por lo general es necesario prescindir de la rima si se quiere que la traducción de un poema siga siendo un poema y no una colección de ripios. Pero tu trabajo me parece admirable y te felicito por ello.
ResponderEliminarGracias, yo he llegado a la misma conclusión, como lo expreso en mi comentario, aunque también juega en esto que nuestro oído ha perdido la costumbre; en el presente caso quedé satisfecho, porque lo ajustado del sentido y del discurso hace sobrellevar la consonancia. Mi método suele ser usar la asonancia, como una especie de tratteggio que sugiera la forma original, permitiendo mayor versatilidad y literalidad. Por otra parte me resisto a trasladar un poema formalista allanándolo y adaptándolo al gusto actual, y a la general alergia a la retórica. Así veo cómo los críticos alaban las traducciones de Micó por estar «exentas de retórica»: ¿Cómo va a ser tal cosa una virtud al trasladar a Ariosto o a Tasso? Por otro lado cuestiono la universal práctica de tirar del alejandrino castellano para traducir cualquier poeta europeo de la edad moderna, sea Shakespeare, Ronsard o Baudelaire... que a mi modo de ver es simple comodidad, y aún con el respiro de esas sílabas de más la mayoría no logra, o no quiere, ajustarse a la letra (quizá también responda esto a mi personal aversión por el alejandrino, que nunca he percibido como verso de arte mayor).
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